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I.

Comunidat es cosa bien regida e governada por un rey o príncipe, o por pocos omnes buenos e virtuosos, o por todo el pueblo si tal es que lo pueda fazer. La cual comunidat es ayuntamiento de gente por consentimiento de derecho e conplimiento de provecho, e es fecha de personas mayores e medianas e menores. Las quales quando son de un coraçón e voluntat, la comunidat es bien regida e governada. Que como el cuerpo natural, las partidas del qual sirva la una a la otra, e la una encubre el fallimiento de la otra, e la otra defiende a la otra, e la una endereça e basteçe la honrra de la otra, así las partidas de la comunidat se deven amar e querer e ayudar e defender las unas a las otras.

II.

La comunidat deve ser regida por derecho de ley e por ygualdat de justiçia e por concordia e unidat, e por avisamiento de buenos consejos e lealtat, e por adereçamiento de buenas costunbres e criamientos, e por ordenada e derecha entinçión. Digo primeramente que deve ser ordenada por derecho de ley; ca como la medeçina es ordenada a provecho e salut del cuerpo humano, así las leyes justas son ordenadas a provecho e conservaçión de la comunidat, las quales deven ser comunes, e todos las deven guardar e así mesmo regir e reglar por ellas. Que non deve alguno pensar que a él sea devida cosa que por la ley a otro sea vedada. Que lo que es devido a uno es devido a todos, e lo que es vedado a uno es vedado a todos. Que si la comunidat non es regida por ley, non puede luengamente durar. Ca la ley es don de Dios e dotrina de sabios, correpçión de errados, cabestro e freno de los malos, arredramiento de todo crimen o pecado.

E es más razón la qual naturalmente es devida a los omnes, que pueblo sin ley por muchas carreras cae en perdiçión. E toda


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ley buena deve aver començamiento en la ley de Dios e pareçer aquélla que dize Nuestro Señor: «Por mí regnan los reyes que fazen las leyes e judgan derechamente.» Asý mesmo las leyes deven ser guardadas e obedeçidas por los mayores e medianos e menores, por que non sean semejantes a la tela de la araña que prende la mosca e dexa pasar la grant bestia. Que non fue tal la ley de aquel prínçipe en el fijo del qual, segunt ley, devía perder los ojos, e el padre quiso que quitasen al fijo el uno e a él el otro, por que la ley fuese guardada segunt era puesta contra aquéllos que cometían adulterio, lo qual su fijo avía cometido. Iten, las leyes non mandan matar al ynocente nin perdonar al culpante, a lo menos que non sienta alguna pena. Que dize el enxenplo: «El que justificó al malvado condenó al justo; delante de Dios son aborreçidos.»

III.

Las leyes solamente non son bastantes [para] regir la comunidat si non son regladas con justiçia, que el enemigo de la comunidat es injustiçia. Que «tierra sin justiçia cueva es de ladrones.» Justiçia es claridat que da noble fama âquéllos que la aman. Justiçia faze las cosas comunes ser comunales e las privadas propias. Justiçia es virtud por la qual es dado a cada uno lo suyo. Justiçia es aquélla de la qual deçende ynoçençia e amistad, concordia e piadat. Que las obras de justiçia son piedat que omne deve aver de todo cristiano. Justiçia faze dever al mayor obedençia, al ygual consejo, al menor guarda e custodia.

IV.

En caso que la justiçia prinçipalmente sea neçesaria al regimiento de la comunidat, así mesmo es muy conplidero al bien de aquella concordia e unidat. Que por concordia las pequeñas cosas creçen, e por discordia las grandes menguan. Que reyno partido por discordia aýna viene en perdimiento, e por concordia e unidat creçe e multiplica.


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V.

La lealtad es muy conplidera e neçesaria en la comunidat, las partidas de la qual mucho deven de tener e guardar entre sí las unas a las otras, menos de maliçia de coraçón y de engañosa simulaçión. Ca en otra manera non sería verdadera lealtad. Es firmeza de palabras e posturas, la qual non se puede conprar por bienes tenporales, mas solamente se gana por virtud e mantiene con sabidoría e firmeza. Que muchos han engañosa lealtad, e otros la han en un tiempo e en otro la pierden. Ca ya acaesçió âlguno perder su lealtad por non ser firme. Lealtad es fundamiento de firme amistad o bien querençia o hermandat, la qual los antiguos tovieron en grant reputaçión, tanto que dixeron que lealtad estava o morava con aquel dios de Apolo que estava en el capitolio de Roma, lugar de grant onor. Otros dixieron que lealtad se reposava en el más alto lugar del tenplo, por el qual tenplo se puede tomar el coraçón del omne. E verdadera lealtat es aquélla que deçende e naçe de verdadera caridat.

VI.

La comunidat deve ser governada por consejo de buenos e discretos consejeros, que donde ha sanos consejos ha salut e salvamiento. Que poco aprovechan las guardas de fuera si de dentro non ay buen consejo; que más aprovechan a la çibdat de Atenas el consejo de Solón que las armas de Teméstides. Así mesmo en caso que muchos sirven la nao de trabajosos ofiçios, non fazen tanto provecho como el que está asentado al timón que solo rige e govierna aquélla. Que provechosas obras e serviçios non se fazen por fuerça ni ligireza nin por gran priesa mas por bueno e sano consejo.

VII.

Ordenada deve ser la comunidat de fermosas e virtuosas costunbres e buenos criamientos, que tanto duró Roma en su virtud quanto duraron las buenas costunbres. Que mayor daño viene a la


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cibdat por corronpimiento de aquéllas e entendimiento de cobdiçia, que si los muros fuesen caýdos e las casas derribadas.

VIII.

Las cosas susodichas non son bastantes a buen regimiento de la comunidat si las partidas de aquélla non tienen una mesma entinción. Por la qual todos aquéllos que son de una comunidat deven aver un propósito e voluntad. Enxenplo: la tierra está firme por las partidas de aquélla tener una sola entinçión o delinaçión. Las quales quanto pueden se allegan a un punto que dizen çentro, que es en medio del mundo. Eso mesmo una nao de grant peso pocos marineros la meten en la mar tirándola de una entinçión e voluntad.

IX.

Todas las cosas que en començamiento aprovechan, quando falleçen son comienço de caymiento. Así se sigue que si la comunidat reçibe conplimiento por las dichas virtudes, que por mengua e falleçimiento de aquéllas verná a caymiento. Enxenplo: Roma enpeçó a caer e vino en perdiçión en aquel tienpo en el qual los regidores de aquélla, que solían ser justos e virtuosos, se tornaron cobdiçiosos e avarientos; e aquí viene el enxenplo. Suframos mal [lo] que nos ha venido por maliçiosa osadía e abondamiento de viçios. Que desque ovimos conplimiento de todos deleytes e pecados, la çibdat es caýda por aquéllos, la qual solía ser mantenida por proeza e virtud. Ca ella solía ser pobre de malas costunbres e rica de virtudes; agora es rica de aquéllos e pobre de virtudes.

X.

Grant trabajo sufrieron los antiguos por mantener la comunidat a la qual avían amor valiente e esçalen...

... viçios desordenados.


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XI.

Non tan solamente el prínçipe deve ser linpio de los pecados susodichos, mas conviene que sea dotado e fazedor de buenas obras e virtuosas, en manera que sea enxenplo e razón a los suyos a fazer bien e esquiva[r] mal. Otrosí el prínçipe deve de cometer e provar maravillosas obras e terribles, que obras e fechos nobles e exçelentes mueven e enclinan el coraçón de los servidores a fazer las semejantes cosas. Ca claro es que a movimiento del prínçipe se mueve el pueblo movedizo, por lo qual los nobles prínçipes non mandaron fazer cosa alguna que ellos mesmos non cunpliesen.

Enxenplo de Çésar, que dezía a sus cavalleros: «Venid e seguidme.» Por lo qual pareçe quél estava sienpre delante, e esto se prueva por Eligurio que nunca mandó a los suyos fazer cosa que él primero non la cunpliese. E el príncipe G[e]deón que dizía a los suyos: «Fazed lo que vierdes fazer a mí.» Abtoridat de Nuestro Señor, prínçipe e rey de los reyes, que començó a fazer e conplir lo que enseñava a los otros.

XII.

El prínçipe deve ser misericordioso e begnino, que razonable cosa es quel padre de la tierra sea piadoso e begnino. Que así como la melezina es vida de los enfermos, así la piadat e misericordia del señor es conorte e salud de aquéllos que son dignos de pena. Que clemençia pertenece al prínçipe o rey. Que así como los grandes señores han grant poder e señorío, así les perteneçe que sean piadosos e begninos. Que poder es cosa que mueve aquello que puede fazer mal, por lo qual persona poderosa deve ser piadosa.

Piadat, beninidat, franqueza e abondamiento de toda cosa son maneras del prínçipe virtuoso. E si piadat es fallada en persona real, fazerle ha ser de alto coraçón e plaziente e piadoso e manso, e menospreçiar injurias e desplazeres; que retener rencor o yra non perteneçe a rey, nin le perteneçe ser turbado nin cruel nin ayrado. Que el rey segunt umanidat non es mayor que aquél sobrel qual él quiere usar de poder absoluto o echar su saña; que los reyes e prínçipes son omnes e deven begninamente usar de su señorío sobre aquéllos que son de su natura.


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Enxenplo: un rey deseava de destruyr sus enemigos e como non fallase en qué guisa lo pudiese fazer, demandó consejo a un su privado, el qual le dixo: «Señor, los físicos, quando non pueden sanar la dolençia com melezina acostunbrada, pruevan a sanar con contraria. E pues fasta aquí non podistes vençer vuestros enemigos con crueldat e enemistad, provad si los vençeredes con piadat.» E el rey ovo grant gozo del consejo, e fízolo así. E luego aquéllos que ante non podía vençer por crueldat vençiólos con bondat, perdonando los yerros, e los que antes eran enemigos fuéronle después servidores e amigos.

Por ende todo rey deve ser piadoso, que naturalmente acaeçe que quando el omne más tala la rama de los árboles, más espesos se tornan. Así la crueldat del rey o del prínçipe faze creçer e multiplicar el cuento de sus malquerientes. Figura el rey de las abejas: non tiene aguijón, que la natura non quiso quel rey fuese cruel nin vendicativo. Que el buen rey o prínçipe deve tener tal medio que non sea mucho riguroso en la justiçia nin mucho nigligente. E deve tener tal manera que los suyos bivan en concordia, que más segura cosa es usar de piedat que de rigor de justiçia. El buen prínçipe deve ser perezoso a pena e acuçioso a galardón; e mucho deve de pesar al prínçipe quando se conoçe por cruel, que clemençia e begninidat fazen al prínçipe ygual a Dios, a enxenplo de Jhesuchristo que dezía a todos: «Sed misericordiosos como el Padre vuestro çelestial», lo qual conviene al prínçipe por tal como él sea padre e cabeça de todos los sus regnos.

Pues digna cosa es que el prínçipe trate su pueblo como buen tutor al pupilo. E quando el prínçipe esto falleçe, es muy peligrosa enfermedat, e grant dolor de sofrir, e mala de guareçer. Ca quando la cabeça non es bien unida con el cuerpo, non ha cura de lo governar en tanto que si la tal enfermedat non puede guareçer, mejor sería la muerte que vida tan dolorosa. Que así como piadoso padre e provechoso tutor e savio físico perteneçen [...], e provechosos a los [...] uso de su cura, así deve [ser ... pia]doso e provechoso el prí[nçipe] a los sus súbditos, que piedat es virtud que amansa el poder del mayor que non use dél contra el menor. E por el contrario, crueldat es maliçia de coraçón e da penas e afliçiones, e quiere tratar al menor malamente.

Enxemplo: el enperador Trajano; el qual por natura era a todos piadoso, e cruel a ninguno salvo âquéllos que si perdonase faría[n] yerro. Iten Ponpeo, que quando vençió al rey de Armenia e le viniese delante, suplicando que oviese merçed dél, non sufrió que estodiese delante dél, mas conortándole con buenas palabras le mandó luego tornar la corona que avía perdida a la cabeça e tornólo en su onor,


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diziendo que tan grant honrra era fazer un rey como vençerlo. Así todo prínçipe deve aver tal piedat a los que la han nesçesaria como quiera que Dios la aya dél.

XIII.

Príncipe es fundamiento del pueblo, e padre del regno, e cabeça de la comunidat. En quanto es fundamiento [...] [...] en quanto [...] la justiçia con [...] [...] en quanto [...] conplimien[to ...] [...] guisa que [...]miento nin [...]nça e non deve fazer ley que non concuerde con la ley de Dios, e él deve ser subjeto âquélla.

Enxenplo de Alexandre que aviendo debates con sus cavalleros, púsolos en manos de juezes, los quales lo condepnaron, e dio graçias a los juezes porque avían fecho justiçia. Así mesmo un prínçipe gentil estableçió algunos en su regno que le repugnasen, al qual dixo su muger que lo fazía por que sus fijos oviesen menor señorío. El [prín]çipe respondió: «Yo dexaré a [los] fijos menor señoría mas será de mayor dura que aquel señorío e poderío.» Es firme e más duradero el qual pone freno a la fuerça e poder de aquél que dél usa.

XIV.

El prínçipe debe ser alunbrado de sabiduría segunt que pareçe de Alexandre, que fue mostrado e enseñado de Aristótiles, su maestro. Este fue grande e [... conoçe]dor de cosas [...] que el se fiçi[...] de vidrio d[...] aprender [...] los pescados [...] en quál manera avía [...]ta la çelada. E Troxano, enperador, ovo por maestro a Policrato, el qual lo enseñó en el libro que es llamado Instruyción e enseñança de Jullio Çésar. Es escripto en el libro de la vida de Çésar que él buscó el curso e movimiento del çielo, nonbrando e contando las oras e los momentos del tienpo e cómo falló el bisiesto. Cuenta de un prínçipe de Roma que enbió letras a un rey de Françia que le rogava que fiziese aprender sus fijos, diziéndole que rey sin letras es semejante al asno coronado. E por esta razón en aquel tiempo que regnavan reyes sabios dignamente era llamado reyno de oro o dorado. Que quando los sabios omnes regnan por su sabiduría, muestran las cosas provechosas e quitan las dañosas, e


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proveen que ninguna cosa non mengüe a los suyos e a la su fortaleza. Contradize a los peligros e faze descreçer rey[es e enperad]ores e enobleçen [... ben]ditos omildosos, avi[endo] ofiçio de mandar e non de [...]ar.

El prínçipe ha de dar tienpo de paz e tienpo de guerra, e proveer en las obras de aquéllas. Por la qual razón deve aver conoçimiento de las leys de paz e de las de guerra e batalla, que obra real es saber judgar. La qual el rey non puede fazer si non ha discreçión, por la qual conozca el departimiento e la diversidat entre obra e obra, e juyzio e juyzio. Ca escripto es: «el rey sabidor judgará su pueblo e el non sabio perderá el suyo». Enxenplo de Nuestro Salvador, que quiso que los rectores de su pueblo fuesen sabios, así como Abrahán, que sopo todas sentençias de los egypçianos, e eso mesmo Moysén e Davit e Salamón. Quel prínçipe neçio e sin sabidoría es así como el que tiene el governallo de la nao en la mano en tienpo de grant tenpestad e non sabe governar. Que dize el sabio Eccl[es]iate[s] quél vió crueldat en lugar de juyzio, e pecado e maldat en lugar de justiçia. Pero si acaesçe quel prínçipe sea ynorante, escoja verdaderos consejeros, e rígase segunt el consejo de aquéllos, a enxenplo de [Davit] que tenía por consejero el profeta Natán [e] Sadoch, saçerdote.

XV.

Todo prínçipe deve ser franco e de tales condiçiones que todos lo amen, que las riquezas largamente partidas multiplican servidores e amigos. Enxenplo de Tito, que fue de tanta franqueza que fue llamado amor e bienquerençia del humanal linaje, el qual avía tal costunbre que todo omne que a él venía avía conplidamente lo que le demandava. Que muy feo pecado es en el prínçipe abariçia, que franqueza e proeza fazen los prínçipes ser amados e preçiados e famosos e honrrados.

E los dones e dádivas que dieren sea noble[s ... e e]xçelentes e abondosos [...] los mesmos a las gen[tes ...] e graçiosos e bien [...] es a los que a ellos [... s]egunt la condiçión [...] aquéllos. E lo que die[re, de] buen coraçón, e alegre sin alongamiento. Que dize el enxenplo: el benefiçio de omne escaso pan de piedras es llamado, el qual ha de reçebir neçesariamente aquél que ha fanbre enpero que trabajoso le sea. Que dize el enxenplo: quando el que da [da] tarda, lo que da ensuzia el plazer del don; que los dones dados sin tardança, de mayor loor son e alcançan mayor fama.


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XVI.

El príncipe deve de ser alegre e franco e graçioso de palabra e humilde. Enpero, non sea a ninguno tan familiar que su dignidat sea menospreçiada.

XVII.

El prínçipe deve ser sofrido e non sañudo, nin se deve ligeramente vençer por turbaçión, que la non paçiençia es enemiga de señoría. Quel prínçipe deve pensar cómo es ygual o semejante en su naturaleza a los suyos. Enxenplo de Job, que entrava a oýr sentençia con sus vasallos, que prínçipe sañudo o yrado será judgado por maliçioso e malo. Por ende, se deve de guardar de saña y de yra, la qual ensuzia el omne de fuera e lo destruye de dentro. E deve tener su coraçón en paz e en tranquilidat, por que yra se alueñe dél. Yra non faze obras segunt justiçia. Por ende, el prínçipe deve ante todas cosas aver victoria de su yra, la qual es enemiga dél, e después de los enemigos, a enxemplo de Fabriçio, que quando se ovo de conbatir con sus enemigos, primeramente vençió su propia yra, e después vençió a sus enemigos. E así mesmo se lee de muchos prínçipes poderosos muy sofridos, en espeçial Julio Çésar, del qual es escripto que era aparejado a sofrir injurias e perdonarlas sin tomar vengança; e non se falla que él matase ningunt omne sinon en pelea. Dize más que como uno de sus cavalleros se atreviese a dezirle muchas cosas, el qual cavallero después que las ovo dicho ovo miedo quel enperador mandase fazer justiçia dél. E aquél le dixo: «Non temas acusa[r] mis fallimientos, que yo he fecho mandamiento a las orejas que sean diligentes en oýr e a la lengua de callar e al coraçón que se non ensañe, e todo lo que dirás e as dicho te sea perdonado.» Eso mesmo guardava este enperador, que jamás quando él entrava en alguna çibdat, non era justiçiado ningunt omne que fuese. Eso mesmo cuenta que una vegada le dixo un su vasallo: «O malo e cruel prínçipe.» E él respondió: «Si yo lo fuese, non me lo dirías.» Otrosí se lee de otros muchos prínçipes, enperadores e reyes que fueron muy sofridos.

Así, todo prínçipe deve ser sofrido e perdonar a los perezosos e negligentes e maldizientes, que al niño el tienpo lo escusa, la muger la flaca naturaleza, al omne estraño franqueza, al conosçiente amistad.


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E a los sabios deve omne dar lugar, a los locos deve perdonar, que persona noble quando le alguno dize villanía, deve pensar que aquéllos que la dizen son neçios e [yno]çentes. Así que la neçed[ad ...] aquéllos mandan al [...] que los deve perdonar. [Enxen]plo de Vaspasiano [que respon]día a los que le dezía[n ...]as: «A los tales devemos [risa] e a nos correpçión.»

XVIII.

[...]çia de los philósophos es escripto [...] os lugares. En es [... f]ue Aristipo, filósofo, [...] uno que dizía mal [...]ndiste a dezir mal e [... des]preçiarlo. Diógenes [...] que palabras sabias [...]s por boca de sabio. [... le]ngua demuestra que [...] aquel de que dize mal [... g]elo dize. E asý como [es gra]nt virtud ser el prínçipe [... mu]y sofrido e paçífico, asý [por] el contrario es grant viçio e mala ventura de los prínçipes e reyes crueles, de los quales cuenta[n] algunos.

En espeçial dize quel rey Canbises era muy enbriago, e un su amigo reprendíalo, e el rey fue sañoso e non ovo paçiençia; ante usó de crueza. E luego que ovo mucho bevido, mandó traer su arco e flechas, e mandó traer el fijo de aquél que le avía reprehendido delante de sý, e puso una flecha en el arco, e desparóla contra él, e dióle por medio del coraçón. E el mal rey demandó al padre sy le parecía que çiertamente supiese tirar después de mucho bevido. El qual respondió que mucho avía tirado derecho, pero si usara de razón, non tirara atal señal. E atal rey digna cosa sería que cruelmente fuese asaetado. E muchas cruezas e males e pecados fizieron los prínçipes ayrados. Por lo qual los prínçipes todos tienpos deven trabajar por vençer su yra. E así avrán victoria de los otros. E este atal es buen prínçipe e virtuoso que ha victoria non tan solamente de los omnes, mas de sus deseos desordenados. Que ¿quál prínçipe quiere aver victoria de las gentes, como él sea cativo de sus viçios e pecados?

XIX.

El prínçipe deve sser virtuoso, que quando es sin virtud, su señoría non es provechosa. Que tal es el prínçipe como el clavo fincado en la pared: si non está en cosa firme fincado, sin carga arrán-


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case de la pared e cae con todo en tierra. Así es el prínçipe que non es firmado e fundado en Dios. Él e todos sus fechos van ayuso, e toma grant caýda. Iten el prínçipe deve aver consejeros antiguos e sabios e discretos, e a él e non a otro ninguno allegados. E deve defender su tierra de los enemigos e poner en Dios todos sus fechos, e su esperanza deve ser en Aquél. E ciertas oras deve estar en oraçión, e antes de ora convenible non deve de comer. E deve de amar justiçia.

Por lo qual se faze quistión: que ¿quánto vale la justiçia del del rey? Responde: la justiçia del rey es paz del pueblo, seguranza de la tierra, comunidat de la gente, firmeza de los sabios, cuchillo contra los enemigos e malos, gozo de los omnes buenos, tenplamiento de los ayres, seguridat del pensamiento, abondança de la mar e tierra, heredat de los omnes, plazer de hermanos, e al rey esperança de buena ventura. E sepa el rey que así como es primero prínçipe en la tierra delante todos de su regno, así será prínçipe primero en las penas del infierno, si justiçia non faze. Otra quistión del mal que se sigue de la injustiçia del rey: dize que todos los males contrarios a los bienes susodichos se sigue[n] de aquélla. Los prínçipes poderosos que mal usaron de su poder poderosamente serán atormentados.

Iten el prínçipe deve señorear sobre sus súbditos benignamente e, quando le demandaren e rogaren alguna cosa, conplir su ruego con bondat. E sy así lo fiziere, todos serán a su plazer e avrá todo l[...]dare, e amarlo hán [...] hán e avrá sobrell[os ...] de paz, e avrá victo[ria ...]da. Iten, el rey dev[e ...] honrradamente, e [...] paramentos de sus [...], e cámaras e eso mes[mo ...] non deve mucho fablar [... nin] ser familiar de viles, [... por]que será por ende m[ucho menos] preçiado e peor servido.

XX.

El prínçipe que quiere començar e mantener guerra deve catar tres cosas: Primera, justa nesçesidat; segunda, clara e manifiesta justiçia; terçera, que sea su entinçión a buen fin. E deve catar que la guerra sea justa e digna de pugnaçión, e que non sea fecha por cobdiçia de fazer daño o tomar vengança o porque ha deseo de crueldat o de aver señoría, o por semejantes cosas; las quales deve reprehender en las peleas, diziendo e mostrando como él lo faze por abaxar los malos e ensalçar los buenos; e los rebelles sean


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obedientes e su tierra e vasallos con derecho defendida e guardada.

XXI.

El prínçipe non deve de fazer nin consentir que faga cosa por que Dios sea ofendido nin su iglesia; e deve conplir su voluntad por que Dios sea con él e con los suyos, lo qual será si él e ellos fazen sus mandamientos. Que Nuestro Señor dixo: «Si andodierdes en los mis mandamientos, e los guardaredes, vós perseguiredes vuestros enemigos e caherán delante de vós.» Por ende, qualquier que quisier aver victoria, aya consigo a Nuestro Señor. Enxenplo de Abrahán e de Moysén e Josué e Davit e otros prínçipes.

XXII.

El prínçipe deve trabajar por que él e los suyos sean bien regidos e bien reglados, e con grant maestría e ardideza sepan conbatir sus enemigos. E deve tener tal manera que en su conpaña non aya ninguno que piense de fuyr, mas cómo vençerá; nin ayan confiança en sus pies mas en sus manos, la qual sea aviendo esperança en el Vençedor de los vençedores.

XXIII.

El prínçipe deve proveer que él e los suyos sean bien enseñados, refrenando e castigando viçios e pecados e desonestidat e mala cobdiçia e discordia e departimiento de voluntades e presunçiones mentirosas, que ligeramente puede ser vençida grant hueste, si non es dotrinada en virtudes. Los romanos, tanto que fueron bien doctrinados e reglados, todo el mundo subjudgaron. Esso mesmo Alexandre, con pocos cavalleros bien regidos, conquirió el mundo. Preses, en caso que tenía grant cavallería, por mengua de ordenança fue vençido de Lançedonio que tenía pocos, que prínçipe mal ordenado de balde espera vitoria.


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XXIV.

Todo prínçipe deve trabajar por que entre los suyos aya verdadera lealtad, e sea amado dellos e ellos dél. Enxenplo: Jullio Çésar todos tiempos llamava a sus cavalleros conpañeros e amigos. E otros muchos prínçipes trabajaron mucho por aver los coraçones e amor de los suyos.

XXV.

La victoria non viene por grant muchedunbre de gentes; antes deçiende del çielo, ca Nuestro Señor Dios da fuerça e vitoria a quien le plaze. Por lo qual todo prínçipe deve aver firme e verdadera fe e esperança en Nuestro Señor, e piadosamente le rogar que sea su guiador e defendedor. Enxenplo del enperador Tehodosio, que quando Eugenio con grandes conpañas le toviese los pasos de los Alpes, que son derredor de Ytalia, el enperador aquel día non avía comido nin dormido e pósose a fazer oración. E toda aquella noche non cessó de rogar a Dios, enpero que muchos de los suyos le avían desmanparado e dexado en medio de sus enemigos, que lo tenían çercado. [El] quando se levantó de la oraçión, con firme esperança que Dios le daría victoria, fizo la señal de la cruz e dio batalla a los enemigos con tal fiuza que sy él solo entrase en la batalla, avría victoria. E quando se començó la batalla, en aquella ora mesma se levantó muy grant viento que fería a sus enemigos en la cara; e era tan fuerte que levantava polvo e pajas e tierra que çegava a sus contrarios. E reçibía las armas que los enemigos echavan contra el enperador, e fazíalas tornar a aquéllos que las echavan. Así que maravillosamente fueron muertos e vençidos los enemigos del enperador.

E así otros muchos prínçipes con poca gente ovieron victoria de sus enemigos en caso que traýan mucha, solamente por la virtud e bondat de Nuestro Señor. E mucho ayuda la oraçión devota; por lo qual todo prínçipe deve honrrar e amar a Dios e a su yglesia.

XXVI.

Avedes oýdo en qué manera el prínçipe deve regir a los suyos, e agora veredes en quál manera deve regir a sí por que non aya


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nonbre de prínçipe o de rey en vano. El rey toma nonbre desta obra que es regir. Pues, segunt esto, aquél es rey verdaderamente el qual ha señoría e govierno sobre sus deseos carnales. E aquéllos son llamados reyes los quales son señores de los movimientos non devidos, e refrenan luxuria e gula, e tenplan avariçia, e abaxan la vanagloria, quebrantan enbidia e mala voluntad, e matan el fuego del furor. E los tales son verdaderos reyes, que todo rey deve trabajar más por regnar sobre sí mesmo, e subjudgar la çensulidat que conquerir todo el mundo. Que todo aquél que quiere someter todas las cosas somete primero a sí mesmo a la razón e si la razón lo rige, señoreará mucha gente. E razón le mostrará lo que deve començar, e por quál manera.

E porquel omne non usa de razón en todos tienpos, non es todos tienpos rey virtuoso. Que rey es quando piensa las cosas onestas, e quando ha cura de lo que le es acomendado, que es guardar conplidamente verdat e non fazer ninguna cosa fea e desonesta. Que poco vale aver señoría sobre las gentes e regirlas con leyes humanales, si el prínçipe a sí mesmo non rige por ley divinal o por ygualdat, que más vale aquél que señorea su coraçón que aquél que vençe muchas batallas.

XXVII.

Prínçipe es aquél que por derecho divinal e humanal usa de señoría e ha en sí mesmo las virtudes susodichas; e si ha condiçiones contrarias, será dicho tirano, que tirano tanto quiere dezir como prínçipe cruel. E el departimiento que ha entre prínçipe e tirano es que el prínçipe faze lo que manda la ley e rige e govierna el pueblo segunt aquélla; e el tirano usurpa e ocupa la señoría como non deve, e non usando de derecho corronpe e somete la ley a su parte e voluntad. Por lo qual digna cosa es que los derechos se armen contra aquél que desarma las leyes, pues digna cosa es que los tales tiranos sean echados de la comunidat. Que prínçipe que non es sabio a muchos faze ofensa. E el prínçipe justo e noble se deve catar e aperçebir e arredrar de las dichas cosas, e deve pensar que es padre del regno e deve regir el pueblo como padre piadoso rige sus fijos.

E los tales prínçipes reynarán luengamente, que ya acaeçió mudarse el regno de una gente en otra por injustiçia e por engaños, como fue de Saúl, primero rey de Ysrrael. E aquéllos que fueren buenos regidores reynarán eternalmente con el Rey de los reyes así como Davit.


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XXVIII.

Hablando en figura, los sabios han ofiçios en la comunidat a manera de orejas e ojos e lengua, los quales deven ser amonestados que non sean cobdiçiosos e reçiban los dichos ofiçios a provecho de la comunidat e con voluntad e coraçón de ayudar aquélla. Así mesmo deven guardar que la persona quel tal ofiçio oviere non sea pobre nin escaso, que avariçia e pobreza enemigos son de la comunidat. Que Dios mandó a Moysén que proveyese el pueblo de varones poderosos e sabios que temiesen a Dios, en los quales oviese verdat [e que] aborreçiesen mentira e avariçia.

XXIX.

Los regidores deven de regir el pueblo en tal manera que sean semejantes a buen prínçipe, e deven regir e governar justamente e con derecho. E asý mesmo deven guardar que non sean orgullosos nin ofanos nin tengan personas que fagan orgullo o sobervia. Otrosý se deven guardar de allegar riquezas nin retener en sý moneda injustamente. Que Valerio fue cónsul de Roma tres vezes, e quando murió non avía con qué lo enterrar.

En asý otros muchos que quisieron el provecho de la comunidat e non lo propio. Esso mesmo se deven guardar los tales ofiçiales de superfluydat de comer e bever e luxuria e de neçios conportamientos. E deven catar grant reverençia a Dios e tener el pueblo en diçiplina e buen castigo e tractar los pobres piadosamente, comediendo que ellos deven aver misericordia de aquéllos como querrían que Dios la oviese dellos. Abtoritat: «Nuestro Señor dize, Conviene aver misericordia como yo la ove de ty.»

XXX.

Los juezes en la comunidat son así como los ojos en el cuerpo, ca aquéllos fazen departimiento entre daño e provecho e son puestos en lugar alto por proveer a los peligros. Así los juezes de la comunidat son puestos en ofiçio de judgar para escoger cosa justa, los ojos de los quales deven ver justiçia derecha. Que juez tanto quiere dezir


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como derecho del pueblo. E juez propiamente es aquél que ha consigo justiçia, e deven ser varones que ayan conciençia e firmeza de virtud, e su conversaçión deve ser buena e honesta. E non deven ser quexosos nin livianos nin creer de ligero. E deven catar todas las cosas que perteneçen al juyzio. [E ...] deven ser curiosos e diligen[tes] en saber la verdat antes [qu]e den sentençia, e non deven [ser] amigos espeçiales de aquél [co]ntra quien la deven dar por que amor non le engañe. Por ende, todo buen juez deve diligentemente catar que non turbe [su] juyzio por crueldat nin temor nin amistad nin favor nin cobdiçia de presentes nin serviçios que le sean prometidos o dados, que en quatro maneras pereçen los juyzios: conviene a saber, por temor, o mala voluntad, o amor, o cobdiçia.

Iten todo juez deve ser diligente e discreto en buscar la verdat. Enxenplo: dos pelegrinos vinieron a un ostal e entre amos en uno dieron a la sirvienta de aquél cierta quantidat de moneda, con tal condiçión que lo non diese al uno sin el otro. E a poco tienpo,

de los dos pelegrinos el uno vino e dixo a la sirvienta que su conpañero era muerto, que le diese la moneda. La sirvienta gela dio. A cabo de tienpo vino el otro e demandó la dicha moneda a la sirvienta, la qual dixo que ya la tenía dado al otro. El pelegrino se reclamó delante el juez, e pareçió la moça. El qual juez diligentemente examinó la verdat. E la sirvienta avía grant miedo que fuese condepnada a muerte porque non avía de qué pagar, nin podía provar su ynoçençia. E la sirvienta, judiçialmente demandada, respondió el juez que la sirvienta era aparejada dar la moneda con las condiçiones que la avía reçebido: que fuesen anbos los pelegrinos presentes. La otra parte non ovo más que fablar contra aquélla, así fue suelta de aquella demanda.

Otro enxenplo: un onbre pobre bivía çerca de un rico e tenía muy buenas casas. El rico, por las cobrar, pensó un tal engaño: tomó çient jarras e las çinqüenta finchió de olio e las otras medió, e pósolas todas en casa del dicho pobre, las llaves de las quales casas tenía el pobre. E a poco tienpo el rico demandó su olio e falló las çinqüenta jarras llenas e las otras mediadas. El qual al juez se fue querellar, diziendo que él avía cient jarras llenas de olio encomendadas âquel omne, el qual le avía furtado la meatad de cada una de las çinqüenta jarras. E el pobre non supo qué responder, e estava en peligro de perder las casas. El juez demandó juramento al pobre si era culpado, el qual juró que non. Luego, el juez mandó vaziar el olio de las çinqüenta jarras llenas; eso mesmo fizo vaziar el olio de las menguadas. E fizo mesurar si avría tantas fezes al suelo de las que eran mediadas como de las llenas, por que pareçiese la verdat, e falló que más fezes avía en las jarras llenas que en las mediadas;


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por lo qual el pobre ovo sentençia por sí. Así podedes conoçer que mucho es buena la examinaçión sotil del juez en cosas dubdosas.

Iten de los alongamientos de los juezes movidos con piedat avemos enxenplos. Una muger casada tenía un fijo; e el marido murió, e ella tomó otro, e ovo otro fijo. E este marido e el fijo menor mataron al fijo de la mujer que avía avido del primer marido, e ella tóvose por engañada e mató el marido e el otro fijo. La qual fue acusada e levada delante el juez, e la muger otorgó lo que avía fecho, e el juez fue asaz tribulado, e de una parte veýa la muger en grant afliçión, como aquélla que avía perdido un marido e dos fijos, e non le sofría el coraçón de la condepnar. De la otra parte, veýa que avía fecho dos muertes tan crueles, e que non la devía soltar; e [dio]ola a los sabios, los quales oyendo las razones sobredichas non la condepnaron nin asolvieron, mas fiziéronle mandamiento que fasta cie[nt] años ella e el acusador tornasen delante dellos, que avría avido acuerdo sobre la penitençia. Así, la dexaron yr, que non fue condepnada nin absuelta.

Otro enxenplo: un mançebo rico se fizo escolar de un sabio. Prometióle en salario grant quantía de moneda por que·l demostrase su sçiençia, e pagóle luego la meatad del salario, e la otra quedó de pagar el día que supiese tanto que pudiese estar asentado con los doctores e les [...] en alguna [...] alguno de aqu[...]venençia el [... ap]rendió sotil [...] fue opinión [...] ser maestro [...] reçebir el [...] abogado de nin [...] pagase a su [...] la meatad del salario [...] e fincava por pagar. El maestro, veyendo quel diçiplo la fazía falsamente, movióle pleito e fízole un argumento muy sotil, el qual era tal: «Tú, diçiplo, pleyteas comigo, maestro, de la meytad de la soldada que me prometiste a dar. O tú ganarás la sentençia deste pleito o la perderás. Si la pierdes, yo la ganaré e así me pagarás por virtud de la sentençia. Si la ganas, serás condepnado por virtud de la abenencia que es entre mí e ty. Así que deves de pagar la dicha soldada maguer que ganes la sentençia o non.» De lo qual respondió el diçiplo, mucho más sotilmente, e dixo así: «Maestro, salvo honor yo non só tenudo a lo que me demandas. Dada la sentençia por mí e contra mí, e respondiendo a la razón de vós, maestro, fago un tal argumento: la sentençia o será por vós e contra mí, o será por mí e contra vós, si es por vós, non vos só tenudo a cosa; si es por mí e contra vós, por virtud de la sentençia, non vos devo nada.» E quando cada uno ovo puesta su razón, cada uno de los sabios oyeron la razón de las partes e dubdaron quál avía derecho, e non quisieron dar sentençia. Antes, asignaron luengo tienpo de dilaçión.


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Pues, el juez non se deve quexar a dar sentençia menos de grant acuerdo, por que después non se aya de repentir así como Theodosio, enperador.

XXXI.

Es a saber de la absoluçión de los culpados e de la indulgençia o graçia fecha en aquéllos. Enxenplo: en la çibdat de Athenas avía muchos sabios entre los quales avía doze que avían nonbre Oripagays, los quales eran juezes de la çibdat. E fueles presentado un omne muy malo, e los seys sabios dieron sentençia que muriese, e los otros seys dieron sentençia que lo soltasen. E como fuesen ygualmente partidos, finalmente judgaron que non devía morir nin ser condepnado. Así demostró claramente que los juezes deven ser más inclinados a misericordia e absolver que a justiçia e a condepnar. Otrosí el juez deve fazer inquisiçión, deligentemente e proveer quel juyzio sea justo e derecho, e non sea inclinado por amor carnal nin por temor de señoría, nin esguardamiento de cobdiçia o maliçia o malquerençia.

Enxenplo de Alinpio que fue açessor con un juez de Roma, antel qual en aquel tiempo un poderoso señor demandó al juez que le fuese alguna cosa otorgada, la qual segunt ley le devía ser negada. E el juez respondió que fuese fecho lo que Alinpio, su açessor, dixiese. El qual dixo que le fuese negado lo que demandó, si la ley non gela otorgava. Aquel señor amenazó Alinpio, el qual menospreçió sus amenazas, e después prometióle moneda, que consintiese; e Alinpio tornóse a reýr e non quiso consentir, que más quiso despagar al poderoso e bevir en pobreza que non corr[...] pavor nin [...]do juez se deve [...] que juez yn[...]minar el juez [...] juez deve [...] sea fecho [...]te e que non [...]der justiçia es [...] de lo que non ha. Que qu[...] de justiçia non ha en sí aque[llo], e fazen a la verdat de vil condiçión, que verdat non ha preçio, e véndela por preçio.

El juez es servidor de justiçia, la qual es reyna de las virtudes, pues aquél que vende justiçia faz grant villanía e malvestad a esta reyna tan preçiosa que non ha preçio. Por lo qual es desleal e traydor, e deve morir como aquél que ha quebrantado la fee e lealtad a la reyna de birtudes, la qual ha vendido. E es semejante a los que vendieron una donzella muy noble, el preçio de la qual bevieron en la taverna, la qual donzella es justiçia non corronpida a Dios e a los omnes, graçiosa e muy provechosa. Non tan solamente el vendedor


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de justiçia es traydor e malo, e más aún el conprador, el qual çientemente enlaza al mal juez.

XXXII.

Informados e amonestados deven ser los razonadores, los quales en la comunidat tienen lugar de ofiçio de lengua e deven guardar de mantener mentira, nin ser contra la verdat, nin fazer daño nin calupnia a los ynoçentes; otrosí, defender los que falsamente fu(e)yen del derecho. Iten deven guardar que non vendan a sí mesmos nin a sus consejos, como muchos fazen; que non les basta vender a sí e venden su silençio. E como el silençio non sea otra sinon privaçión de fablar, así aquello que non es cosa es vendido por algo.

Enxenplo: Aristódemos e Demóstenes eran abogados, e Demóstenes demandó un día quánto avía avido por su salario. E respondió Aristódemos que un pesante. Dixo Demóstenes, «Más he yo reçebido por callar que tú por fablar.» Pues clara cosa es que estos vendedores non venden a sí solamente e a sus cosas, mas venden las privaçiones de fablar, que non son cosa; e la lengua de los tales es mucho dañosa a la comunidat, los quales son tenudos e obligados a restituçión de todo lo que han ganado injustamente. Que como el abogado faga contra verdat, e sea presente a fazer maldat e engaño al juez, e faga perder el justo pleito, así ha bevido de falsía e non ha conçiençia; antes se da a vanagloria. Non tan solamente el tal abogado es tenudo a restituçión de lo que injustamente ha levado, antes es tenudo a restituyr todo lo que por su injusta abogaçión los justos han perdido. Que si aquél que escondidamente faze furto es tenudo a restituçión, mucho más el que en la corte o lugar do se faze justiçia o se pugnen los malos ha engañado al juez e ha dado daño a su próximo es obligado a la dicha restituçión.

XXXIII.

No tan solamente deve ser amonestado el abogado; antes aun todo omne sabio o actor en juyçio deve ser amonestado que non demande lo que non es suyo, non con falsía encomiende pleito injusto a los abogados nin corronpa a los juezes, que non puede en esta manera aver ganançia, sinon daño de su conçiençia. Que buen omne non toma ninguna cosa mala nin faze lo que non deve en per-


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juyçio de otro. Enxenplo de Aca[b]e rey, que por falso juyçio que dio, por non tener la verdat que prometió, le enbió a dezir Dios: «Tú has cometido falso juyçio, faziendo matar a [N]abo(e)t, e non toviste lo que prometiste. Donde los perros han lamido la su sangre la tu sangre lamerán los perros e comerán la tu carne, porque has cometido este pecado.»

XXXIV.

Los testimonios que deponen en juyzio deven ser amonestados que digan verdat, que la plaga que vino en Egipto avía los dientes malos, que significava falso testimonio. Que falso testimonio daña e destruye al su próximo, mordiendo e mentiendo como non deve. Por ende, ningunt omne deve de dezir falso testimonio, que testimonio mentiroso en su maliçia pereçerá e morirá.

XXXV.

Aquél al qual es puesto falso testimonio en juyçio, paçientemente lo sufra como él sea ynoçente. Que a los tales ynoçentes falsamente defamados Nuestro Señor los defiende.

XXXVI.

Los abtores deven ser avisados que non fagan a ninguno perjurar, que peor es aquél que faze perjurar a alguno e le faze fazer falsa jura que sy fuese matador de omnes; que el matador mata el cuerpo, e éste mata el alma.

XXXVII.

Como sea cosa manifiesta que los acusadores que falsamente acusan en juyzio fazen muchos males, por lo qual deven ser instruydos e castigados que non acusen falsamente a los otros. Que así como la saeta fiere aýna de golpe e non se guarda el omne de aquélla, así la lengua falsa e enbidiosa fiere e llaga los ynorantes en lugar e


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tienpo que se non pueden guardar nin defender, e tal acusador es malo e maldicho. Por lo qual deve ser apartado del pueblo, e echado de la çibdat o conpañía. Abtoritat Apocalipsi: «El acusador de sus hermanos echado será de la gloria perdurable.»

XXXVIII.

Avisado debe ser el rogador que ruegue lo que deve sin rigor, con justa e derecha entuiçión; e el que justamente quiere rogar al juez dévele rogar que faga lo que puede, guardando su fe e onestidat. E al juez perteneçe seguir verdat e non se apartar de aquélla por ningunt ruego, injusto que sea.

XXXIX.

Síguese la manera de los consejeros del prínçipe que son así como coraçón. Consejeros quiere dezir ayuntamiento de omnes viejos que saben e pueden dar buen consejo, que por consejo de tales subió Roma e se conservó en grant onor. Que ninguna cosa non es tan noble como conpañía de buenos consejeros, e sus dichos pareçen virtudes. Los consejeros fueron de grant honrra e dignidat entre los griegos, que los prínçipes non fazían fechos señalados si non por consejo de aquéllos; e ninguna cosa non avía valor nin firmeza si non lo que los consejeros mandavan e aprovavan. E los nonbres de los primeros consejeros de Roma fueron escriptos con letras de oro; e todos los llamavan padres honrrados como aquéllos que aman exçelençia sobre todos en arte e en amor paternal. E razonablemente los consejeros son conparados al coraçón, que como el cuerpo natural reçibe del coraçón vida e virtud e fuerça e comienço de regimiento; en tanto que verdaderamente puede ser dicha la palabra que es escripta que dize: «Cata e ten bien açerca de ti tu coraçón, porque de aquél te viene vida e virtud.»

XL.

Los consejeros deven ser de buena vida e omnes que usen bien e que de grado fagan graçia, que asaz es de loco quien busca en


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lugar suzio agua lynpia de buen sabor. Los consejeros deven ser sin tacha, e deven ser ricos e virtuosos e provechosos en buenas costunbres, que más sufiçiente deve ser el que da el consejo que el que lo reçibe. E los buenos consejeros deven ser más aperçebidos que otros, e deven fazer salvas e seguras las cosas presentes e denunçiar las por venir e desenbargarse de las peligrosas, e dar remedio âquéllas, non tan solamente absolviendo, mas ayudando. Mas en pocos lugares falla omne tal consejero, e por esta razón los antiguos escogieron por consejeros uno de mill.

XLI.

Los consejeros deven dar verdadero consejo e non a plazer del prínçipe; mas los falsos consejeros en lugar de consejos dizen falagos e lisonjas, e cada uno se aperçibe como podrá con plazientes palabras engañar a su señor. Enxenplo: Xerçes, duque de los medos, cometió a los griegos de pelea; e sus familiares dezíanle que los griegos non lo osarían esperar e asý otras muchas lisonjas, diziéndole que como él oviese ochenta mill omnes armados e trezientas mill valedores e más de mill navas, tanto que sus conpañas secavan los ríos, e tanta era la muchedunbre de su hueste que las cosas naturales e las criaturas fechas a serviçio de Dios e de los omnes non podrían reçebir la su grant hueste, nin los canpos de todo el mundo. Nin el çielo nin el ayre non sería abastante a reçebir las saetas que tirarían las sus gentes. E mientra que estos lisonjeros alabavan e magnificavan a este Xerçes, Damara que dixo a Xerçes «Señor, esta much[edu]nbre, lo qual es a ti plaziente, te devía fazer temor e miedo, que cosa verdadera es que grant muchedunbre non la puede omne regir e governar. E lo que non puede ser governado non puede luengamente durar, que non ha cosa en el mundo que non pueda pereçer sinon la buena governaçión.»

El qual non fue oýdo porque dezía la verdat. Pero así como este sabio dixo, así aconteçió que Xerçes fue vençido, e el que de tanta muchedunbre era postrimero fuyó primero e ovo grant miedo de muerte. E este Xerçes, quando non era en peligro, era tan argulloso que non se cuydava que Dios le podiese fazer mal; el qual por sus méritos fue vençido e confondido. Por lo qual pareçe que más sabiduría está en los buenos consejeros que en los falsos lisonjeros que fablan a voluntad del prínçipe. E acaeçió que en la hueste de Xerçes una yegua parió una liebre, lo qual es bestia pequeña e medrosa, e dize que esto fue señal que devía fuyr Xerçes.


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XLII.

Los consejeros deven ser firmes que no se buelvan nin trastornen por miedo nin amor nin cobdiçia nin avariçia. Iten deven ser firmes en la justiçia divinal, e en ninguna manera non se apartar de aquélla. Enxenplo de Constantino, el qual quiso provar algunos que eran de los palaçios si eran buenos e firmes christianos. E mandó que todos sacrificasen los ýdolos, e que les faría grant bien e honrra, e serían amigos suyos e de su casa, e estarían en su palaçio çerca de su persona; e los que non quisieren sacrificar, que se fuesen luego de su palaçio e corte. Los christianos fueron partidos en dos partes: los unos quisieron más guardar su fe que non ganar la graçia del enperador; los otros dixieron que eran prestos de sacrificar los ýdolos por alcançar la graçia del enperador. E luego el enperador echó de su palaçio los que dexaron su fe e querían sacrificar los ýdolos, diziendo que aquéllos que eran traydores a su Dios, más lo serían a él. E los que non quisieron sacrificar los ýdolos, fízolos de su consejo porque aquéllos son firmes y seguros consejeros que verdaderamente aman a Dios.

XLIII.

Los consejeros deven ser examinados e con deliberaçión tratados, que consejo es cosa verdaderamente pensada por grant virtud e razón. E consejo es inquisiçión o pregunta agradable de las cosas que se deven fazer o dexar; e quien quiere tomar consejo deve de aver tres maneras de deliberaçión o de acuerdo: Primera, si la cosa de que quiere aver consejo es onesta; segunda, si es provechosa; terçera, si es de pelea del entendimiento o soltura sobre onesto o provechoso, que dubdando de alguna cosa si es onesta o desonesta, o de dos cosas onestas quál es más onesta, o de dos provechosas quál es más. Así mesmo de la soltura demuestra que deve escojer el bien común ante quel propio, e la cosa onesta que la provechosa, que cosa que·l non es provechosa e es contraria a natura humana. Que non deve ser consejada cosa injusta.

Enxemplo, Valerio dize que Teméstide dixo que avía sano consejo sobre lo qual fue mandado traer un sabio a examinar el consejo. El qual sabio dixo que Teméstide tenía provechoso consejo, mas non justo; e toda la gente dio bozes que si non era justo, non era prove-


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choso. Onde es cosa nesçesaria que los consejos sean examinados con buena deliberaçión, que dos cosas son contrarias al consejo: quexa e yra. E los consejos deven ser firmes, que omne sabio non muda consejo estando las cosas así como estavan quando dio el consejo; e non se deve ninguno consejar con los nesçios nin con los malos nin con aquéllos que han cobdiçia dél, quanto más el prínçipe o rey que ha ofiçio común, el qual con prudençia e providençia deve aver consejo. Que el prínçipe o rey que quiere ser sabio acata e piensa lo que es a venir e lo que se puede aconteçer. Todo lo comide e vee en su coraçón, que ninguna cosa que acaezca non es a él dubdosa, antes la ha ya visto e pensado. Porque omne sabio non dize esto: «Non lo pensava yo que acaeçiese, que non era en dubda dello. Antes esperava e estava ençelado, reçelando las cosas por venir, porque ya las sabía yo e pensava quál fin devía venir.»

XLIV.

El prínçipe que quiere reçevir consejo, cunple que oya las sentençias de los otros, a enxenplo de Moysés, que oyó el consejo de Jetro. Pero acquél es bien aventurado que por sí mesmo sabe, e bien aventurado es aquél el qual al sabio oye; mas aquél que por sí mesmo non sabe nin oye al sabio es mal aventurado e non provechoso. Asý nin a otro e consejos locos e neçios non deven ser creýdos, mas los sabios discretos, a enxenplo de Aelbian, que se dio a consesejeros libres e sabios e discretos, como él non fuese poderoso en se regir por sí mesmo.

E por el contrario, todo prínçipe o rey se deve de guardar de reçebir consejo de omne malo, del qual el consejo es desear las cosas presentes e desamar las eternales, e fazer las injustas e escarneçer de las justas, que omne injusto conseja las cosas injustas. Así mesmo non deve ser demandado consejo a los enbidiosos, que ninguno non puede ser al prínçipe más leal consejero que aquél que lo ama.

E al ángel de consejo deve demandar el prínçipe consejo, el qual es Jhesuchristo, fijo de Dios, al qual todo prínçipe o rey deve de demandar el consejo, que es consejero maravilloso. Que así lo fazía Davit, el qual se consejava con Nuestro Señor antes que començase ningunos fechos; que él demandó consejo a Dios si faría batalla con los filisteos. Que si los consejeros non saben deste consejero, así como de la fuente de sabiduría, e si El non da fin e [conclusión] a los consejos, todos son vanos e de error e sin firmeza. Que asý como los consejos humanos, non ha quien sepa la fin a que deven


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venir. Todos yerran. Por lo qual ningunt omne non faze nin dize nada si Dios non lo endereça, que Dios es Aquél que endereça el consejo del omne, e la su dotrina e demuestra lo que deve fazer. Que Él dize: «El consejo es mío e yo que só sabiduría estó en el consejo.» Iten dos maneras son de dar consejo: a loco, e a sabio. A loco obra es de caridat, a sabio es declaraçión.

XLV.

El prínçipe deve oýr consejo de los sabios, pero él deve ser de mayor magnifiçençia e deve ser piadoso e aborreçer cosas crueles. E deve ser largo e de proeza a dar e a perdonar más que todos los otros que son de más baxo estado, a enxenplo de Alexandre, que como él oviese vençido a Darío, trató Darío que tomase su fija por mujer, a que·l diese por axuar un cuento de pesantes de oro. E como Alexandre demandase consejo sobrel matrimonio, respondió un su consejero, que avía nonbre Pramínides, e dixo asý: «Yo fuese Alexandre, guardadas estas condiçiones, yo consentiría.» Respondió Alexandre: «Yo consentiría en las condiçiones del matrimonio si Alexandre fuese Proménides», que quería tanto dezir: «el mi coraçón es noble e real e largo; yo devo fazer grandes noblezas e ser leal e liberal. E todo prínçipe deve ser más piadoso e más liberal e justo que los otros.»

XLVI.

Los consejos de los grandes fechos e peligrosos deben ser ascondidos e secretos, a enxenplo de Valerio que dixo: «Sy yo supiese que mi vestidura sabía mi consejo, yo la quemaría, que persona sabia esconde su consejo.»

XLVII.

El prínçipe deve de escojer tales camareros e ofiçiales que sean a su honrra e serviçio, los quales deven ser linpios e puros de suziedat tenporal e espiritual, a enxenplo del Rey Davit, que dize que los sus ofiçiales yvan carrera sin tacha e suziedat. Esso mesmo


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deven ser los tales ofiçiales virtuosos e çiertos e avisados e onestos e provados en sus ofiçios, a enxenplo que la Reyna de Saba loó mucho los servidores e ministros de Salamón e la ordenança de su casa quando vino ver la sabiduría dél. Onde el prínçipe o rey deve trabajar por que los sus camareros e ofiçiales sean tales como dicho es, que por los servidores se conoçe el señor.

XLVIII.

Todo thesorero de prínçipe o de rey puede ser conparado al estómago del cuerpo natural; que así como el estómago reçibe las viandas nesçesarias al cuerpo, las quales enbía e reparte a las partidas de aquél, así es el thesorero del prínçipe. Reçibe todo el thesoro en sý e lo reparte por su mandamiento a las partidas de los regnos e provinçias, sobre lo qual pone una figura:

Los mienbros del cuerpo natural se reclamaron a la razón e dixieron quel estómago gastava e destruýa todo lo que ellos ganavan con grant lazerio, e que él sienpre estava oçioso. La razón, que era juez, oýdo lo que los mienbros dixieron, pescudó al estómago si le plazía de dezir algo en defensión de su derecho, el qual respondió callando. E la razón, veyendo lo que los mienbros allegavan, e viendo quel estómago callava, dio sentençia que los mienbros no diesen cosa al estómago. La sentençia así dada, los mienbros usando de aquélla, a pocos días començaron de flaqueçer e perder su fuerça; e arrepentiéndose de lo que avían fecho, suplicaron a la razón que la sentençia fuese revocada, e el estómago reçibiese segunt que acostunbrado avía. E la razón, veyendo el pedimiento, mandó quel estómago usase como primero usava e reçibiese todo lo que solía reçebir. Lo qual como reçibió la vianda segunt solía, los mienbros fueron esforçados e confortados, e ovieron paz e concordia.

Así, quando el buen rey o prínçipe tiene buen thesorero en el qual la moneda es allegada, non tan solamente por que él dellos se aproveche, antes la tiene para la repartir a provecho e bien de la república. E quando así se faze, todas las partidas del regno son esforçadas e conortadas e biven en paz e concordia. E por el contrario, quando el estómago del cuerpo humanal, en caso que tenía mucha vianda, si non la destribuye segunt que deve, e la enbía e reparte a los mienbros segunt que le es menester, los dichos mienbros se enflaquecen e adelgazan. E si ay gordura, es manera de finchazón. Así quando el rey o prínçipe (él) non reparte la moneda que allega, en caso que tenga mucha por las partidas e mienbros del regno,


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en la manera que deve o consiente a sus thesoreros que lo fagan, los mienbros e partidas de dicho reyno se enflaqueçen e adelgazan. E si el prínçipe o rey o el dicho su thesorero engorda, es manera de finchazón de avariçia e sobervia, e este rey o prínçipe atal sería maldicho e de mala condiçión; e por él se engendrarían muchas enfermedades de malas costunbres en el cuerpo e partidas de su reyno.

XLIX.

Curiales tanto quiere dezir como servidores, ofiçiales, ministros, consejeros de casa del prínçipe o rey, a los quales son comunes algunos pecados en que suelen pecar más que en otros; por lo qual deven ser amonestados que se guarden de non caer en aquéllos, los quales pecados son siete: el primero, cobdiçia e voluntad de aver dignidades e honrras, que livianamente fazen cosas injustas [aquellos] que desea[n] gloria mundanal. Que los nobles antiguos non quisieron aver ofiçios comunes si non tanto como era nesçesario a la comunidat.

L.

El segundo viçio de que los curiales se han [de] guardar es engaño e mentira e lisonja, por la qual quieren ser plazenteros a los mayores e por alcançar dignidades e honrras, e a los menores por que los alaben e digan bien dellos, que omne lisonjero enemigo es de virtud. Lisonja ha por conpa[ñ]eros usura e engaño e perdiçión e señal de mentira e apartamiento e destruyçión de toda onestidat. Por ende non devía ser consentido que los tales fablasen nin usasen con los prínçipes e reyes; antes los devían apartar mucho dellos.

Enxenplo: los de Atenas vieron un lisonjero estar con el rey Darío, e antes que oviese conplido lo que avía començado, fue muerto delante dél; que todo lisonjero es enemigo mortal, los quales son semejantes a malos clérigos que enpieçan las viésperas de los muertos en plaçebo, mas a la fin ellos entierran al omne en pecado. E todo rey o prínçipe deve fuyr a las palabras dulçes e peligrosas e falsas de los lisongeros así como de pestilençia. Los quales han muy grant abundançia en las cortes, e por sus mentiras plazenteras engañan a los omnes. E toda lisonja, segunt más o menos, enloqueçe


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aquél que la consiente. E grant neçedat es el que cree a los lisonjeros de sí más que a sí mesmo, que mejor sabe todo omne quién es él que los otros lo pueden saber. E ¿qué vale al omne que los otros lo alaben e la su conçiençia lo acuse? E por el contrario, ¿qué le enpeçe que los otros digan mal dél, si su conçiençia lo defiende?

LI.

El terçero viçio de que los curiales se deven de guardar es non aver vergüença e reçevir dones (d)e serviçios, los quales çiegan los sabios e mudan las palabras de los justos e amenguan su honrra, a enxenplo de Picanto Millevo, al qual fue estableçido un grant don de consentimiento de todos, el qual non lo quiso reçebir, judgando que fea cosa sería menguar la gloria de su virtud por reçibimiento de grant don. E quando este pagano desechó el don a él ofreçido públicamente a consentimiento de la comunidat, ¿quánto más lo deve fazer el fiel christiano?

Pero en reçebir cosas que pertenezcan a comer e a bever, bien se puede fazer quando se fizíen devidamente e en tiempo conveniente e en devida quantidat, que antiguo proberbio es: «nin todas cosas nin todos tienpos nin de todos». Que estremo es non reçebir cosa de ninguno e reçebir comúnmente de todos, e lo que así oviere de reçebir sea tenpladamente e en poco nonbre e en poca quantidat, de poca valor, e non a menudo. Que bien aventurado es aquél que sacude las manos e non toma nin retiene ningunt don. Tres maneras ay de reçibimiento de dones, los quales son con engaño: Primera es don de coraçón; ésta es graçia recabdada en el pensamiento. Segundo don es de boca: éste es graçia por favor. Terçero don es de mano a mano; éste es gualardón de lo que es ya dado, de los quales todos los justos sacuden sus manos.

LII.

El quarto viçio de que los curiales se han de guardar es de vender ofiçios, que tanto es creçida la cobdiçia de los curiales que en vano se fía ninguno dellos; a los quales non pueden entrar sinon aquéllos que les traen alguna cosa. E los tales curiales peores son que leones nin sierpes nin diablos, los quales se dexan rogar sin moneda. Mas los curiales, non con los quales non acabarán ninguna cosa


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si non le enblandeçen el coraçón con marquillo de oro o de plata, a los quales acaesçe como los que fazen bien por salario e non por caridat.

LIII.

El quinto pecado de que los curiales se han de guardar es semejança de amor, el qual demuestra por las señales de fuera e non lo tiene(n) así en sus coraçones. E estos atales son amigos e conpañeros de fabla, mas non para ayudar el día de la nesçesidat, que todo lo que fazen es por dineros o cosas semejantes o por favor. Que entre malas personas non puede aver verdadera amistança; así que los tales han ofiçio e non amistad. Que tres maneras son de amistad: que los unos han las cosas por ser buenas; los otros aman por tal que reciban algún provecho; los otros aman por reçebir e aver algunt deleyte. Que quando algunt omne va bien, non conosçe quién lo ama, que es de ver si ama al omne o al bien suyo.

Que verdadero amor es en aquéllos que han verdadera caridat, que verdadera amistança apenas es fallada en aquéllos que están en grant onrra, e much[o] yerra el que busca amigo en la corte; porque cada uno de aquéllos siguen la corte más por provecho que por amor de otro, que cara cosa es amor. De lo qual es tomado este nonbre 'amiçiçia', la qual si es más a provecho de nós que de aquél que amamos non es amiçiçia mas mercadoría de provecho. Asý que omne deve amar de verdadero amor, e non por reçebir otro provecho para sí mesmo synon aquél que está en amor.

LIV.

El sesto pecado de que los curiales se han de guardar es trasfaguería e falsa maginaçión de calupniar e enlazar, faziendo leyes malas e dando favor âlgunos e allegando costunbres malas e perversas; que maldicho es aquél que faze leyes malvadas e da favor e ayuda a ellas, que tal como la paloma es entre los gavilanes, así es el pobre entre los curiales. E los curiales sin piadat son así como perros que comen por destruyr al prínçipe; e fazen venir los pobres a juyzio por que sean despechados. Que ellos despluman a los pobres e tienen la casa llena de lo que han malganado. E a estos tales Nuestro Señor los toma e desplúmalos e tómales lo que han tomado a los


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otros. E non era tal el enperador Tiberio, al qual consejaron que acreçentase los tributos sobrel pueblo. Respondió: «Non perteneçe a buen pastor comer las ovejas.»

LV.

El séptimo pecado de que los curiales se deven de guardar es vagar e comer e bever desordenadamente, e de viçios carnales e de estar oçiosos e fazer juegos de vanidades; que todo omne vee claramente que los dichos curiales pecan en estas cosas e estudian en ellas. Que el omne [que] bive por tal, que use de luxuria e de mucho dormir, non bive; que más es muerto que bivo. E los omnes de sabiduría se apartan de las cortes, e los buenos consejeros del prínçipe son consolaçión de los desconsolados e pobres.

LVI.

Devida cosa es saber la obra de las manos e el provecho que viene de aquéllas. La obra de las manos es tañer e apartar e tirar e renpuxar, por la qual razón la mano ha tal disposiçión que puede fazer todo lo sobredicho; que la mano es huérgano o esturmento más noble que los otros. Que ella non es un estormento mas muchos; pues así como las manos son en el cuerpo natural ordenadas a tirar las cosas enojosas e guardar los otros mienbros e defenderlos, así son los cavalleros para fazer todas las cosas sobredichas en la comunidat. E como las manos se ponen delante de la cabeça, así los cavalleros deven de guardar e anparar e defender al prínçipe, que es cabeça, a enxenplo de la serpiente que pone el cuerpo delante de la cabeça en defendimiento de aquélla.

LVII.

Quando aquel prínçipe Rómulo ovo hedificada la çibdat de Roma, escogió mill peleadores. Por razón del nonbre que eran mill, llamólos «mílites», que quiere dezir cavalleros; e «miles» quiere dezir cavallero(s). Onde cavallero quiere dezir esogido de mill. E así como cavallero es nonbre de honrra, así es nonbre e ofiçio de trabajo. Dos


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cosas fazen al omne ser cavallero: es, a saber, elección e sacramento. E la salud de la comunidat es en los cavalleros, los quales deven ser muy exçelentes de cuerpo e de coraçón, e deven ser defendimiento e guarda e defensión de la comunidat. E ninguno non deve comedir que ofiçio de cavallería sea poca cosa en que todo omne sea bueno para ella; que los antiguos non ponían en el tal ofiçio a ninguno si non avía las dichas virtudes que aquél a quien es encomendado la defensión del regno. Deve ser de grant exçelençia e virtudes e fortaleza e onestidat e buenos criamientos. La onestidat faze el cavallero conveniente. E vergüença lo faze virtuoso e le vieda que non buelva la cara por miedo de otro. E los cavalleros deven ser escogidos por grandes señores; e quando ovieren de reçebir la exlecçión, deven ser señalados por cavalleros por que sean conoçidos, e deven ser escritos en el livro de la cavallería. E el tal cavallero deve ser ligero e fuerte e saber arte de ferir e defender.

LVIII.

El juramento de cavallería se solía fazer de muchas maneras. Que los cavalleros mesmos fazían juramento los unos a los otros, que ninguno non bolviese la cara nin fuyese por miedo, nin mudasen del ordenamiento fecho entrellos nin en lugar do fuese mandado estar. E los cavalleros nuevos deven jurar por Dios o por JhesuChristo, su fijo, e por el Espíritu Santo, e por la magestad o figura del prínçipe, la qual es de Nuestro Señor Dios, que ellos lealmente farán todo lo quel prínçipe les mandará. Que quando alguno es puesto en grado de prinçipado legítimamente, asý como Dios, le deve ser prometida la lealtad, e lo deve omne diligentemente servir e amar, e así mesmo deve jurar que en algunt tienpo non dexará la cavallería nin fuyrá a muerte por onor. E el juramento fecho, dévele de çeñir una espada, e poner dos espuelas, e de allí adelante han los previllegios de los cavalleros. E los cavalleros son en grant peligro si non son tales como deven, e que mantengan fe e lealtad. Los quales cavalleros son tenidos a la iglesia, que quando alguno fazen cavallero, va solepnemente a la iglesia e ofreçe la espada sobrel altar en testimonio que le obliga, e ofreçe a sí mesmo e que servirá con el cuerpo e con la espada a Dios lealmente e con devoçión.


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LIX.

Los cavalleros deven ser espiertos e valientes e ardidos e provados e avisados e bien acostunbrados e dignos de ser honrrados. Iten los cavalleros deben ser ardid[o]s e valientes e sabios e avisados e despachados, e a correr e moverse de un cabo a otro e prestos e aparejados de ferir. E deven ser provados e examinados en armas, que el buen cavallero cunple que sepa ferir al enemigo, e que le vaya catar e cometer, que non aya miedo de ninguna cosa sinon de vergüença e mala fama, e que sea aparejado para sofrir trabajo e yazer en tierra e saber alegremente sofrir lazerio. Otrosí más deven de curar los cavalleros de buenas armas sueltas e fuertes que non de guarnimientos demasiados.

Enxenplo: quando Aníbal andava desterrado, llegó a casa del rico rey anthioco, el qual le demostró su gente e cavallería armada e guarnida de oro e de plata, así frenos como sillas e petrales, que todos resplandesçían. E como el rey deseava gloria de aquésto, Aníbal le respondió: «Estas cosas son asaz bien apuestas, pero son más preçiosas e ricas que provechosas.» Así mesmo dixo Çipión Africano quando vio un escudo muy fermoso e muy guarnido; que si por el guarnimiento el escudo podía ser más fuerte, que era bien guarnido, e si en otra manera, que era cosa vana.

LX.

Por tal como los cavalleros se fazen virtuosos por las virtudes e costunbres susodichas, los cavalleros deven ser obedientes a los prínçipes e a los otros cavalleros mayores que ellos, que los menores deven catar reverençia a los mayores e deven guardar onestamente el estado de cavallería e guardarse de suziedat e luxuria, a enxenplo de Cornelio Çipión, que quando entró por su hueste fizo mandamiento que todas las cosas que perteneçen a viçios carnales fuesen echadas de la hueste. E la hueste, que por la dicha cabsa estava en peligro de ser vençido, ovo victoria de los enemigos. E los regnos de los áfrycos muchas vezes fueron vençidos por pecado de luxuria. El enperador Nero su luxuria lo ensuzió, e la escaseza lo consumió, e sobervia lo destruyó. Así que todos buenos cavalleros se deven de guardar de pecado de gula e luxuria e enbriaguez. Así mesmo se deve de guardar de robos e furtos. Enxenplo: Julio Çésar fizo mandamiento a sus ca-


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valleros quando entrasen en la çibdat, non despojasen a ningunos nin tomasen cosa alguna del tenplo.

Otrosí los cavalleros deben de amar justiçia e guardar los mandamientos e leyes de los prínçipes, así en la pelea como fuera della, a enxenplo de un prínçipe que avía nonbre Maleo Torcato, el qual mandó que su fijo fuese judgado a muerte por quanto salió a pelear con otro sin lo fazer saber al prínçipe. El qual prínçipe judgó e dixo que más santa cosa era quel padre mandase matar al fijo que tornar e acostar la justiçia que non fuese fecha e conplida en aquéllos que la mereçen. Que la justiçia e buena ordenança da fin (h)a grandes fechos. Enxenplo de Alexandre, que quando enpeçó a fazer fechos de armas tenía poca cavallería, mas eran personas sabias e provadas e bien ordenadas, e amavan justiçia; con los quales él conquirió e ocupó todo el mundo. E así mesmo Roma, que por sçiençia e por exerçiçio e fee e lealtad fueron vençedores de todas las gentes, que ellos ovieron victoria de la muchedunbre de Françia e de los nobles de Normandía e de la fuerça d'España e de la sobervia de Africa.

LXI.

El derecho de los cavalleros es solepnidat de fecho, e de fazer pelea a ligadura e abenençia contra los enemigos a çierta señal dada e manpreso e fazer pelea e otras condiçiones que pone en los previllegios de cavallería. E aunque sean en poder de otro, que puedan fazer testamento de lo que ganaren en armas, que ha nonbre Peculio Castrense. E si viniera a pobreza, que sean proveýdos de los propios de la comunidat. Que usar de cavallería es cosa devida a los christianos, que Sant Juan dixo a los cavalleros que non sosacasen por fuerça nin por amenazas a ninguno ninguna cosa, nin fiziesen calupnia e se toviesen por pagados de su sueldo. E non vedó que usasen de cavallería, la qual todas las cosas conserva e guarda.

LXII.

Poco valen los cavalleros en caso que sean dotrinados e usados en cavallería sy ellos son vençidos. Que quatro maneras son de cavallería: P[ri]mera cavallería humanal, la qual es quel cavallero trahe armas, que usa dellas segunt el mandamiento del prínçipe. Estos cavalleros deven ser dotrinados, poderosos e duramente criados.


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La segunda cavallería es dicha cavallería christiana, la qual se ha de conbatir con prínçipes e potestades, e contra la sangre e carne. El cavallero desta cavallería, que quiere ser leal al Rey Çelestial, deve ser çierto e avisado e bien dotrinado, e en todo virtuoso e firme, que mayor cavallería es vençer al diablo que vençer toda la gente del mundo.

La terçera cavallería es cavalleros que por miedo son obligados, por voto o por prometimiento de se conbatir contra los enemigos de la santa fe en defensión della, así como son los cavalleros del espital de Sant Johan, los quales amonesta e ruega e dize así: «O cavalleros, yd seguramente, sin temor de coraçón, e fazed tornar a çaga los enemigos de la cruz de Jhesuchristo.» E tan gloriosos tornaron de la pelea quando avía victoria, e tan gloriosamente morían los gloriosos mártires en la pelea. E aquel cavallero es bien armado que así como ha guarido el cuerpo de fuera, que así sea guarido e vestido de lorigas de fee.

La quarta cavallería es muy virtuosa eclesiástica, de la qual son cavalleros los pedricadores e los perlados que se conbaten contra los enemigos erejes e contra los falladores o mantenedores de errores, e cada uno destos cavalleros deven ser enformados así como dicho es. E estos cavalleros deven ser ornados de virtudes que a ellos pertenesçe, e destas cosas deven ser amonestados en lugar e tienpo.

LXIII.

Guarnimientos deven de fazer a los pies por tal que non sean ofendidos e non topen en cosas contrarias, que aquéllos deven aver mayor providençia porque fallan más enbargo quando van por tierra en serviçio del cuerpo. Que ellos lo sotienen e pasan todo el trabajo e carga del sotenimiento del cuerpo, e grant provecho reçibe la comunidat destos pies; cur(i)osamente e con justiçia deven ser defendidos e guardados.

LXIV.

El pueblo baxo deve ser amonestado que labren bien e fielmente cada uno en su ofiçio, e onesto e sin falsía e provechosamente comediendo. Que cada uno es nasçido para trabajo, que bien aventurado es aquél que bive del trabajo de sus manos. Las artes machánicas son


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siete, que mocánica cuenta en sí siete sentençias o siete obras. La primera es obra de lana, la segunda armas, la tercera navegar, la quarta pisar la tierra, la quinta caçar, la sesta medeçina, la séptima arte de juegos.

LXV.

Amonestados deven ser los que trabajan, que non sean ensuziados de pecados, e se guarden de furtar e de engañar e de mentir, e que labren orde[nadamente ...]

[...]llos, ca conviene a dar cuenta dellos, e acuérdate de les amostrar que se guarden de sobervia e luxuria e perjuros e de gula e de yra e de avariçia e cobdiçia, lo qual es raýz de todos los males.

LXVI.

Los parientes se deven amar, agora sean parientes naturales, agora por coniçión o por afinidat; a los quales la escriptura llama hermanos. Que quatro maneras pone la escriptura que los omnes son dichos hermanos: la primera manera es dicha por natura; la segunda es por gente de una ley; la terçera por coniçión, como fueron Abrahán e Loth; la quarta es espiritual, como son todos los omnes fijos de Adam e de Eva.

LXVII.

Matrimonio es ayuntamiento natural de barón e de muger en personas legítimas sin división e apartamiento de vida corporal e espiritual. El qual ayuntamiento representa unión de Jhesuchristo e de la yglesia. Legítimo matrimonio es quando un omne e una muger que non son parientes son ayuntados por matrimonio en el qual consiente la iglesia. En el casamiento deve ser acatado e considerado costunbres e bondat antes que non riqueza, que las maneras de la buena muger es que sea bien acostunbrada e fermosa, e de buena generaçión, e ordenada e vergonçosa e apostada de virtudes e onesta. Pues aquéllos que han de ser casados sean avisados de escoger e tomar muger que aya las dichas condiçiones, que, consumido el matrimonio,


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así el uno como el otro non se arrepienta. E los buenos casados deven de bevir sienpre en caridat en caso que sean dos cuerpos, sea una voluntad e bivan bien a Dios e al mundo.

LXVIII.

La muger mal acostunbrada deve ser castigada por su marido. E de las malas costunbres que puede aver es bever vino más que deve, que non ha cosa que más procure luxuria que el vino; que la que beve mucho vino çierra la puerta a las virtudes, e ábrela a los pecados. Por ende, deve ser castigada buenamente quando ella se quisiere corregir; e donde non, castigarla más ásperamente, en tal manera que de una vía o de otra sea todavía castigada por que obedezca a su marido e faga aquello que buena muger deve fazer, a enxenplo de la bívora, que quando está alongada de su marido, da un silvo muy blando e suave. E quando el marido viene, ella lança toda la ponçoña que tiene, e cata reverencía e obedesçe a su marido. Pues quando la bívora, que es alimaña sin razón, cata reverençia e obedesçe a su marido e echa de sí la ponçoña, ¿qué deve fazer la muger que es razonable? Por ende, toda buena muger deve obedesçer e catar reverençia a su marido, e amarlo e honrrarlo e reçebirlo del todo sin ponçoña e con alegre cara e coraçón; e así bivirán en amor e en caridat en tal manera que abrán riquezas en este mundo, e en el otro alcançarán la gloria.

LXIX.

Entre marido e muger deve aver amor e caridat. Así como son una carne, sean una voluntad. E deven de ser amonestados que se amen verdaderamente sin engaño alguno.

LXX.

Entre los casados non se deve quebrantar la fe que prometieron del matrimonio, en el qual ha tres bienes: conviene a saber, fe e esperança e governaçión. La fee es que la muger non deve usar con otro e deve de guardar firmemente la fe. Ca ella non tiene poderío nin-


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guno en su cuerpo salvo el marido, e la fe del matrimonio e la lealtança de amor; a enxenplo de la bívora, que nunca se allega a ninguno por forniçio salvo a su marido, e así mesmo faze la tórtola. E si a cada una déstos muere el marido, nunca se ayunta a otro. Quando esto fazen las animalías e aves, ¿quánto más deve fazer la buena muger? Eso mesmo el que es casado; deve guardar la fe que prometió e non deve tener mançeba que comete adulterio e toma lo que non es suyo e faze de lo ageno graçia que non deve. Que elementos se ayudan, que la agua ayuda a la tierra e el ayre al fuego. ¿Quánto más se deven ayudar los omnes que son criaturas razonables?

LXXI.

Amistad es consentimiento de caridat sin descordia en las cosas humanas o divinas que son de fazer entre dos personas o más, la qual amistança entre buenos omnes deve ser verdadera e sin engaño.

LXXII.

Aunque alguno de los amigos sea mayor en dignidat o en estado, dévese fazer ygual, que amigo quiere dezir «ygual de mí». E así fue el fijo de Dios que con la verdadera amistança que con nós otros ovo, aunque fuese mayor entre los apóstoles, se fizo menor. El amigo verdadero en el tienpo de la mayor nesçesidat te acorrerá. E el tal amigo mucho es de amar, e entre los amigos todas cosas deven ser comunes, así las esteriores como las interiores. E la regla entre los amigos deve ser aquésta: las petiçiones onestas e que usen onestamente; que amigo bueno non deve de fazer por otro cosa alguna contra ley nin cometer villanía alguna. E tales como éstos fazen lo que deven fazer verdaderos amigos.

LXXIII.

Los buenos omnes non se deven de amar de ficta e engañosa amistança, que la tal como aquélla ligeramente es quebrada; e aquéllos que della usasen serían traydores a Dios e al mundo, e merecían ser apedreados.


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LXXIV.

Non tan solamente los amigos que se aman deven mantener verdat, mas aun los conpañeros se deven de amar e querer e ser de una voluntad e un amor e ser así conpañeros en las pasiones como en las consolaçiones e en tal manera ayuntados que jamás non se partan nin desanparen en alguna manera.

LXXV.

Conpañía de los malos es de esquivar e aborreçer; que así como el ayre malo corronpe el cuerpo, así el mal conpañero corronpe el coraçón de aquél con quien usa. E los tienpos quel(e) omne oviere a tomar plazer, deve allegar a los buenos, que dize el enxemplo: «con los santos serás santo e con los pecadores pecador.» Así, non devedes de usar con los malos nin aver conpañía con ellos.

LXXVI.

La conpañía de los buenos es de buscar, la qual es caritativa e deleytosa, entre los quales deve aver verdat e non ser conpañeros de mesa que digan: el pan comido, la conpañía desfecha.

LXXVII.

La conpañía se quebranta por avariçia. Enxenplo de las aves e animalías robadoras, las quales non quieren conpañía unas de otras.

LXXVIII.

Non solamente conviene al omne bevir ordenadamente e conversar con aquéllos que es coligado, mas aun conviene que converse e biva virtuosamente con sus adversarios. Que mucho es de loar el


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que usa e bive bien entre los buenos, mas mucho más es de loar el que bive e conversa bien entre los malos, que todo omne deve amar su amigo e fazer bien a los que le aborresçen. El enemigo naturalmente deve ser amado e, por razón de la culpa, aborresçido.

LXXIX.

El buen omne con su bien fazer e usar e por paçiençia vençe sus enemigos. Que non deve el omne dar mal por mal nin vengar los enojos, mas aver paçiençia e menospreçiar lo tenporal por lo çelestial. Que el omne justo con paçiençia sufre la maliçia de aquéllos quél querría que fuesen buenos.

LXXX.

Todo omne deve ser amonestado que sea virtuoso. El que es virtuoso es honrrado e apostado de buenas e nobles costunbres, e ama derechamente a Dios. Fasta en la fin persevera en bien. El tal como éste será honrrado en este mundo e salvo en el otro.

LXXXI.

Las mugeres deven ser amonestadas que bivan virtuosamente, cada una ssegunt su estado. Las quales deben ser subjetas e obedientes a sus maridos; así mesmo deven ser calladas e non parleras nin viçiosas, nin poner afeyte alguno, por que non sean demostradas las sus locuras vanas. E deven ser amonestadas que sean sabias e mesuradas e se trayan onestamente e se guarden de apostamientos e vestiduras ricas e vanaglorias. E guardar deven que sean mesuradas en comer e en bever e en vestir e en calçar e en andar e en fablar, por que sea guardada la castidat.

Así mesmo debe ser la buena muger prudente e casta, lo qual le será muy grant honrra e virtuosa fermosura de la su fama. Así lo dize el sabio Salamón, adonde dize que así como el sol resplandesçe quando sale de mañana, así resplandesçe la buena muger en la fermosura de su casa. Que graçia (e) sobregraçia es la muger casada ser casta, que el quinto grado de abusión es la muger sin castidat. E


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síguese adelante que la muger non casta nin es alabada de los omnes nin avrá gualardón de Dios. E la linpia e casta alcança de buena fama en este mundo, (e) gloria eternal entre los ángeles.

E de aquesta prudençia e castidat fabla bien Valerio en el libro VI, e pone muchos enxenplos de las mugeres castas. Cuenta de una mujer que dize que, muerto su marido, sus enemigos quisieron corronper su castidat, mas ella antes quiso morir que perder aquélla. La qual fue lançada en la mar, e los griegos la sacaron de la mar e pusieron muy noble sepoltura en memoria de su castidat.

Dize Valerio en el libro IIIo que non solamente la muger deve ser casta por obra e voluntad, mas aun por vista e acatamiento. Ca la vista e catamiento muchas vezes faz quebrantar la castidat corporal. Por ende mucho deven ser las mugeres amonestadas e castigadas por que guarden su linpieza e castidat.

Otrosí deven ser amonestadas como son castas que sean quietas e calladas. Así lo dize Grisóstomo, Omilia, sobre Sant Juan, onde dize que la muger en casa deve fablar e folgar así como Sarra, que folgaba en el su tabernáculo. E Sant Lucas dize de la bien aventurada Madre de Dios que el ángel entró a la saludar. Pues en quanto dize que entró, paresçe que estava en lugar onesto e dentro de su puerta. E así toda muger linpia e casta e buena deve estar en su casa e non en la calle nin por las carreras. Así lo dize Sant Gregorio en el III libro de Los Morales, adó dize que la muger es de poco seso e de grant voluntat, e aýna puede ser engañada. Dize más Grisóstromo que la muger non deve estar vagarosa nin a la puerta, nin se deve ocupar en burlas nin en departimientos o fablas locas e vanas.

Otrosí deven ser amonestadas que se apuesten e vistan de nobles vestiduras que sean onestas, así como conviene a muger prudente e casta. Así lo dize Sant Pablo en la primera canónica a los çinco capítulos, en que dize que las mugeres non trayan copetes de fuera nin çerco de oro nin vestiduras desonestas, nin pintar las caras como ýdolos del diablo. Dize más que como pueden envegeçer los tales ýdolos, que en caso que son arrugadas, estíranse las caras e las çejas e cúbrense de cabellos agenos, de lo qual devrían aver vergüença. Que ¿quál es la tan loca que se piense que los omnes que la miran piensen que sea suy[o] lo que la naturaleza non l(e) dio? E la tal cara así conpuesta non es de Nuestro Señor; ante es cubierta del anteChristo, e criamiento de luxuria e quebrantamiento de prudençia e castidat.

Desto dize Sant Grisóstromo sobre Sant Matheo a los xxx capítulos, Omilia, adó dize que la muger que se así apuesta e afeyta tira la figura de la ymagen de Dios e pone la del Diablo. E afogan las tales como éstas la castidat, e han enbidia de las mundarias. Ca dize


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Sant Anbrosio que las tales mugeres como éstas quitan la buena pintura que Dios le[s] dio e toman la de la puta, la qual pintura es de pecado e fealdat e non de fermosura. Es de engaño e non de sinpleza; e tal pintura engaña en tal manera que non faz plazer a Dios, al qual deve servir e amar.

E cuytada muger, bien deves entender e considerar que los que te veen bien conosçen que aquella figura non es tuya, e así mesmo deves considerar en el enojo e pesar que fazes a tu Criador. E si un pintor faze una figura e otro gela quita e pone otra en su lugar, çiertamente grant enojo avrá el pintor que primero la pintó. Pues quando éste toma pesar por una figura de colores, piensa bien ¿qué deve sentir Dios, tu Fazedor, que te pintó e fizo a su ymagen e semejança, quando viere que tú has quitado lo que él fizo e puesto la figura del diablo, por lo qual pierde en este mundo el cuerpo e la honrra e en el otro la ánima e la gloria?

Enxenplo: En París avía una muger, la qual estudiava e trabajava en se afeytar e apostar su cara e cabellos. La qual ovo a finar, e desque muerta aparesçió a un omne de santa vida peynándose e afeytándose la cara como fazía en tienpo de su vida. El santo omne le preguntó qué cosa era, o qué sentía ella en aquel peynar e afeytar. La qual respondió que aquello viera ella por su grant mal e perdimiento de su ánima para siempre, que ella despendiera su mala vida en aquello que agora fazía. Lo qual a ella era tan grave pena e tan grant dolor e terrible tormento que non podía sofrir más. La qual visión el santo omne notificó a muchas mugeres, las quales dende adelante se guardaron de las tales conposturas e afeytes que verdaderamente son final perdiçión de la ánima e desonrra del cuerpo.

LXXXII.

Amonestados deven ser los omnes segunt las diferençias de las hedades. Como sont varias hedades, así es menester que sean varias amonestaçiones. La primera hedat es fasta los siete años, la qual es dicha infançia. Segunda hedat es de los siete fasta los catorze, a ésta es dicha puriçia. Terçera es de los catorze fasta los veynte e ocho, la qual es dicha adolesçencia. Quarta es de los veynte e ocho fasta los çinqüenta. Esta se dize mançebía por quanto fasta aquel tienpo es dicho varón. Quinta es de los çinqüenta fasta los sesenta, la qual declinâ vegez. Sesta e postrimera hedat se llama vegez, la qual non se determina por número de días.


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Por ende digo que los niños deven ser castigados, que así como la çera resçibe la figura mientra que está blanda, e después que es dura guarda la figura, así faze el niño; que todo lo que le enseñaren aprenderá. E después que lo aprendiere, guardarlo ha; e quando fuer moço, retenerlo ha; e en todas las otras hedades sienpre se le acordará. Pues, manifiestamente los niños deven ser enseñados e castigados por que se arriedren e quiten de malas costunbres, e se alleguen e reçiban las buenas. Así mesmo deven ser enseñados los niños en el serviçio de Dios [e] en los artículos de la fee. Otrosí deven ser enseñados de ofiçios o artes, segunt pertenesçe al estado de cada uno.

LXXXIII.

Enseñados deven ser los moços, los quales son en el segundo grado de las hedades que es dicha puriçia, que es de los siete fasta los xiiii.o, Espeçialmente que se guarden de pecar, que en aquella hedat comiença regnar luxuria. Por tanto deven ser castigados que bivan castamente, para lo qual mejor guardar deven trabajar por oraçión e por ayuno o abstinençia o por caça o por otro ofiçio alguno. Que tal es la moçedat como la tierra sin fruto, la qual, si dexan folgar, da espinas e cardos. Pues conplidero es que la juventud sea en tal manera apremiada que non lieve espinas e cardos de pecados, mas que lieve e dé de sý buen fruto.

Que el que non enseña e castiga sus fijos en quanto son moços pierde el tienpo dellos, por lo qual toman ruynes maneras, que dexan de usar bien e allegarse a las virtudes. E toman malas costunbres en vituperar e denostar con palabras de vileza e suziedat e poca pro a los ançianos o mayores que ellos; e así criados en costunbres malas e viles son aborreçidos de Nuestro Señor. En muchas vezes acaesçe por estos pecados que por juyzio de Nuestro Señor son arrebatados e lograrse poco. E así como dezimos de los moços se deve entender de las moças. E todo omne deve ser avisado e diligente en castigar a sus fijos o aquéllos de que tovier carga. E deve guardar que non les sea tan familiar e amigable por que le ayan a perder la vergüença e temor. En tal manera deven ser castigados que crezcan de virtud en virtud, que quando fueren en las otras hedades usen de virtudes e vayan de bien en mejor fasta que Nuestro Señor los resçiba en su gloria.


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LXXXIV.

Amonestados deven ser los mançebos que son en terçero grado, que es desde los catorze fasta los xxviii.o, que se arriedren de los pecados, los quales los apartan del su Fazedor, que de ninguna cosa los fizo, e de su Redenptor, que caramente los conpró e redimió. Que así como en el cuerpo creçen las virtudes corporales que son falleçederas, con mayor eficaçia deven trabajar por creçer en las virtudes espirituales, las quales son p[er]petuas.

Por ende deven ser amonestados los de la tercera hedat que se apuesten de fermosura de virtudes e buenas costunbres, e sean maduros e sosegados. En espeçial deven ser castigados de fablar, e de la la continençia del cuerpo e de la non vergüença de la cara. Así mesmo deven ser amonestados que sean subjetos e obedientes a sus mayores, que terçero grado de abusión es el mançebo que bive sin obediençia e subjeçión. Por ende, mucho deven los mançebos trabajar por ser obedientes, espeçialmente a sus padres e madres carnales e espirituales, e a los mayores que ellos, por que en este mundo bivan e alcançen honrra, e en el otro ayan parte en la gloria eternal.

LXXXV.

Amonestados deven ser los que son en la quarta hedat, que son dichos varones, los quales son perfetos en fortaleza para sustentar las adversidades e resistir los enemigos. Por lo qual más perfetamente deven servir e amar a su Criador diziéndole: «Señor, la mi fortaleza para ti la guardo.» Que la fortaleza de los justos es vençer la carne e menospreçiar la delectaçión de la vida presente e sofrir toda aspereza deste mundo por alcançar la gloria eternal.

LXXXVI.

Amonestados deven ser los viejos, que así como lo son por hedat lo sean en el seso. En la qual hedat deven quitar e aborresçer las obras de juventud e los deleytes de los moços, que la vejez quita todo lo que en la juventud les era plazible. E deven en su vegez dar graçias a Dios porque son venidos a tal estamiento que non pueden fazer lo que non devrían de creer. E el estamiento de vegez en buenas


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costunbres es muy dulçe e en los consejos muy provechoso, e ha firmeza de sofrir muerte, e es aparejada de reprehender viçio de carnalidat. Iten deven aver los viejos conplimientos de buenas costunbres, por que sean carrera e vía de virtudes e de buenos criamientos a los que son menores en la hedat dellos.

LXXXVII.

Amonestados deven ser los viejos que son en tal hedat que son desapoderados, los quales son como la nave vieja que es podrida; que quando el maestro quiere adobar un forado, antes que aquél sea adobado se faze otro. Así es el viejo de antigüedat, que quando se siente mal e le fazen melezina, antes que sane de aquel mal le viene otro, por lo qual deve comedir e pensar cómo saldrá. Por lo qual se deve guardar de comer e de bever demasiado, que más aýna se enbriaga el viejo quel mançebo. Que el viejo ha el cuerpo seco e los mienbros duros e [los] nerbios desobedientes e las venas e caños çerrados, por lo qual el fumo del estómago sube a la cabeça.

Pues los tales viejos deven ser quitos de pecados e trabajar, que todos los fechos e males que en ellos han mueran en ellos ante que la muerte los lieve. E cuenten sus años e averán vergüença de querer lo que le solía plazer, e aquél que non es tal es niño de çinco años. Que el segundo galardón de abusión es el viejo loco. Por ende, todos los buenos viejos deven aborreçer e quitar de sí las obras tenporales e allegarse e desear las espirituales, poniéndose en carrera de salvaçión, por que su acabamiento sea con buena fin e alcançe gloria.

LXXXVIII.

Los nobles deven ser amonestados que non se alaben vanamente nin despreçien a los menores, que en natura todos son yguales; mas por dispensaçión algunos son nobles e de grant estado, e otros son metidos o sobjudgados. Eso mesmo non se deve alabar de la nobleza de su linaje, que non aprovechan a los malos la bondat de sus padres nin a los buenos enpesçe la maliçia de aquéllos. Nin deve aver vanagloria de linaje, que livianamente puede salir de aquél; que muchos son fijos de nobles padres e son viles, por lo qual son fuera del linaje. Que todo viçio tanto es más acabado quanto lo faze más noble omne. Mas la verdadera nobleza faze ser al omne noble e


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honrra el coraçón de buenas costunbres; e ésta tal deve todo omne desear e fazer su poder de la aver e retener. Por lo qual será verdaderamente de grant linaje, el qual naturalmente será bien conpuesto e virtuoso.

LXXXIX.

Aquél es noble que bive por verdadera dotrina tenporal e espiritual; e verdadera nobleza es fazer la voluntat de Dios, que non es ninguno noble, aunque aya padre [noble], si él non es semejable a él. Que los apóstoles non ovieron nobleza por el linaje, mas por conplimiento de buenas costunbres. Por ende, todo aquél que quisiere ser noble mucho se deve quitar de pecados. Quanto es puesto en mayor honrra, tanto más se deve quitar dellos, por que non ayan cobertura de libertad de maliçia.

XC.

Por el contrario deven ser los que non son nobles, e trabajan por lo ser con buenas costunbres, así como fizo Tulio Estilio, el qual naçió pequeño e fue criado en pobre casa e en su mançebía fue pastor; e por sus buenas costunbres e en su fuerte hedat fue enperador de Roma e rigió gloriosamente, cresçiendo todavía de virtud en virtud. Así mesmo Sócrates, el qual era fijo de una pobre muger que avía nonbre Prevareses, e por trabajo con buenas costunbres fuy muy grant filósofo. Los quales son de loar e aver por nobles, pues por sus buenas costunbres fueron dignos de lo ser.

XCI.

Amonestados deven ser los omnes, e non se alaben de la esçelençia de los dones naturales, mas que se goviernen con regla de virtudes. Que Dios a algunos ha dado los dichos dones de parte del alma, así como memoria del entendimiento, [y] de parte del cuerpo, sanidat e ligereza e otras cosas semejables. Por lo qual cada uno que más resçibe, más obligado deve ser a Dios; que ninguno non ha ninguna cosa sinon quanto de Dios resçibe. Pues esto es verdat, ¿quál es el loco que se glorifica como si lo oviese de sí mesmo? Por ende, non se glorifique el sabio en su sabiduría nin el fuerte en


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su fortaleza, que cosas son comunes a todos. Pues, ¿quál es la propia cosa de que el omne se deve alabar? Responde Nuestro Señor e dize que es la razón quando es derecha e acabada e de todo punto acata e sigue la carrera de salvaçión, la qual faze al omne bienaventurado, la qual es llamada virtud onesta. Esta es bien onestidat del omne singularmente, por la qual es honrrado en este mundo e en el otro alcança la gloria.

XCII.

Amonestados deven ser los ricos e así mesmo los pobres, cada uno segunt su condiçión. E los ricos deben ser amonestados que non alleguen riquezas por usuras nin falsas mercadorías e de ganançia con pecado, porque las tales riquezas son llamadas riquezas de maldat; que todo omne rico con pecado es malo e fijo de perdiçión; que todo aquél que ama riquezas non reçibría fruto de aquéllas. Iten deven ser amonestados los ricos que fagan obras de misericordia e non fíen sus riquezas, que de dos cosas será la una: o el rico las dexará por muerte, o las riquezas dexarán a él por luenga vida. Por ende, los ricos deben ser amonestados que en tal manera usen de las riquezas terrenales por que alcançen las çelestiales.

XCIII.

La pobreza es en dos maneras, la una de nesçesidad, la otra de voluntat. El pobre de nesçesidat es pobre de riqueza mas non de voluntad; el qual deve ser amonestado que aya paçiençia. Que como el enfermo purga la melezina amarga, así purgará la pobreza de sus falleçimientos. Iten deve ser amonestado el pobre que aya verdadera pobreza, la qual es pobreza de pecados; que pobreza non faze al pobre más digno si non es pobre de los viçios e pecados. E más pobre es el que non es humilde que aquél que non ha cosa que valga un dinero. Por lo qual debe ser amonestado el pobre que allegue riquezas espirituales, por que Dios cunpla su coraçón de aquéllos que son en el thesoro çelestial, como fizo un pobre que avía nonbre Servilius, el qual era pobre de riquezas tenporales, e por mérito rico de las çelestiales. El qual era paralítico de pequeño, e todo lo quél podía aver dava a los pobres por mano de su madre e hermano, e dava graçias a Dios en su dolor, e estava continuamente en oraçión


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muy devotamente. El qual, a la ora de su muerte, oyeron cantar los ángeles en el çielo, e así finó; e quantos ý eran fueron llenos de muy preçioso olor. E por el contrario fue de otro pobre de riquezas e rico de pecados que, estando en el punto de la muerte, los que aý estavan vieron un fierro con tres garavatos, con el qual el diablo le arrancava el alma del cuerpo. Por ende, todo pobre de riquezas tenporales sostenga la pobreza de Dios, por que sean bienaventurados en el çielo e alcançen la gloria sin fin.

XCIV.

Amonestados deven ser los omnes que están en pecado que salgan dél e non sirvan al diablo, que los que pasan los mandamientos de Dios bestias son de los pecados. Que siervo e cativo es el omne que diligentemente e con voluntat obedesçe(n). Que los pecados son siete, e cada uno dellos faze arredrar al omne de Dios por çiertas vías: que sobervia quita al omne de Dios por apropiaçión. Enbidia quita al omne de su próximo, yra así mesmo; açidia açota al omne desnudo; avariçia echa fuera al omne açotado; gula engaña al omne; luxuria pone al omne en servidumbre e catividat. Que el alma raçional quando es buena e sana, es así como vasillo linpio, al qual corronpen los viçios: que sobervia la faz ser finchada, por enbidia es seca, e por yra es grata, e por açidia quiebra; por avariçia es dañada, por la gula es mezclada con yervas con ponçoña; por la luxuria es tornada en lodo.

Los quales pecados se defenesçen en la manera que se sigue. Sobervia es [...] Yra es turbaçión de coraçón e non razonable. Acçidia es tristeza que nasçe de confusión del comedimiento. Gula es deseo desmesurado de comer. Luxuria es cobdiçia e desmesurado deseo de allegamiento carnal. Destos viçios nasçen todos los otros, que estos son raýzes de las huestes de los viçios, por la qual el omne que los sigue es en este mundo desonrrado e en el otro perdido. E el que los vençiere avrá victoria en este mundo e en el otro gloria.

XCV.

Amonestados deven ser los omnes que se arriedren de pecar e que se conbatan con los siete pecados mortales e fagan penitençia.


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E los omnes se deven arrepentir e converter por que los sus pecados le[s] sean perdonados. Que con penitençia mata el omne los pecados e resuçita el alma de muerte a vida; e la muerte por penitençia muere, e penitençia faze aver memoria de la cruz de Jhesuchristo.

La qual penitençia es mortificación del omne, e penitençia es noble cosa. En ella faze converter e tomar en provecho los desfalleçimientos. E la verdadera penitençia es que jamás el omne non torne a los males de que se arrepintió e confesó. E deve llorar los males que ha fechos e tornarse a Dios con devo[to c]oraçón, por que alcançe la [gl]oria.

XCVI.

[A]cogida deve ser la viuda [... que] aya sesenta años [... ay]a avido más de un [marido ... a]lgunas enbiudan [...]en pueden casar [... a]ntiguamente [... La muger que] enbiudava e non [deseava aver otro m]arido era coro[nada con una coron]a de castidat. [Tales mugeres l]oa mucho Sant [... que] pone enxemplo de [mugeres que] enbiudaron m[uy po]ca hedat e non qui[sieron] dos maridos. En espeçial dize que como donja Marta, fija de Catón, llorase su marido que era muerto, otras mugeres le pescudaron quál sería el postrimero día de su lloro. Respondió quel postrimero día de su vida. Esta que así llorava su marido non tenía coraçón de aver otro.

Por ende, asaz cunple a la buena muger que aya perdido el un grado de birginidat e por el terçero es venido al segundo, que por ofiçio de matrimonio es venida a estamiento de biudaje. Iten la biuda debe fuyr de estar entre la muchedunbre de las gentes, nin deve de usar con onbres de juegos nin de burlas. Todo tienpo deve tener en su mano la liçión divinal. E continua oraçión, tan devotamente fecha, que sea escudo para contradezir todos los pensamientos malos. Que non enbargante (que) a las moças se otorga que puedan casar dos vezes; pero esto es quando la biuda es de tal condiçión que non pueda estar menos de marido, e por quitar el mal mayor otorgan lo menor. Que la biuda casta e piadosa e mesurada, que continuamente está en oraçión, Dios la ama e le da en esta vida honrra corporal, e en la otra salvaçión del ánima.


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XCVII.

Bienaventuradas son las vírgenes que son en estamiento de virginidat. Casi es estamiento çelestial. Por ende, non caye de yuso de mandamiento, porque es tan alto estamiento e tan sotil que toda virgen es franca e quita de todo allegamiento carnal. E virginidat viene del Çielo, que non se falla que oviese virginidat sinon después que Nuestro Señor desçendió en las partidas del cuerpo terrenal. Non enbarga que se diga que antes del abenimiento fuese guardada virginidat, así como Elías e Sant Juan Bautista e otros, lo qual todo fue figura e señal de la muchedunbre que avía de guardar virginidat.

Por ende, la virgen deve ser pura e linpia e sin tacha de fuera e de dentro; e deve ser ocupada en divinales pensamientos e echar de sí pensamientos mundanales, e diligentemente con grant esfuerço deve trabajar que sea plaziente a Dios. En esta manera será la virgen cuerda e salva, e saldrá a la carrera a su esposo Jhesuchristo, que virginidat sobrepuja a la natura humanal. Que por la virginidat son los omnes semejantes a los ángeles, que ninguno non puede cantar aquel canto virginal sinon las vírgines; porque las vírgenes siguen Agnus Dey adoquier quél vaya e cántanle aquel dulçe canto virginal, por lo qual Nuestro Señor, fablando a las vírgenes, dize que les dará en su casa dentro de su muro corona de virginidat, por lo qual sus ánimas serán salvas.

XCVIII.

Amonestados deven [ser los] que biven en prosp[eridad] e en buena andança que [non se glo]rifiquen en ello nin sean [orgullo]sos nin pongan su fiuza pr[eçi]samente en aquellos bien[es e] menospreçien a los que ta[n poco] alcançan e sufren algu[nas adver]sidades. Que más p[...] mundo alegre que [...] claramente pare [...] trigos son más [...] abondosos de gr[anos ...] cahen. E quando [...]gan de mucha [...]le las ramas e a[...] que han sobra d[e ...] e bienes tempora[les ...] tomo omne que biv[a en ver]dat non se deve fiar [de ello e] parar mientes en [Dios].