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Aqui comiença vn famoso libro, el qual es llamado «La Conquista de Vltramar».

pról.

Razonable cosa es, que la santa e muy' noble conquista de Vltramar, aya en sy comienço e çimiento. El qual comienço e çimiento es, quien e quales personas fueron las que trabajaron e quisyeron ponerse a todos los peligros, e trabajos, e pobrezas, porque la santa casa e lugar donde está el santo e virtuoso sepulcro de nuestro sennor Jhu. Xpo., fuese puesto e asentado en poder de verdaderos cristianos, e quitado e salido de poder de paganos. E por que los que esta estoria leyeren, sepan de qué linaje vinieron los que esta casa santa ganaron, la estoria lo contará en la manera syguiente.


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I.

Cuenta la estoria que vna tierra es allen de la mar, en la partida de Asya, e avia y vn rey', que llamauan por su nonbre Ponpeo, e a su muger la reyn'a Genesa; e avian vna fija ynfanta, e dezían le dona Isoberta: querian la casar, ca era ya tienpo para ello. E essa ynfante fiziera se tan apuesta e tan fermosa que era marauilla; e de mandauan [la] para casamiento reyes e nobles ynfantes e otros onbres honrrados e muy altos, e amauan la todos mucho'. E deseauan la cada vno para casar con ella: lo vno, por que era muy' fermosa; lo al, por que era de alto lugar commo deximos, e de más sobre esto que, era ella de buenas e muy' nobles costunbres.

E ella, quando oyó dezir estas razones, e que la de mandauan para estos casamientos de tan altos omnes, tanto ouo el miedo que la casarían, e que era la cosa que non amaua nin presçiaba


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nin avia a coraçon; ca avia a coraçon de non casar tan ayna, e quiçá fué esto por lo que Dios quería que conteçiese della segund agora oyrédes.

Desque la ynfanta Isonberta vido que non avia al, saluo que le conveníe casar por fuerça, salió sola, encubierta, de casa de su padre, e andudo tanto, fasta que llegó a la rybera de vn braço de mar. E falló y, por ventura, vn barco que estaua y atado a vn arbol, e catól, e non vido en él omne ninguno: e llegóse a él, e desatóle de la cuerda con que estaua atado, e metióse en él, e cogó la cuerda a sy. E dexóse correr en el mar, por a ventura, syn remos e syn vela e syn otro gouernador, e commo quien non sabe ninguna cosa de remar nin de navío nin de fecho' de sobre mar; de más que lo fazía con grand sanna por el casamiento que le queria[n] fazer tomar por fuerça e contra su voluntad. Mas vna cosa le acaesçió bien a esa Ynfante; ca falló en el batel vianda que comiese; e a cabo de dias, yendo ella por aquella a ventura sobre la mar, arribara a vna ribera de la mar, a vn desyerto; e salió ally del batel, e atólo y, porque cuydó tornar a él.

E començó de andar por ese desyerto por folgar ally; e ella ansy andando por ally espaçiando se e folgando se a su voluntad, asy acaesçió: que vn conde que avia nonbre Eustaçio, que era sennor de aquella tierra, tenia aquel desyerto defensado, de guisa que otro omne ninguno


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non osaua y entrar, nin a caçar. E mientra aquella Ynfante se asolaçaua por ally, andaua y, entonçes, aquel conde Eustaçio buscando venados con sus monteros e con sus omes. Los canes de la caça que andauan delante del Conde, vieron la donzella e fueron yendo contra do ella estaua. E desque la vieron fueron contra ella latiendo muy' de rezio: la Ynfante, con el grand miedo que ouo de los canes, metió se en vna enzina hueca que falló y, de çerca; e los canes, que la vieron commo se metió ally, llegaron al enzina e començaron a ladrar en derredor della. E el conde, entonçe, oyendo los canes latir e ladrar tan apriesa e tan afincada mente, cuydando que algund venado tenian arrequexado en algund lugar, fuese para ally do los oyó; e quando llegó, oyó las bozes que la Ynfante daua dentro en el tronco del enzina, con el gran miedo que avia de los canes que la morderien. E el Conde, a esa ora que oyó las bozes de muger, fué maravillado; ca nunca, en ningund tienpo, en aquella tierra le acaesçiera que ningund omne nin muger fallase en aquel monte dehesado: lo vno, por que el monte era mucho' espeso; lo al, porque era tan temeroso que ninguno non osaua por ay andar nin entrar, por razon de los muy fuertes venados que ende auía, por que estaua asy dehesado.


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II.

El Conde, estando en esta dubda, e la donzella con la grand cuyta en que se veya nonbraua muchas vezes a Dios e a Santa Maria, e acomendando se les muchas' vezes. E quando aquello oyó el Conde que era buen cristiano, e sopo que non era diablo nin cosa que lo podiese engannar aquella que tales bozes daua e ansy nonbraua a Dios e a Santa María: e entonçes, el Conde menazó los canes e mandó a los omes que los tirasen de ally e los atasen; e ellos fizieron lo asy. E él llegóse esa ora adelante, e vido la Ynfante do estaua metida en el tronco de la enzina, commo muy llorosa e mucho' temerosa, e preguntóle qué cosa era: e respondióle ella muy' omilldosa mente que era cristiana, e muger que acaesçiera ally, por ventura, en aquel logar. Díxole el Conde que queria saber quien era, o qué razon fuera porque ella acaesçiera ally, e seguróla que se non


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temiese de fuerça nin de desonrra ninguna; ca él la guardaría. E la Ynfante, quando oyó aquello que le dezia el Conde, gradesçiógelo mucho', e pidióle por merçed que lo fiziese asy. E estonçe el conde Eustaçio desçendió del cavallo, e llegóse al enzina, e tomó al ynfante de la mano, e sacó la fuera del tronco de la enzina.

E quando la tovo fuera, plógole mucho' con ella, ca la vido muy' fermosa e grande e de buen donayre: asy que, se pagaria della quien quier que la viese, e commo quier que ella menguara ya quanto de su fermosura: lo vno, por el grand trabajo que tomara andando de pié, lo que ella non auia vsado; lo otro, por el mar en que ella nunca auia entrado, que le enpesçió mucho', commo faze a quien quier que nueva mente entra ay; e lo al, por el pesar que pasaua e en que [se] veye. E otrosy, porque non comiera tres dias avia, que saliera del batel: mas por todo esso, de guisa paresçia ella, que bien entendió el Conde que de alto logar era. E entonçe fuése a sentar con ella, e començóle a fablar e a fazerle sus preguntas, por saber della quien era: e ella punnó essa ora de responder de guisa que, en quanto lo ella podiese encobrir por sus palabras, quel Conde non sopyese la verdad de su fazienda. Mas tanto la afincó el Conde, e en tantas maneras por sacar della la verdad del fecho', que non podia ella estar que gelo non dixiese, e contó gelo todo en aquella manera que lo avemos dicho'.


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E desque gelo ouo todo contado, de mandó esa ora el Conde por su escudero, su sobrino, en quien fiaua mucho', e mandó le que le llevase a vna çibdad que avia nonbre Portemisa. E en esta çibdad estaua la condesa Ginesa, madre del dicho' Conde; e dióle veynte omnnes de cauallo en guarda de la donzella, e fueron e lleuaron la a la Condesa muy' guarda[da]. La Condesa resçibióla muy bien e onrróla mucho', e fizo le [dar] todas las cosas que entendía que le plazeria. E entre tanto, el Conde fincó en el desyerto con la otra su gente, a correr el monte e tomar de los venados que avia y muchos', commo aquel que lo sabia muy' bien fazer e que se pagaua ende mucho'.

E despues que acabó su caça de aquella vez, fuése para aquella çibdad de Portemisa, a casa de la Condesa, su madre, ally do enviara aquella donzella; e luego qual ora llegó demandó por ella, e dixéron le que estaua con la Condesa; e él entró luego allá do ella estaua. E la Condesa, su madre, levantóse a él e respondióle muy' bien, e la donzella omillósele. E el Conde, commo quier que se omillase a su madre, llegó se luego a la donzella e dixo a su madre commo la fallara en el desyerto, e la enbiara alli a ella, porque sabia que estaria con ella bien guardada, e que queria él saber de su fazienda; que non le pesase por que fablase él con ella aparte. La Condesa touo lo por bien e otorgògelo. E el Conde tomó esa ora a la donzella por la mano e le-


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vóla, e metióse con ella en vna cámara, e començó le a demandar su amor muy afincada mente; e ella escusógelo mucho', en manera que entendió el Conde que non podria acabar con ella ninguna cosa, sy a pesar della non fuese. E el Conde, commo era muy' mesurado, commo quiera que él tenia el poder de acabar con ella lo que quisyese, non quiso con ella obrar por ally; mas fuese luego para su madre, e díxole commo aquella donzella era de alto lugar, e que se pagaua mucho' d'ella, e que queria casar con ella. La madre quando lo oyó, pesóle de coraçon, e començóle a esquivar la razon della e destoruarlo quanto ella podia, diziendo le commo todo el mundo lo ternia a mal, e que avrian que dezir por ello, en casar con muger que non conosçia.


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III.

El Conde, commo era ya muy' pagado de aquella donzella, e porque sabia, otrosy, que era de alto logar, non quiso tyrar por aquello que la madre le consejaua: ante se pagó de casar con ella, sy lo ella quisyese fazer. E tornóse luego a ella, e díxole commo queria casar con ella e que le rogaua mucho' que lo touiese por bien, ca le faria él tanta honrra e tanto plazer, que se toviese ella por bien casada dél.

E tanto punnó de lo dezir en esta razon, que gelo ouo ella de otorgar, e entendiendo que más onrra le era este casamiento que los que su padre le queria dar; e de más que segund su fazienda estaua parada entonçe, que tenia que le fazía Dios mucha' merçed en ello. E los otorgamientos fechos' de amas las partes, fizieron luego sus pleytos de casamiento segund su ley de Roma; e a cabo de pocos dias, despues de aque-


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llo, fizieron sus bodas onrrada mente, ca vinieron a ellas de muchas' partes por estas razones: los vnos, por que eran sus vasallos; los otros, por fazer honrra al Conde; los otros, por ver tal cosa commo aquella, que tenian que era muy' extranna, de asy casar su Conde con duenna non conosçida. E fuecon desta manera las bodas mucho' onrradas; e en aquella primera noche' de las bodas, que el Conde e la Condesa durmieron en vno, fincó ella prenada.


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IV.

Estando el Conde en aquella çibdad de Portemisa con su muger, a grand sabor de sy, acaesçió que el rey Ryconberte el Brauo, cuyo vasallo era aquel conde Eustaçio, enbió por él, que lo auia mucho' menester, por quanto estaua en guerra muy' afincada: e este rey' era muy' poderoso, e aquel sobrenonbre que le dezian las gentes, Brauo, era por que quando su padre finó e él fué alçado por rey', fincó mucho' omeçiado, e con muchos' enemigos; lo vno, por que oviera su padre muchas' guerras con reyes e con otros omes poderosos, sus vezinos; lo al, por omes poderosos de su tierra que non amauan su pro nin su honrra, ansi commo deuian; sobre que ouo él a fazer con la ayuda de Dios e con buen esfuerço, tantas de cauallerias e tantos buenos ardimentos, que por fuerça lo ovieron a llamar las gentes el rey' Recunberte el Brauo.


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E quando el conde Eustaçio ouo aquel mandado del Rey' su sennor, en commo enviaua por él, ouo ende grand pesar; ca sabia que sy luego, avido el mandado, non moviese luego con su gente para yr se para él, que se perderia con él; e él non estaua entonçes tan aperçebido de guerra commo otras vezes avia estado, nin commo era menester, por lo qual ouo de tardar algunos dias más del plazo quel Rey' le enbiara mandar: lo vno, porque casara nueva mente; lo al, porque cuidó que non era la guerra tan a fincada. Mas pero con todo esso, enbió luego por todos sus cavalleros e por todos los otros omes de su sennorío que armas podiesen tomar, e movió con su gente muy buena; e dexó su muger e toda su fazienda [encomendada] a vn cauallero que dezian Boldoual, que era su privado e omne en quien se fiaua mucho'; e castigó le en commo fiziese. E desque esto ouo acordado, mobió con su hueste para aquel lugar do el Rey' su sennor era; e desque llegó ally do el Rey' era, pareçió antél.

E el Rey quando lo vido, fuéle muy sanudo, porque tardara tanto; e juró, luego, que ante pasarian dies e seys annos que a su tierra tornase, de que el Conde ouo muy grand pesar; mas non pudo al fazer sy non conplir mandamiento de su sennor el Rey'. E el Rey' púso le por frontero en vn logar do moró todos los dies e seys annos, con la yda e con la venida. E desque el Conde


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fue ydo, su madre, que non avia sabor de fincar con la nuera, commo aquella que [la] non avia amor en ninguna manera, fuése luego de la çibdad para vn castillo, que dezian Castiel Fuerte.


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V.

Despues quel conde Eustaçio fué ydo en ayuda de su sennor el rey' Rycunberte el Brauo, entre tanto que estudo allá, llegó el tienpo que la duenna ouo de encaesçer; e parió aquel parto syete ynfantes, todos varones, las más fermosas criaturas que en el mundo podian ser; e asy commo cada vno naçie, venia vn angel del çielo e ponia a cada vno vn collar de plata al cuello. E el cavallero, en cuyo poder avia dexado el Conde su muger e toda su fazienda, desque esto vido, fué ende muy' maravillado, e pesól mucho', e fazíalo con razon; ca en ese tiempo toda muger que de vn parto pariese más de vna criatura, era acusada de adulterio, e matauan la por ello. E por ende, pesaua mucho' al cavallero en cuya encomienda la duenna fincara; pero conortáuase él en sy, por razón quél cuydaua que los ynfantes naçieran con los collares de plata, e seme-


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jáuale que era commo cosa que venia por Dios, [e] por ventura que non devia morir, mas escapar de muerte por este milagro.

E començó de fazer sus cartas para el Conde, su sennor, e punnó de fazer las lo mejor deytadas quél pudo, e commo encaesçiera la duenna e contóle todo su fecho' della e de lo que pariera. E enviólas al Conde con vn su escudero; [e] fuese luego con ellas, e en yendo, fizo se le el camyno por aquel castillo do estaua la madre del Conde; e fué asy que ovo de albergar y. E la madre del Conde, quando vido el escudero, fué muy alegre con él, e sacólo aparte e començólo a preguntar; e la primera pregunta fué de su nuera sy encaesçiera, e el escudero díxol que sy, e que pariera syete ynfantes, e cada vno dellos nasçiera con vn collar de plata al cuello: e que tales cartas e tal mandado lleuaua. E la condesa Ginesa, quando esto oyó, touo lo por marauilla, e pesóle mucho', por que entendia que era fecho' de Dios: ca non avia sabor nin plazer de ningund bien que oyese dezir que [a su nuera veniese; e asy lo dió a entender] que la non queria bien, segund que adelante oyrédes.


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VI.

La Condesa, desque ovo fechas' sus preguntas a su escudero, llamó su mayordomo, e díxol commo pensase muy' bien de aquel escudero, e del comer e del beuer quanto quisyese. E desque el escudero ovo bien comido, mandóle dar la Condesa, a sabiendas, de muchos vynos, cada vno de su natura, con sabor de enbeudarlo; e esto fazia la Condesa por amor que, desque fuese beudo, quel furtase las cartas que lleuaua. E el escudero, despues que fué bien pensado de comer, punnó de pensar de beuer; e lo vno, por razon del vino que le dauan de muchas guisas e le sabia todo muy bien; e lo al, por razon que venía cansado del camino, beuió tanto, que se ovo a dormir ally do estaua.

E la Condesa, desque lo vido al escudero dormido, fué a él e furtóle las cartas de la sellera do las tenia, e leyó las, e mandó fazer otras con-


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trarias de aquellas commo deximos, para el Conde su fijo, en que dezía que le fazia saber que su mujer encaesçiera e pariera syete podencos, todos de vn parto, e cada podenco que nasçiera [con un collar] de oro fres al cuello. E non quiso y amentar ninguna cosa de los collares de plata; ca ella non punaua en quanto podia en fazer el bien e lo al que a la duenna, su nuera, aprouecharía. E desque estas cartas ouo deytadas, e fechas', e çerradas, metiólas en la sellera, asy commo el escudero la lleuaua, çerrada con las cartas; e el escudero non sabía desto nada, nin menos cosa ninguna, nin pensaba de tal trayçion commo esta. E quando amanesçió, leuantó se muy seguro, no se guardando de ninguna cosa atal, e fuése para la Condesa, e despidióse della, ca [a]sy le convenia fazer. E dixo le la Condesa que fuese a la graçia de Dios, e punase quanto pudiese en ser ayna con el Conde, e leuarle bien e lealmente la mandadería que le era acomendada; e mandóle que a la tornada que veniese por y, e non fiziese ende al. E el escudero díxole que le plazía, e que lo faría de buena mente; e entonçe començóse de yr lo más ayna quél pudo, commo quien avía a coraçon de recabdar mandado de su sennor: mas desto yba él enganado.


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VII.

Con este mandado que avemos dicho', fué aquel mandadero al conde Eustaçio, a vna villa do estaua por frontero en aquella guerra; e aquella villa dizen Ançiaono. E ansy commo llegó el escudero e lo vió el Conde, plógole mucho' con él; ca sabia que le traya nueuas de las cosas que él en el mundo más amaua. Mas tanto plazer non ovo en aquella vista del escudero que tanto pesar, e avn mucho' más, non resçibiese desque las cartas falsas ovo leydas, ca le semejaua la más estranna cosa que en el mundo podrie seer: e bien entendió él, segund el mandado quel llegaua, e que era uso e costumbre de su tierra, e segund el mal fuero, que muerte meresçie la duena: mas tan grande era el amor que él con ella avie, que por todo esso, non quiso y tornar cabeca nin enbiarle mala repuesta.

E apartóse entonçe el Conde, e mandó fazer


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sus cartas commo él touo por bien; e magüer quel pesar que de la razon tenia era muy' grande, non quiso en la respuesta que á su muger enbiaua, recontar ninguna cosa de aquello que le fuera enbiado dezir por las otras cartas, saluo, ende, que enbió dezir a Bondaual, el cauallero a quien él dexara su muger e su fazienda encomendada, que le fizie se muy bien guardar e pensar de aquellas crianças, que su muger pariera, fasta que veniese él e las viese. E las cartas fechas', diólas al escudero que las leuase e las diese en poridad a [a]quel caballero Bondonal.

E el escudero tomó las cartas, e tornóse con ellas, e vínose por aquel camino do antes avía venido con las otras cartas; e asy commo lo avía castigado la Condesa, en su torno vino a albergar aquel castillo do ella era, e avíno le con ella asy commo de la otra vez; ca la condesa Ginesa mandó dél pensar muy bien commo la otra vegada, de guisa que el escudero fué adormido e sacado de su seso por el mucho' comer e por el mucho' beuer a desmesura, ca asy lo sopo la Condesa guisar: que si al el escudero bien sopiera ella dormir la primera vez que por y pasó, que mejor lo sopiese la postrimera, por amor que acabase ella aquel mal e aquel enganno que tenía asmado; e fué e furtó al escudero las cartas que traya del Conde, su fijo, en que mandaua [a] aquel cauallero que le guardase bien las crianças que la duena pariera. E mandó ella


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fazer cartas de trayçion contra estas, commo fiziera la otra vez, en que le mandaua que matase la duena e los syete ynfantes que ella pariera. E el escudero fuese con esta respuesta que la Condesa avía fecha', para aquel cauallero, su sennor, que le avía enbiado al conde Eustaçio.


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VIII.

Aquel cauallero Bondanal, resçebidas las cartas, cuydando que era[n] de su sennor el Conde, abriólas; e desque las ouo leydas fué muy' triste e muy' cuytado por aquello que en [e]llas mandaua que fiziese; e pesóle muy de coraçon, ca más non podrie; ca le semejaua cosa muy esquiua en fazer en matar duenna tan apuesta e tan fermosa. E demás, que era muger de su sennor, e su sennora, e fincara a él encomendada, e sabie él muy bien commo quien la tenia en guarda, que ella era syn todo yerro e syn toda culpa para pasar por tal fecho', e en matar, otrosy, aquellos syete ynfantes, que eranlas más fermosas criaturas que en el mundo podrien ser.

E por estas razones, commo en poridad, fué el cauallero a mostrar las cartas a la duenna; e la duenna, desque oyó aquel mandado tan cruel e tan mortal, fué por ello cuytada que, en poco


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estudo que se le non salió el alma. E desque entró en su acuerdo, començó a rogar al cauallero, diziendo le que por amor de Dios, que le fiziese tanto bien e tanta mesura que, sy a morir avian algunos de los sus fijos, que matasen a ella e non a los ynfantes; ca sy pena alguna y tenie aver, que ella la meresçia, e que ella la padesçiese, e non las criaturas, que non avian y alguna culpa. E entonçes dixo el cauallero: «Sennora, esso non lo faré yo; mas atreviendo me en la merçed del Conde, mi sennor, dexaré a vos a vida, e mandaré matar los ynfantes.»

La duenna, quando aquello oyó, fué muy cuytada, e fazia guisado que, en tienpo estaua que non podia al fazer.


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IX.

Avidas aquellas razones, aquel cauallero Bondonal tomó los ninnos, e mandó los leuar al desyerto; e fué él llorando con ellos muy' de coraçon, por que le semejaua muy grande crueldad en matar aquellos moços; mas non podie al fazer sy non conplir mandado de su senor: e en este fecho' andaua él engannado, mas segund mandaba el fecho' era él syn culpa. E desque fueron en el desyerto con los ninnos, él e los escuderos que los leuauan con él, començó los él a catar; e catando en ellos e metiendo mientes en el fecho' que quiere fazer. E desque se non podia desviar, dolióse mucho' dellos; tanto, que non podia llegar al fecho' para de gollarlos. E catando los muchas vezes, viendo los tan fermosos e tan puestos, tomó le mayor duelo de los fazer matar; e entonçe, mesuró en sy que era mejor e mayor piedad de dexarlos ally en el desyerto, a la


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ventura de Dios, que non matar los e ensuziar sus manos e su alma. E pero que mal costunbre lo mandase, los ninos non avian fecho' ninguna cosa por que deviesen morir; e sobre todo, [que eran] fijos de su sennor, commo lo sabie él muy bien, que toviera a su madre en guarda.

E dexólos, entonçe, ally en el desyerto, todos syete en vno; ca ellos non avian poder de se partir vno de otros, commo aquellos que non sabian avn andar, nin se podian leuantar nin volver a ninguna parte nin a otra cosa fazer sy non yazer ally do yazien: non semejauan otra cosa tanto commo lechigada de podencos, quando naçen e yazen todos en su cama enbueltos vnos con otros. E dexó los ally desta guisa, e acomendólos a Dios, e fuése derecha' mente por ver a su madre dellos: e quando entró a ella, fallóla muy desconortada e muy' llorosa e syn todo acuerdo de conorte, commo quien estaua desfiuziada de nunca más ver sus fijos, que era la cosa que tanto amava, commo madre que los pariera. E de quanto ella podie entender quel semejaua fecho' de Dios; pero con todo esto, desesperada era ya de nunca los más ver.


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X.

Las crianças yaziendo en el diserto commo es dicho', Dios, que nunca desanpara ninguna cosa de las que Él faze, e se paga de lleuar sus fechos', e non perezcan por falsedad, envio alli [a] aquellos ninnos do yazien, vna çierua con leche, que les diese las tetas e los governase e los criase. E ellos yaziendo ally, vino la çierva a ellos, e venia y dos vezes cada dia, e fincaua los ynojos çerca dellos e dáuales a mamar, en manera que los crió asy vn tienpo; e desque los tenia fartos lamíalos e lynpiáualos del lixo.

E a cabo de dias, acaesçió por y vn hermitano, que avia nonbre Galliel: e era omne de santa vida e avia en aquel desyerto vna hermita en que moraua. E andando en esa montanna e veniendo por ally, óuose de encontrar con aquellas criaturas; e quando las vió, maravillóse mucho', commo aquel que nunca otra tal cosa viera en aquel lugar, nin avn en otro; e començó se a santiguar


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mucho', cuydando que eran pecados que le querian enganar. Pero todavia yvalos él catando, e llegó se más a ellos; e desque se les llegó bien de çerca, puso la mano en ellos vno a vno, e entendió que eran criaturas e cosa carnal, e semelló [le] que era fecho' de Dios: e entonçes tomólos todos en su ávito e començó los a lleuar contra aquella hermita do morava.

E en lleuando los, comencó la çierva a yr en pos dél, e él maravillose, ende, mucho'; e desque vido que le seguia la çierva, [entendió] que auie governado aquellas criaturas fasta en aquel tiempo, e entonçe, puso los nynos muy' quedos en el canpo e arredróse dellos vna pieça: e la çierva, desque vió quel hermitano avia dexado asy las criaturas ally, e le vió arredrado dellas, fuése luego para ellas e llegóse les muy quedo. e fincó los finojos commo solia, e dióles a mamar asy commo fazie en el tienpo de fasta ally. E desque les ovo dado a mamar, començó les a lamer e a lynpiar los muy bien; e desy, arredróse dellos vn poco.

Veyendo esto todo el hermitano, entonçe vino a ellos, e tomó los commo de cabo en su ábito, e fué con ellos para su hermita, e la çierva, otrosy, començó a yr en pos él; e vió todo aquello el hermitano, e desque ouo andado una pieça, entendió que las criaturas avrien sabor de mamar: púsolas quedo en el canpo, commo la otra vez, e arredróse dellos otro sy. E llegóse la çierva aquella ora e dióles las tetas a mamar en


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quanto quisyeron. E asy fué yendo trás el hermitanno aquella çierva, governando aquellas criaturas, fasta quel hermitano llegó a su hermita; e desque fué con ellos en su posada, por amor de non espantar la çierva nin desafazerla de sy, e que conosçiese la casa e se afiziese al lugar, puso luego las criaturas a la puerta de la hermita, de guisa que los podrie ver la çierva. e tiróse ende. Luego llegó la çierva a ellos e fincó los hinojos, bien commo solia, e dióles a mamar, e desque los ovo bien fartos echóse a çerca dellos, e aseguró y vna pieça: e entonçe el hermitano non se quiso y llegar por non fazer enojo a la çierva e por amor de la asosegar más, e porque adelante oviese sabor de venir y.

La çierva, [lo vno], por tal de se non partir de las criaturas, porque cuydaua quel hermitano que gelas pornia en algud lugar do las non podria despues fallar ella, e lo al, porque venia ella muy cansada del camino que avia andado, echóse çerca dellas, e estudo con ellas muy' grand parte del dia, fasta que le tomó sabor de comer; e entonçe leuantóse e salió fuera a vn prado que estaua y, por do corrie vn arroyo, e començó a paçer. E desque la çierva fue arredrada dende, vino el hermitanno e tomó las criaturas e metió las en la hermita, e fizo les su cama ay, luego, [en la] entrada de la hermita. por que quando veniese la çierva viese luego a los ninos, e despues que los viese a ojo que entrase luego a ellos. E la çierva, despues que ovo


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andando paçiendo por aquel canpo e sintió en sy que era ya farta, commo que se nenbrase de las criaturas que avie de gouernar, començó a venir muy a priesa para aquel lugar do las avia dexado. E des que las non falló en aquel lugar, començó a tener ojo a todas partes; [e pués] que las non vió a ninguna parte, començó de bramar muy' fiera mente e buscarlos e catar por ellos. E en todo eso vínose contra la hermita; e los ninos, commo avia pieça que non mamaran e lo querian ya, començaron a llorar, e la çierva, de que los oyó, conosciólos, ca muchas otras vezes los viera llorar, e començóse de llegar contra allá muy paso, e fué entrando a dubda, asy [commo aquella] que nunca le conteçiera de entrar en tal logar, ca visquiera syenpre en yermo; e ella era braua, e por ende dubdaua de entrar en poblado; mas enpero, por todo esso, magüer que ella era animalia braua, tamanno era el amor que en ellos avia, que ouo de entrar a ellos. E desque fué dentro en la hermita, començó a catar a todas partes, commo que se non podia a segurar; e estaua commo espantada, commo cosa que nunca ouiera entrado en casa, nin en lugar poblado, sy non ally: e al cabo vió los ninnos, e non lo pudo ya endurar nin fazer al, e llegóse a ellos muy quedo, e començóles a dar la leche' e a gouernar los, commo solie. E despues que ellos ovieron mamado e callaron, echó'se ella çerca dellos, e anocheçióle ally, e aluergó y con ellos, e seguróse ya.


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E otro dia, el sol escalentado, salió a andar por el canpo a paçer, e desque avia pensado de sy, [venia curar] de aquelas criaturas. E asy las fué criando fasta grand tienpo aquellas criaturas; e ella en todo esto yua se arredrando dellos, en manera que non recodie a ellos tantas vezes commo solie, fasta que los ouo a dexar. E entonçe, el hermitano, desque vió que la çierva avie dexado aquellos ninnos. entendió que de otra vianda se podrian governar ya, e començó, luego, a pensar dellos muy bien de lo que él tenia e podia aver; e salia e yva andar por el diserto, e do fallaua de aquellas yeruas, de que se él gouernava, trayales e cozia le[s] dellas, e daua gelas a comer; e asy fué pasando su tienpo con ellos, fasta que los moços fueron criados e sabian ya andar e comer de todas viandas.


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XI.

Desque estos ninnos començaron de andar e entendian ya, punnaban de fazer todavia armas; e dellos, fazian lanças que cogien desos árboles que avie y en el diserto; e los otros, fazien sus espadas, e començauan todo el dia a andar por el desyerto a trabajar vnos con otros; e movieron vnos trebejos tales, que dauan semejança como [de] omes que lydian. E en quanto tienpo esto asy les duró, el hermitano punnó en pensar dellos muy' bien: lo vno, por que los querie muy grand bien; lo al, por que entendia que, desque ellos fuesen de mayor estado de cuerpos, que le ayudarian a ganar algo por aquellos lugares por do lo él pedia, e pasaria su tienpo desta guisa; e lo al, avn, por que entendia que fazia merçed en criar a ninnos que por avenimiento fueran echados, e vinieran a sus manos, e se podieran perder sy non oviera quien pensase dellos. E por esto punaua él en criar los e en pensar dellos, lo más e lo mejor que él sabia e podia.

E desque vió que eran ya para andar con él,


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por amor de ganar algo con ellos, dexó el vno en casa, e tomó los seys, e salió, e leuólos consygo que andodiesen con él por aquellos lugares por do andaua, e pedie con ellos. E dexado el vno dellos, que era el mayor de cuerpo e el más entendido, [andaua] con los otros seys por la tierra; e asy andando con ellos, a cabo de tienpo ouo de acaesçer en aquel castillo que dizen Castiel Forte, do estaua la condesa Ginesa, madre de aquel conde Eustaçio, padre de estos syete moços; e andando por la villa, la gente del castillo, commo conosçie al hermitano que auie ya caesçido [y] otras vezes, e nunca vieran con él otro andar, sy non a él solo, maravillándose onde oviera aquellos moços que veyan tan apuestos e tan fermosos, e començauan le a preguntar cuyos fijos eran: e el hermitanno nunca lo quiso dezir a ninguno. E desque la gente entendió que a ellos non lo queria dezir, asmaron que ninguno non lo podria saber dél, sy non la Condesa, e tomaron se pieça dellos e vinieron al castillo, e fueron a dezirlo a la Condesa, de commo aquel hermitanno que solia andar por aquella tierra solo, andaba y agora con aquellos syes moços, que eran las más fermosas criaturas que nunca omne viera, e trayan cada vno dellos vn collar de plata al cuello. E fué entonçe la Condesa muy maravillada ende, e asmó que aquellos moços podrian ser sus nietos, por quien ella mandara fazer las cartas falsas por que los matasen.


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XII.

Marauillando se mucho la Condesa de las nueuas que le dezian de aquellos ninnos, e asmando que podrien ser sus nietos, fijos del conde Eustaçio, fijos de su nuera la condesa Isonberta, mandó a esa ora llamar al hermitano: e vino a ella, e ella apartóse luego con él a vna cámara, e començóle a preguntar muy' afincada mente que dónde oviera aquellos moços, e cuyos fijos eran. E el hermitano, pués que vió que la Condesa avia tan a coraçon de lo saber, non asmando nin sabiendo nada de la falsedad que ante fuera fecha' nin de lo que se avia de fazer adelante, començó gelo a dezir todo: en qual manera los fallara, e en qual tienpo, e commo gelos ayudara a criar vna çierva, e quanto trabajo avia pasado con ellos fasta que los llegara aquel estado, segund que avédes oydo.

E desque el hermitano todo esto ouo contado a la Condesa, entendió ella que aquello seran los sus nietos, a quien ella punnó de les buscar la muerte. E entonçe, començó ella de rogar al


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hermitano e a dezir le que le diese aquellos moços; ca ella les criaria e los faria más algo que non él, e los pornie en buen estado, ca le semejaba commo quier que fuesen, que de alto lynaje eran. E el hermitanno, cuydando que la Condesa obraria asy del fecho' commo del dicho' que dezie, plaziendo a él de la buena andanza e de la mejoria de los moços, dixo que le plazie de gelos dexar, e dexógelos, e encomendógelos mucho' e pidióle por merçed que les fiziese mucho' bien, ca semejança auian que serian omes de semejar, e quando al tienpo viniesen de ser para ello, que ellos gelos seruerian. E quando dellos se partió el hermitano, començó de llorar muy' fuerte mente e començó. otrosy, de los besar los ojos e las caras, e fazer tamano duelo con ellos commo si los toviese muertos delante: e asy faziendo, se partió dellos por dos vezes.

Los moços desque sse fué el hermitano, e se vieron ellos syn él, commo avien fecho' con él su vida fasta ally, fizóseles de mal de que vieran que andauan entre gente extranna e con quien nunca ovieran fazimiento: e por tanto, non se podian asosegar syn el hermitanno. E entonçe la Condesa, veyendo los ninos andar tristes porque los dexaua el hermitanno, començó les a fazer muchos plazeres por asolazarlos e que asosegasen. E desque vió ella que aquellos moços yvan cresçiendo, semejáuale que la obra del mal que ella avia fecho' contra


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ellos, que sy los moços adelante visquiesen, que el fecho non podie ser encubierto e que gelo querrien acalunnar ellos en algund tienpo. E por esto, ella, estando vn dia en su cámara, mandó llamar dos escuderos que avian nonbre, el vno Dransor, e el otro, Frogin; e vinieron ante ella [e mandóles que traxiesen] aquellos moços, e ellos fiziéron lo asy. E desque los moços fueron metidos en vna cámara, mandó la Condesa desenbargar del palaçio toda la gente, e que fuesen todos para sus posadas e que se tirasen dende, tanbien los suyos commo los extrannos.

E fué fecho' luego asy, en manera que non dexaron y, en toda la casa, otro omne sy non aquellos dos escuderos e a vn portero que guardaua la puerta. E entonçe dixo la Condesa a Dransor e a Frogin que tolliesen aquellos collares de plata [a] aquellos moços, e que los de gollasen y, luego. ante ella, e que se non de toviesen y, poco nin mucho'; [e] desque los oviesen degollados, luego de noche' que los non viese omne del mundo. e que los lleuasen a soterrar a vn desyerto, que era çerca de y quanto vna jornada de aquel castillo do esto se mandaua fazer. E mandó la Condesa fazer esto ante sy tan crua mente, por miedo que avia que sy los enbiase matar a otra parte, que escaparian de la muerte por alguna manera, asy commo escaparan de la otra bez, quando los mandara matar, quando nasçieran todos syete con aquellos collares, commo avemos contado.


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XIII.

Daranson e Frugin, aquellos escuderos, por conplir mandado de su sennora la Condesa, ca era muy fuerte duenna e muy braua e avíanle gran miedo, e echaron mano en los ynfantes e començaron muy a priesa a toller los collares por de gollar los luego, e conplir lo que les era mandado. Mas tan apriesa non ovitron turido los collares, que ellos, muy más apriesa non fueron fechos' çisnes: e salieron se les entre las manos, ansy que, tan sola mente en vno dellos non binaron tocar, e bolaron e fuéronse apriesa por vna finiestra que avia en esa cámara de la Condesa, do se paraua ella a solazarse quando avia sabor, porque era aquella fyniestra de muy buena vista a todas partes.

E quando esto vieron Darason e Frugin, pesóles mucho': non por los moços que asy escapauan de aquella muerte tan desaguisada, mas por razon que non cunplieran ellos aquello que


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les fuera mandado, con miedo de la Condesa, que era muy braua, commo es dicho', e que les mandaria fazer alguna enemiga; e pesó mucho a los escuderos, como dezimos, mas mucho' más pesa a la Condesa, con aquella su crueldad, magüer que desaguisada era, por que non se conplia asy commo ella cobdiçiaba.

E fizieron se muy' maravillados, la Condesa e los escuderos, de tan grand milagro commo aquel que aquella ora se fiziera ante sus ojos, veyéndolo ellos; e en esto entendieron que non podia ser al, sy non fecho' de Dios. Mas por esso la Condesa non se moviera de conplir aquella mala obra que avia començado, si podiese: lo vno, por el grand mal que queria a su nuera; lo al, por que se temia de los moços que, si visquiesen, que resçeberia dellos el gualardon que deviese, segund aquello que ella contra ellos avia comencado e avia fecho' ya; e por esto obraua ella tan de coraçon en el fecho' commo ya oystes. Pero en todo esto, desque vido el milagro que Dios fiziora, commo era muy' entendida duenna en todo mal, entendió que en al non les podia ya tener danno, saluo en mandar desfazer aquellos collares de plata que les mandara toller, que les podria embargar en alguna cosa de su fecho', por razon que entendie que podrien ellos perder la virtud que en ellos avia, e que despues que los sus collares fuesen desfechos', que ellos nunca podrian tornar en aquella virtud que ante avian con ellos.


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E para desfazer aquellos collares enbió luego por un orez muy bueno que avia en la villa; e fuéron le por él, e él vino luego ante ella. E ella demandó los collares e traxeróngelos, e diólos al oreze, e mandó que le fiziese de aquellos seys collares vna copa muy buena para su mesa; e el oreze tomólos, e dixo que lo faria. E fuése para su casa con ellos, e començó luego a fondir el vn collar: e en fundiéndolo, començó la plata de cresçer, e cresçió tanto, que semejaua que más plata avia en aquel solo que non podia aver en todos los seys collares. E el oreze, desque vido que la plata asy cresçiera. dióle luego la voluntad que guardase los çinco collares e que los non fundiese, e que fiziese la copa de aquella plata, pues asy cresçiera; e de más, que entendió que esto por Dios venia, e non quiso [más] fundir de aquel collar. e guardó muy' bien los otros çinco collares que fincauan; e fizo lo commo omne bueno e entendido, en manera que omne del mundo non gelo entendiese. E él era muy sotil maestro, e de aquel collar que fundió fizo la copa muy buena labrada, e muy fermosa: e desque la ouo fecha leuóla ante la Condesa, e la Condesa fué muy pagada della, e maravillóse mucho' commo era tan grande: ca le semejaua que [metiera] los seys collares en ella, [e preguntó al oreze sy metiese todos los seys collares], o sy posyera y más plata de suyo. E dixo el oreze que todos los seys collares metiera en ella, e que de suyo non posyera


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y ninguna cosa. E entonçe la Condesa le agradeçió mucho' la lauor que fiziera, e alaból otro sy mucho' la copa, que era muy' grande e muy fermosa, e quel semejaua que de tan poca plata que él fiçiera muy grand copa, como muy' buen maestre e muy' sotil; e fincó ella muy pagada ende, e prometió [a] el orese quel farya mucha merzed.

E entonçe llamó ally el su copero e mandóle que de ally adelante aquella copa le posyese cada dia en la mesa, e que con ella le diese del vino e non con otro vaso nin con otra copa ninguna. E esto fazia ella, por que la copa era muy bien fecha', e muy' fermosa a grand maravilla, e tomaua la Condesa muy' grand plazer con ella.


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XIV.

Cuenta adelante la estoria en esta razon, pués que ha contado de lo que acaesçió de la copa, que los moços, despues que fueron fechos' çisnes, commo bolaron para vn lago e pasaron y su tienpo, commo oyrédes. Aquellos çisnes, pués que de la cámara de la Condesa fueron salidos commo es dicho', dieron consygo en aquel lago muy' grande e muy fondo que era a la orilla de aquel desyerto do ellos fueran criados con el hermitano quando eran ninnos. E andando en aquel lago, gouernando se del pescado que y fallauan, -magüer que tomauan ende grand enojo, ca non fueron ellos criados a tal vianda-; [e] estando ellos ally, acaesçió quel hermitano ovode salir a andar por la tierra commo solie, a ganar por los pueblos sus ayudas, donde vizquiese en su hermita; ca aquella vez leuaua consygo aquel otro moço, hermano de aquellos çis-


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nes, que avia fincado en casa que guardase el hermita [quando dió los otros a la Condesa]. E a la tornada, quando se venian para el hermita, ouo se les a fazer el camino para la ribera de aquel lago do estauan aquellos çisnes; e a la ora que enparejaron con el lago e pasauan cerca dél por vn sendero, quela ora los vieron los çisnes [e] conosçieron lo[s] luego, e començaron todos a salir del lago muy a priesa e yrse para ellos. E el hermitano e el moço asy commo los vieron que de aquella guisa venian a ellos, fueron ende muy' maravillados; mas el moço, con el sabor grande que lo[s] avia de ver, fuése a sentar çerca dellos: e los çisnes, otrosy, con el plazer que avian del hermitano, que conosçian, fueron se le sobir, dellos, [en] los onbros, dellos, en el regaço. e començaron muy fuerte mente a ferir de las alas e a fazer muy grandes alegrías. E el moço, otrosy, [des que vió] que tan segura mente llegaua[n] a él e le fazian aquellas alegrías, metió mano a vn dobler en que traya pan e carne que les avian dado por Dios en aquellos lugares por do andodieran, e sacó dello, e començóles a dar a comer: e los çisnes sabian comer de todas viandas que les el moço daua, ca en tales commo aquellas fueran ellos criados.

E desque les ouo dado asaz, dixo el hermitano que se fuesen, ca tienpo avian de se acoger para su hermita; e el hermitano, commo quier que lo non mostraua al moço, maravilláuase mucho' de aquellos çisnes, que asy venian a ellos tan seguros,


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e tan afechos'; e demás, que en ningund tiempo tales aues non viera en aquel logar, nin en aquella tierra; e pensaua mucho' entre sy [que] podia ser aquello de aquellos çisnes, mas en ello non pudo caer: enpero, despues lo sopo, e ellos mostró al conde Eustaçio, su padre, segund adelante oyrédes. E por amor de aquellos çisnes, cada [vez]que salia para yr a alguna parte, nunca por otro camyno queria yr, sy non por ally, por amor de verlos e de les dar de comer; e cada vez que por y pasaua los çisnes salian luego a ellos a resçebir los fuera del lago; e el moço asentáuase luego çerca dellos, e dáuales de comer, e pensaua bien dellos de aquello que traya; e asy los governaron vn tiempo, fasta que vino de la hueste el conde Eustaçio, su padre, con gracia del Rey' su sennor; ca mucho' avia caydo en su sanna commo avédes oydo. E desque llegó a su tierra, cayó en la[s] nueuas e sopo la verdad por la virtud de Dios, segund lo contará adelante la estoria; e moró en aquella frontera que vos deximos dies e seys annos.


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XV.

Quando el conde Eustaçio tornó de la hueste, e vino andar por su tierra a requerir la, ca avia grand tiempo que non entrara en ella, fué muy bien resçebido de todas sus gentes, e plugó a todos mucho' con él, ca avia grand tienpo que lo non vieran, nin él a ellos. E desque llegó a Portemisa, aquella çibdad do él avia dexado a Isonberta, su muger, e se vieron él [e] ella, las alegrías fueron muy grandes entre ellos amos. E pués que se apartaron ellos a fablar en vno, las primeras preguntas que el Conde fizo a la Condesa, fueron estas: «¿aquellos syete podencos que ella pariera? ¿qué fuera de ellos?» Entonçe la Condesa, quando oyó esta razon de tal guisa. fué muy quexada en su coraçon teniendo quel Conde gelo preguntaua commo en razon de escarnio; e ella respondió muy vergonçosa mente e muy' manso: «Sennor Conde, non eran poden-


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cos los que yo pary; mas eran syete ynfantes, las mas fermosas criaturas que en el mundoí podian ser, e que vos diga yo verdad: quisyera yo mucho' más que mandáredes matar a mi, que non a ellos». E el Conde, quando esto oyó, ouo tan grand pesar en sy que fué maravilla; en manera que estouo muy' grand pieça que non pudo fablar ni responder a ninguna cosa que ella dixiese; e a cabo de grand pieça fabló e dixo asy: «¿Cómmo Condesa? ¿Muertos son?» E esa ora, respondió la Condesa: «Por Dios, Sennor, yo cuydo que muertos son, ca vos enviastes mandar por vuestra carta que los matasen.» Entonçes demandó el Conde por Bondonal, aquel cauallero en cuyo poder dexara toda su fazienda e su muger, e començóle a fazer la pregunta que ante avia fecho' a la Condesa.

El cauallero respusól esa mesma razon que ella dixo; esa ora dixo el Conde a Bondonal que, non enbiara él mandado en sus cartas sy non que nasçieran syete podencos con sendos collares de orofrés a sus cuellos: mas él, commo quier qne le pesara ende mucho' con aquellas nueuas, que non enbiara mandar por sus cartas que los matasen, mas que los guardasen fasta quél viniese, e los criasen pues que asy era: ca bien sauia él e asmaua que, alguna trayçión andaua y. Entonçe dixo Bondonal: «Sennor Conde, sy trayçion y ouo, non vyno por mi: ca védes aquí las cartas que me enbyastes». E entonces cató el Conde las cartas, e falló que dezia


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en ellas commo mandaua matar los ynfantes e la duenna. E quando esto vyó el Conde, fué muy maravillado, ca él non enbiara aquellas cartas; e por ende mandó llamar aquel escudero que avia leuado las cartas, e preguntóle que quando leuara las cartas, por qual canrino fuera. E el escudero dixo que por casa de su madre la Condesa, e el Conde preguntóle sy a la tornada sy viniera por y; e él respondiól que sy. E entonçes asmó el Conde que de ally podiera nasçer el mal, segund dicho' es: e con muy' grand pesar que ouo en sy, el Conde caualgó luego otro dia e fuése para aquel castillo do era su madre. E desque supo la Condesa quel Conde, su fiijo, le venia a ver, mandó muy bien guisar los cavalleros e su companna, [e] que saliesen resçebir al Conde: e sy ella lo mandó bien, avn mejor lo fizieron ellos. E en todo esto, la Condesa mandó muy bien adobar de comer muchos' manjares e de muchas guisas, e el Conde, desque llegó aquel castillo entró e desçendió e aderesçó para el palaçio do estaua la Condesa; e ante que llegase él al palaçio, salióle ella a resçebir.

E el Conde commo yba muy' sannudo, non se allegó a ella tan alegre ni tan omildoso como solia; e entendió la Condesa, luego, que el Conde venia con sanna, e preguntó le que commo venia asy. E el Conde, conmo estana muy sanudlo, non lo pudo tener encubierto, e ouo le luego de dezir qué era aquello por que ally veniera, e dixo le asy: «Condesa, muy' bien sabedes vos de


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commo Isonberta, mi muger, encaesçiera syete ynfantes todos varones, e cada vno de ellos con su collar de plata al cuello».

Respondióle entonces la Condesa: «Par Dios, fijo, verdad es todo eso, asy commo vos dezides».

Entonçes dixo el Conde: «Madre, la Condesa mi muger, e Bondoual, mi cauallero, me enviaron dezir que Isonberta mi muger, encaesçiera, e las cartas que a mí fueron dadas dezia[n] que pariera syete podencos; e yo, commo quiera que me pesase de tan estranno fecho', enviéles mandar por mis cartas commo pensasen dellos, e los guardasen fasta que yo viniese; e agora, quando vine, e vi a mi muger, la Condesa, preguntéle por aquellos syete podencos, e ella respondió me que non pariera ella syete podencos, mas ynfantes, e que yo enviara mandar por mis cartas que los matasen e levasen a vn desyerto a matar. E yo, entonçe, mandé llamar al escudero que me lleuó las cartas, e preguntéle si viniera por este logar do vos estáuades, e sy posara en vuestro palaçio, e respondió que sy, e contómelo todo, e que por aquy viniera a la venida, e cada vez posaua en vuestro palaçio. E yo, sospechando que de vos podria nasçer tal cosa commo esta, por esso só venido aquí, por saber esto de uos; e ruego vos que me digádes todo el fecho commo pasara: ca por otro non podria saber aquello, sy non por ella.»

Entonçes la Condesa, su madre, desque vido quel Conde era entrado en el fecho', e tan cierto


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yba por [él], e que tan a coraçon avia de lo saber, non gelo quiso negar: ca sy por ventura gelo negase, non podria ser que el Conde non oviese a errar contra ella, e entendrie ella que podrie ser así: e por tanto gelo conosçió ella de llano, e gelo contó en esta manera que diremos adelante.


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XVI.

Gynesa, la Condesa, madre del Conde, començó entonçe a fablar, e dixo asy: «Mi fijo, Conde don Eustaçio, verdad es todo esso que dezides, e asy pasó: quel escudero que en aquel tienpo vos leuaua las cartas, que por aqui pasó e vióme, e aqui albergó, e yo preguntéle todo el fecho' porque yva, e él dixome en como la Condesa Isonberta, vuestra muger, era encaesçida de syete ynfantes, e que nasçiera cada vno dellos con su collar de plata al cuello, e que vos leuaua tales cartas; e yo, entendiendo que tal generaçión commo esta, que vos era muy grand de nuesto, e que toda vuestra tierra era ende de nostada e toda vuestra gente desonrrada, e que tenian todos oy en dia que ella fizo adulterio; e entendiendo yo que era vuestra grand desonrra, fize poner en las cartas que vos el escudero leuaua, que podencos eran aquellos que vuestra mujer parie-


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ra, por amor que los mandásedes matar, e que fruto commo este no viniese adelante, por cuya razon, vos, e el vuestro condado, nin la vuestra casa, resçibiésedes enojo nin de nuesto en tal fecho commo este. E quando vos enbiastes vuestras cartas, commo los guardasen e criasen, veyendo vos por las cartas commo eran podencos, maravilléme ende mucho'; e por guardar la vuestra honra e amansar los feos fechos' que las gentes dezian, mandé mudar las cartas, e puse en ellas que los matasen: ca tengo que, ninguna duenna que más pare de vna criatura que se non puede saluar del adulterio. E ella non se puede saluar desto por quanto en el mundo ha; e avn sy vos e ella dezides de non, yo la quiero fazer culpada en ello e darlehe rebtador que gelo faga çierto segud es costunbre desta tierra.»

E a estas palabras que yvan cresçiendo, fueron sé ayuntando pieça de cavalleros de la parte del Conde e de parte de la Condesa su madre; e todos los más dellos, dixeron que la Condesa dezia mucho' para meter en culpa a Isonberta, e que era menester al Conde de se saluar ende. E tanto fueron cresçiendo sobre estas razones las palabras, quel Conde non se pudo tirar afuera de non fazer conplir aquello que era costunbre de su tierra. E entonçe mandó llamar el Conde a Grandomar e a Plasmadino, e a Ercolay e a Salmadón, que eran adelantados de su casa e sus consejeros, e ovieron grandes palabras sobre esto. E preguntóles commo faria de aquel acusa-


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miento que la Condesa, su madre, fazia contra la Condesa, su muger: e ellos dixeron que, pues la Condesa, su madre, queria dar rebtador sobre este fecho', que convenie de todo en todo a la condesa Isonberta, su muger, de dar lidiador por sy, que la saluase deste acusamiento. E el Conde, desque vió que non podia al, [sy non] pasar sobre esto, segund la costunbre, e que si al fiziese que seria grand denuesto dél, dió y consejo qual vos contaremos adelante, aquy, luego en pos esto.


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XVII.

Ordenado era de la voluntad de Dios todo este fecho'; e luego, otro dia de grand mannana, caualgó el conde Eustaçio, e tornóse para la çibdad de Portemisa, e contó todo este fecho' a Isonberta, su muger, ansy commo lo avedes oydo, e díxole asy: que non se podie saluar de aquel acusamiento, sy non de aquella manera que oystes ya. E ella, quando aquello oyó, fué muy' cuytada, non por que ella se syntiese culpada de aquella culpa de aquel fecho', mas porque non podria aver quien tomase su voz para lidiar por ella.

E entonçe ovieron de fazer Cortes sobre esta razon; e las Cortes ayuntadas fallaron e acordaron que diesen plazo a la condesa Isonberta, e que diese quien lidiase por ella; e sy al plazo non diese quien lidiase por ella, que la quemasen: ca esta era la justiçia que fazian en aquella tierra a toda duenna que culpada fuese en tal pleyto commo este.

E desque Isonberta vió que non podia al ser,


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sy non pasar por la sentençia que era ya dada, començó a rogar a muchos' de sus caualleros a quien avia fecho' mucha' ayuda e mucho' algo, sy avia y alguno dellos que quisyese ser en tomar aquel fecho' por ella, que ella gelo gualardonaria quanto ella podiese; ca ella tenia derecho', e escaparia ende muy bien con la merçed de Dios. E desque lo ouo rogado a todos, nunca pudo aver ninguno que por ella quisyese lidiar: lo vno, por que tenian que era culpada en el fecho' que la acusaban; lo otro, por que ninguno non se atrevia a yr contra lo que sabian que era voluntad de la condesa Ginesa, madre del Conde, que avia este fecho' muy' a coraçon.

E aquella ora, desque la condesa Isonberta vió que non podia aver lydiador ninguno por sy, alçó las manos contra nuestro sennor Dios, e pidióle merçed, rogándole e diziéndo le que El sabia que non era culpada de aquello que la acusauan; e que por la su merçed quisyese mostrar algund milagro sobre ella, e que non toviese por bien nin lo sofriese, que por tan grand falsedad fuese menguada la su verdat e el su derecho'. E este ruego fizo ella el viernes en la noche', que era ante del domingo que la avian a justiçiar; e fizo lo muy omildosamente de todo coraçon contra nuestro Sennor Ihu Xto: ca veya ella que otro acorro ninguno non podia aver, sy non el de Dios. E este ruego fué cabido e resçebido muy' bien; ca nuestro Sennor Ihu Xto mostró y su milagro muy bueno, commo agora verédes.


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XVIII.

La condesa Isonberta estando en este peligro, nuestro Sennor Dios quiso guardar el fecho' e la su obra que en ella avia començado, e leuarlo adelante, e enbió El, su angel, al hermitano Galiel, a la primera ora de la noche', que le dixiese commo el primero domingo que venia, avian a quemar a su madre de aquel moço que estaua con él; e que sopiese quel moço era fijo del conde Eustaçio e de la condesa Isonberta, e que por acusamiento del adulterio por que la Condesa pariera este moço, con los otros seys que él criara, que por esso, querian della fazer esta justicia. Mas que enbiase ese moço que lydiase con aquel cavallero que la condesa Ginesa, madre del Conde, daua por rebtador, e que sopiese que vençeria aquel moço, e asy, saluaria a su madre de aquel peligro en que estaua. E el moço, despues quel cavallero oviese vençido, que


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se fuese luego para el Conde e le besase las manos e los piés, e que le dixiese commo era su fijo, e que nasçiera con los otros seys, sus hermanos, por que la condesa Isonberta era acusada de aquel adulterio. E sobre esto, castigó el angel al hermitanno, que no detardase de enbiar aquel moço, nin fiziese al, sy non yrse quanto más podiese; ca sopiese de todo en todo, que Dios era con él.

E quando el angel esto ouo dicho', el hermitano non se de touo poco nin mucho' de lo dezir al moço, ansy commo el angel lo dixiera a él; e desque el moço oyó este mensaje que el hermitano le dixo, fué muy alegre por ello, e non se de touo de se yr quanto él pudo, e el hermitano con él, para guiarle; en manera que quando llegaron a la çibdad de Portemisa era ya noche' tarde, e albergaron en vn portal de vna yglesia.

E quando vino fázia la mannana pareció el angel al moço; [e] quando lo vido ouo muy grand miedo. E el angel le dixo: «Amigo de Dios, non temas; sepas que Dios es contigo e te ha prometido [esta] graçia: que seas lidiador por las biudas e por las huérfanas, e por las que fueren acusadas a tuerto o deseredadas de lo suyo, syn derecho'».

Quando esto oyó el moço, touo muy grande alegría en su coraçon, e esforçóse, e dixo al angel: «Sennor, ¿quien sódes vos, que me esto dezides, e commo avédes nonbre?»

E [a] él respondióle el angel, e díxol: «¿Qué


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quieres tú saber del mi nonbre? Ca maravilloso es; e crée firme mente que esta graçia te ha Dios otorgada». E desque lo ouo dicho' desapareçióle, e el moço quedó muy conortado.

E en esto començó a manesçer, e el hermitano despertó, e vió al moço muy' alegre, e él dixo le todo lo que viera, segun avédes oydo. E quando esto lo oyó, el hermitano fué al moço, e començólo a besar los ojos e la cara, e castigarlo commo fiziese. E en esto començó a salir el sol, e salieron del portal; e en saliendo, oyeron una campanilla tanner dentro on la yglesia; e tor naron e vieron el cuerpo de Dios. E el hermitano mostró al moço commo rogase a Dios que le ayudase, e salieron de la yglesia, e fueron yendo por la villa; e esto podia ser más de ora de terçia, ca mucho' se avyan detenido en la yglesia.

E en yendo por la villa, encontraron a su madre del moço que la llevauan a quemar; e delante della yua el cavallero que avia a lidiar por la condesa Ginesa, que la avia acusado; e yua en vn buen cavallo e muy bien armado a maravilla. E por eso yua ally tan presto: porque sy la condesa Isonberta oviese lidiador por sy, que lidiase él ally luego con él, e se non detoviese por ninguna cosa; e yva ally el conde Eustaçio. E desque esto vió el moço, entendió lo que le avia dicho' el angel que estaua ya en ello, e que verdad era.

E entonçe, llegóse el moço al Conde, e díxole:


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«Sennor Conde, si vos toviésedes por bien, querrya yo saluar esta duenna de lo que ella es acusada.» Entonçe començóse el Conde a sonrreyrse, e marauilláuase mucho' de aquella palabra que aquel moço dixera, e díxol: «par Dios, amigo, flaca costilla veo en vos para lidiar con aquel cavallero que ally va, e non vos consejó bien, quien vos esso mandó dezir.»

E entonçe dixo el moço al Conde: «Sennor, pido vos por merçed que me mandédes dar cauallo e armas; ca yo quiero lidiar con él, e yo fio en la merçed de Dios, e por el derecho' que la duenna tiene que le mataré, o lo sacaré del campo: e en lo que yo oviere de fazer, con la ayuda de Dios, por mi non menguará con el derecho' que ella tiene.»

E el Conde tenia esto en poco, en manera que non daua nada por ello; non porque a él non ploguiese que Isonberta oviese lidiador por sy. mas semejábale el moço tan pequenno que, quanto dezia que era todo con poco recabdo: e por tanto, non tornaua y cabeça.

Mas en esto, Bondoual, que yba y muy çerca del Conde, asy commo aquel que era muy su priuado, díxol: «Sennor Conde, en el derecho' de la duenna vos non avédes por qué menguar poco nin mucho', ca vos non podria estar bien; e lo que dize este moço vos cumple, e non querédes que la duenna mengüe vn punto de su derecho por vos: ca yo quiero dar mi cauallo e mis armas a este moço, porque el derecho' sea guardado, sy quier commo es judgado.»


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Entonçe dixo el Conde que le plazie muy' de coraçon, e sy podiese ser, que lo fuese probar; e mandó a Bondoual quel fuese dar el su cauallo e las sus armas, e que guisasen commo lo armasen muy' bien. E esto sopo Bondonal muy bien fazer, commo aquel que era buen cauallero e plazentero, en catar carrera commo la condesa Isonberta fuese libre e quita de aquel pecado que le acusaban a falsedat. E commo quier que el moço tenie buen esfuerço en su coraçon con el poder de Dios, Bondonal que avia el fecho' muy' a coraçon, en armándole, escomençó a esforzar [le] quanto él pudo e en quantas maneras él sabia. Quando esto vido el hermitano Galiel, que estaua avn con el moço, dexól, e fué corryendo para la yglesia do albergara[n] e fincó los finojos antel altar, e començó a rogar a Ihu Xto muy de coraçón por el moço, que le ayudase en aquella lid, porque saluase a su madre.


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XIX.

Desque fué bien armado aquel moço fué muy esforçadamente, e metióse [en el canpo] con el cauallero rebtador que avia de lidiar por la Condesa; e estando ellos asy, mandó luego el Conde poner fieles que guardasen el campo e la raya. E entonçe aguijó el moço contra el cavallero, e tenian lo todos a grand marauilla, porque aquel moço tan pequenno se atrevia contra aquel cavallero, tan grande e tan valiente; e fuéronse a ferir vno a otro, e diéronse muy grandes golpes en los escudos, en manera que las fojas dellos salieron muy altas; e quando vió el cavallero que non podia boluer al moço en la sylla nin mouerle poco nin mucho' a ninguna parte por su golpe grande que le dió, e que tan firme lo fallaua en su caualgar, entendió esa ora que quanto él sabia, que todo le era menester.

E entonce, se arredraron el vno del otro, e


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movieron de cabo, otro sy, el vno para el otro, e fuéronse ferir, e diéronse muy' grandes golpes, veyendo lo el Conde e toda la gente que estaua en çerro a derredor. Mas el moço touo la lança tan fuerte, e enpuxó la tanto adelante, quel falsó se el perpunte e la loriga, e firiólo en descubierto del escudo, e entró por el cuerpo; asy que, le echó la cabeça de la otra parte por las espaldas, bien vn codo, e dió con él en tierra. Entonçes, descendió priado, e metió mano a la espada, e llegó a él, e cortóle la cabeça con su yelmo; e desque esto ouo fecho', cató a los fieles, e preguntóles si avia él, y, más de fazer; e los fieles dixeron que conplie lo que avia fecho': e ally judgaron esa ora la condesa Isonberta e diéronla por quita.

E entonçes el moço fincó los finojos antel conde Eustaçio, e besóle las manos e los piés, e díxol: «Sennor Conde, yo só vuestro fijo e de aquella duenna de quien vos queríades fazer justiçia; e conmigo nasçieron otros seys ynfantes, mis hermanos, e son otrosy, vuestros fijos, por cuya razon mi madre fué acusada de adulterio, de que ella se saluó oy por la merçed de Dios.»

E diziendo esto el moço, llegó el hermitano e començó de abraçarlo, e besarle los ojos e la cara, e llorrar de grand alegria que avia con él; e desque esto vió e oyó el Conde, fué ende muy alegre a grand maravilla, e llamó a todos sus priuados e a todos sus caualleros que eran y, en su Corte, e contóles todo aquel fecho' en commo


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avia pasado por él, segun que ya oystes; e fablaron todos de tamanno milagro commo Dios avia mostrado sobre ello.

E el Conde enbió luego por la Condesa su muger, e desque llegó, díxol: «Condesa, mucho deuédes gradesçer a Dios el bien e la merçed que vos oy fizó en vos saluar de tan grand peligro commo estáuades: e de más que, fuese librado todo este fecho' por vuestro fijo mesmo; e non deuédes en ello poco nin mucho dubdar que este moço sea vuestro fijo, ca él trae ende sennales çiertas: e quando otra sennal non troxiese, saluo el collar de plata que trae al cuello, por aquello lo deuédes creer.» E quando esto oyó la condesa Isonberta, ¿quién vos podria dezir la grande alegria que ouo? E fué luego al moço corryendo, e començólo a besar la boca, e en la cara e en los ojos e en las manos e en los piés, e fazia tan gran alegría, que semejaua loca: e començaron, entonces, a fazer todos la mayor alegría que podie ser.


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XX.

Muy' alegre estaua el conde Eustaçio con aquellas alegrias, por que la condesa Isonberta fuera tan bien librada de aquella sentençia de la muerte, e por aquel fecho' quel mostrara Dios; mas preguntó luego ally al fijo, sy los otros sus hermanos, sy eran biuos o qué fuéra dellos. E el moço respondió, e dixo que non sabia; mas que en aquel lugar do ellos fueran criados, que ende se criara él con ellos muy' grand tienpo; e que aquel hermitano que estaua çerca dél, los avia criado, e quel preguntase, ca él gelo diria todo en commo pasara.

E el Conde preguntóle por todo el fecho' en commo avia pasado; e el hermitano contógelo todo muy bien, commo aquel que avia pasado por ello, e a todas las preguntas quel Conde le fizo, [ca] le afincó mucho' por los otros moços: a quién los oviera dados, [o] qué fiziera dellos.


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E el hermitano, veyéndose del Conde tan afincado, contóle todo el fecho' por horden e commo le conteçiera con aquellos moços, segund que desuso es dicho', e commo los diera a la condesa Ginesa, que gelos de mandara, cuydando que les faria más bien que non él; e que desque gelos él diera, que los non viera más, nin acaesçiera despues en aquel castillo.

El Conde, despues que estas razones oyó, tan grande non fué el alegría que muy' mayor non fué el pesar; ca entendió que, pues ellos eran caydos en poder de la Condesa su madre, que non podria al ser, segund él sabia la crueldad della, que los habria muertos. E caualgó luego, e fuese para ella, e levó consygo al hermitano e aquel moço su fijo; e desque llegó e se vieron, e se asentaron a fablar e aver sus razones, començó el Conde a afincar a la Condesa muy fuerte mente, preguntándole por aquellos moços que aquel hermitano le avia dados, qué eran dellos, o qué los fiziera. E ella començó, entonces, a dezir que tales moços nunca aquel hermitano nin otro omne del mundo ge los diera, nin entendia qué era aquello que dezian, nin nunca los viera.


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XXI.

Quando el Conde oyó aquella razon que la Condesa avia dicho', fué ende muy sanudo; e mandó, luego, llamar al hermitano, e díxol que dixiese ante la Condesa lo que avia dicho' a él; e el hermitano díxolo todo segund que avia dicho' al Conde e segund que avia pasado. Desende tornó el Conde en su razón contra la Condesa, e afincóla mucho': tanto, quél dixo que, sy recabdo non le diese dellos, que tal cosa faria que todo el mundo oviese, ende, que dezir. La Condesa, desque vió [que] el Conde era sanudo, e que sy más le cresçiese la sana que se podria ella luego de mano fallar, ende, mal; e oyó, otrosy, lo que el hermitano dezia, descobrió ella la cosa e contó gelo todo segund que lo ella avia fecho' e obrado, e commo fuera de los moços su fecho' tan estrano e tan maravilloso commo oystes. Entonçes, el Conde mandó prender a la Condesa, e de mandóle por los collares de plata que tollyera a los ninnos; e a esta ora dixo ella commo mandara a


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vn oreze des fazellos e fazer dellos vna copa con que beuiese ella.

E el Conde fizo luego enbiar por el oreze, e él vino luego antél, e de mandól el Conde que, sy fincara algud collar de aquellos quel diera la Condesa para fazer la copa; e el oreze, commo era omne bueno e leal e de verdad, e demás que gelo demandaua tal omne, e que non devie mentir, díxol commo fincaran de los seys collares los çinco, e que de vno fiziera la copa. E el Conde mandóle que gelos troxiese; e el oreze tróxolos luego, e diógelos; e el Conde le fizo grand merced por ellos, porque los sopiera tan bien guardar. E el Conde, asy commo ouo los collares en su poder, cató el collar que tenia aquel su fijo en el pescueço, e vió que semejauan todos seys mucho': tanto, que quando los cataua vno a vno, non fallaua que ouiese en ellos diferençia alguna. E desque esto vido el Conde, touo [e dixo] que, si Dios le quisyese mostrar aquellos moços, sus fijos, que se fizieran çisnes, que poniéndo les los collares, que asy commo se tornaran çisnes quando gelos toylleran, que sy los él podiese aver o fallarse con ellos e gelos posyesen, que asy podrian tornarse moços, como lo ante eran.

En quando esto oyó el moço fijo del Conde, dixo asy; «Sennor, vn lago ha çerca de aquel logar do yo fuy criado, e andan y seys çisnes muy fermosos, e son tan mansos, que vienen al omne; e sennor Conde, preguntaldo al hermitano, ca él sabrá deziros lo mejor que yo».


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E entonçe tornóse el Conde contra el hermitano, e començól a preguntar, qué çisnes eran aquellos quel moço dezia; e el hermitanno, commo era omne bueno e entendido, començó su razon en esta guisa: «¡Sennor conde don Eustaçio! Yo só vn omne bueno que vos non mentiré en ninguna manera: verdad es, segud el moço vos dize, que en la montanna do yo moro, ay vn lago muy' grande. E yo, pasando vn día çerca de aquel lago, yva comigo este moço, vuestro fijo, e non catamos al, sy non quando vimos salir del lago seys çisnes muy' grandes e muy fermosos; e viniéronse derechos' para nos, e començaron a fazer contenente de muy' grand alegria, e ferir de las alas: e los vnos, me sobian en los onbros, e los otros en el regaço, e esso mesmo façian e este moço. E yo, quando esto vy fuy muy' maravillado: ca nunca en ningud tienpo viera otros tales en aquel lago; e començé mucho' a cuydar en ello, e nunca pude asmar qué podria ser. Mas agora creo que son vuestros fijos, cierta mente; ca muy' mansos venian al omne, e comian que quier que les davan, e mientra omne está con ellos, nunca se enojan de estar con omne».

E quanto esto oyó el Conde, fué muy alegre; ca çiertamente creó que estos podrian ser. E, por ende, fizo luego justiçiar a su madre: e mandóla tapiar de tapias muy' altas, e ally la ençerró, e defendió que non la diesen a comer nin a beuer: e desta guisa morió la condesa Ginesa entre aquellas tapias.


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XXII.

Aquel conde Eustaçio, fecha aquella justiçia, caualgó e levó consygo al hermitano Galiel; e otrosy, levó consygo sus caualleros, e levaron sus açores e sus falcones, e sus canes para andar a caçar, pues que yban a la montanna. E otrosy, fizo leuar sabuesos e alanos, e monteros para correr monte e para andar a sabor de sy muy viçioso. E andando asy, fasta que llegaron a aquel lago quel dixiera el hermitano, en que estauan los çisnes: e luego, el Conde quando los vido, preguntó al moço, su fijo, sy eran aquellos los çisnes quél dixera, e él dixo que sy. E entonçe preguntó al hermitano que, commo farian; e él dixo: «Sennor Conde ¿sy vos toviérdes por bien que desçendiésedes, vos e el moço, e yo con vusco, e que nos fuésemos llegando fázia al lago?»

E el Conde touo lo por bien, e desçendió, e tomó su fijo ante sy, e el hermitano con él. E


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fuéronse llegando contra el lago; e asy commo el Conde se yba llegando a la ribera dese lago, e asy los çisnes yvan saliendo más a la orilla dél. El Conde e las conpannas, catando los çisnes e veyendo commo salian e lo que fazian, fasta que salieron fuera del lago, por el canpo, yendo contra el hermitanno e contra el moço, e otrosy, contra el Conde, por resçebirlos. E quando fueron arredrados del agua, quanto podian ser cuatro pasadas, fueron se para el Conde e abaxaron las cabeças cada vno dellos, e llegaron a él, e besáronle las manos con sus picos. E desy, fuéronse para el moço, su hermano, e para el hermitanno, e fizieron con ellos muy grand alegría.

E el Conde, quando estas sennales vió, entendió muy bien que aquellos eran los sus fijos, e ouo en ello muy grand plazer consygo: e de mandó el Conde y, luego, por los collares, e diéron gelos muy' ayna. E el Conde, desque los touo, asentóse en tierra; e los çisnes, desque lo vieron asy a sentado, fuéron se para él, e llegáron se más e besáron le las manos, e asy commo yban llegando por besar le las manos, asy les ponia él su collar de plata a cada vno al cuello: e luego se tornaua moço. E acaesçió vna grand maravilla entonçes: que ninguno de aquellos çisnes que se tornaron moços, commo ante eran, ninguno dellos non quiso resçebir otro, sy non aquel que fuera suyo de ante que gelos tolliesen.

E asy los puso el Conde sus çinco collares


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a los çinco çisnes, e asy se tornaron todos çinco, moços de aquella hedad que era el moço su hermano, e tan grande e tan alto cada vno: e cunplian ellos, entonçe, dies y seys annos de su hedad de quando nasçieran; e tanto avia morado el Conde, su padre, en la frontera con su sennor el Rey, segund lo avedes oydo.


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XXIII.

Tornados aquellos çisnes moços e cobrados el Conde sus fijos, aquel vno que fincaua çisne por razon del collar que fallesçiera, de que fizieran la copa, començó a dar muy grandes gritos, e tirarse las péndolas, e mesarse todo: e tan grandes eran los gritos e las bozes que él daba, que todo el lago retenia, que non ha omne que çerca del lago podiese estar, que le non atronase e le non fiziese doler la cabeça. Pero desque vido que se yban sus hermanos, començóse a yr con ellos; e quando esto vió el Conde plógole mucho' e mandó fazer sobir sobre vna azémila vna cama muy' buena; e desçendió él mesmo, e tomó el çisne muy' paso e púso lo en la azemila sobre aquella cama. Quando esto vido el çisne, començó a ferir de las alas, commo en manera de alegria, e el Conde mandó al hermytanno que subiese en el azémila con él. E desta guisa cobró el conde Eus-


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taçio todos sus syete fijos, e fuese luego con ellos para Portemisa e mostró los luego a la condesa Isonberta su muger. E ella, quando los vido fué tan alegre que, con poco non saliera de su seso; mas desque vido el çisne e le contaron por qual razon fincara çisne, ouo tamanno pesar que cayó morteçida. E quando acordó, contóle el Conde commo los fallara en aquel lago quel mostrara el hermitano Galiel; e díxol, otrosy, todo lo que le contesçiera con la condesa Ginesa, su madre, e commo habia fecho' en ella aquella justiçia que oystes; e contó le avn todas las otras cosas quel acaesçieran e por que pasara, por cobrar sus fijos. E quando esto oyó la condesa Isonberta, mandó llamar al hermitanno Galiel; e des que le vido fué por besarle los pies, e el alçólos, e besóle las manos. E desy, despidióse della e del Conde, e bendixo a sus criados vno a vno, e tornóse para su hermita.

E entonçe començaron a venir a essa çibdad todos los rycos omnes, e los ynfançones, e todos los otros cavalleros de su tierra que vasallos fuesen del conde Eustaçio: e venian por ver aquellos moços e aquella maravilla e aquel milagro que sonava que Dios fiziera por ellos. E ally fizieron todos con ellos muy grandes alegrías, a maravilla; e ally dió luego el Conde a cada vno de sus fijos, tierras que toviesen dél, e caualleros a mandar que los sirviesen e los guardasen. E estos mozos salieron todos muy buenos caualleros de armas, e conquirió el


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Conde con ellos muy' grand tierra de moros, e acresçentó mucho' en su condado. Mas commo quier que todos los otros eran buenos e muy esforçados en fecho' de armas, el moço que lidió por saluar a su madre, fué el mejor dellos, e era el mayor de cuerpo e el más apuesto, e el que nasçió primero; ca su madre los mandara senalar quales eran los mayores, e qual el menor de todos: e segund las sennales, el que fincara çisne era el menor de todos. E este çisne, desque vido que aquella era su madre, fuéle besar las manos con su pico, e començó a ferir de las alas, e a facer grand alegria, e a sobirle en el regaço, e nunca todo el dia se queria partir della. E era tan bien acostunbrado, que nunca comie sy non quando comie su madre, e non fazia commo otra ave: mas antes, se apartaua commo ome, e nunca se quitaua de los omes, e todo el dia queria estar con ellos, e no le menguaua al para ser omne, sy non la palabra e el cuerpo que non avia de omne; ca tambien avia el entendimiento.

E aquel moço que lidió por su madre, ouo esta graçia de nuestro Sennor Dios sobre todas las otras gracias que El le fiziera: que fuese vençedor de todos los pleytos e de todos los ryeptos que se fiziesen contra duenna que fuese forçada de lo suyo, e reptada commo non debia. E aquel su hermano que fincara çisne, que fuese guiador dél a aquellos lugares, do tales reutos o tales fuerças se fiziesen a las duennas, e a qual quier tierra


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que acaesçiese: e por esto ouo nonbre el cavallero del Çisne, e asy se llamaua por todas las tierras que yva a lidiar, e non le dizen otro nonbre saluo el cavallero del Çisne, pero que ouo otro nonbre quando lo bautizaron; ca le mandara su madre poner nonbre Ponpeo, ça avia asy nonbre su abuelo, padre de su madre. Mas porquel diera Dios esta graçia, le diera aquel çisne, su hermano, por guardador e por guiador; e nunca quiso quel llamasen salvo el cavallero del Çisne. E quando este çisne le lleuaua, leuáualo en vn batel pequenno, e leuáualo en esta guisa: tomavan aquel batel [e leváuanlo] en la mar, que era muy çerca de aquella tierra do avia el condado su padre; e desque era en la mar, atauan al batel vna cadena de plata muy bien fecha, e desy, ponian al çisne vn collar de orofrés al cuello; e atauan el cabo de la cadena al collar, e tomava el cauallero su escudo, e su lança, e su espada, e vn cuerno de marfil a su cuello, e desta guisa le tirava el çisne por la costera de la mar, fasta que llegaua a cualquier de aquellos ryos que corriese por aquellas tierras donde él oviese a lidiar. Des ende yva por el ryo arriba fasta do fuese aquella duenna por quien oviese a lidiar.

E desta guisa lo llevó este çisne fasta la costera de la mar, donde corria el ryo del Ryn en ella: e desy, fueron por el ryo arriba fasta que llegaron a vna çibdad que es en el ynperio de Alemanna, a que dezian Maençia; e ally lidió este cavallero del Çisne con vn duque de Sansonna, a quien


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dezian Rayner, por un reuto que fuera fecho' contra vna duenna que era duquesa, a quien dezian Catalyna, la cual era duquesa de Bullón e de Loarenna: e este reuto fué fecho' por razón que tenia este duque Rayner forçada a esta Duquesa todo su ducado. E esta lid fué cabo aquella çib dad de Maença, antel enperador de Alemanna, e venció e mató este cauallero [a] aquel duque Rayner, porque cobró aquella duquesa Catalyna toda su tierra, segund lo cuenta adelante en esa estoria. E por esta razón dió el Enperador por muger, a este cauallero del Çisne, vna fija que avia esta Duquesa, que dezian Beatriz; e era parienta del Enperador, e casó con ella a tal pleyto que nunca le preguntase cómmo avia nonbre nin de qual tierra era: e este cauallero del Çisne ouo desta Beatriz una fija, a que dixeron Idan. La duquesa Catalyna, des que vido que su fija era casada con aquel cavallero que [la] fiziera aver su tierra, dió los ducados a su fija, e ella metióse monja.

E este cauallero del Çisne fué llamado duque por razón de su muger la duquesa Beatriz, e byuió con ella en los ducados, bien diez e seys annos muy' viçioso, muy a sabor de sy, fasta quel preguntó su muger commo avia nonbre e de qué tierra era. E por esta razon se ouo a partir della; e el çisne vino por él e leuólo desta guisa que lo troxiera, e tornólo donde lo avia traido, e byuió con su padre fasta que morió. E aquella su fija fué casada con el conde de Bolona, que avia nonbre


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Eustaçio. Este conde ouo en esta Idan tres fijos; el primero llamaron Gudufre, el segundo Eustaçio, el tercero Boldouín, que pasaron a tierra de Ultramar; e fué Gudufre, el mayor, rey' de Jerusalem, segund lo cuenta la estoria adelante.


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XXIV.

Quando andaua la era de la Encarnaçion del Sennor de mill e treynta e çinco annos, ovo un rey' en Alemana que fué enperador de Roma, a quien llamavan Otas. Este fué en su tienpo, [omne] de buena verdad e de buena vida, e que fazia en su tierra verdad e justiçia. Mas en el tienpo que era él' ninno, [que] non avia más de veynte annos conplidos, era vn duque en su ynperio, que era sennor de vna tierra que llamauan Bullón e Loarenna, que avia nonbre Bertolot, e casara con vna parienta del Enperador, que avia nonbre Catalyna: e avia la parte della las tierras que llamauan Anybay e Loarena e Barayón, que son muy' rycas e de muy grand poder; mas non avia de aquella Duquesa sy non vna fija, que era muy fermosa a grand maravilla, a que llamauan Beatriz. E aquel Duque, su marido de aquella duenna, mientra visquió, de-


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fendió su tierra muy bien, e de sus vezinos, commo aquel que era buen cauallero de armas e muy esforçado, de grand seso. Mas quando él murió, fincó su muger, la Duquesa, biuda e de grandes dias, con aquella fija donzella. E entonçe, en aquella tierra ya dicha', avia vn duque de Sansona a quien dezian Rayner, e este era muy' poderoso, e de lynaje: asy que, de la tierra que llamauan Bayvera fasta el ryo que ha nonbre Ryn, non avia conde, nin duque, nin alto omne que su pariente non fuese.

E de más de esto, era muy rico de tierras, e de aver; e era muy' mayor de cuerpo grand pieça que otro omne, de guisa que semejaua gigante, e era muy gran cavallero de armas además; asy que, lo vno, por su grandez, lootro, por su orgullo e por su grand poder; lo al, por su grand bondad de armas que sabian que avia en él sobre todos los otros caualleros que en la tierra avia, non osauan lydiar con él quatro caualleros nin entrar con él en el canpo; pero era omne fermoso segund la grandez del. cuerpo, e de buenas maneras en las más cosas. Mas tanto se atrevia en sy mesmo, e en el poder, e en el linaje donde venia, e en la grand mejoria de armas que sentya en sy, que fué tan grande el orgullo que le creçió, que fué vna grand maravilla, porque se ouo a estender a fazer muchar soberuias e muchas fuerças; e syn todo aquesto, era muy cobdiçioso. E por ende, la soberuia e la cobdiçia le fizieron que, quando


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morió aquel duque Bertolot de Bullón e de Loarenna, que ya deximos, cobdiçiando él aquella tierra que le caya a la entrada de Alemanna, que él avia grand sabor de destroyr; ca avia guerra con el Enperador, e esto era contra derecho', ca el Enperador era su sennor natural, mas la grand soberuia con la cobdiçia, le fizieron fazer esto. E quando él vido que nunca fincaua en aquella tierra sennor natural, nin quien la anparase sy non aquella duenna biuda e su fija, pasó con grand gente de barcas el ryo que llaman Ryn, e tomó le la tierra por fuerça e syn derecho', diziendo quel Enperador gela diera, lo qual era mentira. Bien fuera verdad quel Enperador enbiara por él que, veniese a Cortes; e él estando en Cortes, demandól aquella tierra quél avia forçada a aquella duenna, commo en manera de fazer paz con él. E el Enperador non gela quisyera dar, veyendo que era contra derecho': de más que, la duenna era su parienta. Mas consejaron le que gela otorgase, e él otorgó gela commo en poridad, aviendo miedo grande de quél correria la tierra, [e] de otra parte, esperando que avn vernia tienpo que gela tollyera: pero non fué tan en poridad que se non açertaron y, algunos de sus rycos omes e de los sus prelados.


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XXV.

Ese duque Rayner de Sansonna, que vos dezimos, en teniendo forçada desta guisa que vos dezimos esta tierra, esta Duquesa yualo muchas bezes a querellarse al Emperador. E él fazia venir ante sy al Duque, e preguntáuale por qué tenia aquella tierra forçada a aquella duenna; e el Duque dezíale que era suya por derecho', e si alguno tan ardid avia y, o dos o tres, qual quisyesen dezir de non, que él conbateria con ellos e gela lidiaria e les faria dezir que era asy commo él dezia. El Duque era tan dudado e tan reçelado en armas, que ninguno non se osaua atreuer a le responder, nin a tomarse con él, asy commo ya oystes: e por ello perdia la duenna su derecho', e el Emperador non le podia dar la tierra Segund esas costunbres desa sazon, a menos de prouar que era suya, o dar quien lidiase por ella: e la duenna non podia conplir ninguna destas


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doss cosas con miedo del Duque. Otrosy, el Enperador non gela podia fazer aver, pero que savia bien que resçebia muy grand tuerto; mas pero con todo esso, non dexaba la duenna de querellar [lo] al Enperador a todas las grandes fiestas e a todas las Cortes quél fazia, e mostraua gelo ante todos, e avian della grand duelo en sus coraçones; e magüer que algunos que la amavan la consejauan muchas' veces que dexase aquella demanda e que se aviniese con el Duque, e tomase aquello que él le quisyese dar, e que le valdria más que non andar ansy en querrella por todo el mundo, non cobrando derecho', e rescebir y desonrra e pérdida e non otra cosa: e ella, nunca lo quisso fazer, aviendo esperança de la palabra que nuestro Sennor dixo, que El era defendedor de las duennas non podientes, forçadas e deseredadas, e de todos los huérfanos: que los non desanpararia al tienpo de la cuyta. E por ende, ella, que avia esperança en su coraçon, la mayor que ser podia, e venia syempre querrellarlo al Emperador, atendiendo que, pues él, era sennor de la tierra e la devia tener a derecho' e non podia, que nuestro Sennor le guyara avn porque lo pudiese fazer, e ella cobrar lo suyo.

Onde avino asy: que a una Çincuesma fizo Cortes aquel Emperador sobre dicho', en vna çibdad muy antigua que avia nonbre Nimaya [la] grande, que agora llaman Maença; e vinieron y todos los más e los mejores de los altos omnes e de los


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caualleros del enperio de Alemanna, e de Sansonna, e de Bayueta, e de Ostoriza, e de Suaua, e todos los condes e duques, e marqueses, e los omnes onrrados de aquellas tierras. Entre todos vinieron y, el duque Rayner de Sansonna, con bien syete condes, todos de su lynaje, asy commo primos segundos cormanos, e estos eran omnes poderosos e buenos cavalleros de armas: e todos trayan muy' grand cauallería; e demás, muchos' obispos vinieron a aquella corte e abades benditos e frayres, e otros omes de muchas maneras: los vnos, por ver la fiesta grande e los fechos' que se farian, e los otros, por ganar algo; los otros, por aver derecho' de los tuertos que resçebian. Mas entre todos los otros, vino y la duquesa de Bullón, e traxo su fija Beatriz con poca companna muy mal guisada, commo aquella que quanto en el mundo avia despendiera yendo e veniendo a la Corte del Enperador e demandando derecho' e non lo podiendo alcançar; e avia puesto en su coraçon que, sy de aquella vegada non lo alcançase, que non fincase más en aquel syglo ella nin su fija, mas que tomarian horden.

E teniendo ese Enperador Otas de Alymanna, Cortes en esta çibdad de Nimaya, e seyendo y, allegados, todos los altos ommes de su ynperio e todas esas conpannas que y a esas Cortes vinieran tan asonada mente, segund que avedes oydo, avino asy: que aquel dia de Çinquesma, despues quel Enperador oyó la misa, vino se para su palaçio, que era muy grande e muy rica mente la-


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brado, e estaua sobre el ryo del Ryn. E quantos omnes onrrados y avia, fueron y ayuntados delante del Enperador; e vino y el duque Rayner de Sansonna e la duquesa dicha de Bullón, que viniera y otrosy, en la guisa que oystes; e tomó su fija por la mano e vino antel Enperador, e començó a fazer su querrella antél, e a rogarle e pedirle merced a él e a quantos ally eran, que non quisyesen que asy fuese deseredada de lo suyo a tuerto, syn derecho'.

El Duque dezia asy al Enperador: que aquella tierra non la devia aver la duenna, ca él la tenia en su poder e en su tenençia; e demás, quél gela otorgara ante algunos de sus rycos omes e delante su Chançeler, e que por esto fiziera paz de la guerra que entrellos avia; e que de ally adelante non se trabajase y, ca por ninguna manera non averia la tierra sy non por batalla, sy la quisyere aver, o oviese quien la quysiese fazer por ella.


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XXVI.

Sobre estas razones que ovieron la duquesa de Bullón e el duque de Sansonna, antel Enperador e ante su Corte, en la manera que oydo auedes, aviendo el Enperador su Consejo con los altos omnes que y eran, ellos aconsejaron le lo que le avian aconsejado ya otras muchas' vezes: que mandase al Duque que prouase sy tenia con derecho' aquella tierra, o que la duenna diese quien lidiase por ella. E por qual quyer destas dos cosas la avia perdida la duenna; ca el Duque tan dudado e tan temido era, que podiera bien prouar toda cosa que quisyese, tan bien mentira commo verdad. De la otra parte non osaua ninguno lidiar con él: nin avn aquellos caualleros que eran vasallos de la duenna e que tenian tierra della, e dezian que ante la dexarian que entrar con él en canpo. Estando el Enperador e los que con él eran en este acuerdo, para dar el juyzio porque la Duquesa perdiese la tierra,


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pues non avia ninguno que lidiar quisiese por ella, nuestro Sennor, que es muy piadoso contra los forçados, e contra ella e que derecho' e merçed piadosamente demandaua, ovo piedad destas duennas e oyó los sus ruegos dellas, e las sus oraçiones, porque non podiesen por forçamiento de tuerto perder lo que por todos derechos libre y quito devian aver: e fué asy commo agora oyredes.

El Enperador, estando a unas finiestras del su palaçio, sobre el ryo del Ryn, acordando con aquellos omnes honrrados de su Corte, que y antél estauan por dar el juyzio desta razon que era entre el duque de Sansonna e la Duquesa de Bullón; e el Enperador estando coydando en este fecho' cató el ryo arriba, contra la parte de Oriente, e vió venir vn çisne, tan grande commo otros tres poderian ser; e traya vna cadena de plata al cuello con vn collar muy fermoso de oro fres e muy bien fecho', e el çisne tiraua, otrosy, vn batel muy fermoso e muy' bien labrado a maravilla: e en el batel estaua vn cavallero acostado, e tenia cabo sy su escudo e su lança e vna espada muy fermosa e muy rycamente guarnida; e era vestido [de] vn xamete blanco, garnacha e saya, mas non traya manto, e traya colgado al cuello vn cuerno de marfil labrado con oro a leones e con piedras preçiosas muy rycamente; e la cuerda de que colgaua era, otrosy, de oro fres. Aquel cuerno tania el cavallero quando el çisne andava vna vegada me-


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nos que otra; ca luego que oya la boz del cuerno, que era muy clara e muy' sabrosa de oyr, cresçíale el coraçon e andaua dos tanto que ante. E asy vino desde la tierra del conde Eustaçio, su padre, onde moviera por el aperçibimiento de la graçia que nuestro Sennor le ouo otorgado, e fué en ayuda de aquella duenna, giando lo aquel çisne, e leuando lo, desta guisa que dicho avemos, por la costera de la mar fasta do cae el ryo del Ryn en ella: desy, endereçando el ryo arriba comtra la çivdad de Nimaya, do el Enperador era, fasta que llegó so las finiestras del palaçio del Enperador, do él estaua a vn postigo que y avia, que salia al agua.

Toda la gente de la cibdad e començó a correr por ver aquella tan grand maravilla; e el Enperador mesmo, desçendió de aquellas finiestras do estaua con los omes onrrados que con él eran, e quando llegó aquella puerta que salia el agua, falló aquel cauallero que estaua ya en el batel e queria dende salir. Mucho' lo resçibió bien el Enperador quando llegó a él, e con grand alegria, e plugó le mucho' con él; e porque le semejó que avia vergüenna de que non traya manto, tomó el suyo e cobriógelo, e él lo prisó por la mano por sobirlo al palaçio do él estaua; e tornóse el cauallero contra el çisne e díxole: «Vete tu via; a Dios te encomiendo, e cada ora que te oviere menester tráyme mi batel.» E el çisne, luego que aquello oyó, tornóse por aquel logar por do veniera; asy


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que, en poca de ora lo perdieron de vista quantos lo catavan: e desta a ventura quedaron todos muy maravillados. El enperador Otas sobió el cavallero suso consygo al su palacio, e quantos en la corte avia e en la çibdad, yban lo todos ver a muy grand maravilla; e tan fermoso era e de tan buen paresçer, que non semejaua sy non cosa espiritual entre los otros omes. El Enperador lo quisiera asentar par consygo, mas él non quiso sy non asentarse a sus pies: e asaz punnó el Enperador por saber dél cómmo le dezian o de qual tierra era, o de cuál linaje, mas nunca dél pudo saber al, sy non que veniera ally por servir e onrrar a Dios, e a él, e a su Corte.

En quanto él asy estaua, venieron aquellos onmes onrrados que avian a librar el pleyto de la duenna, que ya oystes, e del duque de Sansonna, e dixeron asy al Enperador: que dauan por juyzio que, sy aquella duenna pudiese prouar quel duque de Sansonna le tenia por fuerça la tierra, o non diese quien lidiase por ella, quel Duque la oviese libre e quita para syenpre. Quando la Duquesa oyó este juyzio, fué tan coytada que más non podia ser; ca bien sabia que ninguna destas cosas non podia ella aver la prueva, nin quien lidiase por ella: e por ende, tomó la fija por la mano e fuése con ella al Enperador e fincaron los ynojos antél, llorrando muy' de coraçón; e pedian le merçed por Dios que rogase algund cavallero de su casa que ficiese aquella batalla por ellas. E el Enperador quando esto vió,


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e vió otrosy que tan llorosa mente las duennas mostrauan su querrella e la fazian, ovo muy grand piedat en su coraçon: e començó de llo rrar con muy grand duelo que ovo dellas; ca bien entendia que en su Corte non avia cavallero que aquella batalla por ellas osase fazer; e de la otra parte, sabiendo bien otrosy, que la duenna resçebia muy grand tuerto, e veyendo quél non gelo poderia fazer e hemendar, magüer que era su pariente e Enperador e sennor: ¡tan grande era el miedo que avia al duque de Sansonna! E otrosy, veyendo que la duenna non poderia contra el Duque provar el forçamiento de la tierra, e que por fuerça le convenia afincar deseredada della. E por ende, magüer que en sy grand pesar tomó e muy grand duelo ouo dellas, non les pudo y dar otro consejo, saluo que dixo a la duenna que non se quexase, pues que entendia que, por él nin por otro, non podiera y aver cobro, e que esto, que lo dexase en Dios, que aun El les pornia, ende, consejo, e les daria ayuda e fuerça porque cobrasen lo suyo.

E el cauallero del Çisne que estaua a los piés del Enperador oyendo las querrellas que la duenna e su fija fazian, e las cuytas que mostrauan, e otrosy, el pesar quel Enperador ende avia e lo que deçia contra ellas; entendiendo bien en su coraçon que las duennas resçebian tuerto, leuantóse entonçe, en pié, e dixo asy al Enperador: «que le rogaua e le pedia por merçed que le fiçiese bien entender el pleyto de aquella duen-


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na e lo que dezia; ca segund ella en su razon dezia, syella tamanno tuerto resçebia commo ally mostraua e daba ally a entender, quél tomaua aquella batalla, e lidiaria por ella, e que por aquella mengua non fuese ella deseredada nin padeçiese su derecho', sy lo ella tenia; pero que ante queria bien saber por çierto sy tenia verdad o sy non, ante que la batalla otorgase nin fiçiese jura por ella».

A estas palabras que el cauallero del Çisne dixo, todos los del palaçio se levantaron e venieron corryendo aquel logar, por entender lo quel cauallero del Çisne dezia.


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XXVII.

Quando la Duquesa oyó esto quel cauallero del Çisne dezia, ante que recudiese y ninguna cosa el Enperador, leuantóse ella muy apriesa delante del Enperador do estaua, con su fija por la mano, e fincaron los finojos antél e dexáronse caer a sus piés por besárgelos: mas el cauallero non gelo sufrió, antes tiróse, e fuera, e desy tomólas por las manos e besólas ende. En estas oras, la Duquesa tomó al cavallero por la mano e asentólo a vna parte, e su fija otrosy con ella, llorrando muy' graue de los ojos ella e su fija, e contó al cavallero todo aquello por que pasara con el duque de Sansonna, e en commo le tenia el Duque toda su tierra tomada por fuerça, e que lo sabia el Enperador e su Corte muy bien, a quien lo querrellara ella muchas vezes, e que nunca ende pudiera alcançar derecho', por razon quel Duque era tan fuerte, e tan cruel, e tan po-


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deroso de tierra, e de parientes, e de vasallos, e su grand valentia en que se atrevia, [que] por el Enperador nyn por otro omne del mundo non daua nada, nyn podia lo suyo aver cobro dello.

Díxole commo aquella tierra era suya derechamente, bien del quarto abolorio, de que tenía ella las cartas dellos e sus nonbres escritos en ellas; e que syenpre la toviera[n] e la heredaran derechamente aquellos onde ella venia, e de quien la ella heredara, todos por lyna derecha', del padre al fijo, fasta ella; [e que ella] mesma avia estado en la tenençia, bien quarenta annos syn enbargo, e que el Duque non avia en ella derecho' ninguno nin lo de mandara y nunca, nin lo devia y aver; fueras ende que quando viera que le moriera el marido [e] que fincara ella biuda, e non avia quien gela defendiese nin quien tomase la razon ende contra él, e que entonçe, que fuera e que entrara en ella e gela tomara por fuerça: e que esto era asy, e que por esto bien fiaua ella en la merçed de Dios, e por la verdad que ella tenia, que vençeria e que la soberuia del duque de Sansonna seria destroyda, e que nuestro Sennor, que es derechero' en todo, mostraria y su juyzio de la su sentencia qual es.

E díxole más: que [sy] por la mesura de la su gran bondad, la su grand merçed fuese de él esta batalla querer façer por ellas, que non entendiese que la façia por mugeres de vil linaje, nyn pobres: mas de grand alteça de sangre e de po-


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deres, -commo quier que todos los más altos omnes donde ella venya fuesen ya muertos-, mas por duenas muy' conplidas en todo. E començó luego, y, a contar de su lynaje, asy commo de Areynalte, fijo de Aymonte, que fuera su abuelo, e anbos muy altos e muy poderosos omes; e Gudufre de la grand barba, otrosy, duque de Bullón, que fuera su padre; e el otro Gudufre Boca, que fuera su hermano: e [este su hermano e] ella nasçieran anbos de un vientre; e que todos estos fueran muy' buenos cavalleros de armas, e muy conqueridores de tierras e muy defendedores de lo suyo; asy que, aquel su hermano conquiriera la tierra de Huasbayn e el ducado de Loarenna, e de Sandron, e que avn ella mysma lo heredara dél. E ella que fuera casada con el duque de Mascon, que ouo nonbre Bertolot, que fuera mucho' honrrado omne e que oviera dél aquella fija que ally tenya, que deue ser senora del ducado de Bullon, e que todas las otras tierras devia ella aver por derecho' de parte de su lynaje: e por ende, asy commo él era conplido de toda bondat e de toda mesura, que le rogava e le pedia por Dios e por merçed que non dubdase de tomar aquella batalla, e que él tomase duelo de tamanna fuerça e tamanno tuerto commo ella resçebia; ca bien fiaba ella por Santa Maria, que era acomendadera de todas quantas desanparadas eran e soberuiadas en el gran poder de su fijo, quél vençeria aquel Duque tan sobervioso e que tan

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poco temya a Dios, e a todo el mundo tenya tan en poco.

E en esto dexáronse caer anbas, la madre e la fija a sus piés, llorrando muy fuertemente, e rogándole e pidiéndo le merçed de esta guisa que oydo avédes.


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XXVIII.

Quando la duenna toda su raçon ouo acabada de los pedimientos que fazya al cauallero del Çisne, de las querrellas que le contaua, e le ouo mostrado e contado su linaje e su fazienda toda, segund por la estoria de suso es dicho'; el Enperador que estaua y bien çerca dellos en guisa que oyera bien quanto la duenna dixera, [dixo] que todo era verdad, bien asy commo ella dezia, e que lo sabia él muy' bien que era asy; e avn dixo más: que era su parienta e bien cercana, commo quier que le ella non nonbraua y por pariente. E esto fiziera la duenna por razon quel Enperador non se metiera a la ayudar commo a parienta en aquel fecho'; e por esso no le quiso y nonbrar nin ementar por pariente entre los otros parientes, magüer que era y como desanparada.

El cavallero del Çisne, quando esto ovo en-


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tendido muy' bien e aprendió todo el fecho' commo era, e fué él muy' alegre, e dixo al Enperador en alta boz ante quantos en la corte estauan, que le pedia por merçed e le rogava que toviese aquella duenna a derecho', e que non resçibiese tuerto en tan honrrada Corte commo la suya era; e que de ally adelante queria ser su abogado e razonar su pleyto, e meter y las manos, e lidiar por el derecho' della y de su fija, sy menester fuese, en quantas maneras fallasen por derecho', [e por dar a entender] que la duenna resçebia tuerto, e quel duc de Sausonna le tenya la tierra forçada a syn razon e syn derecho'.

E por dar a entender que se non queria ende tirar afuera de lo que dezia, dió al Enperador la punta del manto, en sennal que llaman en Francia gaje, que quyere tanto dezir commo prenda de non se poder tirar afuera de lo que se obligase de conplir. E luego mostró y nuestro Sennor en sennal de grand milagro, ca a la ora que él esto ouo dicho', luego y, le fueron fiadores para fazer la batalla cuatro duques e syete condes, magüer quél era estranno e lo non conosçian nin sabian quyén era nin de qual tierra.


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XXIX.

Rayner, el duc de Sansonna, que estaua en cabo del palaçio en quanto estas razones antel Enperador auia, quando oyó contar las palabras que el [cauallero del Çisne auia dicho, e sopo en commo avia dado gaje para lidiar] con él, ouo tan grand pesar, e tan grand sanna tomó en sy, que por poco non perdió el seso; e vino mucho' ayna ally do estaua el Enperador, e començó a fablar asy commo brauo e follón e desacordado.

E dixo asy a altas bozes que todos los de las Cortes lo oyan: «¡Entended mi razon! Esta tierra sobre que esta duenna [que] aquí está me mueve este pleyto, e aquí [me trae por ella, y por quien este cauallero] responde e dize quél lidiará conmigo por ella en esta razon, si menester fuese, digo yo que la tierra es mia quitamente, syn otro apartamiento ninguno aver en ella, y, conmigo. duenna, nin cauallero, nin otro omne del mundo. E yo la tengo en mi tenençia e en mi poder, tiempo ha, por tal e de esta guisa que dicho' he.


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E sobre esto nos avenimos e faziemos paz de la guerra que entre nos era, e esto saben muy bien el obispo don Rainer, de Colona, e el duque de Lenhrot, e el obispo de Spira, su Chanceller. E demás, teniendo yo entrada la tierra en mi poder, commo la tengo, e estando en ella apoderado commo estó, digo que me non quiero desapoderar nin la dexar por razon ninguna; ante digo que la duenna la ha perdido para syenpre, e desde aquí [adelante] faga y quanto fazer pudiere ella e quantas ayudas podiere aver. E avn quiérolo y fablar más altamente e con mayor sobervia: que avn que Dios, e el Enperador e quanto poder él puede aver, que pune[n] y en la ayudar quanto podieren por que ella cobre su tierra. E de más, bien entendédes, quantos aqui sódes, que yo non puedo aqui aver premia nin fuerça por entrar en juyzio nin fazer batalla por mi, sy yo non quysyere, en esta razon: ca yo, sy quysyere, somos aqui diez mil cavalleros de mi linaje e de mi sangre, e de una naturaleza que non ha tal dellos que non punase en crezer mi onrra, e en meter el cuerpo por la levar adelante quanto podiese; asy que, cada vno dellos cada que mi voluntad fuese de dar guerra al Enperador, que ay seya, non le convenia de mucho dormir nin de yantar en paz: pues de lo que presente paresçe, esto muy ligero era de librar sy a vos ploguiese.

Mas, porque entiendan la locura de aquel cavallero que se entendió a lidiar por esta de man-


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da comigo, a lo que trae el seso malo, e la osadia nesçia en que se entre metió, e otrosy, porque en mí vean que no puede ser fallada covardía contra ningud cauallero que, sy me a batalla remediese en tal razon commo esta, nin en otra ninguna; pero que me honrra ninguna non cae, mas toda deshonrra en entrar con vn tal cauallero en campo, yo le otorgo la batalla a que se me igualó, e dó mi gaje al Enperador, aqui, para fazerla. Pero a tal pleyto: que pues que la duenna a [mi] tanto afinca, e se me el cavallero asy atreve a entrar en canpo comigo, que si yo a él matare o lo vençiere, pues yo el mi cuerpo pongo e me someto a la batalla con vn tal cauallero commo este es, sobre lo que yo tengo en mi poder e más mio, que quemen a la duenna e a su fija: ca otra mente non puede ser en ninguna guisa.

E avn más digo; sy aquí, en la Corte, ay alguno que le quiera ayudar en esta batalla, yo gelo dó por ayuda, e verán la locura de los atrevidos cómmo la sé escarmentar: ca en bannos de la su sangre lo[s] faria fincar en tal guisa enbueltos, antes que de las mys manos partan, que quantos otros lo vieren e oyeren, ende, tomen espanto e escarmyento tal, por que ninguno otro omne del mundo non sea atreuido nin osado atreuerse a ygualar comigo en fecho' de armas, nin contra otro alto omne ninguno que sopiese que tan grand mejoria ha dellos commo yo contra él e contra todo cauallero he, e que nunca tal grandía de palabras sea dicha' por tan grand Corte,


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de tal omne, [nin] de ninguno otro esso mesmo, nin tan bueno commo él nin como yo; esso mesmo contra quien se ygualare en ningud tiendo en tal guisa nin en otra ygualança de la mi honrra, otrosy, contra mí, nin contra quien mejor fuere e más valerie e más podiere que él».

El cavallero del Çisne, que non avia mucho sabor de entençiar de palabras con el Duc, dixo le asy: «Duque de Sansonna, dexad agora estas amenazas; ca non ha tan couarde cauallero en el mundo, que non se punne en defender su cuerpo quando en tal lugar [fuere], nin otro omne ninguno: e yo non quiero entençiar con vusco en tal razon por que dize el proberuio antiguo que «tal amenaza, que ha miedo»: e vos, quando fuérdes en el fecho' farédes vuestro poder, e el de la parte de las duennas defenderá su fecho' de la guisa que Dios le ayudare. Mas a lo que dezides. que otra mente non puede ser la batalla fueras a pleito que, sy vos vençiérdes o matárdes a mi, que maten a las duennas otrosy por ende, esto non seria derecho': perder lo suyo e en cabo morir por ello». Ally respondió el Duque: «mas ¿es suyo? E que sy esto non querian fazer que lo demandasen por do podiesen de ally adelante.»

E el cavallero del Çisne, veyendo el grand poder del Duque, entendió que la Duquesa tenia malparado su pleyto sy a talante dél non se fiziese todo, e que poderya por esta razon desmanarse la lid de la non querer fazer el Duque, pues sobre tal fecho' non fuese, e que se le poderia


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parar su pleyto peor despues de quanto lo ella entonçe tenia, e que poderia perder la tierra para syenpre: e otrosy, atreuiendo se en la merçed de Dios, que es juez derechero', e esforçando se en los tuertos que el Duque, vno sobre otro avia fecho', e que aquel le conprehenderia en alguna guysa, dixo él al Duque que, commo quier que tuerto fuese, pero por conplir su talante e dar a entender que avia sabor de se llegar a derecho en quantas guisas quisyese él, e que él lo otorgaua por las duenas cuyo abogado era, para tal [pleyto], otrosy: que commo las duenas metian sus cuerpos a este peligro tan grande, sobre la otra fuerça que de la tierra resçebian, e otrosy que, aquellos quél diese por fiadores para fazer la batalla e entregar la tierra a las duenas sy él muerto o vençido fuese, e que otrosy, commo sobre ellas ponia pena tan syn razon, que fuesen otrosy muertos aquellos fiadores que él para conplir esto diese; ca non seria bien de ser esta pena tan desegualadamente partirse de la vna parte e non de la otra, mas por que fuese por anbas las partes comunal mente. E a lo que le dixiera, que sy avia alguno y, en la Corte, que le quisyese ayudar a entrar con él en el canpo, que gelo daua él por ayuda, a esto, digo que non quiero contra vos otra ayuda fueras la de Dios e la verdat que la duenna tiene; e que con estas dos fiaua él, por la su merçed, quel dia de la lid, antes quel sol se pusyese, averian grand pauor los que por él en esta fiadoría entrasen.


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XXX.

Quando el duque de Sansonna oyó esto quel cauallero del Çisne dezia, tanto dió a entender que lo tenia [en poco, e que tenia] a desonrra la ayuda quél desdennara, e todas las otras razones que dichas son quel dixiera, que asy commo en muy' grand desden e mostrando muy' grad orgullo, a manera de sanna e de ryso, commo en manera de escarnio, boluió la cabeça muy desdennosa mente contra el cauallero, [e] dixo le: «Sennor, yo otorgo eso que pedídes, e que sea asy commo vos dezides». Desy, leuantóse contra los suyos e dixo les que lo otorgasen; e ellos, enbueltos en la soberbia e en la vanidad del Duque, teniendo que non tan sola mente contra vn cavallero, mas sy fuesen veynte, vno a otro o dos a dos, que non podieran endurar la fuerça del Duque nin punto. [quanto] más aquel vno solo de que non fazian cuenta que sol un punto le durase; e en el es-


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fuerço desta su grand fuerça, otorgáronlo todos, e que escogiese dellos los que quisyese para fazer la batalla e entregar la tierra e se parar a la pena, sy menester fuese.

E el pleyto fue afirmado de amas las partes desta guisa: que sy el Duque matase o vençiese al cauallero, que matasen a la duenna e a su fija e que el Duque oviese la tierra libre e quita; e sy el cauallero matase o vençiese al Duque, que la duenna e su fija fuesen entregadas de la tierra e que la obiesen quita e libre; e otrosy, los quel Enperador escogiese de parte del Duque para fazer esta fiadoría e [la] conplir, que fue[sen] muertos. Afirmado e puesto de amas las partes segud por la estoria es dicho', el Duque fué luego e dió vna lua, que tenia en la mano, en sennal de su guaje, [a] el Enperador: e los fiadores fueron y, luego, prestos para fazer conplir aquella batalla e lo que fué puesto: e destos fueron escogidos treynta de los mejores e más honrrados parientes del Duque, que el Duque y avia, quales el Enperador por sy escogió.

Mas el Enperador, a que plazia mucho' que la cosa veniese a derecho', e lo avia mucho' a voluntad, desque ovo tomado los gaies e los fiadores para fazer la batalla e para conplir todas las otras cosas que fuesen puestas, so las condiçiones que dichas' son e segud sobre dichas son, escogió luego, otro sy, treynta e quatro omnes honrrados de los más ançianos e más sabidores de tal fecho' que en la su Corte avia: estos


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todos de muy' altos omes, asy commo duques e condes e omnes de alta guisa, e mandó los entrar en vna quadra muy noble, qual vos adelante diremos, do oviesen su Consejo e otorgasen hordenamiento de aquesta lid: en qual guisa [avia de ser fecha', o quales armas] avia de meter cada vno.


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XXXI.

Aquella quadra de que vos dezimos, do el Enperador mandó entrar aquellos omnes honrrados en fecho' de los lidiadores sobre dichos, do avian [de] ordenar [aquesta lid,] era fecha' desta guissa: ella estaua so vna torre [muy grande e muy fuerte e muy alta] a gran maravilla, do tenia el Enperador su thesoro. E la quadra era ochauada, ca era tan grande que avia en cada quadra doze braças: e eran y pintadas muchas estorias, asy commo la de Troya e de Alexandre e de otras muchas de los grandes fechos' que avenieran en los tienpos que eran pasados; e esto todo era bien fecho' a grand maravilla con letras de oro e con azul de suso, que mostrava cada estoria por sy, qual era e de qual fecho'.

En la vna parte de la quadra avia veynte e quatro syllas muy' ricamente labradas e a grand nobleza, e delante las syllas estaua una ymajen,


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que era metida en vn tabernáculo de marfil, pin tado con oro e con plata, entretallado [de obra muy sotil e muy estranna; e la ymajen era toda de plata, e] la mas sotil cosa que nunca omne vió, e era fecha' en fegura de rey que está asentado en su sylla, e vna corona de oro con piedras presçiosas e maravillosa mente fecha' en su cabeça; e la mano syniestra tenya en cuerdas del manto, e la diestra tenia tendida commo en manera que quiere judgar o fazer demanda de alguna cosa. E era dorada muy rica mente en logares do convenia, e en las gretaduras de las feguras que en los pannos avia, e en la cola del manto, e de todas las otras cosas, con muchas piedras presçiosas que eran y engastonadas, de que avian grand resplandor: asy que, paresçia muy noble mente. Esta ymagen ovieron fecha' los sabios antigos por tal arte que, quando alguno de los veynte e quatro omnes que estauan en las syllas judgaban derecho', tendia la ymajen el braço en sennal de otorgamiento; e quando judgauan tuerto, encogíalo en sennal que non otorgaua: e, por ende, todos los grandes pleytos que acaesçian en aquella tierra e en otras de muy' luenne ally los venian a judgar. E duró esto asy fasta el tienpo de vn enperador que ovo y, que fué el quarto despues deste que dezimos que a esa sazón que este fecho' acaesçió era, que la mandó desfazer con muy' grand mengua de aver que ouo; donde avino muy grand mal e muy grand danno a toda

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aquella tierra e a otras muchas que se aprovechavan de la su virtud.

En aquella quadra fueron ayuntados aquellos veynte e quatro omnes quel Enperador mandó escoger para acordar e librar este pleyto de que primero fablamos. E el que primero fabló fué el duque de Lenbroc, que era omne mucho' ançiano e de grand seso, e era muy' buen cauallero de armas, e dixo asy: «Senores, este fecho' en que estádes, es muy' grande; ca el duque de Sansonna es muy' fuerte e muy' orgulloso e muy brauo, syn mesura, e fizo en esta tierra muchos males e muchos dannos por soberuia e por su grand braueza. E del Enperador mesmo los buscó e los fizo, e avn a todos los otros vezinos de la tierra; e bien sabédes que non ha aqui, tal de nos, a quien él tuerto algo o algunos males muchos' non auia fechos', [e] desonrra a desonrras grandes. E de mí que aquí estó, vos digo que la resçebi dél muy grande: ca pasando vna vez el vado de Sant Frorente, non me guardando dél nin teniendo querrella que de mi deviese aver, recudió comigo e derrybóme del cauallo, e ferióme muy' mal en el cuerpo, e nunca, ende, me quiso fazer emienda nin derecho': por que sy me él oy diese a Bolona por heredad, non poderia dél perder querrella nin lo amar en mi coraçon. Mas quanto esto finque; agora non estamos en sazon de lo [ver, mas por lo] que aqui venimos; e veyamos por lo que aquí [nos] ayuntamos, e dexemos todo lo al.


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Bien sabédes todos, que esto non es poridad, sy non [cosa paladina, el] tan grad tuerto e tan grand fuerza [commo] aquella duenna de Bullón resçibe dél, e de commo le tiene forzada la tierra syn derecho' e syn razón; ca non ha aquí tal de nos que, non sepa que ella e su fija son heredadas de Bullón e de la otra tierra que les él tiene e ovo tomada por fuerça; e sabemos que muchas veces ha querrellado esta Duquesa esta fuerça que resçibe al Enperador, e que nunca pudo aver ende derecho', e lo querrelló, otrosy, a todos quantos en la Corte son, a todos todavia, e nunca le pudo valer ninguna cosa: mas tanto le ayudamos ya todos, que valemos menos todos por ello. E sy quier por esto, señaladamente en non consejar al Enperador aquello por que más derecho' podiese fazer y más, pues quel entendimiento deste fecho' nos fizo aqui ayuntar e juramos que le dixiésemos verdad, e que le aconsejásemos derechamente en lo que oviese de fazer, ternia yo por bien que, primeramente nos prometiese él a nos e nos otorgase que, aquello que le nos consejamos e fallásemos derecho' que y fazer deviese, que fuese firme, e que non se trabajase despues dello: e esto que nos lo jure ante.»

E todos tovieron esto por buen consejo; e sobre esto fueron al Enperador e mostrárongelo asy, [e él otorgó gelo e] jurólo de aquella guisa. Desy tornáronse sobre esto a su Consejo e asentáronse en sus syllas; e este mismo duque de Lenbrot, que en el comienço asy fablara, començó, otrosy, de


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cabo su razon e dixo asy contra los otros sus conpanneros: «Amygos: sy vos entendédes que es derecho' e razon, a mí semejaria que seria bien, segund mi entendimiento, que la lid destos dos caualleros que fuese desta guisa: que los metamos anbos en el canpo, segud es vsso e costunbre e fuero de fijos dalgo e de omnes de alta guisa commo estos son, armados los cuerpos muy bien de todas las armas, e sobre muy' buenos caballos armados, otrosy, muy bien, ca non entiendo que seria guisado de tales omnes lidiar a pié e esgremyr despada e de roala; e desque fuesen metidos en el canpo, e los fieles que los oviesen de guardar con ellos, Dios, que es derechero juez, aténgase en la verdad. Mas por la razon quel duque de Sansonna es tan poderoso commo sabédes, e tiene aquy tan grand poder de parientes e de vasallos, e tan grand pieça de duques e de omnes onrados e de condes de su parte, ha menester que todos los que fueran de parte del Enperador e de nos e de toda la gente de la çibdad, que salgan armados, de cavallo e de pié, a guardar el canpo: porque sy los de parte del Duque han lo peor de la batalla, lo que por ventura puede ser, sy se acaesçiere [que se quisyeren] alboroçar a fazer alguna cosa por lo acorrer, o por lo alongar o bengar sy muerto fuese, que esta gente armada que gelo no consyentan.

E más: que mandemos apregonar que ninguno de su conpanna que arma sacare fuera, en el campo, que en él muera por ello; e más: que


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todos los caualleros de parte del Duque, que fagan omenaje al Enperador que ninguno non se renueua ni se alboroçe de fazer al, sy ventura fuere del Duque de morir o de ser vençido: e más: los que fuesen fiadores para fazer la batalla o se allegaren de parte del Duque, que sy el Duque muerto o vençido fuere, que a ellos, otrosy, que los maten, e que sean metidos en poder del Enperador e en su prisyon, asy commo en rahenes; e sy sueltos fincasen tales omes, el Duque muerto o vençido seyendo, serleya muy graue al Enperador e despues a los prender por aquello. E el Duque, moriendo o seyendo vençido, que por ninguna manera del mundo ellos non escapen a vida, por aver que pueda y ser dado por ellos, nin por pleyto que pueda otrosy [ser] fecho' nin traydo: lo vno, por ques derecho' e razon que, pues las duennas deven morir e el su li[di]ador moriendo o seyendo vençido, que mueran ellos otrosy, sy lo el suyo fuere e a ello son obligados; lo al, por que son tales omnes e tan poderosos e tantos, que sy el Duque muerto fuere e ellos e escaparen, que pueden dar al Enperador tanta guerra, e fazer tanto mal a la tierra después, con la muy grand crueza e desconosçimiento e mala verdad que en ellos todos ha e ovo syenpre, que poderia[n] traer la tierra a tal peligro a que nos non poderíamos dar consejo: e que asy, non fallaua que en ninguna guisa deviesen escapar, e sy escapasen, que non poderia ser que grand danno de la tierra non fuese. Mas

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que la justiçia fuese fecha' ygual mente e syn vandería en qualquier de las partes que se deviese fazer, sy en las duennas, sy en los rahenes, en ellos otrosy; e quel derecho' de amas las partes fuese bien e ygual mente de la vna parte e de la otra guardado, commo quier que bien sabia, e era çierto, quel Duque tenia tuerto en aquella razon e en otras muchas'; mas pues el fecho' en juyzio estaua e ellos eran ende juezes, que hordenasen e mandasen lo que entendiesen que derecho' era, e Dios fiziere y lo suyo: pero segund sabia e viera en muchos' logares de los juyzios de Dios en commo se mostrauan en tales fechos', e segund sabia del tuerto quel Duque a las duennas tenia, que non dubdaua quel cavallero que lidiaua por las duennas non vençiese, e sy quier bien paresçia en la su venida e de la guisa que vino e aquel tiempo, que viniera y sy non por mandado de Dios e por el su miraglo, que lo traxiera [a] aquel punto sennalado, por destroyr el tuerto e la soberuia de aquel Duque tan atrevido en todo mal. E por ende, ha menester que sy el Duque moriese o veniere a vençimiento, que por guisa que en el mundo sea, los rahenes non escapen; que non seria menester el fuego e el mal que dellos, por ende, en la tierra vernia, por cosa que en el mundo ser pudiese».

Quando el duque de Lenbrot ovo dicho, todos los que ally estauan se otorgaron a ello, e que dixiera bien: e la ymajen misma tendió la mano contra él en sennal de otorgamiento.


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XXXII.

En aquel Consejo avia vn conde, que era sennor del condado de Namur, que avia nonbre Ançelines, e era omne de buen entendimiento; mas enpero tanto tenia e reçelaua al duque de Sansonna, quel grand temor que le avia vençió al seso. E quando el duque de Lembrot ovo acabada su razon, començó él la suya, e dixo asy: «Sennores, el Duque ha dicho' muy' bien segund el su entendimiento e lo que poderia ser; mas sy vos creer me quisyésedes, segund lo que yo he entendido de otra guisa tengo que se devia fazer, e seria lo mejor, en este fecho', de commo el Duque ha dicho'; ca faziendo se, veo grandes peligros e muchos e de grandes maneras; lo vno, porquel Duque de Sansonna es tan poderoso omne, commo todos sabédes, de tierra e de aver e de cauallería; asy que, aquy dentro, en esta çibdad, tiene oy consigo entre parientes e ami-


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gos e vasallos, de diez mill cavalleros arriba, quesy cras quisyese, echaria de aquy al Enperador o le faria perder la más de la tierra que ha.

E de la otra parte, otrosy, lo al es muy grand peligro, por que el duque de Sansonna es vno de los mejores e más fuertes e más rezios cavalleros que son en todo el mundo, e de mayores fechos', e más acabado e que más aya acabado. Este otro cavallero que traxo el çisne, veo que es muy mançebo e muy ninno, e non semeja que muy' afortalezado sea en fecho' de armas, nin que en grandes afruentas se aya podido ver, nin vimos nin oymos de ninguna guerra [que aya] fecho', nin de otro quél en ninguna tierra fiziese; e pore nde, me semeja a mí que seria cosa muy' syn guisa de meter los asy a vno por otro, anbos a dos, en el canpo; ca muy grand maravilla de Dios e de muy' grand su milagro poderia ser, sy este cavallero del Çisne, que tan mançebo es, vençiese al duque de Sansonna. E avn otro peligro entiendo en esta lid: que por ventura el cauallero fuese muerto o vençido: todo el danno tornaria sobre nos, ca la culpa a nos la tornaria el Duque porque judgáramos que lidiasen de aquella guisa, [a] egualança vno por otro, e asy lo ternia a grand desonrra e a nos lo queria acalonnar despues. E a, commo yo creo, leuantarse nos ha y grand danno de aquello que agora estamos en paz: e al Enperador mesmo se le poderia y leuantar tan grande, porque poderia perder lo


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más de su tierra, segund el poder quel Duque ha. E otrossy, vos digo que sy el Duque fuese muerto, todo su lynaje nos queria syenpre mal, e despues nos lo buscarian por quantas maneras podiesen, e por ende, ternia yo que seria bien que aquellos treynta cavalleros que son escogidos para entrar en las arrahenes por el Duque, magüer el Duque fuese vençido o muerto, que ellos non moriesen por ende, e que fuesen quitos por alguna buena pleytesía que oviesen con el Enperador. Esta es la mejor carrera que yo y entiendo e veo, para ser todo el fecho' de todas partes más syn pelygro.»

Quando esto ovo dicho' el conde de Namur, callaron todos los que ay estauan; mas la ymagen esas oras encogió el braço, en de mostrança que non lo otorgaua.


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XXXIII.

Vn duque de Loarena era y a esta fabla, a quien llamauan Symon, e era omne mucho' honrrado e de grand seso e de buena vida e muy buen cauallero de armas. E quando vió quel conde de Namur ovo dicha' su razon, començó él la suya e dixo: «Sennores, ruego vos por mesura que me oyádes. El conde Namur ha dicho' lo que entiende que poderia acaesçer de este fecho, pero yo non lo entiendo desa guisa nin me otorgo a ello, commo quier que bueno es segund la manera del entendimiento en que lo él tomó; ca poderia, ende, venir muy grand danno desta guisa se faziendo quél lo ha dicho', e dezir vos he, commo bien sabédes todos, el muy grand mal que el duque de Sansona ha fecho' en toda esta tierra, despues que tomó el ducado de Bullón e echó ende a la duquesa Catalyna por fuerça; ca villa nin castillo sobre que el se echaua non le podia


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durar que lo non quebrantase e le non prendiese por el gran poder que ha. E otrosy, sabédes quantos monesterios e abadias ha destroydas, e robado e quemado muchas yglesias, e quantas gentes ha muertas en fazer todo esto; pero avn con todo esso, avn non lo tiene él en nada, nin que cosa fizo en que a Dios oviese asanado.

E por ende, es bien en todoque lydien asy commo dixo el duque de Elenbrot, [ca] bien creo yo e tengo por çierto, que la venida deste cavallero non ha seydo sy non por juyzio de Dios, que enbia a quebrantar el brauo e cruel deste Duque; ca, sy quier bien dió a entender la ymagen en la razon que dixo el duque de Elenbrot, que dezia a derecho' e que plazia a Dios: ca luego tendió la mano, en sennal que lo otorgaua, e a lo que dixo el conde Namur luego la encogió, [faziendo] asy, ende, mostrança que lo non otorgava nin le plazia. E por ende digo que, pues sennal es ya que plaze a Dios, e que es derecho' lo que dixo el duque de Elenbrot, que deue todo ser asy de aquella guisa que él dixo, e yo asy lo otorgo en quanto mio poder es: e desde aquí dezid cada vno de nos lo que vos plaze, e entendiérdes que es bien.»


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XXXIV.

Quando el duque de Loarena ovo acabada su razon, aquellos doce pares que eran y. por judgadores e libradores desta contienda, fablaron todos en el fecho' e ovieron muchas' porfias. Pero al cabo acordaron todos en lo que dixiera el duque Symon de Loarenna, segund que lo ovo de partido el duque de Lenbrot en comienço de su razon, e otorgaron todos aquello. E otrosy, la ymajen tendió otra vez la mano otorgando lo, segund manera de la muestra que fazia, e la su costumbre era. Entonçes judgaron esos doze pares que lidiasen de cavallo anbos essos dos cavalleros dichos', el duque de Sansonna, e el cavallero del Çisne, armados de todas armas, ellos e sus cauallos, e que firmauan el pleyto en tal guisa: que las rahenes sobre dichas' de parte del Duque, que fueran antepuestas en poder del Enperador e en su prisyon ante que los cavalleros en-


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trasen en el canpo: e la duquesa de Bullón e su fija, otrosy, puestas en recabdo, en tal manera que sy el Duque vençiese al cauallero o lo matase, que la duenna e su fija fuesen quemadas, e la tierra oviese el duque de Sansonna para syenpre; e sy el cauallero matase al Duque, o lo vençiese, que los treynta caualleros de las arrahenes del Duque, fuesen todos muertos e non escapase ninguno, nin lo consentiesen al Enperador que ninguno quitase esto sobre el pleyto e la jura que fiziera; e que entregasen la tierra a las duennas, e la oviesen libre e quita, commo devia ser, syn ningud embargo; e los de parte del Duque que fiziesen omenajen e segurança al Enperador, que ninguno de su companna que [fuera al canpo e] arma sacase, que moriese por ello. E todas las cosas, segund dicho' es, desque [el duque] de Elenbrot ovo fablado que era bien que fuese, todos ellos lo otorgaron, mandando e judgando e dando por sentençia que se fiziese e se conpliese en todo asy: e de aquella guisa que lo él ovo dado por consejo, a ello fueron todos pagados.

Quando esto ovieron acordado e judgado sobre ello, fuéronse para el Enperador e dixeron le lo que avian acordado e confirmado ya; e él, otro sy, otorgólo e touo lo por bien. E luego el Enperador mandó llamar las partes ante sy, e fízoles el pleyto afirmar, por que non se pudiesen quitar afuera; e puso la lid para otro dia lunes de mannana, que era otro dia de Çinquesma. E el duque de Sansonna ovo muy' buen cauallo e muy buenas


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armas de suyo, que se él syenpre traya consygo, lo mejor e más conplida mente que ninguno de todos los altos omnes que en toda la tierra avia. Mas el cauallero del Çisne, que las non traxera, armóle el Enperador de todas las armas que ovo menester, fuera de escudo e de lança que se traya él, ca esto non quiso canbiar por otras ningunas; e dióle el su cauallo, que avia nonbre Prorin, que era el mejor que sabian en ninguna tierra. E esa noche' tovieron anbos los caualleros vegilia en la mayor yglesia de la villa, e el vno al altar de Sant' Ramiro, e el otro al de Sant' Pedro. E otro dia oyeron misa, e ofresçieron amos sus ofrendas muy grandes e muy'rycas; e después armáronse muy bien, e sobieron en sus cauallos e fueron al canpo a donde avian a lidiar, que era en vnos prados muy' grandes e muy' llanos que estauan so las finiestras del palaçio del Enperador, que era çerca del ryo. Pero ante que entrasen en el canpo juró cada vno dellos, el vno que demandaua derecho', e el otro que defendia verdat: mas non era asy, que el duque de Sansonna tenia muy' grand tuerto, asy commo Dios lo mostró aquel dia.

El Enperador dió luego doze de los mejores omes e más onrrados que eran en toda su Corte, que fuesen fieles de aquella lid, e fizo armar quinientos cavalleros que guardasen el canpo e la raya; e todos los otros, otrosy, estauan aperçebidos con sus espadas a los cuellos, e con sus cavallos e sus armas aprestados, quantos de la


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parte del Enperador eran, porque sy los otros quisyesen reboluer para ayudar al Duque, que non gelo consyntiesen; e a toda la gente menuda de la çibdad mandó, otrosy, estar aperçebida con todas sus armas. E fizo, luego, [a] los treynta que fiaron la lid del Duque venir ante ssy, e fízolos meter en vna torre muy fuerte de su alcázar e guardólos muy' bien; e a la duquesa Catalina tomaron la pieça de duques e de condes e desos onrrados omnes que en la Corte eran, que fiaran al cavallero del Çisne para fazer la batalla, e fiáronla e tomáronla sobre sy a ella e a su fija.

E desque todo esto ovo fecho' e ordenado, mandó apregonar que ninguno que de parte del duc de Sansonna fuese, que arma sacase en el canpo nyn muestra fiziese de alboroço ninguno, que moriese por ello; e que ninguno non fuese osado de fablar sin de dezir ninguna cosa porque se podiese oyr nin entender, non fiziesen sennal de muestra contra ellos nin contra otros, por palabra nin por ninguna sennal otra que pudiese ser fecha', e sy non que perderian las cabeças; mas que todos estoviesen muy' quedos e muy callados e que oyesen. E esto fecho', metiéronlos en el canpo e los fieles con ellos: e desque dentro fueron, el cavallero del Çisne desç[end]ió de su cavallo, e tendió los braços en cruz e echóse en el suelo, e fizo su oraçion contra Dios lo mejor que pudo; e eso mismo fizo despues el Duque.

Desy, leuántaronse e sobieron en sus cauallos; e


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ante que se alongasen para se ir a ferir, el cauallero del Çisne dixo asy al Duc: «Sennor, sennor Duc de Sansonna, ruego vos por amor [de] Ihu Xpo. e por mesura e por bondad de vos, que dédes a quella duenna su tierra; ca bien sabédes que por fuerça gela tollistes, asy commo el Enperador e quantos omnes honrrados son aquy con él, lo afirman e dizen que es verdad, e lo saben bien, que a syn raçon e sin derecho gela tenédes, e non gela tomastes sy non de que su marido fué muerto e que non avia quien la anparase; e por ende faríades bien de guardar e de dexar esta batalla.»

Quando esto oyó el Duc ouo gran sanna, e respondió asy commo en escarnio, o díxole asy: «Varon, seméjame son esas palabras de monje o de omne que quiere pedricar; e pues asy es, bien debíades ante [yr] a dezir vuestras misas [a] algunas mongias que entrar comigo en este campo, donde vos cuydo tal parar ante que la ora de las bisperas sea, que querríades ante ser en cabo del mundo o ally donde venistes, que sofrir lo que vos yo faré.»

Quando el cauallero del Çisne esto oyó, bien entendió que en el cauallero non fallaria paz nin buena respuesta; e luego, firió el cauallo de las espuelas e alongóse dél para venirlo ferir, e el Duc fizo esso mesmo. Ally estaua muy grand gente asonada para ver la lid de los dos cavalleros: e el Enperador mesmo estava a las finiestra del su palaçio con todos los onrrados omnes que


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con él eran; e todo el otro pueblo, e la gen te menuda estauan por los sonbrados e por los muros e por las baruacanas, e por derredor del canpo do lidiauan; ca tanta era, que para todo avia asaz. E estaban catando commo farian aquellos dos caualleros, o a que çima vernia aquella lid; mas mucho' reçelaua[n] todos la grandeza e la fortaleza del Duque de commo paresçia con la de su conpannero. Pero esforçaua los, otro sy, que veyan al otro andar muy' abiuado e muy' presto para yr cometer al Duc, e caualgaua mucho' apuesto e de buen continente, de guisa que todos avian plazer de la su vista; ca sabia muy bien apersonarse e conponerse con sus armas. E otrosy, los esforçaua que bien sabian bien que entraua con verdad; e asy, rogavan todos a Dios que vençiese. Mas ante que se firiesen, el Duc començó a yr muy' paso contra el cauallero, e el cauallero lo atendió e non quiso mouer contra él; ca bien entendió que alguna cosa le queria dezir.

E el Duc, desque fué çerca dél, díxole asy: que le rogaba por Dios e por la cristiandat que resçibiera que dexase de demandar aquella tierra, que era suya, e que non quisyese ser muerto o vençido por lo ageno e por lo en que non avia nada, e que faria bien e de su pro: e [sy] esto non queria fazer, que le dezia que antes que se les pusyese el sol, lo mataria o lo vençeria, a muy grand desonrra de sy, e de la duenna por cuya boz ally entrara. E el cauallero del Çisne, quando esto oyó, resóndiole commo omne muy syn


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miedo e commo quien lo tenia en poco, e díxo le asy: que mentia commo desleal, e él era el que moriria;, e él seria el que vençeria e lo mataria a él, ca él demandaua verdad e derecho'; e pues asy era, que non andudiese a fablillas, mas que librasen lo porque ally eran entrados: ca por la su deslealtad tan grande que fazia a quella duenna, le faria él ante de hora de nona yazer muerto en aquel canpo o vençido o perjuro de la jura falsa que feziera, o lo echaria del canpo por aleuoso.

E entonçes, con muy' grand sana arrédranse el vno del otro lo más que pudieron, e dexaron se vno a otro venir muy' rezios, quanto los cauallos los podian leuar; asy que, todo omne entenderia bien en ellos por la su venida que se desamaban muy' de coraçon, e fuéronse a ferir, e diéronse tan grandes golpes de las lanças, que se falsaron los escudos, e fueran muertos amos sy non por las lorigas, que eran muy fuertes; pero las lanças quebraron en ellos; e de commo venian los cauallos muy rezios, toparon en vna los caualleros, de las cabeças e de los cuerpos tan fieramente, que cayeron los caualleros en tierra, e yoguieron estordidos vna muy grad pieça; asy que, quantos ally estauan cuydaron que eran muertos, commo aquellos que non bollyan pié nin mano nin cabeça, asy quel Enperador e todos los omes honrrados que y estauan, avian ende muy grand duelo. E aquellos doze caualleros que eran fieles del canpo, vinieron luego a ellos, e el vno


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traxo agua fria de vna fuente que avia en cabo del canpo, e echó gela por las caras, e entonçe acordaron; e quando se vieron asy yazer en tierra, e oyeron el llorrar, e el duelo que fazia[n] por ellos las gentes, leuantáron se lo mas ayna que pudieron; mas el cauallero del Çisne, se leuantó primero e metió mano a la espada, e despues leuantóse el Duc, e fizo eso mesmo, e fizieron tomar sus escudos, que se les cayeran quando se derribaron de los cauallos, e començaron a venir muy' paso el vno contra el otro por furtarse los golpes, ca bien sabian mucho' de esgremir.

E el Duc dixo al cauallero del Çisne: «Varon, avn vos ruego que vos partádes desta de manda desta tierra: ¿por qué vos metédes a este peligro non auiendo y derecho' ninguno, nin razon? E digovos esto porque me duelo de vos; ca vos veo muy mançebo asaz, e apuesto e guisado para beuir, e non querádes destroyr vuestra vida e vuestra mançebia tan tenprano, nin tirédes onrra de vos commo agora tenédes açerca de lo ver; ca bien veo que guisado tengo de vos facer conplar caramente la vuestra locura.»

E el cauallero del Çisne non le respondió ninguna cosa e començólo de mirar e fizo vn paso contra fuera. E entonçe el Duc fizole sennal de acometimiento, e echó' le tres golpes de esgremir, e al quarto fuése apartarse dél; asy que, todo omne que lo viese entenderya bien que sabia mucho' de aquel menester, e que era muy me-


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nester a su compannero de abyuar bien el coraçon; mas antes que el Duc oviese a coger el braço contra sy, el cauallero del Çisne, que non sabia menos de esgremir quél, e sabia mucho más, diólo vn golpe de la espada sobre el yelmo, en derecho' del rostro, tan grande que, un pedaço dél vino a tierra, e cortóle la nariz con vna pieça del labrio a vueltas del beço; asy que, le parescian todos los dientes de delantre e todo se cobrió de sangre fasta en los piés. E despues díxole asy muy sanuda mente: «Don aleuoso prouado, en mal punto vistes la trayçion conosçida que començastes contra la duquesa de Bullón. e fezistes la falsa jura que jurastes, cuydando della lleuar la tierra; por lo que a Dios non plazerá nin querrá que sea asy; ante, morirédes oy aquy commo aleuoso, e a la duenna fincará la tierra libre e quita. Pero sy avn quisiérdes venyr alguna buena pleytesya, agora la faria yo con v[u]sco, que fuese a tal porque vos non moriésedes e la duenna oviese lo suyo: e seria yo vuestro vasallo, con quinientos caualleros que son aqui de la duenna, en tal guisa, que vos faremos omenaje de vos seruir en todos los logares que vos oviér des menester, e de vos venir a las grandes Cortes cuatro vezes en el anno.»

Quando esto oyó el Duc, entendiendo que no le dezia aquello el cauallero sy non en manera de escarnio, començó a meçer la cabeça commo omne escarnidor que se lo tenia en poco; e a tan grand pesar avia de aquello que oyó e de lo que le


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fiziera, que cuidaua ser muerto. E por ende, le respondió asy commo omne fuera de seso e destordida mente, e muy' sannudo, e muy brauo, e díxole asy «¡Ay traydor! Por que tienes que me escarneçiste, e me fablas asy en escarnio, en movimiento de pleytesías e de omenajes fazer. [Non es] eso nada: ca verás agora esta sangre que de mí se va, e este estorpamiento que tienes que en mi as fecho', tan caramente lo conprarás, luego aquí, que para el nonbre de Dios, essa tu mesma cabeça leuaré agora de ty en preçio de la mi sangre e de lo que me has fecho'. E otro pleytamiento ninguno nunca puedes ya desde aqui adelante aver comigo; e si tales çiento commo tú oy aqui, fuesen contra mi commo tu estás, yo los cuydaria a todos estroyr e matar vnos a vnos, que me non escapase ninguno.»

E desque todo esto ouo dicho', dexóse correr a él la espada derecha' contra suso, que le cuydó dar por çima la cabeça; e el cauallero del Çisne cobrióse del escudo, e resçibió el golpe en él: por quanto la espada del Duc alcançó del escudo del cauallero del Çisne e de sus armas, todo lo levó fasta tierra. Mas el cauallero del Çisne dió a él, de la parte diestra, con la espada sobre el onbro tan grande ferida, que quanto alcançó de la loriga todo vino a tierra; e çiertamente cortá[ra]lle el braço, sy non por la espada que se le voluió en la mano, e con gran sanna díxole asy: «-¡Por Dios, Don traydor! ¡la vuestra falsedad vos traerá oy a la muerte!»


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Mucho ouo grand pesar el Duc, e con grand quebranto se touo por muy escarnido quando ferido se syntió asy, e de más, que veya que le colgaua la nariz e una pieça del beço sobre la boca, [de guisa] que le paresçian los dientes muy fea mente; e con grand sanna e con grand mal enconia que ende avia [e] con que estaua, tiróse a vna parte e tajó la con la espada e dió con ella en tierra; asy que, fasta los pies fué cobierto de sangre todo de la ferida, e de aquella que le començó a refrescar, de guisa que paresçia ya él bien vanado en su sangre, el qual vanno, él, a su conpannero avia prometido.

E con grand despecho', asy commo leon que ravia, dexóse yr al cauallero del Çisne, e dióle tan grand golpe en lo más alto del yelmo, ally do es más alto e más agudo, que metió la espada por él bien una mano; asy que, sy non fuera por la merçed de Dios que se lo guardaua, e la espada que salió al diestro en desviado, oviéra lo fendido fasta en los dientes: tan grande fué el golpe e tan pesado que, al tirar de la espada, fízole por fuerça fyncar los finojos al cauallero; asy que, quantos lo vieron cuydaron syn falla que era muerto. E el Enperador mesmo, que lo veya, ovo ende muy' grand pesar, e todos los omnes onrrados que eran con él, e caualleros e duques, e todas las otras gentes que a vista estauan, que sabian el grand tuerto que el Duc tenia a la duquesa de Bullón, otrosy, auian grand pesar e se dolian dello mucho.


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Mas sobre todos los otros, a que mucho' pesava e que mayor coyta avia era la Duquesa, e su fija Beatriz, a quien lo fué dezir vn escudero do ellas estauan en oraçion en la Yglesia: la vna, al altar de Sant' Pedro, e la otra al de Sant' Viçente, de commo el Duc llagara al cauallero del Çisne, su lidiador, a la muerte; asy que, le diera tan grand golpe dela espada por çima dela cabeça, que le fiziera fincar los ynojos en tierra e que lo tenia en aquella guisa antes sy.


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XXXV.

Quando la donzella, fija del Duque, esto oyó, començó a fazer muy grand duelo, e a dezir asy a muy' grandes bozes: «Sennor Dios, por la vuestra grand piedad non consyntádes que esto asy sea; e asy commo vos, Sennor, sabédes que a grand tuerto somos deseredadas e forçadas de lo nuestro de aquel que en nuestro juyzio está en aquel canpo, onde avemos nuevas que ha poder sobre el nuestro lidiador, non sufrádes que aquel que se conbate por el nuestro derecho' e de manda verdad, sea muerto nin vençido, nin justiçia sea fecha' en nuestros cuerpos por lo que non meresçemos, nin que la verdad peresca e la mentira sea ensalçada; non querádes, Sennor, quel tuerto sea vençedor e el derecho' vençido, nin que la falsedad vença a la verdad.»

Quando esto ouo dicho' cayó amorteçida delante' del altar; asy que, la Duquesa su madre,


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la tomó en los braços e la leuó, dende, faziendo muy' grand duelo. E desque la donzella entró en acuerdo del amortesçimiento en que fuera, su madre la Duquesa, que mucho' estaba coytada e con grand pesar en el coraçon, començó a fazer su oraçión, asy que, quantos estauan en la yglesia lo oyeron, contando en ella quantos milagros fiziera nuestro Sennor por los patriarcas e por los profetas e por los otros santos, desdel comienço del mundo fasta que subió en los çielos; e de los que acaesçieron despues, tan bien de la Ley vieja commo de la nueva, rogándole e pidiendo le merçed, que [por] los bienes qu' El fiziera a los santos e a los sus amigos, que non olvidase a ella nin a su fija, que eran sus siruientes, e quel librase al su lidiador de aquel peligro en que le dezian que estaua, e lo ayudase a el que era su lidiador dellas e lydiaua por ellas e de mandaua derecho' e verdad contra aquel seruidor del diablo: ca sabia El muy bien que los fechos' e las obras de aquel Duc, del diablo eran, e la su voz mantenia e que a la su boz entrara en aquella lyd, en que le dezian quél avia la onrra de aquella batalla; e que non quisyese quél fuese el vençedor, por que ellas perdiesen los cuerpos por tal juyzio commo sabia que era dado contra ellas, nin que perdiesen su tierra, que sabia muy' bien que por quantos derechos la avia, e debia ser suya, e de commo avian a voluntad de le servir bien con ella e lo seruerian syenpre; nin que perdiese, otrosy, el cuerpo e la

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honrra el cavallero que la boz della tenia e tomara en fiuzia del su juizio y mostrar e de la su ayuda y aver, e esforcándose en esto se fuera meter por ellas en tal peligro; e que non oviese la onrra nin lo que non avia derecho' de aver, el que la voz del diablo tomara e tenya en crencia, e en fiuzia [de] la su ayuda, lidiara él contra ellas, pues que mantenia tuerto e soberuia.

Tales eran las oraçiones que la buena duenna e su fija fazian contra nuestro Sennor, por el cavallero del Çisne, su lidiador, e por sy misma[s], otrosy, a quien era mucho menester quél vençiese; de la qual plegaria ellas fueron muy' bien oydas, ca en cuanto ellas esta plegaria façiendo estaua[n], el su cauallero non se estaua de balde en el canpo: ante se conbatia muy de rezio con su conpannero, e estaua muy esforçado, dando a entender que lo tenya muy en poco; ca a la ora quel Due le ouo dado aquel golpe de que le fizo fincar los ynojos, e queriendo el Duc alçar la espada por le dar otro golpe por la cabeça, el cauallero del Çisne puso el escudo ante el rostro alçándolo [lo] más que podia, e envió la espada muy' alta entre los escudos amos, contra el braço del Duc do descendia el gol[pe], e [el Duc retuvo el golpe e] tiróse vn poco afuera: e entonce el cauallero del Çisne cobró muy ligera mente, e movió contra el Duc por le dar de la espada por la cabeça, e el Duc non le atendió: ante se arredró ya quanto más afuera dél. E commo quier que el cauallero del Çisne grand


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golpe resçebiera, non estaua, por ende, desmayado nin vn punto: ante estaua muy' esforçado, con la espada en la mano e el escudo en el braço, asmando commo le poderia ferir en [descubierto; e el Duc azechaua, otrosy, a él, commo le poderia ferir] en esta misma guisa: mas tanta avia perdida el Duc de su sangre, que maravilla era commo en piés se podia tener. E otrosy, lo enbargaua mucho la sangre de las narizes, que se le quajaua e non le dexaba recoger el fuelgo, e daua a las vezes vnos refuelgos por ellas que semejauan de leon o de alguna grand serpiente; e tamanos e con tan grand sanna los enviaua, que fazia les pedazos de la sangre quajada, que echaua por ellas, recudir muy' aluene de sy; pero con todo esso avia grand sabor de se vengar sy pudiese.

E asy estauan anbos a dos asechándose commo se podian más de mal fazer; ca mucho se dubdauan e resçelauan fiera mente vno de otro, por los muy' grandes golpes que se avian ya dados; e desque ovieron asy estado vna grand pieça, el Duc cato' al cauallero del Çisne muy' sanuda menté, e començóse de maravillar mucho', ca nunca omne fallara en el mundo, nin lo avia, que con él se osase tomar, quanto más un cauallero solo; e averlo ferido tan mal e tan desonrrada mente, commo averle asy tajado las narizes e los rostros syn los otros golpes que en el cuerpo tenya; asy que, magüer vençiese, syenpre quedaria lastimado [de] manera que


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nunca seria para paresçer ante omnes nin se parar ante ellos.

E por ende, començó a dezir contra nuestro Sennor, que non creya en El, nin en la su merçed; mas que se encomendaua al diablo, e que en él creya e a él adoraua, e que le rogaua que le veniese ayudar, pues que Dios non lo podia fazer; e que de ally adelante se otorgaua por suyo quito, e prometió que non dexaria a obispo nin abad nin a omne ninguno de religion ninguna cosa en toda su tierra; ante, destroyria las yglesias e las abadias, e las quemaria, e las derribaria fasta en la tierra; e que duenna coytada, nin poble coytado, nin huérfano, nunca en él fallaria piedad, nin merçed, nin derecho' ninguno; mas todo tuerto e todo mal en los deseredar e astragar, e en les fazer el peor mal que pudiese. E syn todo aquesto que se tornaria moro ante de vn anno; asy que, el conde Giliberte que fuera renegado, nunca tanto pesar fiziere a Dios nin tanto mal a cristianos commo él faria, sy de aquel canpo saliese byuo.

Quando el cavallero del Çisne oyó lo quel Duc estava diziendo, fizo se muy' maravillado, e extrannó lo mucho', e eso mesmo fizieron los fieles, que lo oyan bien todo, otrosy; mas el Duc que non daua nada por ende, tanto estaua en folloniado e perdido de todo envergonamiento, e estaua reyendo los dientes e tornando los ojos commo quien quiere meter espanto, muy' grande e muy espantoso, con la espada en la mano a guisa de


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muy brauo e muy fiero quél era, como vos ya avemos dicho'. E era muy' mayor de cuerpo grand pieça quel Cauallero del Çisne, e muy más grande e muy más valiente de mucho: de guisa quel dudaua mucho' el cauallero del Çisne, lo vno, por la furia grande que en él veya, lo al, por los grandes golpes que del resçebiera; e por ende, alçó los ojos contra el çielo efizo su oraçion, mas non tal commo la del Duc fué.

E dixo asy: «Sennor Dios, que eres verdadera Trenidad, Padre e Fijo e Espiritu Santo, tres personas e vn Dios verdadero, pido te por merçed, Sennor, que tú me guardes e me ayudes, porque este diablo non me pueda conquerir, nin me pueda fazer [mal], nin vençer con poder de la su valentía en que se atreue tan mucho', por el qual esforçamiento olvida asy a ty e al tu poder e a las tus obras, e sygue las del diablo e la su boz, con la qual él començó todos sus fechos', manteniendo toda soberuia e toda crueldad, con la qual cuyda vençer oy esta lid; e tú, Sennor, le sey oy estroydor en ella, e conqueridor de la grand trayçion que començó, porque las duennas non pierdan oy su derecho' nin los cuerpos, nin sean deseredadas por tan grand falsedad commo este desleal Duc, retraydo en la tu fe e en la tu esperança, cuyda lo suyo dellas levar e les fazer perder los cuerpos, por las quales esta boz tomé por el tu mandamiento. E tú, Sennor, muestra y el poder de la tu vertud porque el tu juyzio se libre oy aqui, asy commo tú


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eres justo juez e verdadero e de toda justiçia conplida.»

Quando el cauallero del Çisne acabó desta guisa su oración, e alabando mucho' a Dios quanto él más pudo, el Duc que entendia bien lo que dezia, e lo estaua catando de mala catadura, le dixo asy: «¿E qué es esso, cauallero, que estás faziendo oraçion? ¿O por ventura cuydas que Dios nin tus oraçiones averán oy poder de te valer nin ayudar contra mi? Non es esso nada, nin lo creádes, nin avn que la tu ventura muy' grande fuese, que me tú matases, o me vençieses, lo que non poderia ser: tú, por ende, non puedes escapar que non mueras comigo. E de que de mi escapases, ca el poder que aquí tengo es tan grande, de que non puedes escapar nin guarir, nin avn al Enperador, sy quisyere, que non le echen fuera de la çibdad de Nimaya, e le non fagan perder lo más de quanto ha. Pues avn non me has tú vençido a mi nin tan mal trecho' por que, te por muy' partido nin muy libre deuas tú tener de las mis manos; ca de aquí a poco, verás en commo fincarás dellas parado, e lo que te yo faré».

E el cauallero del Çisne, que tenia el ojo en él, mesurándo lo en commo lo poderia ferir, en guisa que le enpeçiese lo más que podiese, le respondió asy: «Duc, mucho' me semeja fiera e extranna cosa amenaçar al que delante de vos tenédes.» E quando él esto ouo dicho', dexáronse correr vno a otro, e el Duc le dió al cauallero tan grand ferida dela espada por çima de la ca-


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beça, que quanto alcançó del yelmo todo vino a tierra, e el golpe desçendió a cabo de la pierna e cortóle vna pieça de la falda de la loriga, e la punta de la espada entró por el canpo más de vna mano; de guisa que sy en la carne oviera alcançado, le matara o le cortara todo quanto la espada ante sy fallase. Mas el cauallero del Çisne, otrosy, non enflaquesçió mucho por su golpe; ante le dió tan grand ferida de la espada, que quanto prisó del escudo todo vino a tierra; e el golpe vino sobre el anca diestra, de guisa que le tajó una pieça de la carne e del hueso, e desta manera se prouauan a esgremir aquellos dos lidiadores, asy que todo omne que viese los golpes e las feridas que vno a otro se dauan, e quan mortal mente se conbatian, poderia bien entender [que de] ally adelante non se poderia partir la lid a menos de morir vno dellos: ca el cauallero del Çisne, que lidiaua por las duennas, avia sabor de demandar su derecho', e afincaba al Duc quanto podia, e el Duc otrosy, que avia grand talante de se vengar, fazia a él esso mesmo; asy que, quando metia mientes en la nariz e en el beço que avia perdido, e en los otros muy' grandes golpes que avia resçebidos, cresçíale tan grand sanna e tan grand yra, que salia de su seso; e por ende queria se aventurar a prender muerte o vengarse.

E fuése llegando a paso furtado a él, por cuydarle ferir por el rostro o por los braços; mas non lo pudofazer, e entrando el Duc el braço con-


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tra sy del golpe que le cuydara dar, el cauallero del Çisne le dió vna tan grand espadada en el braço diestro, entre vn escudo e otro, que le cortó la mano; asy que la espada e el punno cayeron en el canpo. Quando esto vió el Duc, entendió que era llagado a la muerte, e luego asmó en commo se poderia vengar de guisa que, sy él moriese, que moriese el otro con él; e fuéle trauar con el braço syniestro muy' de rezio, e trauó dél de guisa que, lo alçó de tierra muy ligeramente con lo que se ayudó del otro braço, e quisyéralo leuar al ryo por se echar con él dentro, e que moriesen y amos, e començólo de llevar de aquella guisa contra allá; mas el cauallero del Çisne punnó en quanto pudo en salir de su poder, e troxéronse vn poco a braço en manera de luchas'; e estaua ya el Duc muy flaco e muy de sangrado de la mano que perdiera, e de la mucha sangre que del salia a grand maravilla de las llagas: otrosy, las espuelas, que se le trauaron vna con otra, que se le enbargaron mucho', pero muy' más le enbargó el tuerto que tenia e la jura falsa que fiziera; assy que, ovo de yr a tierra.

E entonçe echó se sobre él el cauallero del Çisne, e quitóle el yelmo, e començó le de dar de la mançana del espada tantas feridas por el rostro e por la cabeça, fasta que lo mató; e desy cortóle la cabeça e metióla en el yelmo que le tolliera, e llamó aquellos doze caualleros que eran fieles del canpo, e preguntóles que pues aquel era muerto, sy avia y más que fazer porque las duen-


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nas cobrasen su tierra; e ellos dixéronle que asaz avia y fecho'.

E esas oras el cauallero del Çisne tendió los braços en cruz, e echóse' en la tierra, e fizo su oraçion e sus pregarias a Dios, lo más conplidamente e mejor que pudo, e lo alabó, e dió graçias por la ayuda e merçed que le fiziera. Desy levantóse, e entonçe preguntó otra vez a los fieles, sy lo poderian leuar en saluo fasta donde estaua el Enperador. E ellos dixéronle que sy, e que non se temiese, que ellos lo leuarian, e non se parterian dél. E pués que esto le ovieron dicho', fuéron le a caualgar en su cauallo, quél traxo, e ellos e los quynientos caualleros, otrosy, que fueran puestos por guardar el canpo e la raya, fueron todos con él, leuándo lo muy' guardadamente e faziendo le toda honrra. E el cauallero del Çisne yva muy bien guardado e yua en aquel cauallo mesmo que le diera el Enperador, en que lidiara con el Duc; e yva armado de todas sus armas el cuerpo, e el cauallo otrosy, e leuáuale vn escudero, delante, el escudo, e otro el flerro de la lança con vn pedaço de la asta que le quebrara a la primera justa quel oviera con el Duc, e leuaua ante sy el yelmo que fuera del Duc, [e] la su cabeça mesma metida en él: e desta guisa fueron fasta el palaçio donde estaua el Enperador.


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XXXVI.

Mucho' era grand maravilla la gente que venia ver el cauallero del Çisne quando salió del canpo, e yua en aquellas compannas que lo yuan guardando, yendo de aquella guisa que oystes; e todos le saluauan e le fazian grand honrra, e lo resçebian bien de su palabra, e le dauan grandes bendiçiones; mas él, de que del canpo fué salido, non quyso fablar a omne del mundo fasta que llegó al Enperador. E quando fué ante él, fincó los ynojos asy commo estaua armado: e eso mismo fizieron los doze caualleros, fieles de la lid, que venian todos en vno con él al Enperador, por contarle el fecho' cómmo pasara.

Mas el cauallero del Çisne fabló primero que ninguno de los otros, e dixo a muy altas bozes, asy que todos lo pudieron muy bien oyr e entender, (quel Enperador mandara a todos que callasen por oyr lo quel cauallero deria), e él dixo


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asy: «¡Sennor Enperador de Alemanna! Dios, que es poderoso sobre todas las cosas del mundo, vos lo agradesca e vos honrre por ello': e todos quantos en esta Corte son, [e los] que son en el vuestro ynperio e por todas las tierras del mundo, vos lo deuen gradesçer e loar, [e] a Dios. [E de my] digo que nuestro Sennor, por la su merçed [me] traya a tal tienpo e a tal sazon que, vos yo pueda seruir e meresçer en algund grand seruiçio, la grand onrra e la grand merçed que touystes por bien de me fazer, en querer e ser la vuestra merçed e tener por bien que, la buenna e honrrada duenna de Bullón e su fija Beatriz oviesen derecho' del grand tuerto e de la grand fuerça que resçebian, e que yo fuese su lidiador, e que fuese defendido e guardado de fuerça e de mal: e todas estas honrras e merçedes que me fezistes, en tener por bien que fuese armado de vuestras armas, e me distes vuestro cauallo; e porque vos guardastes en esto tan fiera mente justiçia e lealtad, quiso me Dios ayudar, porque vençi esta lid: e védes aqui la cabeça del Duc, porque séades çierto que es asy.»

E entonçe presentó la cabeza asy metida en su yelmo commo yua; e el Enperador resçibióla muy de grado, commo aquel a que plazia mucho'; ca teniendo que, faziendo justiçia e derecho le vengara Dios del mayor enemigo quél avia, nin al que más resçelava; e por esto, despues que la cabeça ovo tomada, dixo asy al cauallero del Çisne: «Amigo, mucho' sódes omne de onrrar e de pres-


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çiar, e yo he grad sabor de lo fazer; mas tengo por bien que vos desarmédes luego, ca asaz avédes sofrido de travajo e de afan.» E entonçe mandó lo desarmar, e fízole dar agua para lauar las manos e el rostro, que tenia todo sangriento e cubierto de poluo del sudor mucho' que fiziera; e despues mandó lo vestir de muy rycos pannos nuevos e muy' nobles, que fizo sacar de la su cámara.

E quando fué vestido, vino se asentar a los piés del Enperador, ca non quiso ser en otro logar, e magüer el Enperador mucho' trabajó con él por lo asentar a par de sy. Los Doze pares que avian a judgar la Corte, vinieron y luego, e el Enperador mandóles que judgasen aquellos treynta caualleros de las rehenes del Duc qual muerte devian morir, pues el Duc vençido era e muerto; ca por ninguna guysa non podian ellos escapar, pues lo juraran. E ellos judgaron que los descabeçasen; e entonçes mandóles dar el Enperador vn su capellan con quien confesasen e comulgasen de pan benito en logar de Cuerpos Christi. E desque fué fecho' mandóles el Enperador cortar las cabeças, e leváronlos a enterrar fuera de la villa a un logar que dizen las Atines de Monte Orin. E desta guisa morió el duc Rayner de Sansonna e treynta de sus parientes, que eran muy' onrrados omnes, e por los males e las soberuias que avian fechas' en aquellas tierras, e por la duquesa de Bullón que tenia deseredada e echada de lo suyo a tuerto, syn derecho.


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XXXVII.

El duc Rayner de Sansonna, de que ya oystes, era muy enparentado omne, e en aquella çibdad de Nimaya do fué esta lid de que ya vos deximos que ovo con el cauallero del Çisne, [do] él fué muerto, tenia él consygo bien cuatro mill e syeteçientos caualleros muy buenos e muy' honrados, que eran sus parientes e sus amigos, que por lynaje, que por debdo de casamyentos, e otrosy avia y muchos' que eran vasallos destos: asy que, se fazian todos bien diez mill omes a cauallo o más, e bien treynta mill a pie. Estos, luego que vieron quel duc Rayner era muerto, e los otros sus parientes quel Enperador mandara matar porquél fué vençido; lo vno, por el omenaje e la grand segurança que avia[n] fecho' al Enperador, que ninguno non se remouiese por cosa que acaesçiese del Duc, nin por justiçia que fiziese el Enperador en los de las rahe-


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nes del Duc, muerto o vençido seyendo; lo al, porque todas las gentes del Enperador estauan muy' apreçebidas, non se atrevyeron y a fazer al; mas fizieron su duelo muy grande por el Duque e por los otros sus parientes. Desy apartáronse a vna parte do ovieron su Consejo e pusyeron entre sy, e juraron que, non partiesen de aquella tierra, fasta que fiziesen muy' grand pesar al Enperador, o le destroyesen una grand partida de lo que avia; e despues, que se fuesen para su tierra, e se asonasen con quanto poder oviesen, e se tornasen luego a fazer guerra al Enperador, fasta que lo sacasen de Alemanna por fuerça.

E desque este acuerdo ovieron tomado, salieron de Nymaya syn despedirse del Enperador, e fueron a un castillo que era y, a quatro leguas pequennas, a que llamaban Castiel Melesyente: e el sennor de aquel castillo avia nonbre Florençio, e era sobrino del Enperador, e fuera a la Corte por oyr aquel juyzio quel Duc e el cauallero del Çisne avian; e su muger fincara en el castillo, suso, en la mayor fortaleza que ay avia, con dos fijas que avia, donzellas muy' fermosas e de muy' buena palabra. E tanbien la duenna commo los que estauan en el castillo, non se temian que de ninguna parte les pudiese venir mal: ante estauan muy seguros. E aquellos traydores entraron por el castillo a desora, e fizieron tanto, fasta que llegaron a la torre do estauan la duena e sus fijas con ella, e pedieron fuego para


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quemar el logar. E quando la duenna esto oyó, escondióse mucho' ayna en vna cueva, e erró mucho' de que non metió sus fijas consygo: e fincaron de fuera, e prendieron las ellos, e despues pusyeron fuego al castillo e quemarónlo todo, e los buguesydes e las otras gentes que en la villa eran e en el castillo, fueron todos muertos; asy que, los ninos que yazian en las camas matauan, ca non era su entinçion sy non vengar al Duc, e destroyr la tierra al Enperador.

Las donzellas que ya oystes, leuáronlas presas, amenazando las mucho' que las desonrarian; e magüer que en esto fazian pecado e trayçion, poco dauan ellos por ende, en tal que pudiesen fazer pesar al Enperador. Desy, partiéronse de ally, e ellos yendo todos muy ledos de lo que avian fecho', fallaron vna huerta muy grande e muy bien çercada de muy buen muro e muy bien labrado e muy' alto, saluo que era desportellado a logares. E era del sennor de aquel castillo que destroyeron ellos; e andauan dentro tres donzeles trebejando, que eran sobrinos de su muger, e yvan a aquel castillo por ver a su tya e a las doncellas sus cormanas; e por la grand calentura del tienpo que fazia, dexaron las bestias fuera de la huerta, e ellos entraron dentro, e andauan y solazando, e cantando, e cogiendo desas flores para fazer sus guirlandas, con que tomasen plazer; e quando los traydores llegarona la huerta dexaron se correr e entrar dentro, e entraron los vnos por los portillos e los otros por la puerta. E


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los donzeles quando los vieron yr asy armados, ovieron muy grand miedo e los otros llegaron a ellos e prendieron los, e fizieron los caualgar en sus bestias, e leuaron los consigo a la otra conpanna, do tenian presas las donzellas, que [a] ellos estauan esperando.

E quando los donzeles vieron a sus cormanas presas, maravilláronse mucho'; e el mayor dellos dió muy grandes bozes e dixo asy: «¿Qué gentes son aquestas, que asy prenden a los omnes en tan grand fiesta conmo esta e dia de mercado, en que toda gente deue andar segura, e que asy prendieron estas donzellas? Sy el Enperador lo sabe, non les puede guaresçer ninguno de vos en villa, nin en castillo, nin fortaleza, nin en otro logar del mundo, que todos muertos e desbaratados non seádes.»

Quando esto oyó vno de aquellos parientes del Duc, que avia nonbre Segar de Monbrir, e era vno de los mayorales de aquellas conpannas, preguntó aquellos donzeles dónde eran o de qual lynaje; e aquel mayor dellos, les respondió que eran fijos del senor de aquel castillo [Esforado] e sobrinos del Enperador: e díxole que por qué razon leuaba aquellas donzellas presas e asy atadas las manos, e prendieron a ellos otrosy: [sy] les fizieran algo, o por qué lo fizieran', ca otra mente mucho erraran y, e grand mal les podía ende venir sy lo sopiese el Enperador. Quando Segar oyó dezir que eran sobrinos del Enperador, sol non ovo y otro de tenimiento;


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ante, metió luego mano a la espada, e cortóles las cabeças a todos tres, e desque los ouo muertos, fué muy' ledo, e ovo en sy muy' grand plazer. Mas sy él plazer e alegría tomó en ello, asy las donzellas sus cormanas tovieron y grand pesar e grand tristeza, e començaron y a fazer muy grand duelo, e la mayor dellas dixo assy: «Sennor Dios, ¿por qué quisyste que nasçiésemos por que viésemos tanto mal a nuestros ojos?» E la otra torçía las manos e lloraua muy fuerte.

E desta guisa caualgaron los de Sansonna su camino derecho', ansy que ante de ora de bísperas fueron llegados al castillo Esforado, e luego que al castillo llegaron, dixo Segar de Monbrir a los otros: «Este castillo es muy' fuerte, e el sennor dende es muy' poderoso, e se nos esta noche sentieren, guardarsean de nos, e non poderemos y fazer nada; mas andemos fasta cras, que sea bien claro el dia, e atendamos aquí, e los omnes saldrán, e sacarán quantos ganados tienen a paçer, e despues prenderlos hemos, e leuaremos quanto ovieren, o por aventura entraremos a bueltas con ellos en el castillo, e tomárgelo hemos.» Todos quantos ally eran le otorgaron en aquel consejo, e lo tovieron por muy bueno, e pusyeron que otro dia que fiçiesen asy commo el avia dicho'.

E en aquella companna andaua otro que avia nombre Espaldar de Grymaysa, que era cormano del duc Rayner, e era ome muy enparentado e muy poueroso; e por quel tenia[n] todos por muy


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esforçado e mucho ardid, e que ninguno dellos non meresçia aquella onrra más quél, resçebieron lo todos por cabdillo. E él fizo les albergar esa noche' en vnos prados, ribera del ryo que corrya y açerca, todos muy ascondida mente e muy' callados.


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XXXVIII.

Este Segar de Monbrin, que era el más falso e más abiuado del mal de quantos en la campanna de Sansonna eran, e que nunca se trabajaua sy non en fazer alguna grand crueldad, [fabló con los otros], e dixo les que non era bien de leuar asy de aquella guysa aquellas donzellas presas, ca por aventura poderian ser descobiertos por ellas; mas por fazer mayor pesar al Enperador e mayor desonrra a él e su lynaje, que en otra muerte ninguna que les pudiesen dar, que las metiesen en poder de los escuderos, e [que fiziesen a su voluntad en ellas] fasta que las matasen. E ellos lo otorgaron, e entonçe llamó Segar de Monbrin vn su escudero, que era natural de Ongria, que avia nonbre Etre, e fiaua mucho en él porque era falso e traydor asy commo él era; e [a] aquel dió amas las donzellas, e mandó le que las leuase a vn monte grande que


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avia ay açerca, e quél e los otros escuderos, quantos quisyese leuar consygo, que fiziesen a su voluntad en ellas fasta que las fiziesen morir. E el escudero, quando lo oyó, plógole mucho', e fué muy alegre, e tomó luego las donzellas, e leuó las al monte, e leuó consygo bien çient escuderos o más, de los más locos para toda maldad fazer que y avia, e que mayor sabor avian de fazer toda enemiga.

Las donzellas eran muy fermosas e muy ensennadas e de muy buena palabra, e quando vieron que yvan en poder de aquella mala gente e sopieron la razon en que yvan, fueron muy' sanudas e muy' coytadas, e comenzaron a fazer muy' grand duelo. Mas la mayor, que avia nonbre Esteuayca, pensó en commo poderia guisar por alguna manera, cómmo poderia salir de manos de aquellos traydores, e [que] con tan grand voluntad yvan de fazer [todo mal]. E entonçe llamó aquel escudero a quien las dieran, que avia nonbre Etre, e díxole asy a la oreja, muy quedo, que los otros non lo oyeron: que sy él guisase commo non oviesen parte en ella nin en su hermana, otro ninguno sy non él e otro su pariente o su muy amigo, sy lo ally avia, que fuese onbre de buen logar commo él, que se otorgaria ella por su muger, [e su hermana por muger] del otro, e que ella guisaria commo el Enperador, cuyas sobrinas ellas eran, les fiziese grand algo e granada merçed, de guisa que serian muy' onrrados omnes; e esto todo les faria


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el Enperador por amor dellas, desque sopiese que de aquel peligro las avia sacadas: e que le consejaua quél guisase, commo las sacase de ally, e se fuesen luego para él. E esto le sopo ella tan bien dezir e mostrar, que le ovo de otorgar él que lo faria; e prometió que ninguno de los otros non consenteria que en ninguna dellas pusyese mano, sy non él e otro su escudero, con quien avia grand amor e era su pariente, e que sy alguno dellos lo queryese prouar, que seria muerto.

Quando los otros esto vieron, fueron muy sanudos contra él, e no ovo y tal dellos que non dixiese, que por él non lo dexarian poco nin mucho. E quando esto oyó, touo selo a muy grand escarnyo, e metió mano a vna espada que traya çenida, e fué a dar a vno dellos tal golpe por çima de la cabeça, que lo fendió fasta en los dientes: e quando esto vieron, dexáronse todos correr a él, e vna muy grand partida de aquellos que eran de su bando, venyeran por ayudarle. Mas las donzellas por cuyo amor él esto sofria, porque ellas non moriesen nin fuesen escarnydas, e quando vieron que ellos se matauan vnos con otros e fincauan solas, començaron a foyr, non commo mugeres, mas commo bestias fieras; ansy que, ante que andudiesen una legua, todas las sayas e camysas que vestían a carona de la carne eran rotas de la grand espesura del monte, e de ramas, e de palos agudos, e de cardos, e de espinas, e de muy grandes


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pedregales por do yban; e los rostros, e los costados, e los piés, e las manos, todos corrian sangre; mas ellas, tan grande era el miedo que avian de caer en poder de aquellos traydores, que non lo sentian. E ansy andodieron por medio de aquellas montannas bien tres dias e tres noches corriendo commo mugeres salida[s] de seso, que non comieron nin dormieron nin quedaron de andar; ¡tamanno miedo avian que las alcançasen aquellos malos omnes!

Muchas vegadas cayeron en foyendo desta guisa; asy que, en los rostros e en las manos e en las canillas de las piernas eran muy' mal descalabradas, e yvan sienpre llamando a su madre, que cuydauan que era muerta, e a los donçeles sus cormanos, que vieran matar ante sy; mas sobre todo lo al, que yua[n] rogando a Dios que las librase de non caer en manos de aquellos traydores; e asy las quiso Dios oyr e librar dende, que de más de çiento que eran quando se començó la peleya entre ellos, que non fincaran dellos más de quatro, que todos non fueron muertos, e estos muy' mal feridos.

E las donçellas arribaron al quarto dia en vn monesterio de duennas que era en cabo de la montanna; e era ende abadesa vna su tia, hermana de su madre, e quando las vió asy yr ovo muy' grand duelo e muy grand piedad dellas, e resçibiólas muy' bien, e pensó dellas fasta que fueron sanas de todas las llagas; e ellas contáronle por quanto avian pasado, e commo les fizie-


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ra Dios merçed en las sacar de poder de aquellos traydores. E ella e todas las otras duennas que y eran, se dolieron ende mucho', e fizieron muy grand duelo en sus logares por ellas. Desta guisa que avédes oydo, libró Dios aquellas donçellas de tan grand peligro en que eran caydas.


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XXXIX.

Catalina, duquesa de Bullón, e su fija Beatriz, de las que suso en la estoria ante desto contamos, estando ellas en la yglesia faziendo sus oraciones e yaçiendo en preçes ante el altar, rogando a Dios por el cauallero del Çisne que le ayudase contra el duc Rayner de Sansonna, con quien lidiaua por ellas e se conbatia en la guisa que dicho' avemos: entre tanto llegó a ellas vn escudero, que dixo a la Duquesa que se leuantase de fazer oraçiones, ca bien la avia oydo Dios, asy quel duc Rayner era ya muerto, e el cauallero del Çisne que le cortara la cabeça e la leuara al Enperador; e demás, que avia dado por juyzio que cortasen las cabeças a aquellos sus parientes del Duc, que fueran metidos en arrehenes por él, e que ellas que oviesen la tierra e fuesen quitas. Quando la buena duenna Duquesa esto oyó, alçó las manos contra el çielo e començó de loar e


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gradesçer a nuestro Sennor el bien e la mesura que les avia fecho'; e su fija, otrosy con ella. Desy caualgaron luego, e fueron se para el palaçio do estaua el Enperador; e yvan con ellas más de trezientos de sus vasallos, ca los que non osauan deçir que lo era[n], quando el Duc fué muerto venieron se todos para ellas luego, e conosçieron las por sennoras.

Quando ella llegó al Enperador fincó los vnojos antél, e dixo le asy: «Sennor, bien védes tan grand bien commo Dios ha fecho oy por la su merçed, e por la justiçia e por la bondad deste cauallero que lidió por nos, e quiso meter su cuerpo en aventura de muerte, por salvar las nuestras vidas e por nuestra honrra; e otrosy, Sennor, porque fué la su merçed de nos querer guardar nuestro derecho': e por esto, Sennor, pues la bondad del cauallero e la su mesura tan complida [fué] contra nos, e a tal peligro metió el su cuerpo por nos fazer cobrar lo nuestro e nos dar vyda: por ende, te ruego que le des mi fija por muger, ca yo quiero ser monja e tomar horden: ca, pues Dios este plazer tan grande me mostró en este mundo, yo guisaré de manera que syenpre biua en su serviçio. E desde aquy dó la tierra a mi fija; e por Dios te pido que tú fagas que la tierra que la yo dó, e la que ella ha de parte de su padre, que toda sea deste cauallero, ca para tal sennor conviene, que la saberá bien defender, y síruate con ella».

E el Enperador, quando lo oyó, fue muy' ale-


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gre e otorgólo, e entonçe se leuantó en pié el cauallero del Çisne, e tomó la donzella por la mano, e dixo que la resçebia por muger plaziendo al Enperador, su sennor, cuyo vasallo él era e de quien atendia quanto bien él obiese; [e] que nunca se parteria della mientra vivo [fuese; pero con tal pleyto] que guardase dos cosas: la vna, que nunca ella le saliese de mandado nin fiçiese lo quél le defendiese; e la otra, sy el su mavor sennor enbiase por él con el çisne e con el batel que lo ally traxiera, que ella que le non pusyese y enbargo, ca entonçe él non dexaria de se yr por cosa que en el mundo fuese. E el Enperador e quantos ally estauan, fueron muchos' maravillados, quando esto oyeron, por dos cosas; la vna, por desdennar tan alto casamiento e de tan alta duenna commo ser pariente del Enperador, omne que non [se] sabia quien se era nin de qual tierra; la otra, porque dixiera «sy enviase por él su mayor sennor.» [Pero que el fué preguntado que por qué dixiera el su mayor sennor], e por qué ponia aquella condiçion contra tan alta onrra como rescebia e le dauan, esto non quiso él dezir nin podieron más saber. Pero pués que el Enperador entendió que non casaria con ella.sy non con aquella condiçion, otorgógelo él, e todos los onrrados omnes desa Corte que y eran.

Entonçes tomó el Enperador la donzella por la mano, e dió gela por su otorgada muger; e él resçibióla por tal, e puso asy que luego otro dia de mananna tomasen sus bendiçiones. E asy fué


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quel terzer dia despues de la Çincuesma, vinieron quantos omnes onrrados avia en la Corte del Enperador, e tomaron la donzella, e leuáronla a la yglesia, bien hornada a maravilla; e el palafren en que yva, e la sylla, e el freno, valia vn muy grand aver además. E el Enperador, otrosy, que avia muy' grand sabor de les fazer la mayor onrra que pudiese, vino de la otra parte con el cauallero del Çisne, muy' bien e muy' rycamente vestido de los más nobles pannos quél pudo aver, e muy' noble mente aguisado de todo lo al; e quando fueron en la yglesia, desçendió el Enperador, e el cauallero del Çisne; e la donçella, otrosy, desçendió, e ally se partió la duquesa Catalina de toda su tierra, e la dió e heredó su fija; e el Enperador la entregó della a ella en el cauallero del Çisne por vna pértiga de oro, asy commo era costumbre.

E despues, el arçobispo Rayner de Calonna desposólos anbos a la puerta de la yglesia, e dixo la misa; e quando la misa fue acabada, tornáronse para el palaçio del Enperador, quél mandara muy bien guisar que comiesen, e tan rica mente fueron servidos, e de tamanno abondo ovieron todas cosas, que seria luenga razon de contar. E en medio del corral, que era muy grande, mandó el Enperador armar una tienda muy' ryca e muy' noble a grand maravilla, en que se albergasen el cauallero del Çisne con su mujer, ca non quiso que yoguiesen en casa: mas él non quyso otrosy, echarse en la cama, fasta que gela bendixo el


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arçobispo que dixiera la mysa, e despues que la bendixo, fuéronse todos, e echaron se marido e muger. Mas él, ante que con ella ninguna cosa oviese, díxole asy: «Amiga, nos somos casados en vno, asy commo a Dios plogo, e yo só muy ledo ende, e me plogo, e me tengo y por de muy buena ventura; mas ruego vos que, asy commo yo só tenudo de amar vos e ser vos leal, que asy lo fagádes vos a mí, e nunca me salgádes de mandado, nin vayádes contra lo que vos yo defendiere.» E ella respondióle que asy lo faría: e avn le dixo él: «Amiga, más quiero que me fagádes: que me otorguédes e me prometádes que nunca me preguntédes quien só nin de qual tierra, nin commo he nombre, ca esto vos digo que seria contra mi voluntad e perdermeyádes asy; ca dende a nueve dias nos parteríamos para syempre, de guissa que nunca más me veríades.» Quando la duenna esto ovó, díxole asy: «Sennor, e ¿qué es esto que me dezídes, o commo cuydádes que yo tal cosa fiziese? Ca sy yo mill vezes cuydase prender muerte, non deria ninguna cosa que yo entendiese que vos pesaria.»


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XL.

Quando el cauallero del Çisne oyó esto que su mujer Beatriz le ovo dicho', fué muy alegre; e entonçe conosçió primarmente naturalmente a su muger; asy que ella fincó en çinta de vna fija, que fue vna de las buenas duennas, e esta fué madre del noble varon due Gudufre e del conde Eustaçio e del rey' Baldobin, asy commo adelante vos contará la estoria. E quando vino contra la mannana, los çirios grandes que ardian sobre los candeleros de oro fueron todos muertos, e el cauallero del Çisne adormeçiera se entonçe, e la duenna estaua despierta e fazia sus oraciones, e gradesçió mucho'a Dios porquele ficiera cobrar su tierra e aver buen marido commo aquel en quien tantos bienes avia; e en yaziendo asy, vn poco ante que fuese de dia, aparesçióle vn angel, e el rostro dél semejáuale commo ardiente; asy que, toda la tienda resplandeçia.

E ella quando lo vió ouo grand pauor, e el angel le dixo asy: «Buena duenna, non temas; ca yo só mandadero de Dios, que te trayo muy bue-


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nas nuevas con que te plazerá mucho': sepas que eres prennada de una fija, que será sennora de Bullón e de toda la tierra que agora cobraste, e avrá por casamiento al conde de Bolanna, e será muy' buena duenna e de santa vida a grand maravilla, e aberá tres fijos, que los dos serán reyes de la cibdad Santa de Iherusalin, e el otro conde de Bolonna ede toda esta tierra que tú agora cobraste por este cauallero, tu marido. Mas pára mientes por vna cosa que te agora diré: que quando la ninna nasçiere, que luego sea bautizada en ante que le den ninguna leche' a mamar, nin otra cosa que en el mundo sea; e despues non mame otra teta ninguna sy non la tuya, que asy lo quiere Dios, que otra muger ninguna non aya parte en su criança sy non tú.»

E quando esto ouo dicho' el angel, toda la tienda fincó llena de buen olor, asy commo sy todas las cosas e todas las yeruas del mundo e todas las espeçias que bien oliesen, fuesen ally puestas. E la duenna fué muy' leda de las palabras quel angel dixo, e con grand sabor e grand alegría que ovo, cresçióle el coraçon e ardimento de fablar, e dixo asy al angel: «Sennor, pues que vos sódes mandadero de nuestro Sennor Ihu Xpo, bien sé que sabédes el comienço e la fin de todas las cosas que en el mundo son: asy que ninguna non se vos esconde. E por ende vos pido merçed, que me fagádes saber deste cauallero que comygo es casado, que tan fermoso es, ede tan de buenas maneras, e tan buen cauallero de armas,


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sy es degrand linaje, e commoes su fecho.» Quando ella esto ovo dicho, respondióle el angel e dixole asy «Amiga de Dios, [sabe bien ciertamente que este porque me tú demandas, que por mandamiento de Dios] vino aquí, porque cobrases tu tierra que avias perdida a tuerto e a pecado; e por ende, lo deues más amar que a todas las cosas del mundo; e de su linaje por que preguntaste, digo te que es tan fydalgo de todas las partes donde él viene, quel Enperador de Alemanna non lo es más, de ally donde el çisne vale; e desto séy bien çierta, e de aquy adelante defiendoteque non me demandes más de su fecho', ca ninguna cosa non puedes más de mí saber, e esto te dó por consejo: que non fagas ninguna cosa por que lo pierdas.»

E la duenna le respondió que non la dexase Dios fazer tal cosa, ante lo serviria guardando y quanto pudiese fazer, e faria syenpre quanto él mandase. Ella quando esto ovo dicho', el angel se fué luego; e el cauallero del Çisne despertó entonçe, a la grand claridad que fincara en la tienda, pués quel angel se fuera; e quando entendió que su muier estava despierta, de mandóle que fuera aquella claridad; e ella non gelo quiso dezir, cuydando que él sabia ende alguna cosa; e sy lo sabia o non, pues que veya que ella non dezia nada de aquello que le preguntava, callóse él otrosy; mas entonçe llegóse a ella, e començóla de abraçar e de besar, e estodieron asy fasta en la mannana con grad alegría, commo marido e mujer que se mucho' amavan.


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XLI.

Luego que ese dia fué claro e que vió el cauallero del Çisne que era tienpo de se leuantar, leuantóse de par de su muger con que estaua mucho' a su plazer; desy vistióse e calçóse, e despues traxéronle el cauallo que le diera el Enperador, en que fué a la yglesia de Santa Maria a oyr misa. E el Enperador vino, otrosy, por honrra dél, e traxo consygo cuantos onmes honrrados eran en su Corte: e la Enperatriz e todas las duennas que eran cor ella, e fizieron otrosy su Corte e grand honrra a la nueba duquesa de Bullón. E despues que la misa fué cantada mucho onrradamente, el Enperador traxo consigo al cauallero del Çisne a su palaçio, do era la yantar adobada, muy grande e muy ryca a maravilla.

E el Enperador era ninno quando esta fiesta fué, que non avia más de veynte annos; pero


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con todo eso era bien fecho' e muy' bien razonado e muy' fermoso a grand marauilla. E segud cuenta la estoria, biuió bien çiento annos, e fué omne que fizo grandes fechos' e buenos, e quebrantó e astragó a los soberuios e a los que fazian malos fechos' en la tierra; e por ende amaua mucho al cauallero del Çisne, ca tenia que Dios le avia enbiado por quebrantar el orgullo e la soberuia del due Rayner de Sansonna, e porque entendiese[n] todos que lo amaba e viesen la honra que le fazia aquel dia, e por ende, lo tomó por la mano e asentólo cabo sy a la mesa, e otro ninguno nón se asentó y, si non él; e de commo fueron seruydos de todas las cosas que pudieron fallar por la tierra: de carnes e de pescados, otrosy de pan, e de vyno de muchas naturas, esto seria muy' luengua cosa de contar, e las ryquezas que y ovo, de oro, e de plata, e de piedras preçiosas, en vasos, e en copas, e seruillas, e en escudillas, e en tajaderos, e en todas las otras cosas de baxillas que conbenia aver para el menester de tan alta honrra commo y fazian. E otrosy de pannos muy rycos fueron vestidos el Enperador, e el cauallero del Çisne e todos los otros omnes onrrados que y eran; [e] otrosy la Enperatriz e la nueua duquesa de Bullon e las altas duennas que y comyan; esto seria vna grand cosa de creer a todo omne que lo non viese, nin de las grandes marauillas que y fizieron: en cortinar los palacios e las casas, e otrosy la tienda en que avian de albergar, ca todo esto

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fue fecho' e hordenado muy rycamente a grand marauilla. E el Enperador por honrrar más la Corte, mandó dar de su aver muy granada parte a todos los que lo querian; mas el cauallero del Çisne e la Duquesa su muger, de aquello que ellos pudieron aver, fiziéronlo partir por caualleros pobres e por duennas menguadas e en donzellas por casar, e ally do entendieron que más seruiçio de Dios era, e que más menester lo avian.

Todo esto fue fecho' mientras que la yantar duró; asy que a los vnos dauan a comer e a otros dauan algo; e despues que las mesas fueron alçadas, el cauallero del Çisne rogó al Enperador que le dexase yr aquella tierra quel duc de Sansonna tenya forçada a su muger; e pidióle merçed que le diese caualleros e gente con que la fuesen resçebir, ca el non tenya ally sy non muy poca conpanna de caualleros nin de otra gente; e que enbiase y algund omne honrrado que fuese cabdillo de aquella conpanna, qual él por bien toviese de le dar, e que fuese tal que la sopiese bien guisar fasta aquella tierra: e el Enperador dixo que lo tenia por bien.

Galieno, [sobrino] del Enperador, que y estaua, dixo al Enperador que sy él por bien toviese, que él yria con él con aquella conpanna quél mandase: el Enperador gelo otorgó, e dixo que le plazia mucho. Aquel Galieno que era sobrino del Enperador, como ya deximos, e omne que amaba mucho' al Enperador, e era cauallero


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mançebo e muy esforçado, e que toviera muy' grand amor con el cauallero del Çisne; e el cauallero del Çisne amávalo, otrosy, mucho' a él, porque él le fiziera grand amor en aquella lid e en su casamiento; e por este amor quél Enperador entre ellos entendia, le plogó mucho' de lo otorgar que fuese con él; más ante de ocho' dias non lo quisyera aver fecho', nin el cauallero del Çisne levarlo, por la mejorçibdadque él avia, asy commo adelante oyrédes. Despues dixo el Enperador al cauallerodel Çisne, que queria que aquella tierra que la touiese dél, asy commo era costunbre; e el cauallero del Çisne dixo quél, otrosy, asy lo queria. E entonçe el caballero del Çisne leuantóse en pié, e tolió de sy el manto, e fincó los ynojos antel Enperador, e resçibió la tierra por vna verga de oro; e luego mandó el Enperador a Galieno que se guisase, e dióle syete mill caualleros que fuesen con él. E el cauallero del Çisne tenia quinientos cavalleros de la tierra de su muger, e estos todos se guysaron para caualgar otro dia de mannana.


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XLII.

Fecho vos avemos entender de suso en la estoria, commo los parientes del duque Rayner de Sansonna se partieron de la Corte del Enperador, sanudos por la muerte deste Duc, e commo fueron por el castillo de Menbeset, e leuaron dende las donzellas presas, que guaresçieron despues por milagro de Dios; e desy, commo mataron los donzeles que fallaron en la huerta, e fueron albergar cerca del castillo Esforçado, e ovieron su consejo commo lo conbatiesen otro dia, e levasen los ganados e quanto pudiesen aver, o que lo entrasen por fuerça e lo destroyesen. Mas empero, commo quier que ellos desta guisa lo cuydaron, non se les guisó; ca de commo era muy' grand gente, non se podieron encobrir que los del castillo non los oviesen de barruntar, e perçibiéronse; e otro dia guardáronse bien, de guisa que non resçibieron danno ninguno: e ellos quando esto


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vieron, ovieron muy grand miedo e muy grand pesar, e moviéronse dende, e fuéronse por la tierra quemando, e astragaron quanto fallauan, e faziendo mucho' mal, lo más que podian.

E ovieron su acuerdo commo se ayuntasen todos los de aquel linaje, avn lugarque llamauan la Penna de Gudrufe, e que ally tomasen su consejo commo guerreasen al Enperador, fasta que oviesen derecho' de la muerte de Duc de Sansonna, cuyos parientes eran. E ellos estando en este acuerdo, llególes vn escudero, que venia de la corte de Nimaya, que les fizo saber commo el cauallero del Çisne casara con su fija de la duquesa de Bullón, e commo el Enperador le enbiara a entregar en la tierra de su muger, e que le diera a Galieno, su sobrino, que le guiase, con syete mil caualleros que enbiaua con él; e el cauallero del Çisne que traya quinientos caualleros de la tierra de su muger.

Quando ellos esto oyeron, fueron muy ledos: ca bien tovieron que ally se poderian bien vengar luego, ca mataria[n] al cavallero del Çisne e a Galieno, que eravna de las cosas del mundoque más pesaria al Enperador. E esto cuydaron ellos fazer muy bien de ligero, ca veyan que ellos eran todos de un linaje, e eran syete condes, que son estos: al vno llamauan Espaldar de Gormaysa, e al otro, que era su hermano, Grauer, e el otro avia nonbre Aynor de Espira, e el otro que era sobryno deste, dezian Iazeran: e estos cuatro trayan syete mill caualleros. Mas los otros tres,


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que eran los poderosos, el vno avia nonbre Mirabel de Tabor, el otro Folger de Ribera, el tercero avia nonbre Segar de Monbrin, que era el más guerrero que todos los otros; e estos tres trayan ocho mill caualleros, que eran por todos quinçe mill caualleros, todos de muy buena caualleria. E por ende tenian que eran muy' pocos contra ellos los del cauallero del Çisne, e que les non poderian durar; e luégo que ellos este mandado oyeron, non fizieron sy non caualgar, e ovieron vn onbre que los guiase que era muy sabidor de aquella tierra por do los otros avian de venir, e guiólos muy' bien; asy que, en tres jornadas vinieron al ryo del Ryn, e pasaron en barcos al puerto que llaman Sant Florente, e ende vinieron çerca de la villa que llaman Conleza.

Ally avia un merino del Enperador que llamauan Açelin, que avia grand amor con ellos, ca se tenia por su pariente; e traxo consygo muy grand pieça de caualleros e mançebos, todos muy bien guisados, que dió en su ayuda a los condes; e syn estos, dióles mucho' pan e mucho vino e carne e ceuada e todas las cosas que aVian menester, e consejóles que se metiesen en çelada en vn monte del Enperador, que era muy' bien çercado, [e] que estoviesen muy' bien armados e aperçebidos; e él que yria contra el cauallero del Çisne non más de con diez caualleros, e que cada vno dellos lleuaria açor o falcon o gauilan en la mano, por asegurarlos más; e quando Viniesen en aquel derecho' onde ellos yazian, que fuesen


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a ellos, e que él mesmo mataria al cauallero del Çisne con su espada, sy él pudiese. E ellos, quando esto oyeron, touieron lo por muy buen consejo. E fueron con él los diez caualleros que avian escogido, que eran naturales de aquella tierra e sabian muy bien los pasos de aquella tierra, e levaron sus aves, con que yvan caçando.


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XLIII.

Ocho dias andados del mes de julio, quando los dias son grandes e las caluras comiençan a cresçer, el cauallero del Çisne se leuantó de muy grand mannana, e fizo guisar su muger e toda su conpanna para yrse, e Galieno fizo eso mesmo; asy que, fueron por todos syete mill e quinientos caualleros: e el Enperador por fazerles onrra, salió con ellos más de vna legua e media. E quando se ouo de partir dellos, sacó a una parte al cauallero del Çisne e Galieno, su sobrino, e díxoles asy: «A la graçia de Dios vos encomyendo, e plázeme mucho', por que sódes grand conpanna de caualleros buenos desta tierra, e ydes muy bien guisados; pero tanto quiero que sepádes que aquellos caualleros del linaje del duque de Sansonna son muy grand gente, e nunca en al punarán sy non en vos fazer mal, e a mí pesar; mas sy con ellos fallárdes, magüer


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que sean fasta diez mill caualleros, non los dudédes, ca vençerlos hédes por que ellos andan con trayçion e con enemiga, e vos con derecho' e con lealtad; e por esto fio, por Dios, que me darédes derecho' dellos. E sy vos acaesçiere de tomar algunos dellos presos, ruego vos que me los enbiédes, ca mi voluntad es de quantos dellos pudiere coger en mis manos, de fazer dellos justiçia atal, que todos los del mundo fablen ende, e tomen escarmiento de la su maldad. Mas sobre todo lo al vos ruego que vos guardés dellos, que son muy' falsos e muy arteros, e trabajarsean en quanto podieren en fazer vos alguna trayçion: e demás, digo vos que esta noche' sonaua que veya que vos conbatiedes vos anbos con syete leones, e que trayan en su conpanna quinze mill osos; e el vno de aquellos mayorales lidiaua con Galieno, e dexáuase lançar a él tan braua mente, e feria lo tan de rezio, que lo derribaua en tierra muy grand cayda: asy que, le salia por la boca vna paloma muy' blanca, que bolaua contra el çielo. E bien vos digo que oue, ende, a tan grand pesar, que despues non pude dormir, e que estó ende muy' espantado».

El cauallero del Çisne le respondió entonçe, e díxole asy: «[Sennor], este es buen sueno, ca es synificança que nos lidiaremos con aquellos parientes del Duc, e vençerlos hemos, en guisa que vos serédes ende muy' honrrado; e la paloma que salia a Galieno por la boca, que bolaua contra el çielo, serán las altas nuevas, que bolarán con-


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tra el çielo, e por todo el mundo, deste fecho'; ca él vos enbiará contar de que vos aberédes muy grand plazer.»

Quando esto ovo dicho' el cavallero del Çisne, plogó' al Enperador mucho', pero non se aseguraua en su coraçon que, este suenno, syn peligro de Galieno fuese. E por esto, ante que dellos se partiese, abraçó mucho' a Galieno, su sobrino, e lloró con él: ca el coraçon le daua que nunca más le viera vivo, asy commo fué; e acomendólo mucho' al cauallero del Çisne, e rogóle mucho', por Dios, que punnase en lo guardar bien, e el cauallero del Çisne le respondió que, todo su poder y faria, e sy por enfermedad non muriese, o por trayçion o por fuerça non lo matasen, que él gelo traeria biuo e sano, con la merçed de Dios, E entonçe el Enperador los abraçó, e les acomendó a Dios, e se partió dellos, e tornóse para su çibdad de Nimaya muy' triste e sospirando mucho', ca le adevinaua el coraçon de nunca más en su vida a Galieno ver: e ellos le besaron la mano e se despedieron dél, e se metieron en su camino.


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XLIV.

La estoria dize que quando el cavallero del Çisne e Galieno se partieron, que fizieron tres jornadas muy grandes, e yvan muy ledos; e a cabo de terçer dia llegaron a vn prado muy fermoso, e desçendian y, e el cauallero del Çisne mandó a todos, que echa'sen sus cauallos a paçer en quanto ellos comyesen; e en estando ellos asy, vino y Açelin el merino, que llegó a ellos con sus diez caualleros, muy' bien vestidos de çendales e de púrpuras e pennas veras e grises, e sus palafrenes muy buenos, e todos trayan aves en que caçavan. E el cauallero del Çisne e Galieno, quando los vieron, fuéronlos a resçebir, e dixéronles que fuesen bien venidos. Mas aquel Açelin, que muy' bien sabia todos los logares, los saluó primero que los otros, e díxoles que bien semejauan buena gente e ryca, e que venian de Corte de buen sennor; é despues preguntóles do


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querian yr. E el cauallero del Çisne dixo les que yvan a Bullón, con aquella su muger, por entrar la tierra, e de commo lo giaua Galieno. E entonçes les respondió el traydor, e díxoles alegre mente que mucho' fuesen ellos bien venidos; e por asosegar los más, començólos de servir mucho', e dióles él por sy, agua a manos en dos baçines de plata, e despues asentaron se a comer sobre la yerua de aquel prado; e el cauallero del Çisne, por fazer onrra a quel merino, enbióle su copa llena de su vino, de lo mejor que avia, de lo quél beuia; e Galieno, otrosy, envióle buen pan blanco: e de aquellos manjares que comian de todos le enbiaron, e punaron en le fazer honrra lo más que pudieron, commo aquellos que cuydauan que con toda voluntad andaua; mas non adevinaua[n] la trayçion encobierta que él traya. E desque ovieron comido, e los manteles fueron levantados, era ya callentura levantada muy' grande, e era çerca de ora de terçia.

E pués que fueron todos leuantados de comer, aquel meryno començóles de mesurar, e desque ovo asmado que conpanna era, e entendió bien que los otros non poderian con ellos, porque eran mucho' más, a menos de resçebir grand danno, [cuydó] commo los fiziese a todos matar por arte. E entonçe sacó a parte al cauallero del Çisne, e a Galieno, e a vn conde que andaua ay, que era de los más onrrados omnes que y andauan, e díxoles asy: «Sennores, vos venídes muy' cansados, e averédes menester de folgar, e sy


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quier he grand piedad de aquella duenna que con vos traédes, e por ende ternya por bien, que folgásedes aqui esta noche', ca muy poco avédes de andar, e podés cras ser en la tierra que yo tengo del Enperador, do podédes muy' bien ser servidos; e yo vos faré venir esta noche quinientas vacas, e mill carneros, e toçinos, e pan, e ceuada, e todas las otras cosas que menester ayádes; e folgad, ca luego envío mandar traerlo.»

E ellos quando oyeron este serviçio tan grande que les prometia, gradesçieróngelo mucho', ca tenian que les daua muy grand don, e prometiéron le que fincarian por le fazer plazer, pues tan a voluntad lo auian. E él, en semejante de enbiar por aquello que les prometiera, e enbió vn su escudero a aquellos parientes del Duc, que les dixiese de commo les avia asegurados, e de qual guisa, e que fincavan y esa noche'; e ellos que punnasen de se armar muy bien, ayna, e que pensasen de se venir muy' apresurada mente e quanto pudiesen, sus azes paradas e muy bien ordenados para ally do ellos albergauan, e que viniesen de guisa e tan bien aperçebidos, que quando fuesen çerca de los otros, que él que llamaria a muy grandes bozes ¡Sansonna! [e] mataria al cavallero del Çisne, e que ellos matasen a los otros todos, que a muy' syn peligro de sy lo poderían fazer; e que este serviçio les tenia él bien guisado e vasteçido, porque vengasen bien la muerte del Duc.


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XLV.

Estas palabras que dixo Açelin, meryno, a su escudero a la oreja, todos los otros cuydauan que le mandaua traerque comiesen. E el escudero se fué quanto más a presurada mente pudo e al más yr, en vn roçin muy corredor que lleuaua, e pasó por una villa que avia nonbre Cablença, e quando llegó y, do yazian los syete condes, díxoles asy a muy' grandes bozes: «Sennores, agora tenédes buena sazon de vengar bien la muerte del duc de Sansonna, ca Açelin vos envia a dezir de commo ha segurados al cavallero del Çisne, e a Galieno el sobryno del Enperador, e a todos los otros que con ellos venian, e han de alvelgar ally esta noche'; e que vos punédes de vos armar todos muy' bien, e de ordenar todos vuestras azes, e de vos vr derechos quanto pudiérdes, vuestras azes paradas e bien acabdelladas, para ally do ellos yazen; e quando fuér-


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des çerca dellos, quél llamará a muy' grandes bozes ¡Sansonna, Sansonna! e matará al cauallero del Çisne; e vos que pensédes ferir en los otros e de los matar todos, ca lo podédes fazer muy' sin vuestro danno.» E ellos quando esto oyeron, començaron de armarse muy' ayna de lorigas, e de perpuntes, e de fojas, e de capellinas, e de fierro, e de yelmos, e espadas, e lanças, e todas otras armaduras que avian menester para fecho' de batalla: e ordenaron sus azes muy bien e mucho' apriesa, e fizieron syete azes, e pusyeron en cada vna dellas dos mill caualleros, e en la çaga pusyeron mill, que acorriesen a los otros sy menester fuese: e desta guisa començaron de venir al más andar que pudian contra la hueste del cauallero del Çisne e de Galieno.

Mas nuestro sennor Ihu X.o que es piadoso e derechero e conplido de toda justiçia, non quiso que tan grand trayçion fuese a cabada, e mostró y su milagro, por los aperçebir e acorrer en la guysa que oyrédes: ally estando los parientes del Duc e sus escuderos e su gente armados e ensyllados sus cavallos, e guisando sus maletas e sus cosas que avian de lleuar, fué asy que se les ouo a soltar vn cavallo ensyllado e enfrenado, que avia nombre el Ruzio de Nimaya, e era el más presçiado que avia en el ynperio, e oviera lo ganado el enperador de Alemanna del reyno de Ongría quando lo vençió en el canpo, allende del ryo que llaman Donoa; e el cavallo luego


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que fué suelto, començó de se yr corryendo contra la hueste del cauallero del Çisne e de Galieno, que yazian todos durmiendo en medio de la mayor siesta del dia; e el escudero que el cavallo guardaua, començó a yr en pos dél en vn roçin a muy grand priesa, con vna lança en la mano, e quando el cavallo llegó a la hueste, metióse entre las bestias, e començóles de lançar coçes e de las ferir muy' mal, e encoxó y cavallo[s] e otras bestias. E las bestias commo estauan cansadas non podian ferir a él; asy que. tan grande fué el roydo que fazian, que despertaron a quantos yazian en la hueste: e el escudero que venia en pos del cavallo, quando vió a todos despiertos, ovo miedo de lo perder, e metióse a çiegas entre las bestias denodada mente, e tomólo por las ryendas e començólo a sosegar; e el roçin en que andaua era tan cansado del afincamiento grande que fiziera en viniendo en el alcançe del cavallo, e otrosy, que se aquexaua mucho' a la tornada porque lo non alcançasen los de la hueste, sy saliesen en pos dél, que ovo el roçin con el grand afincamiento que le fazia, [de] fincar la cabeça en tierra, e cayó tan grand cayda sobrel pescueço, que quebrantó al caer la pierna del escudero, e quebrantólo todo el cuerpo de la gran cayda que cayó sobre él, de guisa que amorteçió al escudero; e al roydo que los cavallos fazian al pelear, leuantáronse quantos avian en la hueste, e començaron se de yr contra aquella parte do era el roydo; e el caua-

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llero del Çisne llegó y, primero, con la espada en la mano, e falló al cauallo, que estaua a par del escudero que cayera, e tomólo por la ryenda.

E entonçe llegaron todos; e començaron se de allegar a derredor del escudero, que cuydauan que era muerto. E desque llegaron a él, entendieron que era biuo, [e] començaron a trauar dél e meterlo en acuerdo, e a cabode grand pieça acordó, e desque fué acordado preguntóle quien era, o commo avia venido ally o de qual parte. E lo primero que les dixo fué que le diesen clérigo con que confesase, ca tenia de morir; e luego vino y un capellan de Galieno, que era omne bueno e de buena vida, a quien se confesó; e desque él ouo dicho' sus pecados, demandó por Galieno, fijo del duc Melion, e mostraron gelo luego; e dixo que se pensase de armar él e quantos ally eran; ca sopiesen por çierto que los parientes del duc de Sansonna, que eran quinze mill caualleros, e venian ally por los matar, e que venian y syete condes de su linaje, e díxoles los nonbres dellos. E contóles, otrosy, commo toda aquella traycion les avia basteçido Açelin el merino, e los otros parientes que con él vinieran. Quando esto oyeron el cavallero del Çisne e Galieno e todos los otros que y eran, fueron luego corryendo e echaron mano de Açelin e de todos los otros sus parientes. E el caballero del Çisne fizoles confesar toda la trayçion en que andauan; entonçes fízoles a todos atar las manos atrás, e mandólos enforcar en vn otero que estaua ay,


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asy vestidos e honrrados con todos sus pannos commo venieran; e desy esto fecho', començáronse de armar. E quando fueron armados todos, fizieron de sy çinco azes, e dieron trezientos caualleros, que dexaron en guarda de la Duquesa, muger del cavallero del Çisne; e él sobió luego primera mente en vn otero muy' grande e alto, onde paresçia toda la tierra en derredor, por ver commo venian los otros; mas avn non paresçian.

Mas quando el cauallero del Çisne vió toda su companna tan bien paresçiente e a tan bien acabdillada, do avia muchos' cavalleros muy' bien guisados de cavallos e de armas e de todas las otras cosas que para fecho' de batalla avian menester, e que toda la tierra resplandeçia a derredor dellos, quando daua el sol en las armas, e él fué muy ledo, e yva de vna haz a la otra conortandolos e dandoles esfuerço, e rogándoles que fiziesen todos bien, e fuesen buenos caualleros, ca çiertos fuesen de vençer: ca ellos andauan con verdad e con derecho, e los otros con trayçion e con enemiga; e diziéndoles, otrosy, que sy Dios toviese por bien de les dar ventura de vençer a los primeros, nin a los más que viniesen despues, non les tomase cobdiçia de robar ninguna cosa de quanto en el canpo oviese, fasta que todos sus enemigos fuesen vençidos e desbaratados e echados' del canpo; ca [esso] non convenia a cavallero nin a buena gente nin era su menester; mas matar e derribar e punar en vençer, e despues que toda la batalla fuese vençida,


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que todo el aver para ellos lo queria él e toda la ganançia, e non para otro, nin les queria ende parte.

E ellos respondieron, que aquello mesmo tenian bien en su voluntad de fazer todo lo que les él consejaua, e que non cuydase que tal tenia[n] en coraçon, fueras vençer o morir. E quando esto ovieron dicho', començaron a yr su paso, sus azes paradas, fasta que vieron las torres de la villa de Cablença, e vieron çerca della las grandes azes de los de Sansonna, do avia muchas sennas e gran muche'dunbre de cavalleria, e muy bien guysadas a grand maravilla; e los otros vieron otrosy a ellos, e entonçe començaron de yr muy' paso los vnos contra los otros.


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XLVI.

Mucho' fué grande el reçelo e la dubda que anbas las huestes ovieron vna de otra, quando se vieron: commo aquellos que non tenian en los coraçones sy non matarse e destroyrse commo enemigos mortales. E por ende, cada vnos se guisauan de fazer lo mejor que pudiesen, al mayor enpeçimiento que pudiese ser de la otra parte; ca bien [entendian] que aquello non podie ser torneamiento; mas batalla muy' crua e muy mortal. E en yendo asy desta guisa los vnos contra los otros, apartóse de la hueste de los de Sansonna vn cauallero que era natural de Cablençia e sobrino de Açelin el merino, de aquel que avia basteçido la trayçion; e avia muy' pocos dias que le fizieran cavallero. El duc de Sansona, fijo del duc Rayner, e aquellos syete condes enviáuanlo a la hueste de Galieno por desafiar al Enperador e al cauallero del Çisne. E él yva en


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muy' buen cavallo, e muy bien armado de todas armas que cavallero avia menester: en la mano leuaua vna lança, e avia en ella un pendon nuevo estrecho' e muy luengo, que desçendia fasta la çerviz del cauallo, ca tales los trayan essa sazon los cavalleros noveles. E luego que se partió de los suyos, movió el paso del cavallo, e asy començó a yr a grand golpe, fasta que llegó çerca de la hueste de Galieno e del cauallero del Çisne; asy que, lo podian bien oyr lo que les dixiese. E él pidioles treguas, fasta que obiese dicho' su mandado a los mayorales de la hueste, e ellos gelas otorgaron. E el primero que les respondió fué el Cavallero, que le dixo que viniese segura mente e que non temiese de ninguna cosa; e luego que esto ovo dicho', envió por Galieno [a su] faz, que viniese a oyr lo que el cavallero deria: e él vino y luego, asy commo él gelo enbiaua a dezir.

E quando el cavallero los vió ambos en vno ayuntados, alçóse en las estriberas, e dixo a grandes bozes, asy que todos lo oyeron: «Yo só aqui venido de parte de los syete condes parientes e amigos del duc de Rayner de Sansonna, que fué muerto en la corte del Enperador, a grand tuerto e muy' desonrrada mente, por mano de vn omne estranno que non sabemos quien es; e syn todo aquesto non le abondó al Enperador la muerte del Duc, a que fizo [matar tan auiltada mente e de tal guisa, e fizo] despues descabeçar treynta parientes suyos, de los mejores e más


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onrrados quél avia, muy cruel mente e syn ninguna piedad, asy commo sy fuesen traydores o los mayorales malfechores' del mundo; e por ende yo desafío de parte de los condes al Enperador primera mente, e a toda su tierra, e desy al cauallero del Çisne, e a Galieno, e a todos los que aqui son, e des oy más non avédes con ellos amor, ante vos desafian commo a enemigos mortales, e vos acalunnarán la muerte del Duc muy cara mente; asy que, oy vos cortarán las cabeças, asy commo la del Duc e de los otros sus treynta parientes [lo] fueron en la Corte del Enperador. E esto es lo que me mandaron los syete condessque vos dixiese de su parte; mas quiero vos preguntar tanto, sy vos plaze de me lo dezir, qué fué de Açelin el merino, que vino acá a vos, e non tornó a nos, nin lo veyo aqui con vusco.»

«Por Dios, dixo Galieno; deso vos diré yo muy bien recabdo; él era muy grand traydor, e fallamos que nos tenya bastida trayçion, e por esso diéronle la penitençia que meresçia; mas para saber dél bien çierto recabdo, preguntad a este cauallero extranno a quien dezídes que llaman del Çisne, que es buen maestro de castigar todas cosas commo estas, e al my cuydar él vos lo saberá bien cierta mente dezir; mas a commo yo creo, sy sabor avédes de los ver, sobid en aquel otero, e catad bien contra allá, e verlos hédes y, do están colgados en una alcándara, él e sus diez caualleros, que consigo traxo, muy'


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honradamente, con todos sus pannos e sus adobos vestidos e calçados, con todos sus afeytamientos conque nos fué a conbidar e a fazer honrra. E avn más vos digo: que sy su pariente o su amigo sódes o de los sus companeros, e los sus guisamientos querédes aver, yd e tomaldos, ca nynguno non vos los tollerá.»


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XLVII.

Quando el cauallero de la hueste de los de Sansonna que avian enviado por mandadero a Galieno e al cauallero del Çisne, oyó estas palabras e la razon que Galieno dixo, e oyó nueuas de Açelin que era enforcado, e lo vió bien de vista, [e] fué bien çierto que era asy, fué tan coytado en su coraçon, que perdió toda la memoria e cayó del cauallo commo muerto muy' grand cayda en tierra; asy que quantos a vista estauan, cuydaron que era muerto. E yogó asy vna muy grand pieça, amorteçido; e el cavallero del Çisne fué essas oras contra él, e fízolo meter en acuerdo, e començólo de esforçar e de le deçir que, non convenia a esfuerço de buen cauallero, dexarse derribar de su cauallo syn justa o syn otro forçamiento, por desmayamiento de pesar, nin se amortesçer [commo muger; ca a las mugeres convenia de amortesçer con] el pesar gran-


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de o con las nuevas de que han desplazer, ca non a los caballeros nin a los omnes de grand coraçon.

E desque lo ouo bien acordado, e fué leuantado en pié, fízole ayudar a sobir en su cauallo, que era ryco e muy bueno a maravilla, e diéron le su escudo e su lança; e desque se vió cobrado en su cauallo con todas sus armas, dió de las espuelas al cavallo, e començóse de yr contra los suyos, asy de rezio commo sy fuesen en pos dél; mas las armas que traya era vn leon de oro en canpo negro, s quando llegó a los syete condes llamólos a todos por sus non[bres] e díxoles asy «Sennores, nuevas vos diré de que vos deue pesar mucho': sabed que Açelin el merino, my tio, que es muerto; ca el cauallero del Çisne ovo a saber por el escudero que yua en pos del cavallo que se de aquy escapó, en commo andaua en trayçion; e entonçe mandó lo prender a él e a los diez caballeros que con él yvan, e fízolos luego a todos enforcar, bien asy vestidos, todos enforcados de una forca con todos sus panos asy commo estavan, e yo por mi, los vy todos estar enforcados de una forca ençima de vn otero, e asy vestidos en esta guisa que vos digo; por que vos pido por merçed e por la grand mesura e bondad que en vos es, que pues él, andando en vuestro serviçio e catando vuestro pró e vuestra honrra, morió tan vil mente, [le] querádes oy vengar, e que oy fagádes tanto por que resçiba el Enperador de vos toda deson-


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rra e todo pesar; ca lo podédes muy' bien fazer e acabarlo, e lo tenédes muy bien guisado asy, e contarse a, ende, fecho' de la nuestra muerte.»

Quando los condes oyeron quel merino Açelin e los diez caualleros que con él fueran, eran muertos de aquella guisa, tan grande fué el pesar que ovieron, que omne non lo poderia dezir nin contar: commo aquellos que lo amauan muy de coraçon, e que tenian que fazia mucho' por ellos. E fizieron por ellos muy' gran duelo, e desque ovieron fecho' su duelo e llorado mucho' por ellos vna muy' gran pieça, Espaldar de Gromaysa, que era el mayoral de la companna, dixo asy al mandadero: «¿Desafiastes vos a Galieno e al cauallero del Çisne de nuestra parte?» E el dixo que sy. «¿E de qué manera, dixo, estava el cauallero del Çisne y, quando le vos desafiastes?»

«Par Dios, dixo el caballero, vo lo ví estar a guisa de omne de grand coraçon, e muy buen caualgante a grand maravilla sobre vuestro caballo que fuyó de la hueste, e non vos fablaré lisonjera mente nin a banderia; mas bien vos digo que nunca vy rey', nin otro omne, que mejor semejança oviese de todos bienes e de todas aposturas e de toda mesura; asy que, yo creo que los fechos' de Roldan non fueron nada a pos los deste, a segund el ardimyento e proeza en el pareçe[n]: e en estas tres cosas pareçe él bien, e deues entender que es asy: la vna, en la muerte del duc Rayner, en se atrever a entrar en el canpo con él, e lo mató tan ligera mente, e seyendo


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tan fuerte e tan maravilloso cauallero en armas commo todo el mundo lo sabe; la otra, seyendo en esta tierra, e demás, sabiendo que todo el poder mayor de Sansonna estádes aqui, e érades contra él, e en se osar atrever a tan fuerte justiçia fazer e tan desonrradamente como de mi tio fizo e de los otros cavalleros, lo qual el Enperador a muy malas penas osara cometer; la otra, que es omne de razon, e de mesura e de piedad que ha con él; ca él, yaziendo yo commo muerto en tierra, do yazia commo amorteçido de muy gran cayda de mi cavallo, con el grand pesar que ove quando me dixeron de la muerte de Açelin, e me lo mostraron do estaua enforcado con los otros, que vino él por sy, a my, ally do yazia, e metióme en a cuerdo e con sus palabras de grand esfuerço que me deçia; e desy fizo me sobir en mi cauallo e darme mis armas, e dexóme venir a saluo, lo que me pudiera muy bien matar o lo mandar fazer sy quisyera; mas la gran bondad que en él es, lo forçó de lo non fazer, porque yo entiendo que en él es conplida fortaleza ally do deue, e toda piedad do conviene. E por ende yo digo, que ningud omne del mundo non vale tanto de bondad commo él.»

Con estas palabras quel cavallero dixo, pesó a todos los más que y estavan. E entonçe Aynor de Spira, que era vno de los condes, dixo: «Amigos, esto que dezimos es razon vana e palabras perdidas: mas sy me creer quysyérdes, mi consejo seria este, e tengo que seria bueno si lo vos


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querédes tomar, e vos pluguiese de lo façer commo vos yo diré: en este cavallero que dezimos del Çisne, véolo muy a venturado en armas, e demás esforçado e muy fuerte en sy e de muy grand coraçon: por ende ternia yo por bien, sy lo vos toviérdes, porque oviésemos pleytesya alguna de avenimiento e de paz. E despues poderíamos catar mejor manera por do lo matásemos a nuestro saluo, quando estoviese con menos gente que agora, que está tan asonada e tan aperçebida e con tan buena cavalleria; e esto tengo yo que seria lo mejor, que de aventurar nuestros cuerpos e nuestro poder a lo que syn peligro lo podemos acabar.»

Quando esto oyó el conde Segar de Monbrin respondióle muy' braua mente: díxole: «Par Dios, conde, mucho' fabládes a guisa de omne retraydo e couarde; e en este consejo que vos distes, non seria yo por todo el sennorío de Sansonna, [nin] por saber y perder la cabeça: ca avn me cuydo yo castigar con esta mi espada, e quebrantarle he el su orgullo, que le pesará mucho' con el mi encuentro, ante que de mi se parta; e porque entendádes bien quand grand sabor he de me encontrar con él e de non desuiar la justa, demando a quantos aqui sódes que me dédes las primeras feridas; asy que, la justa sea entre mi e él, e vos verédes quel pendon desta mi lança fincará, ende, bien tinto de la su sangre.»

Quando esto ovo dicho', firió el cavallo de las espuelas, e salió de la su faz, en que avia dos


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myll cavalleros muy buenos e muy' bien armados; e paróse ante ellos, e boluió se de cara, e dixo les asy: «Amigos, vos bien sabédes commo sódes mis vasallos, e tenédes de mí tierras e muy' grandes heredades, e muchos de vos crié, e vos fiz cavalleros, e vos fiz mucho' bien; e todo esto fize porque me fuese guardado para este tal dia commo este, porque pudiese demandar acaloniar los tuertos que oviese resçebidos, con vos otros e las desonrras que me fuesen fechas'; e por ende vos ruego por los deudos que me avédes, de uos pesar de mi mal e de mi danno, e que me ayudés oy a vengar la muerte de my tio, el duc Rayner de Sansona que mató este cauallero que llaman del Çisne, con quien yo agora justaré, e desy, sy Dios quisyere, yo me tomaré buen derecho'. Demás, de los otros de su companna vos ruego que, sy alguno cayere, que non sea preso; mas que luego le sea cortada la cabeça.»

E ellos le prometieron que lo farian, e que seguro fuese que les non ternia que los non vençiesen luego: lo vno, porque eran muchos' más que ellos; lo al, porque gelo él mandaua, e avian grand sabor de vengar la muerte de su tio, e de acalonnar la su desonrra.


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XLVIII.

Desta guisa que dicho' avemos, dió esfuerço e coraçon el conde Segar de Monbrin a su gente para vençer los otros; e luego manteniente movió él e toda su companna con él, e dió de las espuelas al cauallo, e estremóse de todos los otros suyos, e subió de suso de vn otero, e vió venir la haz del cauallero del Çisne, quanto podia una corredera de cavallo, e vió bien commo venia. E el cavallero del [Çisne] ovo otrosy a vista la suya; e luego que los vió, dixo asy a los suyos: «Amigos, estos que aquí vienen son vuestros enemigos mortales, e non andan sy non en vos confonder, e vos destroyr en quanto podieren, commo a las cosas del mundo que más desaman; e por ende, vos ruego por Dios e por honrra de cavallería, que vos esforçédes todos a fazer bien, e a ser firmes e rezios, e a los ferir de todo coraçon: ca fio, por Dios, que con la


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verdad que nos traemos, e con la mentira que ellos andan, que se non poderán tener que mucho' ayna non sean vençidos o muertos todos; e yo quiero començar la primera justa, e abrir vos han camino por do vayádes; e segund viérdes que yo fiziere, punad de me remediar; ca fio por la merçed de Dios, que la soberuia e enemiga de Sansonna [s]erá oy destroyda, e yo cuydo oy fazer por mi, que la duquesa de Sansonna entienda qual amor le he yo.»

Quando esto oyeron los suyos, fueron muy' alegres, e cresçióles grand esfuerço, e prometieron que ante morrerian todos que le fallesçiesen, ca bien' fyavan por la merçed de Dios, e con la ayuda que les él faria, que muy ayna los vençerian. Quando esto ouo dicho' a los suyos, salió fuera de la hueste, e apartóse delante todos, arredrado dela vna muy grand pieça; e estaua muy armado de fuerte loriga e bien labrada, que le diera el Enperador, qual él se la sopyera escoger; e otrosy de muy buen yelmo e muy fuerte, en que avia gastonadas muchas rycas piedras presçiosas, e tenia a su cuello vn escudo de marfil muy' claro, e muy blanco e muy' fuerte, en que avia pintado vn leon de oro; e tenia, otrosy, vn cuerno de marfil blanco e [a] leones de oro, con que esforçaua sus gentes e quando entendia que era menester. E destas mismas sennales eran las coberturas, e las sobresennales e el pendón de la lança; mas commo quier que todas estas armas que avemos dichas fuesen muy rycas


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e buenas e muy' fuertes, todo non montaua nada a pos la ryqueza e la fortaleza de la espada; ca esta era la más ryca, e más fuerte, e de mejor fierro, e la mejor labrada que en el mundo todo podria ser fallada. De tales armas era armado el cavallero del Çisne, e estaua sobre su buen cauallo el Roçio de Nimaya, que fuyera de la hueste de los sansones. E él era grande, e fiero, e muy bien encaualgante, asy que, todo omne que lo viese, lo devia resçelar de la vista tan solamente.

E quanto él se adelantó de la haz de los suyos, salió, de la otra parte de los de Sansonna, Segar de Monbrin, sobre muy buen cavallo e muy bien armado de todas armas que cauallero avia menester, e las sus armas eran vn canpo de oro e vn leon verde; e quando llegaron çerca vno de otro, firieron los cauallos de las espuelas e fuéronse ferir. El conde Segar de Monbrin dió tan grand lançada al cauallero del Çisne, que le falsó su escudo, e quebrantóle la lança en medio de los pechos' de sobre la loriga, e sy non que era la loriga fuerte, oviéralo muerto o mal llagado; mas el cauallero del Çisne le prisó de tal guisa, que le falsó el escudo, e la loriga magüer que era muy buena; asy que, le metió la lança por medio de los pechos', e gela sacó una grand braçada a las espaldas, e dió con él e con el caballo en tierra; asy que, quando la lanza dél salió, el conde Segar de Monbrin fué luego muerto o mal llagado. E su cauallo se leuantó, e el cauallero del


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Çisne lo touo, e diólo a los suyos. E quando este golpe ouo fecho', el Cauallero del Çisne començó de llamar a grandes bozes: «Alemanna, Alemanna, de parte del Enperador», e rogó a los suyos que los firiesen muy' de rezio, ca todos eran vençidos e muertos, los traydores falsos e desleales. Entonçe se boluió la companna del cauallero del Çisne con la del conde Segar de Mombrin, e fué la batalla muy' crúa e muy' mortal entrellos; ally ouo muchos' caualleros derribados de sus cauallos, e otros muertos e muy' mal llagados; asy que, todo el campo yazia cobierto de sangre dellos.

E en la conpanna del cauallero del Çisne andaua vn cauallero mançebo, que avia nonbre Ponçe, e avn non avia un anno que era cauallero, e era vasallo de la duquesa de Bullón, e fuera fijo del Merino de la tierra de Cardena. Aquel aguardaua todavia al cauallero del Çisne, que nunca se queria dél partir, e enbolviéndose las ases vna con otra, dexó correr el cauallo quanto pudo, e fué ferir a vn cavallero de los de Sansona, ansy, que non le valió el escudo nin la loriga, quel fierro de la lança non le metiese por el cuerpo con vna pieça del asta, e dió con él e con el cauallo en tierra muy grand cayda, e el cavallero fincó muerto açerca de su cauallo. E entonçe començó de llamar a muy' grandes bozes Ponçe, e [sobre] el [cauallero] quél derribó: «Bullón, por el cauallero del Çisne e por la duquesa Beatriz.» E el cauallero del Çisne, quando lo


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vió, plogóle mucho', e escomençó a esforçar los suyos muy' de reziamente, e [dezirles que] desa vez que los firiesen muy' de rezio, ca vençidos eran, e que se esforçasen muy' bien, que aquel non era torneamiento; mas ante era lid canpal, la más fuerte que ser poderia, de que muchas' duennas casadas fincarian biudas, e muchas donçellas, huérfanas, que casarian muy tarde.


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XLIX.

Mucho' fué grande la batalla, a grand maravilla ferida e despues que las azes fueron ayuntadas vnas con otras; mas el cauallero del Çisne que nunca en al punnaba sy non en vençer sus enemigos, pués que ouo muerto al conde de Monbrin, dexó correr el cauallo quanto pudo, e fué ferir a vn cauallero de los de Sansona, que avia nonbre Guillén de Pena Aguda; e era muy' buen cauallero en armas, pero era de tan grandes dias, que la cabeça e la barba toda la [a]via blanca comnfo la nieue; e era sennor de aquel castillo que avia nonbre Montester, que yazia sobre vn ryo que llamauan Carca. Aquel cauallero andava armado de todas armas e muy bien guisado, e sennalada mente de loriga, que traya a grand maravilla fuerte e buena: mas el cauallero del Çisne, que metiera mientes en él, e le viera fazer golpes sennalados, le fuera ferir de tan


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grand ferida de la lança, que la loriga non le pudo prestar, magüer que era muy' buena, que vna grand pieça del fierro e dela asta non le saliese a las espaldas, de guisa quel pendon, que era blanco, fué tornado bermejo de la su sangre, e dió con él e con el cauallo en tierra.

E quando esto ouo fecho', reboluió el cauallo contra su mujer la Duquesa, de cara, mostrando muy' buen continente. Quando lo ella de aquella guisa lo vió venir, sano e alegre, fué muy' leda, e entonçe alçó las manos contra el çielo e rogando a nuestro Sennor, e pidiendo le merçed que le guardase aquel marido que le diera, por que avia cobrado su tierra, e que por ella en tantos peligros se veya, e que Él por la su merçed lo defendiese de mal, e de muerte, e de manos de aquellos sus enemigos. Aquella oraçión que la duquesa Beatriz fizo, mucho' fué buena para su marido; ca ally do él se metiera en la mayor priesa que en la batalla avia, do perdieran ya las lanças, e se ferieran de las espadas, ayudó le en tal manera que fué ferir a vn cauallero de los de Sansona, de la espada, por çima de la cabeça de tan grand ferida que, le falsó el yelmo e el almófar; mas el baçinete que traya de suso era fuerte, que gelo non pudo falsar; mas abolló gelo de tal guisa, que so él le quebrantó los tiestos de la cabeça, e le ronpió la tela, e lo aomelló, asy que dió con él, a los pies del cauallo, muerto; e quando esto vieron los sus caualleros, començáronse a esforçar fiera mente, [e a los ferir en tal


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manera] que bien morieron y desa espolonada, quinientos caualleros de los de Sansona o más. Mas tan grande era el su poder, que non se fazia nada, a pos la otra poca gente que los otros eran; ante semejaua al cauallero del Çisne e a los suyos, que cresçian más todavia; e por y llamó a Ponçe e a otros quatro caballeros, quel vno avia nonbre Helías de Mes, de Loarena; e el otro Gufre de Moço; e al otro terçero Terin de Lona, e al quarto, Gión de Sandrón; e quando los vió a estos ante sy, rogóles mucho' que pensasen de acabdillar e de esforçar a los suyos quanto pudyesen, e punnasen de los ferir e los matar tan esforçada mente, syn los popar nin los resçelar nin vn punto; ca todos eran muertos e destroydos los traydores sy los de coraçon firiesen: e ellos fizieron lo muy' bien, lo que les él mandó. Essas oras tanió el cuerno elcauallero del Çisne una vez, e esforçáronse los suyos fieramente; entonçe firió el cauallo de las espuelas el cauallero, e todos los suyos con él, e fueron se ferir con los de Sansona, en tal manera que fizieron y tanto que, los de la haz que traxo el conde Segar de Monbrin non escaparon más de treynta, e avn estos, atales, que non avia ninguno dellos que non oviese perdido algund mienbro, o que non fuese ferido de muerte.

E esto fué en la primera semana de jullio, que Dios dió tan buena andança al cauallero del Çisne, que él con su conpanna mató al conde Segar de Monbrin, e destroyó a todos los que en su


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companna venian, que era tan grand gente commo ya oydo avédes; asy que, non escaparan ende, sy non ya que pocos, que ya vos deximos.

E luego vino a él su muger la Duquesa, e alynpióle el rostro del sudor, e tollióle el yelmo, e çomençó le abraçar e besar muy amorosa mente, e preguntar sy era sanno o sy avia alguna ferida; e él respondió que se sentia bien, e ella quando lo oyó, fué muy' leda, e agradesçiólo mucho' a nuestro Sennor; e luego fizolo desçender del caballo, e ella desçendió con él otrosy, e tollóle el almófar porque le esfriase al ayre; e sus cavalleros todos desçendieran a derredor dél, por esfriar otrosy e aprestar sus cauallos, e se guisar de todas las otras cosas que les era menester, e commo aquellos que atendian muy' gran batalla e muy descomunal; ca los otros eran en grand en fermedad de gente, e ellos eran muy' pocos.


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L.

En quanto el cauallero del Çisne asy con su gente estaua folgando e cogiendo frior e enderesçando sus cavallos, llegó Galieno con su haz; e luego, lo primero preguntó al cauallero del Çisne qué commo le yua, e él le dixo que muy bien; pero que perdiera y la mayor partida de su gente, asy que le non fincaran saluo aquellos caualleros pocos que con él estauan, e de los de Sansona non escaparan treynta, e que moriera ende el conde Segar de Monbrin. Quando Galieno esto oyó, preguntó al cauallero del Çisne que cómmo faria; e él le dixo que se fuese contra aquellos de aquella haz primera que venia, e él yria con él; e luego caualgó el çauallero del Çisne, e mandó a la Duquesa que caualgase e se fuese para aquellos que la avian a guardar; e Galieno caualgó luego entonçe, otrosy, e dixo al cauallero del Çisne: «Amigo, pues que vos ovis-


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tes la primera batalla, yo deuo aver la segunda batalla; mas tanto vos ruego [que], ninguno non mueva, fasta que la batalla se comiençe por mi e por la mi primera justa.» E el cauallero del Çisne gelo quisyera desuiar si pudiera, e fazer la justa por él; mas non pudo, e a la çima ouo de otorgar lo que él quiso. E entonçe el cauallero del Çisne mandó a su companna que moviesen muy' paso, e que se fuesen yendo en pos dél; e él, entonçe, adelantóse, e Galieno con él, e sobieron en vn otero, onde veyan toda la tierra en derredor; e ally fincó Galieno su pendon fasta que su companna fué llegada: e quando todos ally fueron llegados, contáronse que eran myll e trezientos caualleros muy' bien armados a grand maravilla.

E el cauallero del Çisne dixo les asy: «Sennores, ¿védes aquellos que ally vienen? Commo quier que muchos' vos semejan, non vos espantédes dellos, nin los resçelédes nin punto nin al otro, su grand poder; ca magüer muchos más son que vos, non se vos ternán nin punto, sy los muy de rezio feriésedes: ca la deslealtad grande con que andan los destroyrá, e los desayudará oy contra vos, e ayudará a nos contra ellos, e nuestro Sennor será y, en todo, de vuestra parte; ca todo omne que derecho' defiende o de mande, seguro es de dos razones: o de vençer, o de morir muerte honrrada e leal; e por ende, nos, defendemos razon e derecho', e lo demandamos; e ellos, tuerto e des lealtad conosçida, e non han y


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razon por que los deuádes [temer], nin desmayar nin espantar, por ende, por la vista del su grand orgullo e del su gran poder: ca por Ihesu Christo, Dios verdadero, fío e por la su virtud, que oy serán muertos e destroydos, e nos fincaremos, ende, mucho' honrrados para syenpre. E ruego vos, commo aquellos que vos sódes, que vos nenbrédes de las sangres onde venídes, e que punédes en fazer de guisa que ganédes onrras e buen prez deste fecho'; ca todo omne que en gannar todo esto non puna, más vale muerto que vivo. E de más, tenédes aquí a Galieno, sobrino del Enperador, a quien vos él encomendó e vos dió en guarda, asy commo sabédes, por que deuédes fazer más de vuestros poderes, sy lo fazer pudiésedes, e meter los cuerpos a toda muerte e a todo peligro que vos pueda venir, ante que desonrra nin danno resçiba: e por ende, vos ruego que punédes en ser firmes e buenos, e de los ferir muy de rezio. E sy merçed fuere de Dios, que los ayádes de vençer, non querrádes y catar por prender ninguno dellos; mas matarlos a todos; ca sy ellos toviesen a vos en su poder, non catarian por prender vno de vos por cosa del mundo; mas mataros lo más crúa mente que pudiesen a todos, e destroyr vos syn ninguna piedad. Nin otrosy, non vos cresca cobdiçia de ninguna cosa, que viérdes en el canpo, de lo robar nin de lo catar solamente, fasta que todos sean muertos e vençidos; ca por tal razon acaesçiera grandes males e grand atrauesamiento de los

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fechos'; asy que, muchas' vegadas acaesçió que aquellos que avian vençido, fueron vençidos e muertos e destroydos, e echados del canpo a su desonrra; e esto punad en guardar bien, ca sy plazer fuere de Dios a tal que, vos e yo los vençamos, bien seguros seed que, todo será partido a vuestra voluntad.»

E ellos quando esto oyeron, respondiéronle que ellos non vinieran ally, sy non por seruir a Dios e al Enperador e a ellos, e por fazer derecho' e lealtad; que ante serian todos muertos, que non fincase vno, que cosa fyziesen que mal les estoviese, nin que a denuesto fuese, nin a retraymiento les tornase. E esto les gradesçió mucho el cauallero del Çisne, e Galieno otrosy; e entonçe començaron se de yr su paso contra la hueste de Sansona.


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LI.

Espaldar de Gromaysa, el vno de los syete condes de Sansona, venia de la otra parte con dos mill cavalleros que traya en su haz, todos muy bien guisados commo ya oystes, que todos avian grand sabor de vengar la muerte del duc Rayner. E él venia ante ellos todos, acabdillándolos, en vn cauallo castanno, muy' grande e muy presçiado; e era armado de muy' buena loriga a grand maravilla, e otrosy de yelmo e muy fuerte e muy ryco; mas la espada que traya, era vna de las más presçiadas del mundo en aquella sazon, e fiziéra la el buen maestro que avia nonbre Dionis, que era el mejor que omne sabia, sy non era Galan, su hermano, el que fizo a Durandarte, e loyosa, la espada del rey Carlos. E esta espada que nos dezimos, fuera vendida al Enperador de Roma, [e éste] teniendo la consygo, conquirió muchas tierras, e vençió muchas batallas, e fizo con


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ella golpes sennalados, e porque syenpre despues fué sennalada e muy' presçiada. E despues diérala el Enperador a vn Duc que avia en Sansona, que fuera ahuelo del duc Rayner, onde la oviera Espaldar de Gromaysa que era de aquel linaje, e sabia con ella ferir muy bien, commo aquel que era muy buen cauallero de armas e muy' fuerte, a que le aviniera muy' bien con ella en muchos' logares; mas mucho' era, syn razon, soberuio e de grand crueldad. Desta guisa que avédes oydo, venia Espaldar de Gromaysa ante los suyos, acabdillándolos; e quando vió la companna de Galieno, cresçióle ardimento e esfuerço, e adelantóse vna pieça de los suyos, e de mandó justa; e Galieno fizo esso mesmo de su parte. Mas el cauallero del Çisne rogó a los de la haz de Galieno que fuesen todos en vno e muy paso, e que ninguno non saliese del canpo, e ellos fiçiéronlo asy como lo él mandó. E en esto llegaron se la vna haz a la otra, que non avia y al, sy non ferirse.

Espaldar de Gromaysa dexó entonçe correr el cauallo contra Galieno, e eso mesmo [fizo] Galieno contra él; mas pero que era mançebo e non avia tanto vsado en armas, dió a Espaldar de Gromaysa tal lançada en medio del escudo, que gelo falsó, e quebrantóle la lança ençima de la loriga en medio de los pechos'. E entonçe Espaldar, que era muy' buen cauallero e mucho' vsado en armas, dió otrosy a Galieno, de la lança, tan grand golpe en medio del escudo, que gelo oviera


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falsado, sy non porque dió en vna foja de fierro que traya en él en derecho del braço; e salió la lança en deslay, contra arryba, e dióle por el ojo, e el golpe fué contra suso; asy que, pasó el tiesto e el meollo, e la punta de la lança llegó fasta el yelmo, e empuxólo tan de rezio que dió con él en tierra.

E quando lo vió asy yazer, fué muy' ledo; desy dixo contra los suyos asy: «Amigos, desde aqui vos dó treguas por este que aqui yaçe, e séd bien seguros que, de aqui adelante, nunca vos más mal nin danno dél verná; mas de su tio el Enperador soy maravillado: mucho' le vyno a voluntad de lo acomendar a este omne extranno, que sabia muy' bien que yo tanto desamaua; mas bien me semeja, que ya avido ha galardon, quien de avn devia.»


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LII.

Todas aquestas palabras que dixo el conde Espaldar de Gromay'sa, todas las oyó el cauallero del Çisne, a quien pesaua mucho' de coraçon: e con grand coraçon e con grand sanna que ouo, dexó correr el cavallo lo más de rezio que pudo, e fuélo ferir; e dióle tal lançada so el brocal del escudo, que gelo falsó, e la loriga otrosy, ca salió el golpe en desuiado; pero dió con él e con el cauallo en tierra. Entonçe se boluyeron las ases del vn cabo e del otro, e començáronse a ferir; e el cauallero del Çisne endereçó contra do estaua Galieno, que yazia arredrado de los que se ferian, e desque llegó a él, desçendió del cauallo, e començóle de llamar, cuydando que era biuo, e dezíale de commo eran bueltos los de su parte con los otros. E quando vió que le non respondia, conosçió bien que era muerto; e començó a fazer su duelo sobre él, e a llamar su mançebia e su


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bondat, retándose mucho', e diziéndole que le [non] guardara tan bien commo su tio el Enperador encomendara; e pués que esto ouo fecho' rogó a Dios por su alma, e cobrió lo de su escudo mismo. Desy caualgó en su cauallo, muy sannudo, e dexóse yr ally do vió la batalla más espesa, e firió de la lança a vn cauallero de los de Sansona, asy que, le falsó el escudo e la loriga, e metió gela por medio de los pechos', e dió con él muerto en tierra a los piés del cavallo.

Desy començó de dezir a los vasallos de Galieno a muy' grandes bozes, que los firiesen muy de rezio, e que punnasen en vengar su sennor, que avian muerto los de Sansona, e ally paresçeria qual era leal, o lo amaua de coraçon. E ellos quando esto oyeron, fizieron muy' grand duelo a maravilla; mas el cauallero del Çisne los conortaua quanto podia, diziéndoles que el que se doliese, que lo mostrase en ferir e en matar en sus enemigos. E entonçe dexáronse correr los vasallos de Galieno, que eran de Alemanna e de Bayuera, a los de Sansona, e començáronlos de ferir tan de rezio, que mataron dellos bien quinientos caualleros o más; asy que, los vençieron e los fizieron salir del canpo fuyendo, e fueron más de vn trecho' de ballesta en pos dellos. En quanto ellos asy yvan matando, el conde Espaldar de Gromaysa fué puesto a cauallo, muy bueno [alazan], que le dieran sus vasallos; e metió mano a la espada que ya oystes, e començó a ferir en la conpanna de Galieno, que yva en al-


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cançe de los suyos, e a dar muy' grandes golpes con ella; asy que, el que bien alcançava, non avia de menester maestro.

Quando los de Sansona vieron a Espaldar, su sennor, que estaua a cauallo, tornaron ally onde yvan foyendo, e venieron le ayudar; e él, quando los vió a derredor de sy, plogóle mucho', e esforçóse fiera mente, e fué ferir a un cauallero de Galieno, que avia nonbre Asebue, e dióle tal golpe de la espada por çima de la cabeça, que non le valió el yelmo nin la cofia de azero, que non le fendiese fasta en los dientes; asy que, de aquel golpe desmayaron mucho' [los] alemanes, e cobraron grand esfuerço los de Sansona. Mas el cauallero del Çisne, que era de tan grand coraçon, a maravilla, fué esa ora a tomar a [la] su senna de Galieno, e dexó correr el caballo, el buen Ruçio de Nimaya de que ya oystes, e fué ferir de la lança por medio de los pechos' al conde Espaldar, e sacógela a las espaldas, e dió con él muerto en tierra; e despues començó a llamar a muy' grandes bozes «[Alemanna] por Galieno, sobrino del Enperador».

Quando los alemanes oyeron nonbrar a Galieno, su sennor, ally veríades bater palmas, e fazer el mayor duelo que nunca fué fecho'; mas el cauallero del Çisne, entonçe, los començó a conortar muy' fuerte mente, e diziéndoles que fazer duelo non tenia y pro ninguno; mas que sy ellos se avian de vengar su sennor, e dar a entender que se dolian bien, que punasen en vencer e ma-


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tar sus enemigos, que tenian delante sy: e ellos quando esto oyeron, metieron se bien de coraçon a fazer lo que les él mandó. E él, despues que esto ouo dicho', firió al cauallo de las espuelas, e fué ferir de la lança a vn cauallero de los de Sansona de tal golpe, que le falsó el escudo e la loriga, e metióle la lança por los costados, e dió con él, del cauallo, muerto en tierra; e desy, començó de dezir a grandes bozes: «¡Bullón! ¡Bulón!», diciendo a los suyos que firiesen muy' de rezio. E quando esto vieron los de Sansona, e vieron a su sennor muerto, [e] entendieron que los non poderian sofrir, e dexaron se vençer; e tan grande fué el miedo que ovieron, que començaron de foyr e a derramar cada vno por su parte; asy que non tenia vno con otro, e desanpararon el canpo, e el cauallero del Çisne seguyendo los en alcançe, e firiendo e derribando e matando en enos, e su conpanna, muy' grand pieça.


[ 231 ]

LII.

Desta guisa que ya oystes, mató el cauallero del Çisne al conde Espaldar de Gromaysa, e desbarató a todos los que venian en la su haz: asy que, pocos y ouo que, non fuesen muertos o muy' malferidos; e estos yvan foyendo quanto podian, contra las otras hazes, por que los acorriesen, ca en otro logar ninguno non se atrevian guaresçer, nin sabia[n] otra guarida; e tan desanparadamente yuan de las vidas, que magüer veyan que su sennor dexauan muerto en el canpo, que les non menbraua, nin tornavan cabeça por él, fueras por guaresçer con los cuerpos do podiesen. Mas la conpanna del cauallero del Çisne e de Galieno los yvan alcançando, e a los vnos cortaban las cabeças, e a los otros los braços, e los destorpauan de muchas' guisas; asy que, toda la tierra yazia cobierta, que de muertos, que de llagados; e muchos' cauallos a mara-


[ 232 ]

villa andauan sueltos, los vnos ensyllados, e los otros syn syllas, los otros los vientres rastrando por el canpo: asy que, todo omne que lo viese, poderia bien dezir e entender que, esta fuera más mortal [batalla], e más ynimistado e más maravilloso [paso] de armas, que nunca omne pudiera ver.

Mas el cauallero del Çisne que era muy sesudo e muy sabidor de guerra, non quisso que los suyos más fuesen en alcançe; ca el conde Aynor de Spira e el conde Iosarán, que eran amos primos cormanos, salieran ya del monte e todos sus caualleros; asy que, eran ya todos cuatro mill caualleros, en muy buenos cavallos, todos muy bien armados; e quando encontraron aquellos que yvan foyendo, que escaparon del alcançe, preguntaron les cómmo fueran asy desbaratados; e ellos le[s] dixeron, commo el cauallero del Çisne los desbaratara, e fiziera todo aquel fecho', e matara al conde Espaldar, su sennor, e a toda su companna, que yban asy fuyendo con miedo de la muerte.


[ 233 ]

LIV.

Quando los otros condes esto oyeron, ovieron tan grand pesar en sus coraçones, que omne non sabria dezir; e entonçe començaron a fazer el mayor duelo del mundo por aquellos otros dos condes que era[n] muertos, Segar de Monbrin e [Espaldar] de Gormaysa, que eran sus primos cormanos, e los dos omnes de toda su companna en que ellos más esfuerço tenian, e que amauan muy de coraçon. E desque su grand duelo ovieron fecho' por ellos, dixeron que les fuesen vengar luego, ca ante saberian perder las cabeças, que desta ves fincasen por vengar; e que tanta non era la braueza de aquel cauallero del Çisne, e la fortaleza que de sy mostrauan, que gela ellos non amansasen bien aquel dia, e le non quebrantasen aquel grand su orgullo.

E en quanto ellos en esto estauan, e ordenaron sus cosas por yr lidiar con el cauallero del Çisne


[ 234 ]

e con la otra companna que y con él era del Enperador, en se tornando el cauallero del Çisne del alcançe, llegó a [a]quel logar do fuera la segunda batalla, e vio yazer muerto a Espaldar de Gromaysa, e tomóle la espada buena que traya, ca le viera fazer golpes sennalados con ella, e dióla a Ponçe, que le ayudó bien con ella ese dia; e adelante, don[de] fueran las primeras feridas, falló a Galieno muerto, e cobierto de su escudo de la guisa que lo él dexara, e el rostro muy cobierto de sangre, asy que, apenas lo podia omne conosçer, fueras por las sennales que traya de las armas.

E entonçe desçendió el cauallero del Çisne, e otro cauallero que avia nombre Elías, e pusyeron lo en vn cauallo, e dieron dos caualleros que fuesen con él, e lo lleuasen, e lo guardasen que non cayese, nin se doblase; e fueron asy con él todos, fasta que llegaron a su gente, e entonçe desçendieron lo en vn plado muy' bueno que y auia, y ayuntáronse todos en derredor dél, e fizieron por él muy grand duelo. Mas Beatriz, la duquesa de Bullón, muger del cauallero del Çisne, vino luego y, e desçendió luego a él, e llegóse do yazia, e descobrióle la cara, e tomó la manga de su brial, e alinpióle el rostro de la sangre e del poluo de que era todo cobierto; e despues que todo esto ouo fecho', començó a torçer las manos, e a feryr en sus fazes, e a fazer [vn] duelo tan grande que seria grand maravilla de contar; asy que, quantos y estauan, asy les quebrantaua los


[ 235 ]

coraçones, e auian ende tan grand piedad, que començaron todos, commo de cabo, a fazer su duelo con ella, muy' mayor que ante non fezieran; asy que, las bozes dellos, poderia omne muy bien oyr a vna grand media legua.


[ 237 ]

LV.

Faziendo este duelo tan grande por Galieno, todos sus vasallos e quantos, otrosy, con él estavan, el cauallero del Çisne que entendia bien que, por al se avia de librar este fecho' que non por fazer duelo, los començó a conortar con muchas' buenas razones e a los esforçar, e dezia les que duelo non era menester de fazer a cauallero, nin veya pró ninguno en ello; mas de lidiar e de ferir e matar e punar de vençer en guisa que, vengasen bien su sennor, e oviesen derecho' de sus enemigos que gelo mataran; e ellos, entonçe, dexáronse fazer duelo, e dixéronle que pues Galieno, su sennor, era muerto, que a él resceberian e ternian por sennor, e a él prometian vasallaje en logar de Galieno, e que de ally adelante que farian su mandado todos, ora vençiesen o non. E luego él, quando lo oyó, tomó la sena de Galieno, e dióla a Yugo, que tenia el


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castillo de Rocabrisa, e fízolo sennor de otra haz; e despues llamó a Grión, que tenia el castillo de Falisa, e fízole sennor de otra haz; e desta guisa fizo quatro azes, e en cada vna dellas puso çabdillos, aquellos que entendió que, mejores serian para ello.

E en quanto ellos esto fazian, asomaron los dos condes, e Iosaran e Aynor de Spira, con quatro mill caualleros e muy bien armados e en muy buenos cauallos; e todos avian muy grand sabor de matar e destroyr al cauallero del Çisne, e a toda su companna; e avian puesto entre sy que, sy lo pudiesen coger, o les fuese en poder, que por manera que en el mundo fuese, que les non escapase a vida; mas que luego fuese muerto e cortada la cabeça, él, e quantos de su companna fuese[n], que pudiesen derribar e prender. Mas el cauallero del Çisne, commo era de grand coraçon e de buen seso e muy sabidor en todo fecho' de armas, tenia su gente muy biena cabdillada e muy bien hordenada; e luego que las azes fueron endereçadas, movieron contra las otras de Sansona, e quando fueron çerca las vnas de las otras, salió de la su haz el conde Iosaran, e otro ssy Yugo, que yva en la delantera de parte del cauallero del Çisne, salió de la suya, e fuéronse ferir, e el conde Iosaran dió a Yugo de la lança tal golpe, que le falsó el escudo; mas la loriga, que era muy fuerte, non pudo falsar, e quebró la lança en él; mas Yugo firió a Iosaran de tal guisa que, le falsó el escudo e la loriga, e me-


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tióle la lança por el cuerpo, e dió con él del cauallo muerto en tierra, e despues metió mano a la espada, e començóse a nonbrar, feriéndolos muy de rezio. E entonçe se boluieron las azes muy fiera mente, que los más de la haz de Iosaran fueron muertos e llagados a muerte; e muchos' cauallos andauan sueltos e syn duennos, de los quales los sennores dellos yazian muertos en el canpo; asy que, de los de la haz de Iosaran menos escaparon de la meytad, que fueron e le contaron todo al conde Aynor de Spira, que venia en la otra haz en pos desta.


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LVI.

Quando el conde Aynor de Spira oyó commo el conde Iosaran era muerto, e los suyos vençidos, e los vió yr asy desbaratados, ouo muy grand pesar, [tanto] que, por poco non salió de su seso, e fizo muy grand duelo además. Desy movió luego, quanto pudo, con toda su conpanna; e luego que fué çerca de la otra haz, do venia Yugo, dexó correr el caballo muy de rezio, e otrosy Yugo de la otra parte, e fueron se ferir, e la lança de Yugo fué luego [fecha] piezas; mas Aynor le dió luego vn tal golpe, que le falsó luego el escudo e la loriga, o le metió la lança por el coraçon, e dió con él muerto en tierra. Desy él e los suyos començaron de ferir en la haz de Yugo tan fieramente, que non escaparon ende sy non muy' pocos; ca él que foyr non queria, luego le cortauan la cabeça. E desta guisa fueron vençidos los de la haz, que eran de la conpanna que fuera de Galieno, e


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Aynor de Spira los yva alcançando e matando e firiendo muy crúa mente, fasta que los llegaron asy, çerca de la otra az del cauallero del Çisne.

Guión de Forisa, que la acabdillaua, dejó correr el cavallo, e fué ferir vn cauallero de los de Sansona, que avia nonbre Mariscón; e dióle tan grand lançada en descobierto del escudo, por medio de los pechos', que le falsó la loriga e dió con él muerto en tierra. E todos aquellos que eran de la su haz fizieron otrosy muy bien; [mas] de la parte de los sansonnes vinieron el conde Aynor, e Luzio, e Marçelin: estos tres eran muy buenos caualleros de armas, e fueron ferir en los de la haz de Grión, e avínoles asy, que cada vno mató el suyo de aquellos con que justaron; mas Grión, dió bozes a los suyos que se esforçasen, e los firiesen, e dió a vno dellos tan grand espadada por çima de la cabeça, que le tajó el yelmo e el tiesto, e la espada llegó al meollo, e dió con él muerto en tierra.

E vn sobrino de Guión, que avia nombre Guisarte, fué ferir de la lança a otro cauallero de los de Sansona, que avia nonbre Elión, que era muy' buen cauallero de armas; pero era de muy grandes dias, ca toda la cabeça e la barua avia blanca commo la nieve; e dióle tal lançada que, le falsó el escudo e la loriga en derecho' del costado syniestro, e metióle la lança por él, e dió con él muerto a los piés del cauallo. E quando esto vió Guión, fué ferir a otro cauallero de los de Sansona, que avia nombre Eriar, e avia poco


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que fuera cauallero novel, e era fijo de vn ryco omne que avia nombre Abfemiano; e dióle tal golpe que le falsó el yelmo, e dió con él muerto en tierra; e [a] otro su hermano [de este] Orian, que venia con él, que avia nonbre Clarián, fuélo ferir este sobrino de Grión, e dióle tal lançada por medio del escudo, que dió con él muerto a los piés del cauallo.

E entonçe don Grión dió grandes bozes a los suyos, diçiéndoles que los firiesen, ca vençidos eran; e el conde Aynon de Spira, quando vió los suvos maltrechos, fué férir a vn cauallero de los que fueran de Galieno, e dióle tal espadada, que le falsó el yelmo e dió con él muerto en tierra; e essas oras començó a dar bozes a los suyos que los firiesen, muy de rezio; e ellos quando lo oyeron, tomaron esfuerço, e aviuaron, e firyéronlos tan fieramente que los echaron del canpo, e a Grión, que los acabdillaua: asy que, todos aquellos fueran muertos e destroydos, sy non fuera por el caballero del Çisne que los acorryó; e quando los vió venir asy vençidos, fué recudir de la su haz, e fué ferir al conde Aynor de Spira que venia en la delantera, e dióle tal lançada que le falsó el escudo e la loriga, e sacóle la lança por las espaldas, e dió con él e con el cauallo en tierra; asy que, el conde Aynor fué luego muerto de aquel golpe.

Quando el cauallero del Çisne ouo fecho este golpe, e vió yazer al conde Aynor de Spira muerto, començó a llamar a grandes vozes: «¡Mongía


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por el Enperador!» diziendo a los suyos que los firiesen muy' de rezio; e a los de Galieno que punasen en vengar su senor, que les fincaua muerto en el canpo, que era su sennor natural.

Quando ellos esto oyeron, esforçáronse mucho e tornaron todos con los suyos, e començaron a ferir en los de Sansonna, e matar e derribar en ellos de guisa que, de los de toda aquella haz de Aynor e de la [de] Iosaran non fincaron sy non muy pocos, que fuyeron, que todos non fuesen muertos o feridos de muerte; mas el conde Mirabel de Tabor, e el otro conde Folquer de Ribera, vinieron y luego en acorro de los que yvan vençidos, e cada vno dellos traya doss mill caualleros; e tras estos venia el conde Grauer, su sobrino, que traya otros dos mill caualleros; e syn estos todos, venian [otros] en la çaga, en que avia mill cavalleros, e fueron escogidos por muy' buenos caualleros e muy' buenos de armas para acorrer a los otros, sy les menester fuere: e venian muy bien armados todos, e sobre muy' buenos caballos a maravilla. Mas el cauallero del Çisne non tenia ya en toda su companna tres mill caualleros, e avn estos con los trezientos que guardauan la Duquesa su muger, saluo la companna menuda del rastro, en que avia muy' poco esfuerço e ayuda ninguna; ca de los syete mill caualleros quel Enperador diera a Galieno, su sobrino, non avian fincado más de aquellos, nin de los suyos, que eran seteçientos caualleros o más; pero vendieron se tan cara mente estos, que de los syete


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condes que vinieron contra ellos, eran muertos los quatro, e de los quinze mill caualleros que trayan, non avia[n] fincado más de los syete mill. Commo el poder de los de Sansona era grande, sy non fuera por la gran merçed que nuestro Sennor Dios quiso fazer al cauallero del Çisne, asy commo ya oystes e adelante oyrédes, él fuera muerto y, e perdida la Duquesa, su muger, e toda la tierra que avia y a heredar por ella.


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LVII.

Grande fué, a maravilla, e espantoso el poder de los de Sansona, quando paresçieron las compannas de los tres condes Mirabel de Tabor, e Folquer de Ribera, e Grauer, que era muy' grande e bien guisado la caualleria que traxo, e avia y muchos' caualleros mançebos e valientes e de grandes coraçones, que avian a voluntad de fazer bien; e venian en muy' buenos cauallos todos, muy bien armados a grand maravilla, e muy esforçados a grand maravilla, por vençer sus enemigos. Mas el cauallero del Çisne los atendia a guisa de omne esforça[do], commo aquel que nunca en él prisó espanto de poder espantable que ante sy, nin contra él, veniese; e las azes yendo asy muy hordenadamente, las vnas contra las otras, desque fueron bien a çercadas, el conde Mirabel de Tabor, dexó correr el cauallo e fué a ferir a vn cauallero de los que fueran de


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Galieno, e dióle tal lançada, que le falsó el escudo e la loriga, e le metió la lança por medio de los pechos', e dió con él muerto en tierra. E començó a dar muy grandes bozes a los suyos, que los firiesen muy de rezio, e ellos fizieron lo asy; e commo eran muchos', e los caualleros del Çisne eran pocos, atreviéronse a ellos de guisa que, los fueron ferir tan de rezio, que mataron dellos más de çiento, e los otros echáronlos del campo por fuerza; mas el cauallero del Çisne, quando esto vió, ouo muy' grand pesar, e paróse ante ellos e començó a dezir que tornasen, jurando muy fieramente que ninguno de ally pasase, nin fiziese continente de foyr, que le cortaria la cabeça.

Quando esto oyeron ellos asy fablar tan braua mente, no ouo y tal, que non ouiese pauor; e quedaron, e non osaron por y pasar, e tornaron luego contra los otros, e començaron los de ferjr muy de rezio. E el cauallero del Çisne delante todos los otros, fué ferir al conde Folquer de Ribera, e dióle tal golpe de la lança, que le fendió el escudo; mas la loriga era tan fuerte que non gela falsó, pero dió con él grand cayda del cauallo en tierra; e el conde Folquer se leuantó luego en pie, commo aquel que era muy' ligero e muy buen cauallero de armas e muy rezio; mas non ouo de su parte quien le acorriese, e fué luego el cauallero del Çisne a [le] prender en vida, e dióle a quatro caualleros que lo guardase[n] bien, so pena de las cabeças; e mandóles que se arredrasen de ally con él, donde era la batalla.


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LVIII.

Despues que el cauallero del Çisne ouo derribado e preso al conde Folquer de Ribera, dió grandes bozes por conortar a los suyos; e nenbróse, e tanió el cuerno, e ellos quando lo oyeron, esforçáronse mucho', e fuéronse ferir muy rauiosa mente en los de Sansona; e tan brauamente los cometieron, que mataron e derribaron muy grand pieça dellos, [asy que, los ovieron a echar del canpo vençidos, e fueron los alcançando, matando e derribando e feriendo en ellos] fasta que los llegaron a la otra az, do estaua el conde Grauer.

E quando el conde Grauer esto vió, dó bozes a los suyos que los fuesen ferir; e él mesmo fué dar tal lançada a vn cauallero que era natural de Clarmonte, que le falsó el escudo e la loriga, [e] metióle la lança por el cuerpo, e dió con él muerto en tierra. E desy, él e todos los suyos co-


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mençaron los de ferir muy fieramente, e los otros a ellos otrosy; asy que, todo omne que lo viese, bien le semejaria que, era aquella, la más crúa batalla que ser poderia; ca los vnos, dauan bozes del dolor grande que sofrian de las feridas, e los otros, llorauan por sus parientes e por sus amigos, que veyan muertos e llagados, que non los podian acorrer; asy que, más de mil caualleros morieron y, luego, en poca de ora, que non comulgaron nin ovieron confesyon. Mas desa vez todo el mayor danno tornóse sobre el cauallero del Çisne; ca de toda la su conpanna non la quedaron más de seys çientos caualleros.

E desque vieron el grand poder que cresçia a los de Sansona, non lo pudieron sofrir mucho avidos de sy. E el cauallero del Çisne recudia muchas' vezes, e trauesáuales delante, dándoles muy' grandes bozes, diziéndoles que tornasen, e catasen vergüença, e los fuesen ferir.

E en esto nonbrando se muchas vezes, e llamando: «Alemana por el Enperador», e a las vezes Bullón por él e por la duquesa Beatriz; mas todo esto valia nada: tan grande era el espanto e el grand pesar que avian tomado, e el derramamento del foyr. Mas quando el cauallero del Çisne vió que los non podia tornar, con aquellos pocos que le fincaron, fuese deteniendo e requiriendo se, e tornando en ellos muchas vezes; e tornando en ellos asy mucho' a menudo, matóles bien dies caualleros él por sy, e fizo en tal manera, que sy él, çincuenta caualleros ouiera y,


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que le ayudaran en la guisa que él lo fizo, que todos los de Sansonna fueran muertos e destroydos en muy poca ora. Mas el poder de los sansones era muy grande, e venian muy' esforçados; e Miraualo, el Conde que los acabdillaba, les començó a dezir que los firiesen muy de rezio, e que cauallero nin escudero de quantos pudiesen alcançar nin tomar, que non escapase ninguno, que todos non fuesen metidos a espada.

Mas el cauallero del Çisne quando lo oyó, tornó la cabeça del cauallo contra el conde Mirabel, e fuéle dar por medio del escudo con la lança; e dióle tal golpe que gelo falsó, e oviéralo muerto si non fuera porque era fuerte la loriga: pero con todo esso, fué tan grande el golpe, que lo echó' sobre el anca del cauallo, e fizo lo yr a tierra muy' grand cayda. Mas ante que más vuiase a cobrar sobre él, fueron y más de quinientos caualleros de los de Sansona, quelo çercaron aderredor, e quatro dellos lo firieron: los dos delante e los dos de cuesta; mas él se touo tan fuerte en las estriberas, que sol non le pudieron mover; e él luego metió mano a la espada, e dió al vno dellos tan grand golpe, que le falsó el yelmo e el almófar de la loriga, e metióle la espada por la cabeça fasta en los meollos, e dió con él muerto en tierra; e despues, dió a otro cauallero con la punta de la espada por medio de los pechos', asy que, le falsó la loriga, e metió le la punta della por el cuerpo, e matólo otrosy.

E quien entonçe le viese dar muchos golpes, e


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grandes a todas partes, e matar los vnos e derribar los otros, e cortar cabeças e manos e braços e estorgar cuerpos e toller mienbros, non le paresçiera nada la bondad de Roldan, [nin de Oliveros nin de los otros caualleros de grandes fechos de que oyera fablar], contra la suya: ca bien asy commo el çiervo fuy entre los canes, e el acopada entre el esmerejón, asy fuyan los de Sansona antél, que sol non se osauan de esperar nin se parar de rostro a él; e fiziéronle tan grand carrera a él, que puderian yr por ella dos carros en par, e por ally acogió a los suyos, que fueron muy ledos, quando lo vieron asy yr sano e muy' esforçadamente.

Mas en quanto él se yva yendo, el conde Mirabel fué puesto ençima del cauallo, e dixo a los suyos, a muy' grandes bozes que, punasen en alcançe del cauallero del Çisne, en guisa que se les non fuese; ca aquel era el traydor que matara al duc Reynar de Sansona, su tio, e los que lo non quisyesen [fazer] que perderian los cuerpos e quanto toviesen. E ellos quando esto oyeron, dexáronse todos correr en alcançe, e matáranle muchos' caualleros que yban con él. E ally podria omne [ver] cauallos sueltos, syn sennores, por el canpo; e los sennores, de la vna parte e de la otra, yazer en tierra: los vnos, muertos; e los otros, feridos. E asy matando en ellos, e ellos en ellos, otrosy defendiéndose con esfuerço del cauallero del Çisne, que los yba esforçando e conortando, e firiendo e tornando a las vegadas en


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ellos, e algunos de los suyos, otrosy, con él, lllegaron a la çaga, do estaua la Duquesa, su muger, e a los trezientos caualleros que la guardauan, e ally tornaron todos por defenderse; mas muy pequenna defensyon poderia ser de quynientos caualleros que eran por todos, o pocos más, contra çinco mil que eran los otros.


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LIX.

Quando el cauallero del Çisne vió su conpanna tan apocada, que de syete mil caualleros que traxiera entre él e Galieno, e non le fincauan más de quinientos, ca todos avian los otros muertos e presos los de Sansona; e avn destos, más de los trezientos eran asy cansados e maltrechos', que más les era menester folgar que de aver más batalla, e a él otrosy con ellos; e él entonçe, llorando muy' graue mente de los ojos, volvióse contra los suyos e díxoles asy: «Sennores, vos védes la my façienda e la vuestra, bien en que está; ca nos somos pocos, e nuestros enemigos muchos', e ellos están folgando, e nos cansados e mal trechos', e estamos a peligro de perder nuestros cuerpos e de se onrrar de nos ellos, e nos, de ser desonrrados; e sy nos aqui morimos, el Enperador ha perdido lo más de su tierra, e la Duquesa presa e desonrrada, lo que yo que-


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rria ante ser muerto mil vezes que esto fuese; e demás, non cuy[do] de ninguno de uos, sy en mano de los Sansones cayérdes, que alli aya si non muerte. Por ende, vos ruego por Dios e por bondad de caualleria, e por saluar vuestras vidas e vuestras onrras de mal pres, que non desmayédes, e que vos nenbrédes de la sangre onde venídes, porque non sean denostados por desmayamiento, nin por flaqueza que de vos mostrédes, nin por ninguna covardia que oy en vos sea fallada; ca sy oy moriérdes en defendiendo vuestras vidas, e vuestras onrras, e faziendo bien, morirédes muertes honradas, e de que syenpre fablarán; e sy vençiérdes, e salvárdes vuestras vidas, e guardando vuestra lealtad e faziendo derecho', ganarédes vuestra honrra e buen pres para syenpre; por que ha menester que punédes en tornar vuelta vos todos en esfuerço e coraçon, para anparar vuestros cuerpos e vuestras vidas e derecho' de vuestros ennor natural, e de vençer e destroyr a los que vos vençidos e destroydos vos tienen; ca sy bien rezios fuérdes, e los firiérdes de todo coraçon, magüer que ellos son muchos' e vos pocos, la vuestra verdad ayudará a vos, e la su deslealtad confonderá a ellos.»

Quando ellos esto oyeron, e lo oyeron asy llorar tan de coraçon, e dezir aquellas palabras tan piadosa mente e con tan grand omilldad, ovieron tan grand piedad que, ovieron de llorar otrosy con él, e prometerle que, ante sabrian perder las cabeças e ser pieças fechos', que le fa-


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llesçiesen. E entonçe oluidaron todo espanto e toda couardia, e cobraron esfuerço e coraçones, e aboresçiendo las vidas en que se veyan, luego se dexaron correr contra los de Sansona, e firieron los tan de rezio, que de la primera espolonada mataron más de çiento, e derribaron muchos', que eran feridos de muerte. Ally fué la batalla muy fiera de parte de los del cauallero del Çisne, e ally ovo grandes golpes fechos' e muy sennalados de lanças, e de espadas, e muchas' astas quebrantadas, e muchas lorigas rotas e falsadas.

Quando esto vieron los de Sansona, dexaron el canpo a pesar de sy, e fueron foyendo fasta en la su çaga, do venian los dos condes Grauel e Mirabel de Tabor, e con ellos bien syete mill caualleros. E quando los vieron asy venir, començaron les a dar muy grandes bozes e a dezir: «Tornad, caualleros, tornad e yldos a ferir, e non escape ninguno dellos biuo, nin mançebo, nyn otro omne ninguno que sea, e mueran todos: ca non es gente que nos sufra». Quando los de Sansona vieron que les cresçia esfuerço, dieron tornada contra los caualleros del Çisne, e començaro[n] a [los ferir muy de rezio, e la vuelta fué muy grand, e la batalla muy cruda e muy fuerte, e ally murieron la mayor parte de la conpanna del cauallero del Çisne, e començaron] a leuar los vençidos.

E quando el cauallero del Çisne esto vió, fué muy coytado, ca lo levaron de aquella guisa fas-


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ta la su çaga, ally do él tenia la mayor su conpanna, e desbaratáronla toda; pero él, con todo esso, tornaua a menudo matando e firiendo en ellos, quanto él más podia, fasta que llegó al logar do la Duquesa, su muger, estaua. E entonçes dió bozes a los suyos, diziéndoles que tornasen [e punasen] de lo ayudar e de los ferir muy de rezio, e ellos fiziéronlo asy; mas poco montaua su ayuda nin el su ferir, ca non eran ya más de trezientos cavalleros de buena cavalleria, los que fueran con él, e el conde Mirabel traya muy grand companna; asy [que] entre los que el traya, e el conde Grauer que venia en la çaga, e era[n] bien çinco mill caualleros. Mas el conde Mirabel, que venia una pieça delante, dixo a los suyos que los firiesen por fuerça, que ya todos los tenian ya commo muertos, e que sol non fallarian ya en ellos defendimiento ninguno. Entonçe se dexaron yr todos al cauallero del Çisne e a los que con él eran, tan fiera mente, e començáron los de conbatir tan fuerte mente, e de aquella yda mataron muy grand pieça de aquellos que le fincaron; mas él, commo cauallero mucho' esforçado e que non desmayaua por enbargos que le viniesen, fué ferir a vn cauallero de los de Sansona por medio del escudo, de tal golpe que gelo falsó, e la loriga, e metióle la lança por el cuerpo, e sacó gela a las espaldas bien un codo, e dió con él del cauallo en tierra; e despues fué ferir a otro cauallero por çima del yelmo [tan grand golpe] con la espada, que

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lo fendió fasta en las orejas; e desy metióse e. la mayor priesa de la fazienda, e començó a dar muy grandes golpes a diestro e a syniestro, e meter [su] cuerpo a muerte, commo aquel que non tenia al en uoluntad sy non vençer o morir: en tal guisa los feria e los coytaua, que toda la conpanna del conde Mirabel fueran vençidos e muertos, sy non fuera por el conde Grauer, que llegó y luego aora, que eran bien tres mill caualleros que venian muy bien armados, e venian quanto los cauallos los podian levar, e el conde Grauer venia ante todos; e asy commo llegó, fué ferir a vn cauallero de Bullón, de la lança, tan grand golpe, que le falsó el escudo, e la loriga, e metióle la lança por los pechos', e dió con él muerto en tierra; e luego que esto ouo fecho', dió bozes a los suyos que los firiesen muy' de rezio, e ellos fiziéronlo asy.

E quando los de Bullón vieron que eran pocos a desmesura, e los de Sansonna muchos' además, e que vieron que, los non podian sofrir, començaron de yr foyendo. Quando el cauallero del Çisne vió esto, començó a llorar muy de rezio de los ojos, e quisyera tornar muy de grado; mas tan grande era la priesa que yvan enpuxándolos de los pechos' de los de cauallo, que gelo non dexaran fazer, nin pudo; asy que, por fuerça le fizieron arredrar de ally donde estaua su muger, la duquesa Beatriz, faziendo muy' grand duelo a maravilla. E entonçe llegó el conde Mirabel, ally do ella estaua, e prisóla, e tomóla por la ryenda;


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e desque la vió en su poder, fué muy' ledo con ella, commo aquel que cuydaua fazer della a su voluntad, e ganar toda la tierra que ella avia. E él mandó luego a la su gente que saliesen a priesa, e començáronse yr con ella contra la çibdad de Cablença.

Mas el conde Grauer començó de yr en alcançe, fasta que llegó con ellos a vn logar que llamauan Fecha Bronia, e ally falló toda la companna del rastro de los del cauallero del Çisne, que guardauan las azémilas, e todas las otras cosas que trayan. E quando ellos esto vieron, la conpanna de la grand cavalleria que contra ellos venian, desanpararon quanto trayan, e començaron de foyr; e ally cobraron los de Sansonna muy grand algo a maravilla. E el conde Grauer, desque esto ouo ganado, non quiso yr más adelante nin menos en el alcançe, e tornóse para el conde Mirabel, que lleuaua la duquesa Beatriz, que yva torçiendo las manos, e torçiendo sus [f]azes, e faziendo el mayor duelo del mundo, la viendo el cauallero del Çisne, su marido, e ementando sus voluntades e los grandes bienes que en él avia, e amorteçiéndo se mucho' a menudo; e cayera muchas vezes en tierra, sy non por los dos condes Mirabel e Grauer que la estauan soteniendo, e conortando con sus palabras falsas, lo más que ellos podian.

Mas todo non valia y nada contra el grand pesar que ella mostraua; mas desque la buena Duquesa ouo vna grand pieça fecho' su duelo por su


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marido e por sy, que se via en poder de los enemigos en la guisa que oystes, alçó los ójos e las manos contra el çielo. E començó de fazer su oraçion a nuestro Sennor en tal manera: rogándole e pidiéndole merçed que, asy commo El era verdadero [Dios, e verdadero] omne, e verdadera Trenidad, Padre e Fyjo e Espíritu Santo, tres personas e vn solo Dios verdadero, e nasçiera de la virgen Santa María para acorrer a los coytados, e prendiera muerte por sacarlos del poder [del] diablo, e resoçita[ra] a Lazaro de muerte, e lo sacara de las penas del ynfierno, e librara a Daniel de los syete leones a que fuera dado a comer, e saluara a Santa Susana, e la guaresçiera de muerte e de pena de falso testimonio que le aponian, asy que, ella y escapara salua, e los traydores que la acusauan resçibieran la muerte, que ella devia merecer sy culpada fuera; e que por todas las merçedes que El fiziera a los coytados, le consolase; e por los santos nonbres, de que ella savia muchos', que le diese su marido sano e syn lisyon, e guardase su cuerpo que non resçibiese desonrra de aquella gente falsa e descreyda.

Mas los Condes que yuan con ella, teniendo todo esto que ella dezia por nada, e yua[n]se reyendo ende mucho'; mas nuestro Sennor, que era derechero' e piadoso, oyó la oraçión de la buena duenna, e destroyó la soberuia e el orgullo dellos, asy commo agora oyrédes.


[ 263 ]

LX.

En quanto los condes leuaban la duquesa de Bullón, muger del cauallero del Çisne, a quien mucho' pesara, fincó él con aquella conpanna que le fincara, muy' triste e con grand pesar; tanto, que más non poderia ser: e estaua en vn valle que llamauan del Priuel catando aquella gente que leuauan a su muger.

E quando los vió yr asy con ella, cresçióle tan fieramente el pesar e la tristeza, que bien dos vezes fué commo amorteçido; asy que, cayera del cauallo sy non fuera por el grand esfuerço que en él avia; pero a la çima, nenbrándose de la grand fermosura e bondad de su muger, e más del grand bien que ella queria a él, e él otrosy, a ella, cresçióle tanto el coraçon, que puso en su voluntad de querer yr ante morir entre ellos, que sofrir tan grand desonrra nin mostrar tan grand covardia; demás, veyéndola leuar a vista dél e


[ 264 ]

non le acorrer: e puso de la yr librar, o non fincar biuo.

En quando él en esto estaua catando e pensando en ella, e por mover por la yr librar o morir y ante ella, desçendió vna golondrina del çielo, que era mayor que otras tres, e era tan alua commo vna nieve, e pusósele ençima del yelmo, en vna piedra que estaua y engastonada, e començó a ferir de las alas en manera de alegria, e despues díxole asy, que todos quantos y estauan lo oyeron: «¡Amigo de Dios! sepas que la Reina del Çielo te enbia a dezir que, por la lealtad que en ty es, que seas çierto que cobrarás tu mujer syn danno della e de ty, e vençerás tus enemigos; e te manda que la vayas acorrer, quel su fijo Ihu Xpo te ayudará; ca El es el que ayuda a los coytados, e a todos los que lealmente le syrven». E desque esto ouo dicho' levantóse e començóse de yr por el ayre; asy que, a poca de ora non la vieron.

Quando el cauallero del Çisne esta visyon tan maravillosa vió, e oyó las palabras que aquella golondrina, apartada de semejança de las otras, le dixo, entendió que a Dios avia de su ayuda, e que era de su vando; e sy antes le cresçiera coraçon e esfuerço para yr cometer sus enemygos e para librar su muger, entonçe se le dobló çient partes. E des ende començóle de agradesçer a nuestro Sennor e a loar, e a le [ben]dezir por las grandes maravyllas que El en sus peligros le mostraua. E todos los que por él fazian,


[ 265 ]

quando esto vieron, fueron muy' conortados e cobraron esfuerço; e tan grande fué el plazer que él en esas oras ouo, que touo que era sennor de todo el mundo, [e] que ninguno non le sofreria.

E tomó luego vna lança fuerte e gruesa que le tenia vn escudero: e la cochilla della era aquella que él avia traydo quando lo traxo el çisne en el batel, e era el asta de un buen fresno e muy bien dolada. E quando la tomó en la mano tornóse contra los suyos, e començóles a llamar, e a los dezir que se açercasen contra él. E ellos quando lo oyeron, fiziéronlo; e de los honrrados omnes que y a él primero llegaron, fueron estos: Melión de Corneia, e Ponçe de Bullón, e Yugo de Viniela, e desy todos los otros que y llegauan, cada vnos quanto más podian. E qnando los vió todos en derredor de sy, dixoles asy: «Amigos, yo vine a la Corte del ynperio de Alemana por defender la tierra e el derecho' del Enperador, a quy tenia a premiado el duc Rayner de Sansonna co[n] brio del grand poder de parientes e de amigos e de vasallos que avia, asy commo sabédes; e otrosy, por cobrar a la duquesa Catalina de Bullón su tierra del ducado, que él tenia forçada, e la avia deseredada dél; en la cual razon Dios mostró su miraglo, e quebrantó [su] soberuia, asy commo vos viestes. Agora, veniendo otrosy aquí con Galieno, sobrino del Enperador, e con vos otros, a que me el Enperador diera por guardador e por ayuda, [para me yr apoderar en la tierra del ducado de Bullón que auia de] heredar


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por derecho mi muger, la duquesa Beatriz, con que era casado, e que me él por muger diera, e en trayéndola aqui comigo para me yr en la tierra apoderar, estos parientes del Duc, condes, con su grand soberuia e con su grand deslealtad e con su grand poder han nos traydo a tan grand mal commo védes; ca vos han muerto a Galieno, sobrino del Enperador, e tollido a mi muger por fuerça; lo que yo querria ante çient vezes ser muerto que la non cobrar e tomar vengança del mal que vos han fecho'. Por que ha menester que vos digo que, punédes en vos esfortalesçer bien los coraçones, e de los acometer e destroyr a todos; ca es voluntad de Dios que asy sea, pues fué su merçed de nos enbiar su mensajero, e nos enbiar dar tan buen esfuerço commo dél avemos, e non le deués durar nin resçelar nin vn punto, ca todos son destroydos.»

E ellos le respondieron todos a vna boz que, pensase de mover, que ellos todos le seguerian; ca sennales veyan que Dios seria con ellos.


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LXI.

Quando el cauallero del Çisne esto ouo dicho a los suyos, e los vió bien esforçados, movió entonçes, e llamó los, e díxoles que fuesen en pos dél; e luego firió el cauallo de las espuelas, e todos los suyos con él, e fueron ferir en los de Sansona, que lleuauan la Duquesa, en tal manera que, de aquella espolonada bien mataron quinientos caualleros o más.

Quando el conde Mirabel de Tabor vió que asy yvan matando en los suyos, tornó la cabeça del cavallo contra el cauallero del Çisne, e contra los que con él venian, e vió que eran tan poca conpanna, dió muy' grandes bozes a los de su parte, e díxoles que tornasen, e que los matasen a todos, que vno non dexasen a vida. E luego que esto oyeron, dexaron se correr a ellos tan de rezio que, se los cuydaron todos destroyr esa ora, e çiertamente ovieran los muertos e pre-


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sos a todos, sy non por el grand milagro que Dios contra ellos mostró; que asy como los de Sansona yuan derramados contra ellos, desçendió sobre ellos del çielo vna nuve muy pequena, e della salió vna escoridad tan grande, que a todos ellos quitó la vista, e los çegó ay, e non se conosçian vnos a otros, e començaron se a ferir tan de rezio e en tal manera que, aquel dia se mataron fijos a padres, e padres a fijos, e amigos [a] amigos, e hermanos a hermanos; asy que, morieron y, matándo se ellos de aquella guisa, más de las dos partes.

E quando el cauallero del Çisne esta maravilla vió, llamó a los suyos, e salió a vna parte con ellos, e díxoles asy: «Amigos, conortad vos, e gradesçed e load mucho a Dios la grand merçed que vos oy fizo; ca en esto vos muestra la grand fiúzia e la grand esperança que en él avemos.» E ellos, entonçes, començaron de bendezir a Dios de todo coraçon, e llorando mucho' de los ojos, e alçando las manos contra el çielo con grand deuoçion. E desque esto ovieron fecho', falláronse syn ninguna cansedad, e fueron tan esforçados que, les semejó que se les doblara la fuerça, que ante abian; [e despues que ovieron] atendido, [e catado] vna grand pieça en commo se matavan los de Sansona, e vieran que yva ya alçando la nuve de sobre ellos, e que se non mataban ya, ansy commo ante fazian, dexaron se correr a ellos, [e] tan de rezio los firieron, e tan fiera mente los començaron a matar, que a los vnos cor-


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tauan las cabeças, e a los otros los braços e las manos e los cuerpos, e derribauan e destroyan con los piés de los cauallos; asy que, en poca de ora fué tan cubierto el canpo que de muertos que de llagados, que apenas podrian los cauallos pasar sobre ellos. E los arroyos de la sangre e las lagunas dellos eran tan grandes, que semejavan que andauan en lagos espesos de grand agua.

E el cauallero del Çisne llegó do estaua la Duquesa, su muger, a quien plugó mucho' con él; e dexó correr el cauallo contra el conde Mirabel de Tabor, que estaua çerca della, e fuéle dar tan grand lançada, que le falsó el escudo; mas la loriga non la pudo falsar, que era muy' fuerte a grand maravilla; pero enpuxólo tan de rezio, que dió con él, todo estordido, en tierra, en me dio de vna arada tan gran cayda, que non podia fablar nin meçer pié nin mano: asy que, todos coydauan que era muerto, e ante que se dende leuantase, fué preso.

E luego quél cauallero del Çisne esto ouo fecho', fuése remeter rezio en la mayor espesura dellos, ally do estaua su muger, la Duquesa; e tomó la por la ryenda, e dióla a vn su cauallero que llamauan Ponçe de Bullón, que gela guardase muy' bien, so pena de su verdad; e él fizo lo asy, commo aquel que era muy' buen cauallero e muy leal. E pués que él su muger ovo cobrado e puesto en recabdo, fué ferir en la conpanna del Conde que avia fincado, e del otro conde Grauer, e en tal guisa los coytó de feridas e [a]


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la su conpanna, que por fuerça los fizo salir del canpo e boluer las espaldas e foyr. E el Conde por miedo de ser muerto o preso, començó de foyr; mas ante que llegase a saluo, sofrió mucho mal, ca todos los de su conpanna fueron presos e muertos, saluo muy' pocos que escaparon con él; e destos, los más muy' mal feridos a muerte. E el cauallero del Çisne fué en pos dellos, prendiendo e matando fasta queel sol se puso, e oviera los todos muertos, sy non por la noche', que gelo tollió; pero prisó en este alcançe [çiento] de los mejores caualleros que avia, e de los otros, fincaron pocos ende a vida.

E despues que esto ouo fecho', tornóse para su conpanna mucho' onrrada mente, commo aquel que avia muertos e presos e vençidos syete Condes, muy rycos e muy' honrrados e muy' poderosos, todos parientes e muy' amigos; asy que, [de] todos ellos non escaparon sy non el conde Grauer por piés de cauallo, [e] de los quinze mill caualleros que y traxieran, non escaparon ende buenos çiento, que todos los otros non fuesen muertos e presos e llagados a muerte. Entonçe el cauallero del Çisne mandó robar el canpo, e fallaron y tan grandes ryquezas de aver e de armas e de cauallos, e de otras muchas' bestias, [e de otras cosas mucho rycas, e tantas] que, non es omne que les pusyese presçio.

E quando tornó la cabeça a su conpanna con aquella ganançia que avia fecha', e con aquella tan grand honrra que le Dios quisyera dar, falló


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a su muger, la Duquesa, que lo resçibió muy bien, e lloró mucho' con él de grand alegria, non creyendo avn que lo avia cobrado. E luego que ella vió que desçendiera del cauallo, fué a él, e tollióle el yelmo, e desenlazóle el almófar, e començóle de alynpiar el rostro, con la manga del brial, del poluo e del sudor de quel tenia todo cubierto, e abraçóle e besóle muchas bezes, ante que ninguna cosa le dixiese, nin le pudiese fablar. E despues, a cabo de vna grand pieça, preguntóle que fuera dél, o commo guaresçiera e escapara asy de manos [de sus] enemigos, que tan grand poder eran, e commo librara a ella, que tan desanparada era de se nunca más [con él] ver. E él gelo contó de la guisa que ya oystes que pasara; e ella, commo era muy buena cristiana, començólo mucho' a gradesçer [a nuestro Sennor], e a darle alabanças e loores por el bien e la merçed que aquel dia le avia fecho', en estorçerle de manos de aquellos que le tan enemigos eran, e en guardarle su marido de muerte e de tan grandes peligros en que se, por ella e por defendymiento del su derecho', metiera.


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LXII.

El cauallero del Çisne quando tornó, e que ovo fablado con su muger, la Duquesa, fué luego derecha' mente para ally do Galieno yazia, e su conpanna, otrosy, con él; [e] fizieron muy grand duelo, e despues tomaron el cuerpo, e metiéronlo en vn ataud que mandó el cavallero del Çisne fazer luego y, e cobriéronlo de vna escarlata çintada con çintas de oro, e pregáronlo con pliegos dorados muy fermosos, e despues pusyéronle encima vn panno de peso, muy' ryco e de muy' noble lauor, e fizieron vnas andas en que le leuasen; e toda la noche' yoguieron en aquel logar sofriendo grand lazeria, commo aquellos que non avian que comiesen nin guna cosa, nin que beuiesen fueras el agua del ryo que llaman Ryn, que corría açerca. Quando vino la mananna, el cauallero del Çisne partió muy bien, aquello todo que ganara y, con los caualleros que y eran, e


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con toda aquella gente, comunal mente, a cada vnos segund pertenesçia; en guisa que todos fueron muy' pagados ende; asy quel más pobre fincó muy rico, e de aquello que le cayera de su parte.

E quando esto ouo fecho', mandó apartar çient caualleros de los que fincaran de la conpanna de Galieno, de los que falló de mayor seso e mejor razonados, por que mejor sopiesen contar todo el fecho commo pasara; e mandóles tomar el cuerpo de Galieno, su sennor, e que lo leuasen al Enperador Otas ssu tio; e mandóles otrosy tomar los condes Mirabel de Tabor e Floquer de Ribera, e los çient caualleros que fueran presos con ellos en batalla, e que los leuasen, otrosy, al Enperador, e que le contasen las nuevas del fecho' todo, en commo pasara, e que le dixiesen de su parte que, por cierta herencia deste fecho' en commo acaesçiera, que le enbiaua él aquellos en presente, para fazer dellos su voluntad; e quando esto les ouo dicho', mandó meter el ataud en las andas sobre dos palafrenes. E desta guisa movieron con él, e enderesçaron contra la çibdad de Nimaya, do era el Enperador.

E él començóse, otrosy, de guisarse para tomar su camino contra Bullón, con aquella poca gente que le fincaua, para yrse apoderar en la tierra que le pertenesçia por parte de su muger. Los de la çibdad de Cablençia, ally do fuera la batalla, fizieron vn muy grand foyo e muy fondo, a que llamauan carnero, en que metieron to-


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dos los que morieron en aquella batalla, por que non los comiesen las bestias nin las aves; e fizieron y poner una grand cruz de piedra, en remenbrança de aquel fecho' que y acaesçiera, que avn oy dia ay paresçe.


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LXIII.

Asy commo ya oystes en la estoria de suso, desque los caualleros que leuauan el cuerpo de Galieno, su sennor, que mataran los condes de Sansona en la batalla que obieran con el cavallero del Çisne, en la qual ellos todos fueron muertos e destroydos, segund que ya avédes oydo, e que leuauan los dos condes e los cient' caualleros presos en presente, de parte del cauallero del Çisne, al Enperador, segund que la estoria lo ha contado; dize la estoria que despues que fueron partidos del cauallero del Çisne, entraron en su camino, que se acoytaron tanto en andar, que llegaron a la çibdad de Nimaya en dos dias, do el Enperador era.

E desque fueron llegados, desçendieron en el canpo do él estaua, e quando fueron antél, omilláronse muy dolorida mente, e desy dixeron


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le en commo trayan el cuerpo de Galieno, su sobrino, que lo mataran los condes de Sansona, que los tollieran el camino ante la çibdad de Cablençia. Quando el Enperador esto oyó, tan grande fué el pesar que ovo, que perdió la palabra; e tan coytado fué, que perdió la palabra, e coydó ser muerto. E desque ouo asy estado vna gran pieça, la cabeza abaxada, que non fablaua, e desque fué entrado en su acuerdo, levantóse, e fué corryendo alli do tenian el cuerpo de Galieno, su sobrino; e fueron con él todos suso, los más onrrados omnes que y eran. E pués que llegó al logar do lo tenian, fízolo descobrir, e desque lo ouo bien catado, tornóse más negro que vn carbon, e amorteçióse: ¡tan grande fué la coyta que ouo! E sy non fuera por los onrrados omnes que lo sostenian, cayera en suelo: e ellos quando esto vieron, e entendieron el grand pesar quél Enperador abia, non quisieron que más y estodiese el cuerpo, e fiziéronlo leuar a vn palaçio antiguo que fuera del Enperador Luçiano, e ally fizieron muy grand duelo por él, comunalmente; e los obispos e los abades, que eran en derredor de aquella tierra, vinieron y todos con muy grandes prosçiones, e fué y el obispo de Nimaya, que llamauan Symon, que era omne onrrado e de santa vida; e dixeron sus oraçiones e sus vegilias, asy commo convenia a muerte. E essa noche velaron todos los omnes onrrados que y eran, e quando fué la mannana leváronlo a soterrar a la mayor yglesia de la villa; e el obispo

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cantó la misa mucho honrrada mente, e ofresçieron y todos sus ofrendas, e despues enterráronlo en vn sepulcro de marmol muy bien fecho'; e sofrian lo quatro leones de piedra, tan bien entretallados, que semejauan biuos.

E quando esto fué acabado, tornóse el Enperador a su palaçio, e fizo llamar aquellos que traxieran el cuerpo de Galieno, su sobrino; e Yugo e Rayner, que eran de los mayorales, que veneran y entre tanto, e fincaron los ynojos antél, e contáronle todo el fecho' en commo pasara, asy commo oystes de suso; de commo les toviera al camino los syete condes con quinze mill caualleros, e commo Açelin, el Merino, los avia traydos; asy que, todos fueran muertos, sy non por un cauallo de la hueste de Sansona, por quien fueran descobiertos; e de la justiçia que fiziera el cauallero del Çisne en Açelin e en los que con él venieran, e commo el cauallero del Çisne vençiera a los primeros, e matara a Segar de Monbrin, que era su cabdillo, e destroyera a todos los de su haz; e en commo Galieno oviera las segundas feridas, e justara con el conde Espaldar de Gromaysa, syn grado del caballero del Çisne, e el conde matara a él e en qual guisa ya oystes; [e] commo lo matara el caballero del Çisne despues a él, e vençiera a los suyos, e fiziera muy grand mortandad en ellos; asy que, non escapara de toda su conpanna, sy non muy pocos; e de commo el caballero del Çisne fuera su cabdillo; e contáronle las grandes mara-


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villas de armas que él ese dia y fiziera, e la grand merçed que nuestro Dios les avia fecho' por su amor dél, e commo los de Sansona fueran vençidos; asy que, de todos los syete Condes non escaparan sy non Grauer solo, que guaresçiera por piés de cauallo, nin de la [conpanna] que trayan, fasta çiento o pocos más, e avn, que estos non escaparan, sy non por la noche, que gelos toliera que todos non fuesen muertos e presos; e contáronle todo el fecho en commo avia pasado. E quando esto ovieron contado al Enperador, dixéronle en commo trayan presos a los dos condes Mirabel de Tabor e Folquer de Ribera, e çient caualleros otros de los mejores que en toda la conpanna de los de Sansona auia, que le enbiaua el cauallero del Çisne en presente.

E quando el Enperador esto oyó, ovo muy grand plazer, e mandólos luego traer ante sy; e ellos, cuando fueron antel Enperador, dexaron se caer a sus, pies e pidiéronle merçed que los non matase, e que tomase dellos tierras e aver, quanto en el mundo oviesen, e de más que serian sus vasallos para syenpre, lealmente; mas él tan sola mente non gelo quio oyr, por el grand mal que les queria a ellos e a todos sus parientes de su linaje, e de más por que le mataran a Galieno, su sobrino; e mandó luego arrastrar a los dos Condes a colas de los cauallos, e enforcar a todos los otros çiento en çima de vn otero en que avia muchos' laureles. E desta guisa ovo


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vengança el Enperador del duc Rayner de Sansonna e de los syete Condes, sus parientes, que a todos tan des lealtadamente amava, e que le mataran su sobrino Galieno de quél muy grand pesar avia.


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LXIV.

Cuenta la estoria que, desque el cauallero del Çisne ovo vençido aquella batalla que ovo con los Condes de Sansonna, e ovo partido el muy grand aver, a maravilla, que en ella ganara, e ovo enbiado los caualleros con el cuerpo de Galieno al Enperador, en presente, asy commo de suso oystes, de los dos Condes e çient caualleros presos quél enbiaua, otro sy, con muy grand partida de aquella ganancia que y fizieran, que se fazia vn muy grand aver además; e con toda la otra honrra e buena andança que Dios le y diera, tomó su camino con su muger, la Duquesa, con aquella conpanna que le avia fincado, e fué derecha mente para el ducado de Bullón. E desqu'y llegaron, los de la tierra resçibiéron los muy bien e con muy grand onrra e con muy grandes alegrias; e ellos reçibieron todos la tierra, e andudieron por ella tomando las juras e los ome-


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najes de sus vasallos, e apoderáronse en las fortalezas, que fallaron todas desenbargadas; ca las tenia el duc Rayner de Sansonna, e aquellos que las tenian por él, quando supieron quél era muerto e toda su conpanna, e sopieron que los destroyera el cauallero del Çisne, que matara al duc Rayner, e casara con la duquesa Beatriz, e que yva con ella por se apoderar en la tierra, e que vençiera en el camino a los Condes, non osaron atender, e desanpararon las virtudes fortalezas que tenian, e fueron se su via.

E desque fueron bien apoderados en la tierra, mandaron labrar las villas e los castillos que vian que lo avian menester, e de los fortaleçer luego muy bien. E punaron de fazer mucho' bien, teniendo justiçia e verdad a los omnes de la tierra, e tolliendo los malos fueros, e dando les buenos, e faziendo a todos comunal derecho, e honrrándolos mucho', e guardándose de fazer nin dezir a ninguno, cosa que sin guisa nin sin razon fuese: asi que, Dios diera tan grand graçia al caballero del Çisne, que todos lo amauan, e lo querian en tal manera, que más cobdiçiauan ellos seer sus vasallos, que él ser su sennor. E syn todo esto [era tan] dado a Dios, que ningud cauallero más non lo podria ser, en oyr muy bien e muy conpida mente todas sus oras, e onrrar e amar mucho' a los omes de religion, e fazer muy' grand bien a las iglesias e a los monesterios; ca las vnas fazia fazer de nuevo, e a las que eran derribadas do estauan por caer, mandaua


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adobar, e a las que estauan començadas, mandáualas acabar.

Verdadero [e leal era a todo omne, e justiçiero] a gran maravilla; de todas buenas maneras que cauallero debia saber [e ser conplido,] él más lo era que ninguno otro que al su tienpo sopiesen, nin en ningund otro tienpo que pudiese seer; en ser muy buen caçador de todas caças de monte e de ribera, do él mucho' amenudo yva; e de todo fecho' darmas e de grand saber, [era] él más que otro omne: e era más aventurado, commo aquel que todo su fecho' era en amar e temer a Dios, [e perseverar] en todos fechos que de las sus obras fuese: otrosy, de tablas, e de xidrés, e de todos los juegos que son de alegria, ningund omne non sabia más que él. Otrosy, a ninguna parte non sabrian de buen caballero de armas, nin de buen bachiller de esgremir, nin de otro menester que de armas fuese, quél non punase de lo aver e tener consygo, a quien non diese de su aver muy' granada mente, ca esta manera avia él muy conplida mente más que otro omne; asy que de los fechos' que él fazia en esta razon, avian que fablar por todas las tierras que, asy en Ultramar commo en las otras que aca son, fasta dentro a Constantinopla; e tan bien moros como cristianos que oian fablar dél despresçiamiento, presçiávanle más que a otro omne de quantos fablar oyesen.


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LXV.

Beatriz, la duquesa, muger del caballero del Çisne, [se] esforçaba, otrosy, a fazer quanto bien ella podia; asy que, sy su marido se alargaua a lo fazer muy complidamente, que lo non fazia ella menos, segund el su poder e lo que convenia; ca ella daba a duennas e a donçellas pobres, encobiertamente, de que se mantoviesen muy bien; demás, a las vnas casaua, e a las otras que non eran para ello, dáuales con que pudiese[n] pasar muy bien su tiempo; eso mesmo a caualleros que lo auian menester, desta guisa; asy que, tantos eran los bienes que ella fazia a todos comunalmente, e a monesterios, e a iglesias, e a duennas de orden, e a frailes, e a omnes de religion, que todos los de la tierra, asy vnos commo otros, la amaban más por esto e por el bien que avian con ella, que non avn por el sennorio natural que avian con ella, ellos; ca ella nunca viera muger


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nin omne muy coytado, de qual guisa quier que fuese, que non oviese sennor nin merçed, a que non diese de lo suyo a maravilla; e temia a Dios, e temia e amaua a su marido, e él, otrosy, amaua a ella tanto, que nunca la de sy queria partir. Onde avino asy una vegada, que fueron tener la fiesta de Sant' Yllan al castillo de Bullón, que era cabeça del ducado; e el cauallero del Çisne, por honrra de la fiesta, fizo çincuenta caualleros noveles, e tomó y muy grand Corte aquel dia, e dió muy granada mente de su aver a todos aquellos que lo avian menester, e lo quisieron tomar. E quando ovieron yantado muy abondadamente e muy' apuesto, donde fueron servidos mucho', e muy conplidos de muchos' manjares e muy bien adobados, e de todas las cosas que ovieron menester, los caualleros mançebos que y eran. fiçieron armar un tablado en los canpos, que y avia muy' grandes, fuera del castillo; e començaron los vnos a lançar, e los otros a justar, segund costunbre de la tierra, e a fazer todas las mayores alegrias que podian.

El cauallero del Çisne fué allá, e llevó consygo su muger, la Duquesa, que era prennada en tiempo de encaesçer; e ella estando veyendo commo trebejauan todos los caualleros e las otras gentes todas, llegó la ora de su encaesçimiento, e fué en tan grand coyta, que coydó ser muerta, e perdió toda la color, e ouiera de caer del palafren, sy non por que la sostodieron los que estauan cerca, que la açorryeron luego. E el cava-


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llero del Çisne qué estaua çerca della, otro sy, ouo tan grand pesar, que mayor non poderia; e tomó luego la Duquesa, asy commo estaua, e leuóla al castillo, do avia muchas' e buenas cámaras e palaçios muy rycos, a muy grand maravilla; e quando fué al desçender, tomó la él en sus braços, e echóla' en vna cama muy ryca, que estaua en vna cámara do ellos aluergauan, tan coytada que, todos [quantos] la vieron, [cuydaron] que moriese.

Mucho' fué la condesa coytada de aquel parto, asy que, todos quantos la veyan non cuydauan que ende escapase, e fazian muy grand duelo todos, vnos e otros, comunal mente, por ella; mas sobre todos el cauallero del Çisne avia muy grand pesar por ella, e fazia muy grand duelo, e rogaua mucho' a nuestro Sennor, de todo coraçon quanto él más podia, que non le tolliese aquella conpanna tan buena que le diera; e nuestro Sennor lo oyó tan bien, e le fizo tan grand merçed que la Duquesa fué libre, e ovo una fija, de que fué muy' grand alegria por toda la tierra.

E quando lo sopieron los del ducado, todos vinieron para Bullón, e fizieron tan grand fiesta e tan grand alegria al cauallero del Çisne e a la Duquesa, commo se ese dia casasen en vno; e la Corte duró quinze dias, e fueron y fechas muchas alegrias e muchas' limosnas e muchos' bienes por amor de Dios, e muchas' franquezas e noblezas otras, tan grandes que, seria muy grand maravilla de contar. Mas ante que la Corte se ende


[ 290 ]

partiese, fincó la nina bautizada por mano del arçobispo de Tuiges e del abad de Sadrón; e ovo y otros perlados muchos' a su bautismo, e pusiéronle nombre Idan, e ouo padrinos mucho' honrados, e diéronle duennas de alta guisa que la serviesen, e la ayudasen a criar; mas la Duquesa non quiso que otra leche' mamase sy non la suya, ansy commo el Angel gelo dixo. E la Corte duró bien quinze dias; e esta ninna fué, despues, de santa vida, e muy' santa duenna e de maravillosa bondad; e fué madre del noble Gudufre e [de] Estaçio e de Baldouin, que fizieron los grandes fechos' en la tierra de Ultramar, asy commo adelante vos lo dirá la estoria.


[ 291 ]

LXVI.

Quando el término de los quarenta dias fué conplido, que la duenna muger del cavallero del Çisne ovo de yr a la yglesia a oyr misa, todos los onrrados omnes de la tierra vinieron y. E otrosy las duennas e las donzellas, por honrrarla, vinieron y a fazer la Corte; grande fué el bofordar e el lançar e las otras maneras de caualleria e de otras alegrias que y fizieron por onrrar la fiesta, e muchos dones que y fueron dados, e rycos e buenos e muy granada mente. E quando la Duquesa fué a la Yglesia por oir la misa, fué y el arçobispo de Oruges, e otros obispos e abades e omnes de religion grand pieça dellos; e fizieron muy grand prosçisyon en que resçibieron muy honrrada mente a la Duquesa e al cauallero del Çisne, su marido, que venia con ella; e quando fueron antel altar, bien dixo les el arçobispo, e dixo sobre ellos sus oraçiones, e rogó a Dios, e


[ 292 ]

fizo rogar a quantos y eran, que acresçentase aquel su linaje, e que los guisase en su seruicio. Despues dixo la misa cantada, a la mayor onrra que pudo, e quando vino el Euangelio, traxieron la ninna antel altar, e ofresçiéronla a Dios con grandes ofrendas de oro e de plata e de panos de seda e con muchas' joyas.

E quando fué dicha' la misa, tomó los por la mano, e levólos al palaçio en que aviande comer, que era muy rica mente grande e muy bueno. E era muy rica mente encortinado de pannos muy' rycos de seda por las paredes, e muy' rycos estrados otro sy. Ally se asentaron a la alta mesa, e el cauallero del Çisne en medio, e el arzobispo a la otra parte, e la Duquesa a la otra parte. E de la otra parte dél servian los caualleros, e de la otra parte della servian las duennas: e desy todos los otros, asy commo les convenia. Mucho' fueron bien seruidos e apuesto e rica mente a grand maravilla, de muchos' manjares e muy rycos e bien adobados. E mucho' fué grande la gente que y comió, de omnes honrrados e de caualleros, e de otros que venieron a la Corte, que apenas podian caber en todas las casas nin en los corrales, que eran muy grandes; e desque ovieron comido, fuéronse todos a sus posadas, e el Duc dió de su aver e sus dones bien apuesta mente, ally do entendió que convenia a dar.

E esta Corte duró tres dias, e quando se ovo a partir el Duque, llamó a quellos honrrados


[ 293 ]

omnes que y venieran, e agradesçióles la onrra e el plazer que le avian fecho' en venir a quella fiesta tan rycamente e tan apuesto commo vinieran, e en les mostrar quanto les plaçia del su bien; e prometióles, e díxoles tantos amores e tantos plazeres, que ellos se partieron dél por muy' sus pagados. E fuéronse cada vnos para sus tierras, e él fincó en Bullón en sus muy rycos palaçios, a grand sabor de sy, entre él e la Duquesa su muger, que se amauan tan de coraçon, que ningunas cosas non se podian más amar: e fazia muy bien criar e muy' apuesta mente a Idan, su fija. E ella cresçia tan bien, que [era mayor que] otra que oviese dos tantos dias; e asy commo cresçia de cuerpo, asy cresçia en fermosura, de manera que todos los que la veyan se maravillavan dello: e él e la madre la amauan más que a otra cosa del mundo, e fazian la traer mucho' amenudo ante sy, porque resçibiesen della plazer e amor, de los grandes pesares que ovieran.

Quando la ninna fué de quatro annos, todo omne que la viese deria que, era verdat la palabra que el Angel dixiera a su madre: de tal guisa era cresçida de cuerpo e de fermosura e de entendimiento, e de todas buenas facçiones que muger del mundo podria ser; e tan apuesta e de tan de buena palabra era, que abondaria a otra que fuese de diez annos, o doze o de más.


[ 295 ]

LXVII.

Cuenta la estoria en este lugar que, en quanto el cauallero del Çisne se apoderó del ducado de Bullón, e de todas las otras tierras que le perténesçian de parte de su muger, e beuia con ellas muy' honrradamente e muy' a sabor de sy, quel conde de Graner, que essapara de la batalla de Cablença, que ouiera él e los otros syete Condes de parte de los de Sansonna que y morieran, e fueran presos, que venció el caballero del Çisne, con quien lo ouieran, asy commo ya oystes; que ayuntó todos los de su linaje, e entre aquellos todos auia vn [su] sobrino, que avia nombre Malpryan, e era fijo del conde Espaldar de Gromaysa, que moriera en la batalla, asy commo oido auédes, e éste auia muy grand sabor de vengar la muerte de su padre. E era y el duque de Sansonna, que avia nonbre Moran, que era fijo del duc Rayner, a quien matara el cauallero del


[ 296 ]

Çisne antel Enperador, asy commo la estoria vos ha contado, e auía y otro, que era fijo del conde Mirabel de Tabor, a quien llamauan Acarrin, que era conde, e tenia la tierra que fuera de su padre. E auia otro a que llamauan Galaran de Monbrin, e éste fuera fijo del conde Segar de Monbryn, que moriera, otrosy, en la batalla de Cablença. Asy que, eran syete Condes, todos parientes, e trayan consigo veinte mil caualleros, todos jurados, e fecho' pleyto e omenaje que fuesen derecha mente çercar a Bullón e al cauallero del Çisne, e que se non partiesen de la tierra fasta que lo non matasen a él, e le destruyesen toda la tierra, o que ellos fuesen, ante, todos muertos; e que por otra cosa non se partiesen dél, nin le dexasen el canpo por ninguno otro acorro que le viniese; e otro sy pusieron entre sy todos que, todo quanto en el mundo abian, [en] acabar [esto] que lo pusiesen todos cada vno, e fuesen y al mayor costo que ser pudiese; e ayuntaron muy grand mano para pasar el agua del rio del Ryn, e pusieron assy: quel primero dia del mes de mayo moviesen. E ellos estando en esto, ordenando e guisando sus cosas para mover, quiso Dios quel cauallero del Çisne lo sopo, por vna grand vision que vió en suennos, asy commo agora oyrédes.


[ 297 ]

LXVIII.

Vna noche' avino asy: quel cauallero del Çisne yazia en su cámara en Bullón, en su cama, dormiendo çerca su muger, la Duquesa; e començó de sonnar suenno muy' grande e mucho' espantado, e era tal, quél veya en derredor de Bullón crescer a desora muy' grandes dos montannas, e salian quatro leones de la vna dellas muy' grandes, e muy brauos [e muy corredores; e de la otra salian tres osos muy grandes e muy brauos a muy'] grand marauilla, e dos dragones que bolauan, de quél auia muy' grand miedo. E en pos de estos venian mastines e alanos e galgos e otros canes, tantos e de tantas maneras que, toda la tierra cobrian, e pasauan por fuerça por medio de sus villas e de sus lugares: asy que, le semejaua que todo lo derribauan, e que non dexaban en pié yglesia nin casa nin fortaleza ninguna; e despues que esto avian fecho',


[ 298 ]

venian derecha' mente [a] Bullón, e queríanla entrar por fuerça. E él, quando los veya venir, armáuase, e cabalgava en su cauallo, e salia contra ellos, e non leuaua en su conpanna más de çient caualleros; e feria con su espada al primero leon que fallaua de aquellos, de tan grand golpe que le cortaua la cabeça; e los otros tres leones trauauan dél tan fiera mente, que se no podia defender que no diesen con él en tierra de su cauallo; e veya [a] todos sus omnes matar e despedaçar, asy que de los çiento que con él salieran, no fincauan ende veynte; e despues veya commo venian a él los dos dragones e los leones e los osos, todos en vno, para despedaçarlo asy, e los dragones que le querian sacar los ojos de la cabeça; asy que, del pauor que ouo, despertó muy' espantado. E la Duquesa, su muger, que estaua despierta, lo començó de abraçar e de besar, e preguntarle qué ouiera; e él respondióle que viera vna grand vision en su suenno, de que fuera muy' espantado; mas que primero lo queria dezir a Dios, quél' sabia quel daria y consejo, e despues que lo deria a ella.

E desque esto ovo dicho', estudo ansy una grand pieça rogando a Dios, e despues fizo sus oraçiones, e desy contó lo a la Duquesa asy commo ya lo oystes; e quando lo ella lo oyó, ouo muy' grand pesar en su coraçon, e començó de sospirar muy' de rezio, e dixo assy al cauallero del Çisne, su marido: «Sennor, [quanto] yo entiendo en este suenno, non es al, sy no los de Sansonna que


[ 299 ]

vernán con grand poder, e tomar vos han esta tierra, sy no avédes acorro e ayuda con que la anparar: e por ende, ternia por bien yo, sy lo vos por bien touiésedes que enbiásedes deçir al Enperador que vos acorriesse. E esto no entendádes que es suenno; mas vissyon çierta que vos Dios quiso dar e mostrar por vos guardar de dapnno e de desonrra, e por vos a perçebir en vuestro fecho'.»

E el caballero del Çisne le respondió assy: «Amiga, todo esto, poderá seer verdad, que vos dezídes; mas enpero, bien tengo que, ante lo saberíamos nos, si esto fuese, ante el que ellos dallá saliesen; e demás, non me semeja seso de rebatarnos assy por suennos nin por otra vision, nin seria buena estança, ante nos de nuestra sabidoría, alguna.»


[ 301 ]

LXIX.

Desta guisa que vos diximos desuso, no quiso creer el caballero del Çisne a su muger, la Duquesa, el buen consejo que le daua: vn dia vino que se falló ende mal despues, commo adelante oyrédes; ca el primero dia de mayo fueron ayuntados todos aquellos condes e duques de Sansonna, de que vos ya dixiemos, çerca el agua del ryo del Ryn que llaman, e ouieron muy' grand navio, en que pasaron muy' ayna. Despues que salieron de los navios, cabalgaron, e començaron de andar por la tierra, astragando quanto fallaban; asy que, no dexaban villa nin castillo nin abadía nin iglesia, de quantos podian tomar por fuerça o syn detenimiento, que todas non las destroyan, e las non fazian arder; e robauan quanto fallauan en la tierra, que nin guna cosa non dexauan, e matavan muy' crúa mente los omnes e las mugeres todas, viejas e mançebas; e


[ 302 ]

avn los ninnos pequennos todos los matavan. E tan grande era la sanna que les auian, de que les avian muerto sus parientes, e que les avian fecho' matar a su sennor, que pequenno nin grande non dexaban a vida de quantos podian fallar; e tan grande esfuerço tomaban, en la grand gente que trayan, que nin guno otro poder non temian que y fuese contra este, e por eso fazian estas cruezas.

E demás, que cuydaran fallar al cauallero del Çisne en el castillo de Bullón con poca conpanna, e que lo poderian prender e tomar, antes que acorro ouiese de ninguna parte: e por esso venian tan a priesa, asy que, a malas penas pudo llegar vn escudero a Bullon con mandado, vn dia antes que la hueste dellos y llegase. E esto fué por que vino en vn caballo muy corredor, que nunca quedó de correr fasta que llegó y despues de medio dia; e falló al cauallero del Çisne que estava jugando al axedréz con vn su cauallero que avia nonbre Galter de Pauía, que era omne que él preçiaba, de bondades e de caballerias e de al, en que se fiaua él mucho'. E en quanto ellos asy estauan jugando, entró el escudero, e dixo al caballero del Çisne, que dexase el juego, e que pensase meter mientes en su fazienda, sy no que muerto era e destroydo de quanto en el mundo avia; ca los de Sansonna le eran entrados en la tierra con muy grand poder de caualleros e de gente de pié a grand marauilla, e que matauan toda la gente que fallauan, e destroyan e mata-


[ 303 ]

uan e quemauan quanto fallar podian ante sy; asy que, avian ya destroydos que de los suyos que de lo del Enperador, más que podia ser vna grand jornada, e que se vernian derechamente para Bullón; e asy, que otro dia en todas guisas, serian y con él.

Quando esto oyó el cauallero del Çisne non lo quiso creer, e preguntó al escudero, commo en riendo, sy era verdad aquello quél dezia. E el escudero le dixo, que ante gelo dezia de todo en todo e bien verdad; e avn, sy lo ver e creer bien queria por çierto, que sobiese en vna torre de las más altas del castillo, e que de alli podrian bien çierta prueua ende saber, en los fuegos e en los fumos que fazian los de Sansonna, en la tierra por do venian estroyendo, e que más de çiento aldeas avian ya quemadas; asy que, non les fincara abadia nin iglesia que todas non las estroyesen, nin dexauan omne, nin muger, nin moço pequenno nin grande, que todos non los matasen. E el cauallero del Çisne preguntó entonçe al escudero, quanta caualleria poderia seer; e el escudero le dixo que eran de veynte mill caualleros arriba, e la gente de pié tanta, que non auia omne que le pudiese dar cuenta; asy que, bien cuydauan ellos, segund el poder que eran, prender la villa e el castillo de Bullón al terçero dia o ante, que llegasen y.


[ 305 ]

LXX.

Quando el cauallero del Çisne oyó todo lo que el escudero que le vino con las nueuas de los de Sansonna le ouo dicho', que le entrarian por la tierra e gela destroyrian asy commo ya oystes, fué ende çierto, e enbió y por sus caualleros: aquellos que eran y con él en la villa, e por los otros de y açerca, que entendió que poderian y luego venir; e mandó que fuesen luego con él, a la tarde, todos ayuntados a ora de çenar; e çenaron con él, e despues que ovieron comigo, començóles de contar commo enbiara por ellos, por razon quel duc de Sansonna, con todos los condes que eran de su linaje, avian pasado el rio del Ryn e eran y ayuntados con todo su poder, e que venian sobre él, gastándole e destruyéndole la tierra, e [a] deseredarle de quanto auia, e tomarle a Bullón e toda la tierra por fuerça, e matar a él e quantos con él fuesen, e


[ 306 ]

prender la Duquesa, su muger, e fazer della a su voluntad, que asy lo avian puesto en su voluntad; e a él non dexasen otra muerte, fuera cortarle la cabeça, asy commo la él cortara al duc Rayner, e que asy punarian en vengar esto e la muerte de los Condes de la batalla de Cablença, sus padres e sus parientes, e de los otros que fueran presos e justiçiados; e que les rogaua commo amigos e vasallos, e assy commo aquellos en cuyo poder e en çuya fee e en cuya lealtad él tenia el cuerpo, e la muger, e la fija, e la tierra, e quanto en el mundo auia e la su honrra toda, que punase[n] de lo ayudar bien, en guisa que los de Sansonna no pudiesen conplir aquello que cuy davan, e tenian en voluntad de fazer.

E ellos todos le respondieron entonçes, que sus vasallos eran quita mente, e que prestos estauan para ayudarle bien, e para poner los cuerpos por él; e que ante perderian las cabeças, que en ninguna guisa le fallesçiesen.

E él quando lo oyó, agradesçiólo mucho'; e mandó luego a quarenta caualleros que guardasen las puertas de la villa, e a los otros mandó que fuesen todos a sus posadas, e que estodiesen aperçebidos, e otro dia, de mannana, que fuesen con él todos; [e ellos fiziéronlo asy], e oyeron con él la misa [ante que fuese la luz]; e el cauallero del Çisne mandara essa noche' velar muy' bien las torres e el castillo e los muros, e rondar toda la villa, e puso de fuera sus escuchas muy' luene, e mandó que sy alguna cosa sentiesen, que gelo


[ 307 ]

viniese[n] luego a dezir: e ellos, en la mannana ante de ora de prima, venieron corriendo para él, e dixéronle que se pensase de armar quanto [más ayna] pudiese; ca sopiese por çierto, que los de la hueste de Sansonna eran bueltos con ellos. E el cauallero del Çisne quando lo oyó, armóse mucho' apriesa, e mandó armar a toda su gente; e tan ayna non fueron armados, que los de Sansonna non entrasen primero en el burgo de la villa, e començaron de quemar las casas, e robar quanto fallauan; ca los omnes eran ya acogidos a la villa, e non les pudieron enpesçer.


[ 309 ]

LXXI.

Quando el cauallero del Çisne vió ayuntada su conpanna, aquella poca que alli pudo auer, e los vió muy' esforçados e muy' bien armados e todos de vn coraçón, e plogóle mucho'; e salieron fuera de la villa, e paráronse çerca de aquel burgo, en vna plaça que avia y, en que avia vnos pocos de árboles; e falláronse que eran quatroçientos a cauallo entre caualleros e escuderos buenos escogidos. E él fizo fazer dellos dos azes de dozientos caualleros cadavna, e de la vna fizo cabdillo a vn su mayordomo que avia nonbre Terryn, e mandóle que fincase en aquel logar, e él que yria con los otros dozientos caualleros contra los de la hueste de Sansonna, e sy menester fuese su ayuda, que le acorriese; e él dixo que lo faria muy' de grado. E él dió entonçe su senna a Ponçe, su fijo de aquel mayordomo Terryn, e començó de yr contra los de la hueste de Sansonna, con aquella su


[ 310 ]

conpanna que tenia consigo; e quando fué çerca de los de la hueste, dexó correr el cauallo, e fué ferir vn cauallero de los de Sansonna, que auia nonbre Galter; e dióle tal lançada que le falsó el escudo e la loriga, e metióle la lança por el cuerpo, e dió con él muerto en tierra.

E quando esto ouo fecho', començó a llamar altas vozes «Bullón»; e dixo a los suyos que los feriesen muy de rezio, e ellos fiziéronlo; ansy que, en poca de ora ouo y muchos' muertos e derribados e muy' mal feridos de los de Sansonna. E el cauallero del Çisne, quando vió que los suyos tan bien lo fazian, esforçóse más, e fuése meter en la mayor priesa que y avia; e él tenia la espa[da] en la mano, que la lança quebrantára la ya en aquel cauallero que matara, commo vos ya avemos dicho', e fué ferir al conde Acarryn, fijo del que fué del conde Mirabel de Tabor, e dióle tal espadada por la cabeça e por medio del yelmo, que gelo cortó, e el almófar de la loriga, e otrosy metióle la espada por medio de la cabeça, e dió con él muerto en tierra a piés del cauallo. E luego que aquel ouo muerto, fué ferir a otro cauallero tan fieramente, que non le valió el almófar nin [la] cofia de azero, que todo no le fendiese fasta en los dientes; asy que, luego cayó muerto. Quando los de la conpanna del conde Carryn vieron a su sennor muerto, fizieron muy' grand duelo por él, e fiziéranlo más sy ende osaran estar; mas de que vieron aquellos dos golpes tan grandes fazer, non osaron más atender, e co-


[ 311 ]

mençaron de boluer las espaldas quanto más podian. E los de Bullón, los yuan alcançando e matando en ellos muy' fiera mente, fasta que los llegaron a vn otero que llaman el monte de Sannt Fernerio. Allí encontraron al conde Galaran de Monbryn, que traya bien quatro mill caualleros, e de los mejores que auia en todo el ducado de Sansonna; e él venia delante en muy' buen caballo, e tan bien armado que era maravilla, e traya çenida vna espada, de las mejores que auia en todo el ducado, que fuera del rey' Maraqir de Sansonna, padre del rey' Getelin, que ouo la grand guerra con el Enperador Carlos. E traya vna lança en la mano' en que andaua vn pendon bermejo, e el fierro della era muy' claro, e muy tajador de fiera guisa.


[ 313 ]

LXXII.

El conde Galaran de Monbryn veniendo de esta guisa que vos dixemos, muy' bien armado con su caualleria muy' grande e muy' buena, e vió yr a la conpanna del conde Acarryn, asy de aquella guisa que oydo auédes, preguntóles qué auian, o cómmo venian asy fuyendo o ante quien. E ellos le dixeron quel cauallero del Çisne auia muerto al conde Carryn, su cormano, e [a] ellos todos desbaratados, e muertos los más; e que venia ay, a bueltas con ellos, matándolos. E él quando oyó dezir de su cormano Acarryn que era muerto, e [vió] los suyos yr asy vençidos, pesóle mucho'; e entonçe començó a dar muy' grandes bozes, e dezir que tornasen todos, sy no que a todos faria cortar las cabeças: e ellos, entonçes, tornaron todos. E quanto les esto ouo dicho', dexó correr el cauallo, e fué ferir a vn mesnadero de los del cauallero del Çisne, [de]


[ 314 ]

tan grande lançada, que le falsó el escudo e todas las armaduras que traya, e métióle [la] lança por medio de los pechos', e dió con él [muerto] en tierra. E començó de llamar «¡Sansonna!» a muy' grandes bozes, e asy metióse en la mayor priesa que falló; e quando los suyos vieron que tan bien lo fazia, esforçáronse mucho', e començaron de ayudarle muy' de rezio; asy que, los del cauallero del Çisne non los pudieron sofrir, e ouieron por fuerça a dexar el canpo, e començaron de fuyr contra Bullón, quanto más podian; e bien sabed quél que allí caya, que non era preso nin avia al, synó cortarle la cabeça.

E el cauallero del Çisne quando vió que los suyos asy fuyan, pesóle mucho' de coraçón, e punnó de los tornar quanto pudo; e quando vió que non podia, nin yuan ya en guisa que los fazer pudiese tornar, tornó la cabeça del cauallo, e fué ferir al conde [Galaran] de Monbryn, que venia ante todos e los otros, e dióle tal lançada que le falsó el escudo e la loriga, e metióle la lança por el anca syniestra; asy que gela falsó toda, e fincó el fierro en el argón detrás; e él enpuxólo tan de rezio, que dió con él e con el cauallo en tierra muy' grand cayda. Quando el conde Galaran cayó en tierra, non yugó y mucho', por que llagado era; ante se leuantó muy' ayna, commo aquel que era muy' ligero e de muy' buen coraçon, e dió bozes a los suyos que le viniesen acorrer; e ellos quando lo oyeron, e lo vieron assy estar en tierra, dexáronse correr todos, e fueron


[ 315 ]

ferir al cauallero del Çisne, [asy] que, lo derribaron del cauallo; mas tan ayna non fué derribado que luego non fuese leuantado en pié, commo aquel que veya bien, que todo el fecho' era en él e contra él, e a todo se avia de parar él. E luego metió mano a la espada, e començóse de defender muy' fiera mente e dar vnas tan grandes feridas que al que alcançaua non auia menester maestro. E él en quanto se assy defendia, e el cauallo de que cayera fuérase derecha' mente para Bullón, que muy' grand pieça de los de Sansona, que eran y ayuntados, non lo pudieron tener.

E quando los vasallos del cauallero del Çisne, que yuan fuyendo, lo vieron derribado, tornaron todos, e començáronse de ferir [con los de Sansonna; asy que, muchos de ellos] e derribaron, e llagaron muy' mal; mas todo aquello no les valia nada, quel cauallero del Çisne e los que con él eran, todos non fueran muertos e destroydos, sy no por el cauallo que entró en la villa de Bullón, asy commo agora oyrédes.


[ 317 ]

LXXIII.

Des quel [cauallo del] cauallero del Çisne, a quien los de Sansonna avian derribado, asy commo ya oystes, e se vió çercado de las gentes, e a los de Sansonna que lo querian tomar, començó a enbrabeçer, e alçar las piernas, e de fazer vnas bramuras tan grandes, que por fuerça le fizieron plaça; e salió de entre ellos, e enderesçó para la villa de Bullón a todo más yr, e metióse por las puertas muy' rezio. Quando el Merino de la villa vió el cauallo de su sennor yr de aquella guisa syn él, començó a fazer muy' grand duelo, e todos los de la villa con él, cuydando que era muerto o preso; e otrosy mu grande la Duquesa, su muger, e su fija Ydam que estauan en logar donde veyan muy bien [venir los suyos] vençidos, e oyan todo el roydo que en la villa fazian, e que estauan rogando a Dios, quanto ellas más podian por él, que le acorriese; mas el Merino, despues


[ 318 ]

que fizo su duelo vn poco asy rebatada mente, començó a dezir [a los caualleros]: «Vasallos e amigos, pensad de acorrer a nuestro Sennor, ca non puede ser que los de Sansonna non lo ayan muerto, o lo non tengan en grand aquexamiento: ca otra suerte non le podria ser, él derribado, nin vernia asy, el cauallo, commo viene. E sy esto verdad es que, él es muerto o en poder de sus enemigos sea, más nos valdrya a todos seer muertos; ca non podríamos estorçer que todos destroydos non fuésenmos, e que nos non diesen muertes muy' viles e muy' desonrradas. E por ende, nos es mejor de yr morir allá fuera con él, o de lo librar, sy a tienpo llegásemos que lo podamos fazer.» [E ellos le respondieron todos que pensase él de fazer] bien, ca ninguno non le fallesçeria fasta la muerte.

E desque esto ovo dicho' a los caualleros, dixo eso mesmo a los burgueses e a todos los otros de la villa. E todos le respondieron aquello mesmo que los caualleros; ca mucho' auian grand sabor de lo librar, por el grand amor sobejo que les auian, e de fazer cosa que les tornase en onrra e en prez, o de morir allá todos fuera con él; e por ende, aquel que non auia y' guisamiento, sopo él fazer que ouiese cauallo e armas, e salia guisado; assy que, bien fueron todos los que salieron asy guisados de esa vez, en aquella conpanna, dozientos, muy' bien encaualgados e muy bien conplidos de todas las armas que avian menester.


[ 319 ]

E aquel Meryno que saliera con aquellos caualleros, que con él estauan, que fincaran por guardar la villa, yua por cabdillo de los otros; mas Terryn, el cauallero que mouiera primero que ellos con su conpanna, que era dozientos caualleros, asy commo ya oystes, cuydaron se de yr [lo más ayna que pudieron, al todo yr] de los cauallos; e fuéles bien menester, ca a la ora que ellos llegaron do el cauallero del Çisne estaua, tan coytado lo tenian los de Sansonna, ca de to dos sus caualleros non le auian fincado más de los çinquenta, e él era llagado bien en tres logares muy' mal, e estaua muy' laso e muy' desaguisado; asy que, sy otro omne fuera no tan fuerte, nin de tan grand coraçon commo él era, que fuera muerto o preso; mas él se defendia muy bien con su espada, e los fazia muy' fuertemente arredrar de sy; mas tan cansado era ya, que apenas se podia tener en piés; asy que, bien tenia[n] ya los de Sansonna que non les poderia escapar, nin salirles de la mano, que preso o muerto non fuese. E en tanto que el cauallero del Çisne asy estaua combatiéndose con los de Sansonna, commo avédes oydo, llegó Terryn el mayordomo, con su conpanna; e vió el conde Galaran, que estaua dando muy' grandes bozes a los suyos, diziéndoles que desçendiesen, e prendiesen al cauallero del Çisne, ca ya non se podia defender, e que le cortasen la cabeça, e que ninguno de los suyos non fincasen a vida. E luego a manteniente que llegó, fuélo a ferir, e dióle


[ 320 ]

tan gran lançada, que le falsó el escudo e la loriga, e pasóle la lança a rayz del costado syniestro; mas non le priso en la carne, e enpuxóle tan de rezio, que dió con él del cauallo en tierra. E luego, vn escudero de los del cauallero del Çisne, que ya oystes que y çerca estaua, que avia nonbre Rogel, que era de los de pié, tomó el cauallo por la rienda, él de que cayera el Conde, e tráxolo a su sennor, e diógelo muy' de grado, commo [a] aquel que tan de coraçon e tan de menester lo avia. E Rogel le ayudó a caualgar, por quel cauallero del Çisne le fizo despues mucho' bien e mucha' merçed, e le fué bien gualardanado aquel serviçio. Desta guisa fué el cauallero del Çisne, por las oraçiones que su muger, la Duquesa, fazia por él, e por la bondad dél e de sus vasallos, libre del peligro en que entre sus enemigos estaua.

Mas de quel cauallero del Çisne fue puesto a cauallo, fué ferir luego de la espada a vn cauallero de Sansona que auia nonbre Iosefe, e dióle tal ferida en la cabeça, en el capillo de fierro que traya, que lo echó' a luenne en medio del canpo. E despues començó a dezir a los suyos a grandes bozes, que los feriesen muy' de rezio, e ellos feziéronlo asy commo él mandó, commo aquellos a que era muy' menester. E derribaron muchos' dellos desa primera espolonada; mas el poder de los de Sansonna era tan grande, a desmesura, que les començó a sobre cresçer de todas partes, e [a los ferir tan fieramente, que por fuerça convino a]


[ 321 ]

los del cauallero del Çisne a dexar el canpo; e fuéronse arredrando vna pieça, commo que vençidos, acogiéndose, fasta que encontraron al Merino con la otra conpanna de burgeses de la villa; mas el cauallero del Çisne, que vió el poder tan grande de los de Sausonna, entendió que los non poderian sofrir, sy más boluiese[n] contra ellos, que presos o muertos non fuesen, e començó acoger se [e] toda su conpanna ante sy, e fuese acogiendo en buen continente con ellos contra la villa de Bullón. E el conde Galaran los vua alcançando e feriendo e faziendo grand dapnno en ellos, e resçibiéndolo él otrosy, en tornando ellos contra él, a las vezes; e desta guisa se acogieron, e entraron en la villa dentro.


[ 323 ]

LXXIV.

Quando el cauallero del Çisne fué entrado en la villa de Bullón, mandó muy' bien cerrar las puertas, e puso por las torres ballesteros e muchos' omnes de armas, que las guardasen; e eso mesmo a derredor del muro de la villa. Por todas partes llegaron los de la hueste de Sansona, e fyncaron sus tiendas en derredor de la villa, e çercáronla de guisa que, ninguno non podia entrar nin salir, a pié nin a cauallo. E el conde Galarán, que llegara primero, los fizo conbatir muy de rezio, e llegar bien fasta la çerca de la villa; mas los de dentro se les pararon muy' de rezio, e les fizieron grand dapnno, ca mataron e ferieron muchos' dellos de piedras e de dardos e de saetas, e defendiéronse muy' bien. E en quanto [ellos asy] estauan, llegó el duc Morante, fijo del duc Rayner, a quel cauallero del Çisne matara; e este traya la çaga, e venian con él el conde Malprian, e el conde Graner que escapara de la batalla de Cablençia, e el syniscal mayor de San-


[ 324 ]

sonna; e estos eran bien quinze mill caualleros, syn los otros que venieran primero, de que ya oystes, que ençerraron al cauallero del Çisne en Buensón; e quando llegaron aquel logar do fueran las primeras feridas, e fallaron muchos' caualleros muertos de los de su parte, fezieron muy grand duelo, e muy' mayor despues que fallaron al conde Acarryn, su cormáno, muerto; ca por aquel fezieron muy' grand llanto a marauilla.

E pués que esto ovieron fecho', tomaron su consejo commo tomasen a Bullón, luego en llegando, e veníense y todos: [que moriesen y todos], o que vengasen el dapnno que avian resçebido.

E luego que esto ovieron acordado, dexáronse venir rezios, bien fasta la cárcaua de la villa, e començáronla a combatir muy' reziamente de todas partes; mas los de dentro se defendian muy' bien con piedras, e con fondas, e con saetas, e con tragagetes, e con quantas otras maneras podian, de guisa que les fazian grand dapnno: mas tan grande era el poder de los de Sansona, que encheron la cárcaua de piedra e de tierra e de lenna, bien en tres logares; assy que, pasaron la cárcaua e llegaron bien a rayz del muro de la villa; mas los de dentro se esforçaron entonçe tan fieramente, que los mataron dese camino bien çient caualleros, de los más esforçados que y eran, e más de seysçientos caualleros; de la otra par, gente de pié; asy que, les fezieron por fuerça pasar la cárcaua, e arredrarlos de sy vna pieça, mal que les pesó.


[ 325 ]

LXXV.

Quando el conde Galaran vió el grand dapnno que resçibia en la su gente, e que los de la villa de Bullón se defendian tan bien, e non los podia empeçer, llamó al due de Sansonna, e al conde de Graner, e al conde Malpryan, e al conde Fardal, e a todos los otros omnes que y eran, e díxoles assy:

«Amigos, este combatir non me semeja que nos tiene pro, ca [a] ellos non podemos fazer dapnno, e nos resçebimoslo muy' grande: auemos y pérdida muy grand, que auemos y perdida muy grand pieça de caualleros, de los buenos que en nuestra companna eran, e de la otra companna de pié muy' grand gente, asy commo véedes. E por ende, sy vos acordásedes a esto, ternia vo que, seria mejor de les çercar la villa e el castillo, de guisa que non pudiesen salir vno, nin entrar otro, e que los guardásemos muy' bien de dia


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e de noche,' porque les non pudiese entrar vianda nin acorro de ninguna parte; e desta guisa entiendo que, los podremos mannana auer muertos o presos en nuestro poder, e syn peligro ninguno.»

E ellos se acordaron a este consejo todos; entonçes mandaron a la gente que se arredrase de la villa, e que dexa[se] de conbatir. E pusieron luego mill caualleros que los roldasen fasta en la mannana, de guisa que ninguno no podiese entrar nin salir; e ordenaron, otrosy, que guardasen mill caualleros la villa, e otros mill la hueste, desde la mannana fasta el medio dia, [e otros tantos desde] el medio dia adelante fasta la noche'; e pusieron, otrosy, que fuesen syete mill caualleros a correr la tierra del Enperador, e que fuese con ellos por cabdillo el conde Galaran de Monbrin, e que oviese por conpannero al conde Aganno: e estos todos entrar[on] la tierra del Enperador, e otros, quemando e destroyendo e robando quanto podian alcançar; asy que, non dexauan abadía nin yglesia nin burgs que todo no lo destroyeron, bien [vna grande jornada] a todas partes; e trayan muy grandes presas, e desos robos que fizieran, [a] la hueste: de pan, e de vino, e de ganados, e de ropas, e de muy grandes riquezas, e de todas las cosas que avian menester; mas omnes nin mugeres nin moças non trayan presos a la hueste ningunos, que todos los matauan muy' crúa mente, quantos alcancar podian, que ninguno non dexaban a vida, grande nin pequenno. E todo esto fazian por vengança


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de la muerte del duc Rayner de Sansonna que matara el cauallero del Çisne, e de los otros Condes que fueran muertos en la batalla de Cablençia, e por los otros dapnnos que avian dél resçebido; por ende, fazian por la tierra todo este mal, e el mayor estragamiento que podian, e todo lo que robauan [trayan] lo todavia a la hueste. E quando los vnos venian, yuan los otros; asy que, nunca quedauan de fazer todo mal e todo estroymiento, a todas partes, en la tierra del enperio e del ducado de Bullón, en quanto aquella çerca duró.


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LXXVI.

Desuso oystes ya, en commo el caualloro del Çisne fué llagado el dia que lo derribaron del cauallo, e lo coydaron matar o prender el poder de los de Sansona, sy non fuera por la merçed de Dios, que le acorrió, e sus vasallos que le ayudaron muy' bien; asy que de todos los çient caualleros que fueran con él en el començo, non escaparan más de los çinquenta, que todos los otros non fuesen muertos. E la ferida de las que él mas se syntió, de las que y resçibiera, por que le convino yazer en cama, fué vna lançada que ouo en el costado syniestro, que lo traxo a muy' grand peligro, e commo quier que otro omne la touiera, por muy' grande que fuera, le conveniera yazer muy' más luengo tienpo de lo quél non fizo; pero el su grand esfuerço e la grandeza de su coraçon non le sofrió yazer ende más de quinze dias, que se non leuantase, e se


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non armase, e se non fuese por toda la villa a dar consejo allí do entendia que lo avia menester; ca syn falla él e toda su gente eran tan coytados, que más no poderia ser: commo aquellos que tenian poca vianda, e eran muchos' comedores para ella.

E demás, que veyan que a ellos non venia acorro de ninguna parte, e a sus enemigos cresçia vianda e poder más de cada dia; e syn todo esto veyan de cada dia destroyr todo lo suyo, e non lo podian anparar nin defender, nin podian enbiar mandado nin de dia nin de noche' por acorro a ninguna parte, que luego muerto o preso [el mandadero] non fuese. E la Duquesa, su muger, estaua muy coytada, e se quexaua mucho', e todo el su fecho' era en fazer e limosnas e oraçiones, e a partir lo que auia, en lugares do lo más menester avian, e en rogar e en servir a Dios, e en fazer mucho' bien, lo más que ella podya.

Vn dia se leuantó el cauallero del Çisne de grand mannana, e fizo llamar dos caualleros en que se fiaua mucho. E el uno era Ponçe, e el otro Oliva[n]te; e de que fueron antél, començóles a dezir asy: «Amigos, bien entendédes la mi fazienda toda en lo que está, e en commo es ayuntado el poder de Sansonna, e han venido sobre mí, e me han estroydo toda la tierra con fortaleza de grand poder que trayan, e nos tienen ansy enbargados, assy commo vos por vuestros ojos védes, e cada dia les cresçe el poder e a nos mengua, e si desaventura fuese [que] aqui nos


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ayan de prender, desto sed bien seguros: que por al no pasaremos, sy no por las más crueles muertes e más desonrradas que nos pudieran dar, e nos moriremos muertes aviltadas, aqui, a manos de nuestros enemigos, e el Enperador perderá vuestro seruiçio, e puede por esto perder toda su tierra; e por esto ternia yo, que seria bien, de tomar y algun consejo, cómmo lo fiziésemos saber al Enperador, e que ouiésemos acorro dél.»

E ellos le dixeron que era muy' buen consejo este, e que le consejauan que lo fiziese assy, e que lo non detardase nin punto.

En quanto ellos en esto estauan acordando, ahenos vn escudero do venia corriendo quanto podia, e començó de dezir a muy' grandes bozes: «Sennor duque de Bullón, pensad de uos armar vos e los vuestros; ca euad los de Sansonna do vienen de todas partes para conbatir vos la villa; asy que, ante de las bisperas cuydaran ser dentro con vusco.» Quando esto oyó el cauallero del Çisne, mandó a Guión, vn su cauallero, que tanniese vn cuerno en la más alta torre del castillo, e él fízolo asy; e él, luego, començóse de armar a grand priesa, e todos los de la villa otrosy, e toda la otra gente. E quando fueron armados, caualgaron en sus cauallos, e el Duc, otrosy, se armó con aquellos que eran en el castillo, e tomó su espada, e mandó a vn su escudero que le leuase la lança e el escudo. E quando fué yuso en la villa, falló toda su gente que es-


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tauan con grand miedo, que gela entrarian por fuerça; e avian puesto los vallesteros e los arqueros e los omnes de pié por el muro e por las torres, que la defendiesen; e pusieron y muchos cantos e muy' grandes, otras piedras punnales, e avn fizieron al: que tomaron vigas e aserra[ron]las e ataron las a las altas torres con cuerdas muy' delgadas, para dexarlas caer sobre aquellos que los conbatiesen.

E los de Sansonna venieron de fuera con muy grand gente a maravilla, taniendo tronpas, e boçinas, e annafiles, e atabales, e faziendo muy grand roydo. E quando los de Bullón los vieron ansy venir, ovieron muy' grand miedo: mas el cauallero del Çisne, por esforçarlos, tomó çient caualleros de los mejores que y falló, e mandó abrir vna puerta [de la villa, e fuera] alli muy grande [el torneo]. E él tornáuase ya, sy no por el conde Malprian que venia ante su conpanna, acabdillándolos, que les mandó que estodiesen quedos; ca él queria justar con el cauallero del Çisne. E andaua muy' bien guisado, e muy ricamente, de todas armas que cauallero avia de traer, e caualgaua en su cauallo, blanco commo vna nieve, de los más preçiados e mejores que avia en la hueste de Sansonna; e tan ricas eran las sus armas e tan apuestas, que todos las venian ver por maravilla.

E quando fué çerca del cauallero del Çisne, començóle a dezir a muy' grandes vozes, que queria justar con él; e el Due quando lo oyó, en-


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derescó el cauallo contra él, e dexáronse correr vno contra otro, e quanto los cauallos los podian levar. E el conde Malprian ferió por el escudo al Duc, de tan grand golpe que gelo falsó; mas la loriga era muy fuerte, e non gela pudo falsar, e quebró la lanca, e fízola bolar en pieças: e el cauallero del Çisne que marauillosa mente sabia justar, le dió a él de la lança por medio y del escudo, sobre la mano, tal golpe que gelo falsó, e la loriga otrosy, e metióle la lança por el coraçon, e dió con él muerto en tierra. Quando los de Sansonna esto vieron, dexáronse correr todos para acorrer a su sennor; mas el su acorrimiento non les touo pro, que quando ellos llegaron a él, falláronlo muerto.

Desquel cauallero del Çisne ouo fecho' este golpe, tomó el cauallo del conde por la rienda, e comencó a dezir a los suyos que, se fuesen para la villa acogiendo, sy non, que todos eran muertos; e fuélos acogiendo para la villa, e metiólos ante sy dentro, e óuolo bien menester que lo fiziese asy, ca el Due Moran de Sansonna e el conde Graner, e otrosy, el conde Galaran de Monbryn, que trayan todo el poder de la hueste, venieron y luego todos ayuntados con toda su caualleria. E quando llegaron [e] fallaron muerto al conde Malprian, fizieron luego en llegando el mayor duelo del mundo por él, ellos e todos los otros que con ellos venian. Desy, luego, ante quel cauallero del Çisne e su conpanna ouiese seer acogidos dentro en la villa, dexáronse co-


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rrer todos al cauallero del Çisne e a los suyos, e acoytáronlos tan fiera mente, que vna pieça dellos entraron dentro en la villa a buelta con los otros de dentro; mas el cauallero del Çisne quando los vió assy entrar a bueltas de los suyos, ouo muy' grand miedo de perder la honrra e la villa e todo el bien que auia; e tornó la cabeça del cauallo contra ellos, e metió mano a la espada, e dió al primero que falló ante sy, tan grand golpe por çima de la cabeça, que lo fendió fasta en los dientes, e dió con él muerto en tierra. E començó de dezir a los suyos a altas bozes que, los feriesen muy' de rezio; e ellos quando lo oyeron, tornaron, e començaron a ferir en ellos tan fiera mente, que los echaron por fuerça fuera de la villa, e mataron los más dellos; e el cauallero del Çisne mandó luego çerrar las puertas muy' bien.

Mas el duc de Sansonna e los condes que estauan de fuera, quando vieron que assy avian echados a los suyos de la villa, toviéronse por maltrechos' e por escarnidos; e entonçe mandaron a todos los de la hueste, apregonada mente, que fuesen todos a conbatir la villa, toda en derredor, so pena de las cabeças, en guisa que le entrasen por fuerça, e la estroyesen toda a suelo, con quantos dentro eran, que non fincasen ninguno a vida.

E ellos entonçes, quando esto oyeron, dexáronse correr todos de todas partes, e començáron la de conbatir tan fiera mente, que pasaron la cárca-


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ua, e començaron a salir por la mota ayuso, alli donde la mayor fortaleza era; asy que, llegaron al pié del muro más de diez mill dellos; mas los ballesteros e los omnes de armas que estauan en las torres e por los andamios, se defendian muy' bien de rezio, e fazian muy grand dapnno en ellos con saetas, e con piedras, e con dardos, e en quantas maneras los podian enpesçer, de que los afrontauan muy' fiera mente; e cortaban las cuerdas de que estauan colgadas las vigas, e dexábanlas caer sobre ellos; asy que, non alcançauan cosa que non les quebrantasen: de guisa que bien morieron y, de los de Sansonna, grand pieza; e començaron a enfraqueçer, e no conbatian tan de rezio como en el comienço.

Mas el conde Graner que los acabdillaba e los mandaua conbatir, quando vió el muy' grand dapnno que la su gente resçibia, e lo resçibirian muy' mayor sy allá más y estodiesen, e los vió tan mal trechos que non podian ninguna cosa fazer de lo que queria, tannió vn cuerno de marfil que traya a su cuello, en sennal que se acogiesen; e entonçes tyráronse a fuera, e dexaron el conbatir. Desy, el duque de Sansona e el conde Graner e los otros condes que y de su parte eran, acordaron con lo que de primero auian acordado: que de alli a delante non los conbatiesen más, que resciberian grand dapnno dellos; mas que los touiesen çercados en la guisa que lo auian fablado, fasta que los tomase[n] de fanbre; ca de


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otra manera non les podian tomar la villa por fuerça, a menos de perdimiento de toda su gente, o de resçebir muy' grand dapnno además.

E des que fueron acordados en esto, arredráronse dende, e tomaron el cuerpo del conde Malprian en su escudo, e lleváronlo a la hueste. E desque lo touieron allá, fizieron por él grand duelo, e lleuáronlo a la su tienda, e echáronlo en vna cama muy' rica que y estaua, e veláronlo todos esa noche', con muchas' candelas e con ledanías e grandes vegilias que le dixeron; e fezieron grandes llantos por él, mucho' a menudo. E otro dia, en la mannana, soterráronlo en vna iglesia antigoa que estaua y açerca; e quando esto ovieron fecho', tornáronse a la hueste.


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LXXVII.

Quando el Duque e los condes de Sansonna ovieron enterrado al conde Malprian, e fueron tornados a la hueste, asy commo ya oystes desuso, e el cauallero del Çisne que estaua ençerrado en la villa de Bullón, [se puso a pensar] sobre lo que auia acordado con Ponçe e con Oliuante en razón de enviar pedir acorro al Enperador, en la qual razon le ellos consejaran commo vasallos leales e buenos, segund en la estoria dicho' auemos, fizo llamar a Terryn, su mayordomo, e mandóle que dixese a todos sus vasallos que fuesen a la tarde con él a la ora de las bisperas. E él fizo lo que le mandaua: e ellos, aquella ora que les él mandó, fueron con él, e falláronlo en vna huerta suya so vn arbol, do estaua fablando con tres caualleros suyos que con él estauan; e él, quando los vió venir, levantóse a ellos, e fízoles la mayor onrra que pudo e acogio-


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los muy' bien e mandólos a sentar cabo sy. Desy comencóles a de mostrar la coyta en que estaua él, e ellos, e commo los de Sansonna los tenian çercados asy commo veyan, e que a luenga çerca non veya razon por que se les pudiessen defender, por fanbre o por grande conbatimiento, que los non conquiriesen, segund el poder que eran, que los non destroyesen a ellos e a quanto en el mundo avian. E demás, que non fallaua que touiesen vianda, quanta ellos auian menester: nin tenian para vn mes conplido. E sy presos o entrados fuesen, que non auia y al, sy non muerte e toda crueldad que pudiese seer fecha' en ellos: e, por ende, si gelo ellos consejasen, [e touiesen que era bien] que enbiase mandado al Enperador, que le enbiase acorro.

E ellos todos le dixeron que, tenian que era bien e buen seso, e que gelo consejauan; ca tienpo auia que fuera bien de tomar este consejo, e que le pedian por merçed de se acoytar de mandar el mandado luego. E el cauallero del Çisne mandó luego fazer sus cartas, e demandó sy auia y alguno que se quisiesse a venturar a levar aquel mandado quél queria enbiar al Enperador. E [era y] vn escudero, que avia nombre Terryn, que la duquesa Catalina, su [suegra] criara de ninno e muy' pequenno; e este era raçonado omne e de buen seso, e muy' ardic en sy, e de grand esfuerço: e ante que ninguno de los otros le respondiese ninguna çosa, levantóse él, e vino antel caualero del Çisne, e díxole que por façer su voluntad


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e con sabor de seruir a él, que él queria leuar aquel mandado, e se meter a aquella auentura, e que fiaua por Dios de lo recabdar muy' bien; e el cauallero del Çisne gelo gradesçió mucho, e le fizo despues gran bien e grand merçed por ello.

E el escudero tomó las cartas que el cauallero del Çisne le dió, e luego, en la noche', salió de la villa, e metióse por medio de la hueste de los de Sansonna; e sopo tan bien fazer, e Dios que le ayudó en ello, que pasó entre ellos por medio de la hueste, asy que ninguno non le pudo conosçer nin entender quien era, ni halló quien bien nin mal le dixiese. E pasó asy muy' en salvo entre ellos, e fuese derecha' mente para Colona, cuy dando y fallar al Enperador; mas era se ya ydo dende a Nimaya, e non auia avn tres dias. E quando sopo Terryn que y non era el Enperador, ouo muy gran pesar; pero albergó y essa noche', en casa de vn burgués que auia nombre Galter, que le fizo mucha' onrra e mucho' plazer por amor del cauallero del Çisne e de su muger, la Duquesa; e otro dia, en la gran mannana, tomó su camino derecho' para Nimaya, e quando llegó y non falló al Enperador, ca le dixeron que era ydo a caça, mas que luego avia y de ser a las bisperas: e él atendió fasta en la tarde, que vino, e desçendió a la puerta del su palaçio. E entonçe Terryn vino y luego, e fincó los ynojos ante él, e dióle la carta que le enbiaua el cauallero del Çisne, e desy, dixo le asy: «¡Sennor Enperador de Alemanna! el cauallero del Çisne, Duque de


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Bullón, se os encomienda en la vuestra merçed, e vuestro vasallo, que çierta mente vos enbia esta carta por mí; e vos enbia a rogar e pedir por merçed, commo a sennor, cuyo seruidor él es, e cuyo acorro e cuya merçed él conplidamente en todo atiende, que le querádes acorrer. E esto que en esta carta vos enbia a dezir, que está en grand peligro del duc de Sansonna e de los siete Condes que son de la su parte, que lo tienen çercado en el castillo de Bullón con todo su poder, e le han muerta la gente e destruido la tierra e grand pieça de la vuestra.» E contóle, otrosy, en qual guisa se avia enbaratado con ellos, e de los dos Condes que les matara, e del grand danno que les avia fecho' él otrosy; mas que tan grande era el poder que traya, que los non poderia sofrir e que los tenian de aquella guisa enbarrados.

E el Enperador quando lo oyó, mandó luego abrir la carta e fizola leer; e desque la ouieron a él leyda, mandó llamar todos los omnes honrrados que eran en la Corte, e a todos los otros caualleros; e des que fueron todos los altos omnes antél, díxoles que ascucha'sen, e mandó leer la carta ante todos, en guisa que todos la oyeron, e entendieron bien quanto en ella dezia. E el logar donde el Enperador estaua al leer de la carta con aquellos quél mandó llamar, para auer su acuerdo e lo que le consejar deuia[n], era en la su cámara muy' rica e muy' fermosa, de que ya oystes; e el que la carta leya, era vn su notario, de que él fiaua mucho', que auia nonbre Daniel; e


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la carta dezia asy, de commo el cauallero del Çisne se enbiaua encomendar en su graçia del Enperador, commo a sennor cuyo vasallo era; e que le fazia saber commo el duque de Sansonna con todo su linaje e su poder, le tenia çercado en Bullón, e que le non auia dexado ninguna cosa fuera de la villa que todo non fuesse destroydo, e las gentes que pudieron alcançar todos muertos. E a él mesmo auian estroydo de la tierra del Enperador más de vna grand jornada; e demás, que le auian muertos muy' grand pieça de caualleros que con él eran, e de la otra gente mucha' además: e sobre todos los otros peligros en que estaua, que les fallesçia ya la vianda; asy que, non tenia, y, que les abondase para vn mes conplido. E syn todo aquesto que lo conbatian cada dia muy' fiera mente, e le matauan e le llagauan los omnes, e le tenian en [tan] grand coyta que, sy acorro alguno ayna non ouiese, que se les non poderian defender que muertos o presos non fuesen; e que le pedian por merçed e por onrra e por bondad dél, que le acorriese, e sy non, que sopiese por çierto quél moriria y, e quél perderia del su serviçio.

E quando la carta fué leyda, e entendió bien el Enperador lo que en ella dezia, ouo muy' grand pesar en su coraçon, e commo quier quél ya sabia antes que el poder de los de Sansonna era entrado en el ducado de Bullón, e que le fizieran dapnno en su tierra, non teniendo [que] y tan grand gente era, nin que tanto defendimiento fiziesen


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nin tan grand mal, non se rebataua a [pensar mucho a] ello, quanto más veyendo [que] nuevas del cauallero del Çisne [non auia ende ningunas; e por ende non pensaua que era cosa a que mucho' se apresurase. Mas quando esto oyó, e sopo del cauallero del Çisne] que en tan grand peligro estaua, a quien él amaua e presçiaua mucho', e juró luego y, ante todos a altas bozes, quél mesmo por su cuerpo le yria en acorro, e que gradesçia mucho' a Dios, por que le guisaua e mostraua carrera por do vengase bien la muerte de Galieno, su sobrino, e las otras desonrras que dellos auia resçebidas.


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LXXVIII.

Luego manteniente quel Enperador Otas de Alemanna ouo nueuas, en commo los de Sansonna tenian çercado al cauallero del Çisne en la villa de Bullón, e ouo oydas las cartas, e aprendió todo el fecho', segund que ya oystes, e ouo tomado su acuerdo sobre ello con sus omnes onrrados en commo fiziese, mandó luego escreuir sus cartas para todos quantos sus vasallos eran, que fuesen todos con él, con cauallos e con armas e con el mayor aparejo que pudiesen traer, e con la mayor gente de cauallo e de pié con que pudiesen venir mejor guisados; ante de ocho' dias a la çibdat de Colona; e non fiziesen ende al, por cosa del mundo. E ellos quando oyeron su mandado tan apremiado, coytáronse tanto de fazer e conplir lo que les mandaua, que ante quel plazo, llegase, fueron con él ayuntados treynta


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mill [caualleros, e çiento e veinte mill] omnes [de pié], e los caualleros muy bien guisados de cauallos e de armas, e de grandes viandas, e de todas las cosas que auian menester. E entonçe el Enperador dió su senna, e fizo su alferez, al duque de Loarenna, que era muy' buen cauallero de armas e muy' sesudo e de grand coraçon; e mandóle que fuese acabdyllador de la su hueste, commo aquel que era muy' sabidor de guerra e de todo fecho' de armas, más que omne que sopiesen en todo el enperio. E él tomó entonçe la senna, e resçibió muy' de grado la honrra quel Enperador le daua, e otorgó de fazer lo que le él mandaua.

E entonçe mouió el Enperador con toda su hueste, que era muy' grande e muy' abondada de cauallos e de armas e de otra gente, e de todo quanto les menester era; assy que, apenas poderia omne fallar çient caualleros entre otra caualleria, tan bien guisados commo eran estos treynta mill. E del dia que movieron de Colona, a terçer dia llegaron a vn llano muy' grande, que era çerca de vn rio que llaman de la Nerra en su lenguaje, el agua muy corriente; e allí albergó la hueste del Enperador aquella noche'. E otro dia en la gran mannana, ante que amanesçiese, mandó el Enperador a todos que se armasen, e fizo fazer quatro azes, en cada vna syete mil e quinientos caualleros, e treinta mil peones; e dió por cabdiello de la primera haz al conde [de] Grea, e de la segunda al duque de Loarena, al


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que fiziera su alferez, e la tercera dió al duque de Lenbrot, e él touo para sy la quarta.

E después que asy ouo partidas e hordenadas sus azes, díxoles asy: « Amigos, nos venimos aqui, por [que] el duque e los condes de Sansonna con todo su poder, me son entrados en la tierra, e me han estroydo muy' grand partida della e muy grand pieça de la gente, e tienen çercado al cauallero del Çisne, mi vasallo, duque de Bullón, que es el qual me enbia pedir, por merçed, que le enbiase acorro; e ánle astragada la tierra toda, e fecho' muy' grand danno, e nos estamos agora aquí cerca dellos; por que vos ruego, commo aquellos que sé que amádes la mi honrra, e que vos pesa de la mi desonrra e del mi mal, que punnédes en vos honrrar muy' bien en ellos, e de me ayudar bien a vengar la muerte de Galieno, mi sobrino, e otros males que me han fecho', e que pensédes de mouer luego, e de vos acoytar de caualgar derecha mente para donde la hueste de los de Sansonna está; asy que, a ora de prima o ante seamos con ellos, e que punédes luego, en llegando, de los ferir muy' de rezio, e que vos querádes menbrar de quantas desonrras avédes cada vnos de uos resçebidas del duque Rayner e dellos todos, e no haya dellos resçebida con la muy' grand desonrra que vos han fecho', e con la soberuia que consiguo traen. E que querádes oy tomar tal emienda, porque ellos sean muertos e destroydos, e yo finque, ende, onrrado, e vos todos. E desde aquí pensad de


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mouer, que sol non vos tengádes nin punto; ca ya non ay mucho' de aqui al dia.»

E entonçes le respondieron todos, que ellos punarian de guisa de conplir su voluntad, porquél fuese, ende, onrrado.


[ 347 ]

LXXIX.

Desque el Enperador ouo dicho' esto, mouieron luego con la su hueste, e pasó aquella agua que vos diximos. E la haz del conde de Grea fué en la delantera, e fueron los de Vayuera con él: e en la costanera de la parte siniestra fué el duque de Loarenna, e en la otra diestra fué el duque de Menbrot, e el Enperador fué en la çaga; e todas las otras carretas e todas las otras bestias que yuan cargadas con la vianda e con las otras cosas que leuauan, yuan en medio; e desta guisa fueron muy' acabdillada mente muy' grand pieça de la noche'.

E ante que amanesçiese, llegaron çerca de los de la hueste de Sansonna, quanto poderia ser quatro o terçio de legua. E dieron çient caualleros armados, e sobre muy buenos cauallos, que fuesen veer commo estauan, o en qual guisa tenian su hueste; e fueron ansy yendo ante la


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hueste, descobriendo tierra fasta que llegaron a la hueste de los de Sansonna. E el conde Galaran de Monbryn, que era de la parte de los de Sasonna, velaba esa noche', e roldaua la hueste con dos mil caualleros; e quando fué contra la mannana, que yua ya escalresçiendo el dia, vió aquellos çient caualleros de la hueste del Enperador, e cuydó que eran de los suyos; e començólos a llamar cuydando que se vernian para él; mas ellos non lo quisieron fazer, ante atendieron que les llegase mayor conpanna con que los acometiesen. E los de Sansona que los tenia[n] por suyos, atendieron asy vna grand pieça, fasta que vieron asomar la primera haz de la hueste del Enperador, en que venian siete mill e quinientos caualleros e treynta mill omnes a pié, muy' bien guisados a marauilla, de que era cabdillo el conde [de] Agrea. E quando esto vió el conde Galarán, marauillóse mucho'; pero bien cuydó que non era muy' grand caualleria que cuydaron entrar en la villa de Bullón; e en catando, vió asomar la otra az, desy la terçera, despues la quarta do venia el Enperador: entonçe entendió bien que el poder del Enperador era, que venia en acorro del cauallero del Çisne.

E luego tomó el cuerno de marfil, que traya al cuello, e taniólo muy' alta mente, asy que todos los del albergada lo oyeron; e luego, todos los de la hueste de Sansonna començáronse de leuantar ayna, e armarse a grand priesa, e salieron contra los de la hueste del Enperador, otrosy'


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bien guisados. E el sol yua ya rayando e feria en aquella caualleria, tan bien de la vna parte commo de la otra, e fazia resplandesçer los escudos, e los yelmos, e las lorigas, e relozir muy' fuerte los fierros de las lanças; asy que, todo omne que los viese, lo ternia por cosa muy' apuesta e temerosa; otrosy las sobre sennales que vestian, e las sennas, e los pendones, e las coberturas, que eran de muchas maneras e muy fermosas, e mostrauan grand apostura; asy que, todo omne que lo viese, averia ende muy' grand sabor, sy miedo non le enbargase.


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LXXX.

Quando la haz del Conde [de] Grea llegó çerca de las tiendas de los de Sansonna, vn trecho' de vallesta, e el conde Galaran de Monbryn salió de la otra parte, primera mente, contra ellos, bien con tres mill caualleros. E allá do venia el conde de Grea, bien armado e muy' apuesta mente e sobre buen cauallo, a marauilla, dexóse correr a él, e él a él otrosy, e diéronse tan grandes feridas de las lanças en los escudos, que dieron consigo en tierra muy' grandes caydas; mas el conde de Grea se leuantó primero, e metió mano a la espada, e dió con ella tan grand ferida al conde Gralaran por çima de la cabeça e por çima del yelmo, que cortó dél una grand pieça, e desçendióle la espada sobre el braço syniestro, e cortóle una pieça de la loriga; e entonçe los de Sansona e los de Alemanna se boluieron, e feriéronse tan de rezio, asy que, bien cayeron en


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el suelo desa buelta, que de la una parte que de la otra, más de trezientos caualleros, que de muertos que de llagados; de guisa quel más sano non se podia tener en piés.

Ansyles, vn cauallero de Bayuera que era y con el Conde, fuera ferir a vno de los de Sansona, e dióle tan gran golpe de la lança, que le falsó el escudo e la loriga, e metiógela por la tetilla syniestra, e dió con él muerto en tierra. E vn escudero de pié tomó luego el cauallo por la rienda, e diólo al conde [de] Grea, su sennor, que estaua de pié, su espada en la mano, e defendióse muy fiera mente, e ayudóle [de manera] que le fizo caualgar a pesar de los sansonnes. E en tanto llegó el duque de Sansonna, bien con siete mill caualleros, e començóse a nonbrar e dezir a los suyos, a muy' altas bozes, que los feriesen muy' de rezio; e él dexó correr el cauallo, e fué ferir a vn cauallero de los de Alemanna; e dióle tal lançada, que le falsó el escudo e la loriga, e metióle la lança por los pechos, e dió con él muerto en tierra. E entonçes fueron muy' grandes las bozes que dieron los de Sansonna, e començaron de ferir muy' fieramente vnos a otros, e ouo y muchos' golpes sennalados e mortales de lanças e de espadas, de la vna parte e de la otra. Fué tan grande el roydo que fazyan, que de las bozes que de las feridas que se dauan, que lo oyeron dentro en Bullón.


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LXXXI.

Quando los de la villa de Bullón oyeron que en la hueste de los de Sansona auia aquel roydo tan grande, entendieron que non poderia ser, sy con alguna gente estranna non lo ouyesen, e fuéronlo a dezir al cauallero del Çisne, que la su hueste de los de Sansonna era toda buelta, e que los semejaua que auia muy grand fazienda con otra gente. E quando lo oyó él, sobieron luego en las torres, e vieron los poluos muy grandes e la gran buelta que las huestes amas, vna con otra, auian.

E luego armóse ayna, e mandó armar a todos sus caualleros, e pués que sobió en su cauallo, mandó ayuntar toda su gente, e fizo abrir las puertas de la villa, e salió contra la hueste de Sansonna. E en esto vió la batalla commo era buelta de la vna parte e de la otra, muy fiera mente, asy quel Duque de Loarenna era entrado


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con su az entre las tiendas, feriendo en ellos muy grand pieça, e faziendo en ellos muy gran danno; e yendo asy por la priesa, encontróse con el duz de Sansonna que le auia tollido vna grand pieça de su gente de la primera az, e dexó correr el cauallo, e dióle tan grand lançada, que le falsó el escudo; mas la loriga non le pudo falsar que era muy fuerte, pero dió con él muy gran cayda en tierra.

Alli fué muy' fuerte la batalla de anbas las partes: los alemanes por lo prender, e los de Sansona por lo defender; e él era muy' buen cauallero de armas a muy' grand marauilla, e muy grande, e muy' valiente, bien commo su padre el duque Rayner. E él estaua de pié, e tenia la espada con anbas las manos, e daua muy' grandes golpes con ella, [a] aquellos que lo querian prender; asy que tan fiera mente lo reçelauan, que ninguno no se osaua estar delante dél.


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LXXXII.

Quando los de Sansonna vieron a su sennor en tan grand cuyta, dexáronse todos [correr] a [esa] ora a ferir sobre él por él acorrer, [e] commovieron [a] los alemanes en guisa que, los echaran del canpo, sy non por el Enperador que traxo consigo muy' grand caualleria, e traya doze sennas, antél, fermosas e muy' ricas a grand marauilla; e venian antél los más onrrados omnes quél auia, fueras aquellos quél pusiera por cabdillos en las tres azes que ya oystes. E la otra caualleria que él auia consigo, venian tan bien guisados de espadas, e de yelmos, e sobre sennales, e de coberturas, e de todas armas que les convenia de leuar, [e] de fazer grand vista, ca toda la tierra relunbraua. E quando fueron çerca de los de Sansonna, e vió el Enperador mal traer los suyos, mandó taner treynta tronpas de plata que trayan antél, e mandó a todos los suyos que mouiessen, e los fuessen ferir.


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E entonçes ferieron todos en los de Sansonna muy' de rauia mente, e ellos quando vieron aquel tan grand poder que venia sobre ellos, el más ardic quisiera seer en cabo del mundo, e boluieron las cuestas e dexaron el canpo. E alli fué preso el due Moran de Sansonna; e començaron de foyr e desparzirse cada vno contra do mejor cuydauan guaresçer; ca de otra parte non cuydauan escapar de muerte. En tal manera yuan foyendo que sy, alguno dellos buen cauallo o ligero auia, por eso non queria oluidar las espuelas.

E el duque [de] Loarenna e el duque de Lenbrot yua al[can]çándolos, e feriendo e matando en ellos quanto podian. E [de] la otra parte el cauallero del Çisne e el conde de Grea yuan faziendo en ellos gran mortandad a marauilla: e tantos y morieron, que ningun omne non los poderia contar, asy que, todos los canpos e los valles yazian cobiertos de muertos de todas partes, de guisa que los siete Duques e Condes que venian, non escapó ninguno que muerto o preso no fuese. E el conde Grauer que escapara de la batalla de Cablençia, que los alli traxera, fué y muerto, e el duque Moran de Sansona fijo del duque Rayner fué preso, e duró el alcançe desde medio dia hasta ora de cunpletas, e durara más sy no por la noche' que gelo tollió; pero escaparon dellos muy' pocos, e destos, algunos dellos que se acogeron a las montannas e por los requexos; que todos los otros fueron muertos e des-


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troydos: ca ya tan pocos eran, quando se tornaron, que non fallaron en quien matar.

E entonçe tornóse el Enperador, onrrado e bien andante, e todas sus conpannas con él; e vino a él el cauallero del Çisne, e omillóse; e el Enperador quando lo vió venir fué contra él, e honrrólo mucho', e acogiólo muy' bien. E fueron fablando en tornándose amos apartadamente, de muchas' cosas de sus faziendas, que se preguntauan vnos a otros, de muchas'razones que ouieron; asy que, quando llegaron a las tiendas de los de Sansonna era ya noche' escura, e fallaron y tan grand auer, que fué una grand marauilla, de todas las cosas del mundo que de riqueza pudiese[n] seer; e de vianda tanta que se fazia grand afan de la meter en la villa: pues de lo que robaron por el canpo, de cauallos e de armas e de ganados e de carretas e de otras bestias, non es omne que lo pudiese contar: ¡tan grand muche'dunbre era! E otrosy, de tiendas muy fermosas, muchas' e muy bien labradas; e de tendejones, e de destajos, [e de] otros pannos fermosos e de grand preçio tanto era, que seria esquiua cosa de creer. E albergó y essa noche el Enperador en la tienda del duque de Sansonna, que tenia él preso, e el cauallero del Çisne con él, e los otros todos por las otras, que y abia asaz por do cabía[n]?

Otro dia mandó el Enperador ayuntar todo aquello que y ganaran, que era tanto, que omne del mundo non le poderia dar cuentas; e lo al dió


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a los suyos e a los otros que y eran, assy [que] cada vno dellos se touo por muy pagado y: muchos y venieron pobres, que fueron rycos para syenpre.

E quando esto él ouo fecho', mandó a las gentes que se fuessen para sus tierras, saluo aquellos onrrados omnes que se él quiso tener consigo: e él fincó alli dos dias con el cauallero del Çisne, vicioso e muy a. plazer de sy, donde fué muy seruido de quantas cosas e buenos seruicios le pudieron seer fechos'. E fué vn dia huéspede del cauallero del Çisne, e su muger espidióse dél, e fizo muy grand onrra a la duquesa Beatriz, e dióle [de] sus joyas e de sus dones muchas' e muy ricas, de las que ganara en la batalla, syn todo lo que auia perdido. E luego priso al duque Moran de Sansonna, de que fizo despues muy grand justiçia e muy' crúa, por vengança de Galieno, su sobrino, que mataran en la batalla de Cablençia, de que ya oystes.


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LXXXIII.

Palabra fué de los sabios esta: razón verdadera es, que más graue es al omne de sofrir la buena andança que la mala, ca maguer la buena andança es buena en sy, pocos omnes la saben sofrir; mas la mala a se de sofrir, tan bien los buenos commo los malos. E por ende fueron preçiados, los que la buena andança supieron sofrir e mantener; mas non ouo tal ventura la muger del cauallero del Çisne: ca alli do ella era la más viçiosa duenna del Enperio de toda Alemanna, de todas las cosas que por onrra e viçio de sy hauia menester nin demandauan, tan bien de riquezas commo de plazeres, e de todo lo al que ella queria. E demás, que era casada con vno de los mejores caualleros del mundo por mano e por costunbre, e que más amigo era de Dios, nin que más la amaba, nin que más honrra le fazia. E auia él de la Duquesa, su muger,


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a su fija Ydan, que era de hedad de seys annos, e entrava en los syete, vna de las más fermosas cryaturas que pudia seer, nin que ellos anbos e dos metieran más fimencia en criarla muy' viçiosa mente, nin con mayor sabor, nin mayor gasajado tomauan cada que la veian, por las buenas mientes que dezian, pero non que ella dixiese nunca curaria nin palabras enaticas commo otras ninnas dizen; ante dezia cosas que los omnes avian grand plazer, e tomauan grand sabor, e lo tenian por bien todo[s]; e syn todo aquesto era tan grande e tan bien fecha', de la hedad que avia, que non lo seria otra que ouiese dos tantos dias; e era tan fermosa de color e de façion, que a grand marauilla lo tenian los que la veyan. E nuestro Sennor la fiziera atal, por el buen linaje que sabia que avia de desçender della, e commo los sus fijos bien auenturados Gudufre e Eustaçi[o] e Baldouin conquiriesen la tierra santa de Ultra mar e la santa çibdat de Iherusalaim, e Antiocha', e toda la otra tierra que cobraron de los moros, asy commo adelante oyrédes contar en la estoria. E por ende queria Dios que, la amassen todos quantos la veyan, e más el padre, e muy' más la madre que se deuiera tener por bien auenturada muger, de quanto le fiziera Dios, sennalada mente en esto, sin todo lo al que vos dixemos. Mas esta fizo asy commo Eua, que la metió Dios en parayso, e non sopo guardar el bien que le fiziera, e perdiólo todo por que fizo lo que le vedaran, quando comió la

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mançana: asi [a]vino a la duquesa de Bullón, que seyendo tan bien andante en todas las cosas que duenna lo podia seer en el mundo, commo vos dicho' auemos, preguntó a su marido aquello que le defendiera, por que lo ouo de perder. E seyendo duenna entendida, e de buen seso, e guardada de todo yerro, non sopo sofrir la buena andança que le Dios diera; e ouo por fuerça a sofrir la mala en toda su vida, commo agora oyrédes.

Vna noche' avino ássí: que yaziendo ella en su cama, con su marido, el cauallero del Çisne, començó de coydar en su coraçon de quanto bien le fiziera Dios en darle tan buen marido de todos bienes: en seso, e en armas, e en apostura, e ensenamiento, e en toda otra bondad que en cauallero nin en otro omne podiera ser. E demás, de quanto bien le veniera dél, en aver muerto al duz Rayner de Sansonna, que era tan fuerte e tan brauo e tan poderoso e tan buen cauallero de armas que, en ninguna tierra non sabian [auia otro mejor], por que la tenian deseredada e forcada de quanto auia; e de commo le fiziera cobrar todo lo suyo, e de commo anparara su tierra, e destroyera el poder de Sansonna. E syn todo aquesto, que la amaua más que a ssy, nin a otra cosa del mundo: más que aquella su fija Idam, quél más amaua que a ssy mismo. E todas estas cosas entendia bien la Duquesa que era assí; [mas] tan grande era el sabor que tenia de saber donde era aquel su marido, por que tanto


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bien le veniera, o cómmo auia nonbre, que todo esto que dixemos, oluidaua. Asy que, la palabra que le él dixiera que, le non preguntase por su nonbre, nin donde era, non tenia que fuera sy non commo en manera de meterle miedo, porque le fuese más obidiente sienpre, en todo lo que le él mandase. E por que cuydara que aquello non gelo defendiera, sy non porque era casada ella nueuamente, e que tenia seria ya oluidado; e avn que gelo preguntase, que tan grande era el amor que auian en vno, e el bien que se querian, e tan ledo estaua de la gran bien andança que le viniera e acaesçiera, que lo non ternia por mal; pero de otra parte auia miedo que le pesaria. E en este cuydado estudo toda la noche', que nunca dormió, ni se asosegó, tornándose del vn cabo al otro. E cada que se tornaua contra él, veníale al coraçon de gelo dezir; e desy arrepentíase, e non se atreuia, e tornáuase de la otra parte.

Asy pasó aquella noche', e quando vino a la mannana, adormeçióse ella, e el cauallero del Çisne leuantóse, e fué a oyr la misa e las oras, assy commo lo auia acostunbrado; e despues fuése a su palaçio, e su fija Ydan salió contra él; e él quando la vió fué muy alegre con ella, e tomóla en los braços, e començóla de abraçar e de besar. E luego vino la Duquesa, su muger, que auia ya todo el seso canbiado por preguntarle lo que le él defendiera. E él, otro sy, resçibióla muy' bien, e tomóla por la mano, e entraron en vn palaçio, e asentáronsen a comer con muy'


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grand alegria; mas commo quier quél comiese, e fuese ledo, ella non fazia asy: ante pensaua sienpre en aquello que le queria preguntar, e non podia ende partir el coraçon por ninguna manera. El cauallero del Çisne que non sabia de aquello nada, cuydando que non era sanna, o que avia algund otro pesar por que estaua coydando; e asy rogáuale que comiese, e se alegrase, e dexase el cuydar e aquel pensamiento en que estaua; ca loado sea Dios, ya non auia razon porque ningund gran pesar deuiese auer. Mas ella por cosa que le dixiese, non lo creya, nin lo podia fazer, nin se partir dende: e asy passaron toda aquella yantar, e despues que ouieron comido, fuéronse todos los caualleros, vnos a jogar tablas, e otros a jugar xedréz, e los otros a escremir, e los otros a bifordar, e a lançar, e a fazer estas cosas de manera de juegos e de alegrias de que eran vsados, e de que se cada vno trabajaba, e tomaua plazer, e de que auian ende muy grand sabor.

E el cauallero del Çisne fincó en su palaçio con su muger e con su fija Ydan, trebejando e hauiendo muy' grand plazer a sabor de sy, e asy estodieron fasta çerca de la noche'; e aquel dia se conplian siete annos, que él matara al duc Rayner de Sansonna por el término del tienpo; mas non por la fiesta, ca non era estonçe la çinquesma, en la qual fiesta la lid suya e del duc Rayner fué: e ese dia se cunplieron otros siete annos que casara con ella, e le fiziera cobrar su


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tierra, de que era forçada. E quando fué a la noche', de que ouieron çenado, fuéronse todos a las posadas, e ellos echáronse. E el cauallero del Çisne adormeçióse luego; mas ella non podia dormir, e puso en su coraçon que, más queria morir, que sofrir de non saber aquello. E en esto tornóse contra su marido, e abraçólo muy de rezio, e començólo de afalagar; e él despertó entonçes, e tornóse contra ella, e començóla otrosy de abraçar, e preguntóle qué auia. E ella díxole que, todo el bien del mundo que duena tenia, [e] podia auer, auia ella; que non le menguaua nin guna cosa, sy non una cosa, e esto era porque non sabia commo él auia nonbre, nin de qual tierra era natural: e que le rogaua, por Dios e por Santa Maria e por el grand amor que le mostraua, e por los muchos bienes que en él auia, que gelo dixiese; ca si ella lo podiese saber, tenia que nunca muger del mundo tan bien andante fuera commo ella, nin de tan buena ventura.


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LXXXIV.

Quando el cauallero del Çisne oyó aquella pregunta, que su muger le ouo fecha', ouo tan grand pesar, que perdió la color; asy que, de muy blanco que era, toda la cara se le tornó negra, e dixo asy, con muy' grand sanna e de mal talante que auia: «Duena, agora fallesçe nuestra amistad para sienpre, e viene nuestro partimiento, e de mannana me partiré de uos, que non fincaria aquí más, por todas las cosas que son el mundo, nin me verédes jamás de los ojos.» E ella quando esto oyó, pesóle mucho'; mas todavia touo que lo dezia commo [en] escarnio e por le meter miedo. Mas por todo esto non dexó ella de gelo dezir, ante lo afincaua más, bien tres o quatro vezes; mas él nunca le quiso responder a ello, [ante le fabló en otras cosas, e fueron] asy fablando [fasta] çerca del dia.

E quando paresció el alua, el cauallero del


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Çisne se leuantó muy triste e muy cuytado e muy' anegreçido; asy que, todo omne que lo viese, poderia entender en él, que estaua bien quito de plazer, e que la carne non poderia tener más esquiua que otra, de se partir el alma della, que él quando se ouo de partir de su fija e de su muger. Vestiose e calzóse, e fué a oyr la misa, e quando la ouo oydo, sol non quiso más tardar; ante fizo luego ensillar el su cauallo, e mandó que le traxiesen el escudo, e la lança, e el espada que él traxiera consigo, quando veniera en el batel a la çibdad de Nimaya. E quando esto vieron sus vasallos e su conpanna, preguntóle donde queria yr, o qué cuydava fazer, porque asy demandava aquellas armas, sennalada mente. E él díxoles que se queria yr, e que los en comendaua a Dios; ca non podia estar que se non fuese, pues cunplido auia lo que prometiera; demás, que sauia que el çisne venia ya en el batel que lo auia de leuar de aquella tierra, porque sy más y quisiese estar, non poderia ser que non prendiese muerte.


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LXXXV.

Quando sus vasallos esto oyeron, fueron muy cuytados; asy que, ningunos omnes non lo poderian más ser, e començaron de fazer muy grand duelo; mas quando la Duquesa entendió que, su marido en todas guisas se queria yr, e la queria dexar, no ha quien sopiese dezir el duelo e la coyta que ella fizo; e echósele a los piés, e rogóle, e pidióle merçed por Dios que se non fuese, nin quisiese asy desanparar a ella nin a su fija; ca sy non, sopiese que ella moreria, e la fija fincaria huérfana de padre e de madre, que faria él grand pecado, e mostraria y grand crueza; e que asy commo nuestro Sennor perdonara a Santa Maria Madalena muchos' yerros que fiziera, que él, que perdonase a ella aquel pecado solo que auia fecho', non cuydando que A,a qe eoon que ella dixiese, sol non quiso tanto le pesaria.

Mas que cosa que ella dixiese, sol non quiso


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el Duc palabra responder; ante estaua enmudeçido, commo omne fuera de seso de sanna que auia.

En esto vino Ydan, su fija, la más fermosa ninna nin más apuesta, de los sus dias, que auia en todo el mundo, e tomóla en los braços, e besóle los ojos e la boca llorando, e díxole asy: «¡Ay, fija amiga! Por vos tengo el coraçon [quebrantado, ca hoy perderédes el amigo que] más vos ama; assy que, mientra biuádes nunca lo más verédes, [nin avréis] dél buen conorte nin buena ayuda. E esto fizo vuestra madre por su poco seso, que non sopo sofrir [la] buena andança que Dios le auia dado; e avínole asy commo a Eua, que comió el fruto del arbol, que nuestro Sennor le vedara, aviendo y otros muchos' e más fermosos e más sanos; e avn non [le] abondó esto, e fizo a Adan que comiese della, por la su culpa della ouien amos a dos laçerio. Bien asy avino a vuestra madre; ca ally do ella auia muchas' razones e buenas, que fablase conmigo, e que le estarian bien, e de que le yo seria muy pagado, todas aquellas dexó, e fué me a preguntar lo que a mí pesaba, e lo que le yo auia defendido mucho'. E commo quier que yo aya pesar por el escarnio que a mí fizo, más me pesa porque la su culpa vos tornará a vos en danno; e por ende, conviene que me vaya de aquí, luenne, [a] aquella tierra onde yo soy: asy que, tansola mente el dia de cras non atenderé aquí, por cosa que fuese en el mundo.»


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Quando esto oyeron los que estauan en el palaçio, caualleros e duennas, e donzellas, e escuderos, e burgeses, e ruanos, todas las gentes que y estauan en el palaçio, asy que pequennos commo grandes, e començaron de fazer tan grand duelo que, ningund omne non lo poderia contar; en tal manera que, muchos' omnes ançianos que se y açercaron, tenian que fuera este duelo, mayor que el que fuera fecho' en Vlaya por la esposa de Oliveros, que era sobrino del Enperador Carlos e uno de los doze Pares, quando se ella dexó morir con pesar dél, quando oyó dezir que era muerto. [E] el duelo que fazia[n] era tan grande, que le oia[n] mucho' a luenne de la villa; ca los vnos mesauan los cabellos, e los otros ronpian las fazes, e los otros se amorteçian de pesar, e los otros quebrantauan las cabeças a las paredes; mas sobre todos, el duelo que la Duquesa, su muger, fazia, non ha omne que lo sopiese contar; ca ésta habia tan manno pesar, que andava como rauiosa e muger fuera de seso, e yua fazer con [to]dos duelo; e desy venia a su fija Ydan, e tomáuala en los braços, e dezíale asy: «¡Ay, fija amiga! Desde oy más fincarédes huérfana de padre e de madre, ca vuestro padre se yrá agora, e nunca jamás lo verédes, e vuestra madre dexará el mundo por amor dél, e yrse ha a meter en tal logar, do morrerá ayna, e nunca verédes otro pesar, sy este no.»


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LXXXVI.

Despues que esto ouo dicho' la Duquesa, tomó a su fija en los braços, e echóla a los piés del Duque, su padre; e ella mesma fué por gelos besar, e díxole asy: «Senor, auet merçed de mi e de vuestra fija, e non seádes tan cruel; ca sy vos asy nos dexádes, esta tierra yrá en perdiçión, e los de Sansonna la destroyrán toda, pués que sopieren que non ay quien la defienda.»

«-Par Dios, dixo el Duc, bien sabédes vos que, la primera noche' que yo vos oue por muger, vos defendy, sobre todas las cosas del mundo, que no demandásedes por mi nombre, nin donde era; mas vos non quesistes en esto fazer mi mandado, e por eso me conviene [yr], ca he poco plazo de mi yda: ca el Çisne que me traxo en el batel, me llama ya; e desde oy más, non estaria más aquí, porque me feziesen sennor de la mayor tierra del mundo.»


[ 372 ]

Quando esto oyó la Duquesa perdió toda la color, e fallesçióle el coraçon, e cayó amortesçida en tierra.

E Ydan, su fija, que lo oyó, otro sy, començó de llorar muy' fieramente por ella, e abrazarla, e llamarse pesquina e cativa, e que en fuerte tienpo fuera nasçida; asy que, tales palabras dezia que, todos quantos la oian, non les podia sofrir el coraçon que non ouiesen de llorar. Mas quando la Duquesa fué acordada de aquel amortesçimiento en que yoguiera, e vió el grand duelo fazer por el palaçio, en Bullón, a todos comunalmente, [e vió a su marido de la otra parte], que estaua asy commo leon fiero e brauo, que por ninguna cosa que viese nin oyese, non se le abrandesçia el coraçón, nin queria auer piadad, e tomó otra vez a su fija Ydan en los braços, e vino al cauallero del Çisne que queria va caualgar para yrse, e díxole: «Sennor, ¿puede ser por alguna manera que finquédes?» E él respondió paso, que no, por ninguna guisa que fuese.

-«¿Pues qué será de vuestra fija Ydan, que fincará tan pequenna? dixo ella; ca des que vos fuérdes, no averá y quien la honrre nin la guarde; antes la despreçiarán e le farán todos mucho' mal; ca despues que las nueuas sonaren desto por tierra, e sopieren en Francia e en Sansonna, commo vos sódes ydo, todos los que vos mal quisieren, vernán a esta tierra, por razon de nos, por el mal que les vos feziestes, e


[ 373 ]

destroyr la ha[n], e desheredarán a esta vuestra fija, que non meresçe ningund mal, por que sabrán que no hay quien la defienda.» E a esto respondió el cauallero del Çisne que la dexaba encomendada e en guarda del Enperador.


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LXXXVII.

Sobre estas razones todas [que] la duquesa Beatriz ouo con su marido, el cauallero del Çisne, pués que vió que, por palabras de piadad que le dixiese, nin por pedimentos de merçed que le ouiese fecho', non le valia nada, nin le podia sacar otra palabra de otorgamiento de lo que ella queria, e díxole asy: «Sennor, pues me Dios a mí quiso dar ventura acabada sobre quantas duennas casadas fueron, en aver marido tan acabado en todas bondades en sy auer sobre quantos otros espada pudieron çennir, e me quiso Dios extromar a ser más des aventurada que todas, en lo perder por tan grand mi desaventura, pido vos por merçed que, pues la desauentura mia quiso Dios fuese, e que tan des anparada fincase de todos los bienes del mundo e de todos los plazeres que y son, que me dexédes alguna sennal de las vuestras; el escudo, o la lan-


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ça, o la espada, o el vuestro cuerno de marfil, con que tome algund poco de conorte en los muy' grandes pesares en que sé que ha de ser toda la mi vida, aquella poca que fuere, quando a vos non viere.»

E el Duc respondió entonçes, que sus armas que él se las avia menester, e que las non partiria de sy por guisa del mundo; e demás, que a ella non dexaria él ninguna cosa de las suyas, ca lo non guisara ella de manera que lo él deuiese fazer; ca sy ella [lo guisara] de manera que lo él deuiese fazer, de buena ventura fuera, e lo sopiera guardar a él, e a todas sus cosas oviera ella para sienpre; mas pues que lo ella lo sopiera perder, syn todo fincaria. Mas que tanto queria fazer, que dexaba a su fija Ydan el su cuerno de marfil, en que avia tres çercos de oro con muchas' piedras preçiosas e de grand virtud; e rogaua a ella e a todos sus vasallos, que y en derredor dél estauan, que gelo guardasen bien e muy' linpiamente, e que se fallaria[n] ende bien, e sy no, muy' grand dapnno les ende vernia.

E ella e ellos les respondieron muy' coytada mente, que lo farian en quanto ellos pudiesen. E la Duquesa resçibió el cuerno; mas a poco tienpo se le oluidó, por que avino, ende, muy' grand marauilla, assy commo adelante oyrédes.


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LXXXVIII.

Quando el cauallero del Çisne ouo dado el cuerno de marfil a su muger, en la guisa que oystes, despidióse della e de su fija Ydan, que fazia muy' grand duelo por él, e [de] sus vasallos e de todos los otros que y eran; e caualgó en su cauallo, e fizo leuar sus armas consigo a vn escudero, e despidióse muy' dolorosa mente de los de la villa e del castillo, e acomendólos a Dios. Mas ellos, quando vieron que se yua, e sopieron en qual manera era la yda, començaron a dar muy grandes bozes, e de fazer tamanno duelo que, apenas poderia omne oyr [trueno, sy le fiziese]. E la Duquesa, su muger, non se quiso dél partir; ante, caualgó luego, [e començó] a yr en pos dél, e levó la su fija consigo: e otro sy, los más de los caualleros que y, entonçe, con él estauan, fueron con él todos, por ver lo que farrian, ca non cuydauan que, a tan coraçon lo ouiese aquella


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yda, commo él mostraua. ¿Qué vos diremos más? Tanto andudo el cauallero del Çisne con su conpanna, fasta que llegó a la çibdad de Nimaya, do era el Enperador, que non sabia nada de su venida. E quando le dixeron que venia, pero non sabiendo en qual razón, plugole mucho', e salió luego contra él, e fallólo do era ya llegado; e auia ya llegado a la puerta del palaçio, e él, quando lo vió, resçibiólo muy bien, e abraçólo, faziendo con él muy grand alegria, e tomólo por la mano, e asentólo cabo sy. E desy llegó la Duquesa, e resçibió[la] otro sy muy bien el Enperador, e fizola asentar cabo sy [e su] marido; pero ouo grand pesar quando la vió tan descolorada, e venir muy' coytada mente.


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LXXXIX.

Quando todos fueron asentados, el cauallero del Çisne se leuantó en pié, e fabló tan alto, que quantos y estauan, lo oyeron, e dixo asy al Enperador: «Sennor, vos sabédes muy' bien que yo non quise casar con esta duenna, sy non que me fiziese pleyto que, cada que quisiese tornarme quando el çisne veniese por mí con su batel, que me non detoviésedes. Agora pídouos por merçed, e ruégouos por ante toda vuestra Corte, que me tengádes mi pleyto; ca yo yrme quiero, ca non poderia aqui más fincar.»

E el Enperador le otorgó que asy era, commo el dezia; mas que de la su yda non le semejaua guisado: lo vno, por los grandes seruiçios que le auia fechos', e que él no le auia avn gualardonado, asy commo él quisiera; lo al, porque afincaria su muger desanparada, e su fija, seyendo de tan poca hedat commo era, e toda su tierra,


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otrosy; de guisa que [sy] los de Sansona lo sopiesen, que gela poderian destroyr ayna toda, e que non aueria quien gela [pudiese] defender.

E el cauallero del Çisne dixo que la tierra, e la muger, e la fija, e los vasallos e quanto ellos en el mundo avian, todo lo dexauan en la su merçed e en la su encomienda, e él punase en lo defender commo cosa suya quita; ca en ninguna manera non poderia él fincar.

E en quando ellos en esto estauan contendiendo con el Enperador, e [este] poniendo muchas buenas razones por le fazer fincar, sy pudiese, e él diziéndole que non podia ser, vieron llegar so las feniestras del palaçio, el çisne; e dió vna grand boz, asy que quantos y estauan lo oyeron, e fueron todos a las ventanas, e vieron el çisne, que era ya venido en su batel, e estaua esperando al cauallero del Çisne. E digo vos que auia y muchos a quien pesó muy' de coraçon, por que entendieron que non podia al seer que non se fuese. E el Enperador mesmo se paró a las ventanas, e vió al çisne que estaua con el batel, e tenia vn collar de oro fres a la garganta, con vna cadena de plata; e era tan fermosa cosa de ver que era maravilla. E todos quantos lo veyan, fablauan ende mucho', e tenia[n]lo a muy' gran cosa; mas el Enperador pesáuale mucho', porque era sennal de perder tan buen cauallero e tan buen vasallo commo el cauallero del Çisne era, lo que quisiera él ante perder grand pieça de su tierra; pero non pudo estar que non llamase al


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cauallero del Çisne, e fizole sennal con vna vara de oro, que tenia en la mano; e quando llegó çerca dél, mostróle el çisne, que estaua coleando mucho' contra las finiestras, e andaua andando del vn cabo al otro por el rio, con su batel en pos de sy, faziendo semejança que avia grand sabor de se yr. E quando el duc de Bullón lo vió, ouo ende grand plazer; mas el Enperador lo llegó a sy, e echóle el braço sobre el onbro, e preguntóle se podia él y fazer alguna cosa porque se non fuese. E él díxole que avn que le diese la mayor çibdad que en su inperio avia, que non estaria ay, aquel dia solo acabado; mas que le pedia merçed que le dexase yr, ca bien veya commo su Sennor enbiaua por él, que avia [menester] su servicio, e que de allí adelante, non fincaria más de allí, por ninguna manera del mundo.


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XC.

Quando el Enperador esto oyó quel cauallero del Çisne dixo, començó de llorar muy' de rezio, e otro sy fizo la Enperatriz, su muger, que estaua y, e todos los que estauan en el palaçio; asy que, nunca mayor duelo fué fecho' por vn omne en vn dia, que alli fizieron por él. Mas su muger, la duquesa Beatriz, fazia tan grand duelo, que todo lo al era nada a pos lo suyo; ca bien cuydava ella avn fasta alli, que [el Enperador] ternia a su marido, e que lo non dexaria yr, pués que a él llegase; mas agora, pues que ella veya quél non queria fincar por ninguna cosa quel Enperador lo prometiese, nin le quisiese fazer algun [bien, fazia vn] duelo tan marauilloso, que a todos aquellos que lo veyan, se espantauan ende mucho'; ca ella mesma todos los cabellos, que eran más resplandesçientes que filos de oro, se mesava muy' syn piadad, e desfazia todo su rostro tan cruda mente, que la sangre corria en


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filo fasta en los piés; e amorteçíese mucho' a menudo, e quando acordaua, dezia vnas palabras commo sándia e muger que estaua fuera de seso.

E pués que este duelo ouo fecho' assy vna gran pieça, tomó su fija Ydan por la mano, e leuóla ante el Enperador, e fincó los ynojos e díxole asy: «Sennor, ¿qué cuydades que faga, [e] qué será de mí, sy mi marido pierdo? Ca jamás en este mundo nunca averé bien. E ¿qué será desta su fija que fincará pequenna, e tan syn consejo, commo vos védes? Sennor, fazed que finque mi marido.»

Quando el Enperador la vió estar tan cuytada, e oyó aquellas palabras dolorosas que dezia, tomó le vna piadat tan grande, que començó de llorar muy' fuerte mente, e respondióle assy, llorando: «¡Duquesa de Bullón! bien lo sabédes que çerca tanto pesar a mí commo a uos, e bien vos digo que non ha cosa que non feziese, e que le non le diese, porque fincase; asy que, le daria luego, aquí, dos çibdades de las mejores de todo el mi ynperio, con sus términos e con todo su sennorio conplida mente, e que las aya por heredad para sienpre jamás, él e los que de él vinieren; e avn ssy más quiere, [más le daré, e esto resçibalo luego, e fagan ende qual firmeza, e qualesquier previlegios que quisiere, e] yo lo otorgaré aquí ante toda mi Corte.»

Quando [esto] oyó el cauallero del Çisne, que estaua delante, dixo al Enperador que, lo tenia en


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grand merçed lo que le prometia; mas por darle su tierra toda, non fincaria vn dia solo; e de quanto y' tardara, tenia que pesaria a su Sennor, que le ouiera enbiado. Quando esto oyó el Enperador ouo muy' grand pesar, e la Duquesa comenzó a fazer su duelo, de manera que los que y estauan, duques, e condes, e caualleros, e escuderos, e duennas, e donzellas, e burgeses, e clérigos, e omnes de religion, que estauan y pieça, lo ovieron de fazer todos comunalmente; e el Enperador, e su muger la Enperatriz, lloraua muy de coraçon, e auia ende muy' gran pesar. E la duquesa Catalina, su suegra del cauallero del Çisne, que estaua en su mongía, venieran otrosy con grand pieça de duennas de orden de muy alta guisa, que venieran con ella, e se trabajauan asaz por ruegos e por pedidos, e en todas quantas maneras pudiera contra el Enperador e con quantos en la corte eran; mas non pudo y acabar nin[guna] cosa; e fazia otrosy ella e por ende muy grand duelo a marauilla.


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XCI.

En quanto ellos assy estauan façiendo tan fuerte e tan marauilloso duelo, dió el çisne otra boz, muy' grande, además. E el duc de Bullón fué luego al Enperador corriendo, e pidióle merçed, por Dios, que le dexase yr; ca bien le dezia, en verdad, sy ally más lo detouiese, que ally cayria muerto a sus piés; mas que le rogaua, sy bien e merçed le avia de fazer, que diese consejo e casamiento a su fija Ydan, ca él la otorgaua ally antél, toda la tierra e la heredat que dél tenia; e que lo otorgase él, otrosy, que la pudiese ella aver quitamente, despues de [la] muerte de su madre. E todo esto le otorgó el Enperador, ante quantos y estauan; e avn, que le faria más merçed. En quanto ellos esto dezian, dió otra boz muv' grande e muy' fiera el çisne, commo en manera que estaua sanudo.

E luego el duque de Bullón fué corriendo a la


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puerta del palaçio, do tenia su cauallo ensillado, e caualgó en él, e mandó al escudero que tenia las armas, que se fuese en pos dél, quanto pudiese. E él dexóse yr entonçes al rio, quanto el cauallo lo podia leuar; e el Enperador e quantos y estauan, caualgaron en pos dél, por ver lo que faria. Mas el cauallero del Çisne, luego que llegó al rio del Ryn, desçendió del cauallo, e tomó su espada, e çinnóla; e despues tomó su lança, e su escudo quél traxiera y' primera mente, que era ya muy' viejo e muy desfecho' de los muchos' golpes e muy' grandes que y dieran, e metiólo en el batel, al cabo do él auia de yr. E despues salió fuera, e descinió la espada, e desnudó los pannos que traya, e vestió otros tales commo los que él traxiera primero, que los falló dentro en el batel, que le traxiera y el çisne. E dessy cinnió la espada, e santiguóse tres bezes, e luego despidióse del Enperador e de todos quantos y estauan, e acomendólos a Dios, e entró en el batel. E començó el çisne de andar con él, e yrse muy alegre mente; asy que, en poco de rato lo perdieron de vista, que nunca jamás dél pudieron saber parte.


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XCII.

La estoria cuenta que pués el çisne ouo leuado de aquella guisa al cavallero del Çisne de aquella tierra del inperio de Alemanna, a quien él tantos bienes feziera, en quanto lo vieron yr por el agua, que fueron todos viéndolo por la ribera del rio, e quando lo perdieron de vista, fué el duelo tan grande, que non ha omne que lo pudiese contar: ca todos comunal mente llorauan por él, los grandes e los pequennos, e los sabios e los no entendidos; mas su muger fazia vn duelo tan estranno, que non ha omne que lo pudiese contar; ca ella ronpia los pannos e los despedaçaba, e ronpia su rostro; asy que, toda se des feguraua, e se desfazia por pieças, que sacaba de los rostros e de las manos con los dientes, commo cosa que rauiaua, e que era fuera de seso; e amorteçióse muchas' vezes, de guisa que los más que y estavan, cuydauan que era muerta.


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En quanto fazia ella este duelo, el Enperador vino y, que lloraua muy' fiera mente por el cauallero del Çisne, su muy' buen uasallo e su buen amigo, que auia perdido, segun lo él muchas' vezes nonbraua en su duelo, e todos los sus altos omnes que y venian con él. E quando llegó a quel logar do la duenna estaua, ouo della tan grand piedat, que se le dobló el pesar que ante avia, e començó a fazer muy' grand duelo, e todos sus altos omnes que venian y con él. Pero entendiendo que aquella tan grand pérdida [que] auia resçebida, non la podia cobrar por llorar que fiziese, fizo a la Duquesa caualgar, e él mesmo tomó a Ydan ante sy, e tornáronse para la çibdat de Nimaya: quando fueron antel palaçio del Enperador, a vna plaza grande, do auia y vn pino muy' fermoso, e desçendió él primeramente, e fué a la Duquesa, e tomóla en los braços, e descendióla. Otrosy por fazer la merçed, otorgóles a ella e a su fija, toda la tierra quel cauallero del Çisne tenia dél, demás de la que mandaua de parte della, con el sennorio del ducado de Bullón, e que la'oviesen libremente para sienpre. E desy quitóles todas las cosas del derecho' que él [en] todo auia, fueras ende sola mente la boz del sennorio; e fízoles cobrar, otro sy, vna grand pieça do la otra tierra que auian perdido. E despues que todo esto ouo fecho', dióles de su auer muy' granada mente, además.

E despues que ouieron morado e folgado algunos dias con su madre, la duquesa Catalina, que


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estaua en su monesterio, avuela de Ydan que era, e les ouo el Enperador fecho' todas las onrras del mundo que les fazer pudo, enbióles para Bullón muy' honrrada mente, e él mesmo salió con ellas vn dia, consejando e mandando a la Duquesa en commo fiziese, e ellas fiziéronlo en todo asy commo les mandó; mas mucho' resçelaua la duquesa Beatriz de sus uasallos, que le non fiziesen algund mal, por que les fiziera perder a su sennor, el cauallero del Çisne, ansy commo ya oystes.


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XCIII.

Cuenta la estoria que quando la duquesa Beatriz fué tornada a Bullón, con su fija, e vió que su marido non podia cobrar por ninguna manera, començó a fazer vna vida muy' fuerte e muy áspera; asy que, nunca fué omne que la viese reyr nin alegria fazer por nin guna cosa que le acaesçiese, nin nunca despues comió carne: ante comia, al domingo e el martes e el jueues, pescado, e los otros dias pan e agua, e traya vestido çeliçio muy' áspero a carona, e desuso pannos negros o pardos; mucho' era alimosnadera, e fazia grand bien a omnes de religion, e uestia a pobres, e consolaua huérfanos e biudas, e fazia de nueuo monesterios e iglesias, e todo lo más del dia estaua en oraçion, e oyendo misas, e llorando e rogando a Dios por sus pecados; e lo más que rogaua, que le diese a su marido.

Mas sobre todas las cosas punnaua en criar


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a su fija Ydan: e fízola amostrar a leer a vn capellan que auia nonbre maestre Pedro, que era muy' santo omne e de muy' buena vida, e le mostró en muy' poco tiempo aquello que a duenna conuenia de saber de lienda, ca era de mucho entendimiento. Desta guisa estudo con la madre fasta que ouo treze annos conplidos, e fué tan grande, e tan fermosa, e tan conplida de façiones e [de todas las cosas que muger lo podia seer, que] todos quantos la veyan, lo tenian por muy grand marauilla. E muchos' honrrados omnes que la veyan, la venian de mandar para casar con ella; mas ella non la queria dar a ninguno, menbrándose de lo que le dixera el angel la primera noche' quel cauallero del Çisne la ouo por muger en la tienda del Enperador; e sy tan bien [se] le ouiese nenbrado lo que le dixera su marido aquella noche', avn le touiera ella consigo, e non lo perdiera en la guisa que lo perdió; mas tal fué la su ventura que non se le vino e[n] mientes aquello, nin del cuerno de marfil que dexó en guarda quando se yua, que sienpre lo touiese en remenbrança, que le mandó que gelo guardase muy' bien e muy' linpiamente; lo que ella oluidó en poco de tienpo, commo agora oyrédes, [por] que le perdió.


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XCIV.

Desuso oystes ya, en commo el cauallero del Çisne se fué, e commo se apoderó la Duquesa, [su muger], de toda la tierra; e esto fué por mandado del Enperador Otas, de que vos ya diximos; mas commo quier que apoderada fué en la tierra, non lo era en los coraçones de sus gentes; ante la querian muy' grand mal, por el cauallero del Çisne, su buen sennor, que les fiziera perder, e non sabian consejo que fiziesen con ellos; e tan grande era el desamor que le auian que, sy non fuese por miedo del Enperador, fiziéranle perder toda la tierra; ca tenian que, asy [commo gelo fiziera perder, que asy gelo] faria cobrar, sy quisiese, e fincaua por ella. Mas pués vyeron que non podian poner y otro consejo, nin lo pudieron por ninguna manera poner, ouieron de venir con ella a obedesçer e fazer su mandado en todas cosas, commo por sennora. E ella, otrosy,


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por les fazer amor e onra, e conbidáualos a las vezes, e comian con ella en el su palaçio mayor, ally do estaua el cuerno de marfil del cauallero del Çisne, [su marido, que le mandó que gelo guardasen muy bien e] muy' linpiamente; e ella, non se le veniendo en mientes aquello, pusiéralo con los otros quo estauan ay, para quando fuesen sus omnes a caça; e en aquella casa non podian entrar sy no muy' pocos omnes e muy' sennalados, ca ally solia tener el cauallero del Çisne las grandes Cortes, e acordar los grandes fechos con los de su tierra; e quando se fué mandó que la çerrasen, e la touiesen sienpre muy' limpia e muy' guardada. Mas la Duquesa por fazer honrra a sus caualleros e aquellos omnes onrrados que conbidaua, queria que comiesen con ella en aquel palaçio, onde avino asy vn dia, bien a cabo de vn anno despues quel cauallero del Çisne se fué: la Duquesa comia en aquel palaçio con muchos' caualleros e otros honrrados omnes que conbidara; e esto era muy' tarde, por que ella estodiera oyendo pleytos e otras cosas muchas' que tenia de librar.

Mas quando vino a la ora de medio dia, que avian comido ya, vn fuego muy' grande e muy maravilloso se aprisó al palaçio, a desora, syn ponerlo y omne del mundo, e començó de arder tan fiera mente que ningund omne non lo poderia matar; e era tan grande la llama e el fumo que fazia, que ninguno de quantos y estauan non lo podieron sofrir, e començáronse a salir


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dél, lo más ayna que pudieron. Mas tanto se aprendió el fuego a desora, que nin guna de quantas cosas dentro auia non pudieron ende sacar. Los burgeses e la gente de la villa, quando vieron quel palaçio ardia, fueron todos allá por acorrerle; mas su acorro non les valió nada, ca tan fieramente era ençendido de todas partes, que non pudieron y tener prod; ante se arredraron todos afuera, e començaron a catar commo ardia, ca la llama era tan fuerte, que la vna salia por somo del techo', e la otra por la puerta e por las finiestras. E en quanto ellos asy estauan catando, vieron venir vn çisne muy grande a maravilla, bolando por el ayre, tan blanco commo la nieue; e quando llegó al lugar del fuego, boló tres vezes derredor dél, e dió vna muy' grand boz; desy, acogió las alas, e metióse por medio del fuego, por la puerta del palaçio por do salia la llama mayor, e entró asy, que sol no se le sermiçió una pénnola, nin le enbargó y el fuego, nin le fizo ningund pesar en cosa que fuese; e tomó el cuerno de marfil en el pico, por los colgaderos, e salió con él por medio de la puerta muy desenbargada mente e syn ningun peligro, e començó a alçarse e a yrse asy bolando, fasta que lo perdieron de vista.

E en tanto, todos los que y estauan, entendieron que esto non poderia venir sy no a muy grand fecho' de Dios, e por algund yerro que fizieran contra su voluntad; e touiéronse todos ende por muy' culpados, e ouieron muy' grand


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pesar. Mas sobre todos, a la Duquesa pesaua mucho', e llorava, e fazia muy' grand duelo, e se llamaua por culpada, e por su yerro le aveniera aquella tan grand desauentura, e non por otro. Mucho' fablauan, ende, todos los que lo oyeron; muy' mayor mente aquellos que vieron el fecho' en como pasara, e sabian ende la verdat e la razon porque acaesçiera.


[ 399 ]

XCV.

Desquel çisne ouo leuado el cuerno, commo ya oystes, todos los que estauan enderredor del palaçio fueron marauillados; e en quanto ellos estauan catando el çisne qué fazia, e en commo se yua, aprisóse el fuego a otro palaçio, que estaua y çerca, de guisa que se quemaron amos; mas la mayor pérdida fué en el gran palaçio, ca por dos mill marcos de oro non seria cobrado lo que y fué perdido. Mas desque la Duquesa vió que non podia cobrar ninguna cosa por duelo nin por quexa que fiziese, mandó enbiar por carpenteros, los mejores maestros que pudieron auer, e fizo fazer los palacios muy' más ricos e más fermosos que ante eran; pero con todo eso, sienpre touo en su coraçon grand pesar, porque tenia que por su culpa le veniera aquello, porque no obedesçiera lo que le su marido mandara. E esto le fizo doblar su pesar


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todo, porque sienpre se le oiidara aquelío que sa marido le más defendiera: e lo primero, lo qual defendiera la primera noche' que la ouiera por muger, lo que le non demandase por su nonbre, nin donde era natural, e ella non lo fiziera, porque lo perdiera; lo otro, otrosy, que le mandara que le guardase el euerno de maríl muy' honrradamente, en logar muy' linpio, e que en tan pocos dias se le oluidara; por ende, tenia que todos estos males e estos dapnnos que non le venieran sy non por su culpa; e puso en su coraçon de fazer avn más fuertemente vida, e muy más aspera de la que ante fazía; asy que, todos los que la sabian, se marauíllauan commo lo podia sofrir.


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XCVI.

Ydan, la fija del cauallero del Çisne e de Beatriz, duquesa de Bullón, quando vino ha hedat de quinze annos, fué tan grande e tan fermosa de color, e de todas buenas razones que muger deue auer, que [en] todo el mundo non [se] poderia fallar en aquella sazon, otra que la remediase; e syn todo esto era tan mansa e tan paçiente e de tan buena palabra, que de todas las tierras la venian veer por maravilla: bien asy commo quando vienen a romeria, a uer alguna cosa que mucho' veer cobdíçiasen. E de los más honrrados omnes de todas las tierras la demandauan para casar con ella, e prometieron al Enperador muy' grandes dones e muy' grandes seruicios por ella; mas él les respondia que, la non daria a ninguno, sy non a quel con quien ella proguiese, e a su madre.

Onde avino asy: que aquel enperador Otas on


[ 402 ]

vos ya dixiemos, touo vna grand Corte, [a vna fiesta] de Pente coste, en vna villa que es en Flandes, que ha nonbre Canbray; asy que, non fincó ningund omne onrrado en Alemanna nin en Françia, que allí non viniese. E la Duquesa de Bullón vino ay, e traxo consigo [la muy fermosa Ydan, su fija, porque veya que era ya tienpo de ser casada, e queria quel Enperador le diesse marido, qual entendiesse que le conplia. A aquella Corte que vos ya dixiemos, vino el conde de Bolonna, que avia nonbre Eustaçio, e traxo consigo] dos omnes honrrados de Bolonna, quel vno avia nonbre Guiralte de Gromay, e el otro el Castelan de Grotania, e otros caualleros fasta sesenta omnes, muy' bien guisados de cauallos, e de pannos, e de armas, e de todas las cosas que avian menester para Corte e para al, sy menester les fiziese; asy que, todo omne que los viese, bien poderia dezir e entender en ellos, que eran conpanna muy' apuesta e de muy' honrrado omne; ca ninguna cosa non les fallesçiese de todo lo por que caualleros deuian ser bien guisados para todo fecho' de armas. E tanto andudieron por sus jornadas, fasta que llegaron a la çibdad de Canbray, do era el Enperador, aquel dia de Pentecoste que vos ya dixiemos. E el Enperador era ya ydo a la Iglesia a oyr misa, e con él todos los honrrados omnes del inperio, que y eran ayuntados, e de otras muchas' tierras estrannas, e tan grandes conpannas que seria muy' luenga cosa de contar.


[ 403 ]

XCVII.

Asy commo ya oystes, el conde Eustaçio de Bolonna llegara aquel dia a la Corte del Enperador, con su conpanna tan buena e tan bien guisada commo desuso oystes; e todos los más dellos tan fermosos e tan apuestos e tan [bien] paresçientes, que marauilla era, e todos muy' mancebos; asy que, non avian avn barua. E el conde Eustiçio mesmo era tan mançebo, que non auia avn veynte y seys annos conplidos; e era tan fermoso omne que, todos lo venian veer commo a marauilla. Aquel dia dixo la grand misa vn obispo de Quintania, e quando fué dicha' la misa, el Enperador que se yua para su palaçio, llegó el conde Estaçi[o] de Bolonna, de que ya oystes. E quando vió al Enperador, fyncó los ynojos antél, e besóle el pié; e el Enperador omillóse a él, e abraçólo, e dióle paz, e fizo con él grande alegria, e pagóse mucho' de commo venia tan apuesta men-


[ 404 ]

te. E el Enperador queria se asentar a comer, e entonçes pidióle merçed, e rogóle que [le] fiziese honrra en que seruiese antél aquel dia, a la mesa, de la su copa de oro, con que él beuiese. E el Enperador gelo otorgó muy' de grado; e él sópolo fazer tan bien e tan apuesto, quel Enperador fuy muy' pagado del su seruiçio, e todos quantos y estauan se pagaron e otro sy mucho' dél; ¡tan apuestamente lo fizo! E quando ouieron comido e leuantadas las mesas, el Enperador lo llamó, e díxole asy: que se tenia por muy' pagado del seruiçio que aquel dia avia fecho', e que auia muy' grand talante de gelo gualardonar, e que le prometia que toda cosa quél demandase, que de dar fuese, que gela daria; e demandase lo que quisiese, ca non auia y al, fueras dar gelo de todo en todo, e demandase lo que quisiese.

E el Conde fué luego, e besóle el pié, e remedióle graçia de lo que le prometio; e leuantóse en pié, e díxole assy: «Sennor, mucho' es grande el bien que me prometédes, e sy vuestra voluntad es de lo fazer, segund me lo prometido avédes, en esto, Sennor, la podédes mostrar e me lo fazer muy' grande: en que me dédes por muger la muy' fermosa Ydan, que fué fija del muy' noble e muy' maravilloso cauallero del Çisne; ca tanto la oy nonbrar de bondat e de fermosura, que más amaria casar con ella, que aver otra cosa que en el nundo me dada seer pudiese; e porque non la puedo aver sy non por vos, pido vos la en gualardonamiento del bien que me pro-


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metistes. E la merçed que me a fazer auédes, Sennor, en esto me la fazed, e yo casaré con ella, e fazerle he tanta de onrra e de amor, e quanto ella sopiera demandar, e le yo sopiera demandar e fazer pudiere, de guisa que ella se tenga ende por muy' honrrada.»

E quando esto oyó el Enperador, dióle esta respuesta: que esto lo otorgaua él muy' de grado, a la donzella [e] a su madre plaziendo; e sin plazer dellas non lo podia él mandar fazer, que le bien estodiese. E luego fizo enbiar por la duquesa Beatriz de Bullón, e ella fué luego y, e leuó su fija consigo; e el Enperador e quando las vió ante sy, resçibiólas muy' bien. Desy dixo a la Duquesa, de commo el conde de Bolonna demandaua a su fija por muger, e que cómmo tenia ella por bien de fazer y. Quando la Duquesa esto oyó, estudo vna grand pieça cuydando e menbrándose de lo que le mandara el angel la primera noche' que la ouiera su marido: cómmo su fija sería sennora de Bolonna.

E por ende, de que ouo pensado, tomó luego su fija por la mano, e presentóla al Enperador, e díxole assy: «Sennor, fasta aqui guardé esta donzella, mi fija, lo mejor que yo pude, para darla a vos que la casásedes con quien vos touiésedes por bien; agora dóuos la, que la dédes, si vos pluguiese, por muger al conde de Bolona, en el nonbre de Dios. E bien vos digo en verdad, que desde la primera noche' que yo conosçí a su padre por marido, supe çiertamente que sería


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sennora de Bolonna; e pues que agora veo yo que es verdad, desde aquí dó la fija a vos, e la tierra toda, a ella, del ducado de Bullón, por suya, e yo quiero tomar orden, e meter me en aquel monesterio do mi madre, la duquesa Catalina, ella solia estar; pues me ha Dios mostrado a veer çierta cosa de lo que yo tanto en el [mi coraçon deseaua, e en el] mundo codiçiava.»

E su madre era ya finada tienpo avia; e quando esto oyó el Enperador, fué ende muy' ledo, e leuantó se en pié, e tomó a Ydan, la muy' fermosa, por la mano, e ante todos sus altos honbres dióla por muger al conde de Bolanna, e dióle otro sy con ella el ducado de Bullón; e él la resçibió por muger de mano del Enperador, con el dicho' ducado, e él dió a ella por arras la villa de Bolonna. Desta guisa que auédes oydo, fué desposada la muy' fermosa Ydan, fija del muy noble cauallero del Çisne, con el conde de Bolonna; e pusieron antel Enperador cómmo tomasen luego sus bendiçiones, e despues fueron se todos para sus posadas. E el Enperador e la Enperatriz les fezieron muy' grand onrra aquel dia, amos a dos, e todos quantos honrrados omnes eran en la Corte. E otrosy, contra las bisperas los caualleros salieron los más a bofordar, e los otros a lançar, e los otros a fazer otras muchas' alegrías de manera de caualleria, apuestos e muy' fermosos a maravilla; e estodieron bien fasta la noche', que el Enperador se tornó en su palaçio, e fué oyr las bisperas en la mayor


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iglesia que dezian Santa Maria; e despues fuése para su posada, do falló la çeuada muy' bien adobada, do la ouieron mucho' abondada mente, e fueron todos abondados [de manjares diuersos, muy bien] e muy' apuestamente. E quando el Enperador ouo çenado, los joglares venieron luego ay, cada vno con sus estromentos, [e] otrosy los que sabian cantar; e començaron el alegria tan grande, que en todo el dia no habia seydo mayor ni tan manno, pero que en ese dia todo muy' grande [lo] avian fecho'. E quando esto ouo durado vna grand pieça de la noche', fuéronse todos para sus posadas.


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XCVIII.

El conde Eustaçio, de que vos ya diximos, pués que fué desposado con Ydan, la fija del cauallero del Çisne, por la mano del Enperador commo ya oystes, enbió luego mandaderos e cartas por toda su tierra, que todos aquellos que eran sus parientes e sus vasallos, que se viniesen para él; ca sopiesen, çiertamente, que era desposado con Ydan, la muy' fermosa donzella fija del cauallero del Çisne e de la duquesa Beatriz de Bullón, e queria fazer sus bodas en vno; e mandó que le traxiesen el mayor auer que pudiesen.

Quando ellos oyeron este mandado, plúgoles mucho', e mouieron luego todos, cada vnos lo más guisado e lo más apuesto que pudieron, e fueron ayuntados el sábado despues de Çinquesma en Donay. E auia entre ellos, de omnes onrrados el Castelan de Sauomer, [e] era y, otro sy,


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el conde Guianas, e el conde de Roan; e de otros caualleros, bien quatro mill omnes, todos muy bien guisados, a gran marauilla, de cauallos e armas e de todas las cosas que pertenesçian para tal fecho' commo aquel, e para todo otro que menester fuere. Llegaron a Canbray' aquel dia mesmo quel Conde les mandara; pero antes le[s] fué resçebir vna grand jornada, e fizo muy grand alegria con ellos, quando vido que le venian tan bien guisados, e tan buena conpanna; mas entre tanto, otrosy, la duquesa Beatriz non se estudo de balde, ante guisó a su fija Ydan con otras muchas' donzellas tan apuesta mente e a tan bien, que apenas lo poderia omne contar, e enbió por todos sus vasallos, los que y non eran, a su tierra, que venieron otro sy muy' ricamente guisados.

Aquel dia que llegó la conpanna de Bolonna a Canbray, do era el Enperador, fueron muy' bien albergados, e ovieron todo lo que les fué menester, muy' conplidamente; [e] otro dia en la mannana, despues de la misa, el Conde leuólos antel Enperador, e ellos quando llegaron antél, omillaronse le todos, e besaron le el pié segund costunbre inperial; e el Enperador preguntó qué eran al Conde, e él le contó los nonbres de cada vnos dellos, e qué omnes eran, e qué conpanna trayan, e donde eran naturales e qué poder avian. Quando el Enperador lo sopo, e entendió todo su fecho', plúgole, e fizoles mucha' honrra, e dáuales que vestiesen de sus pannos muy' ricos, por


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amor del Conde; e fué a oyr la misa con ellos, por les fazer mayor honrra; e pués que fué dicha', fuéronse para palaçio, do tenian la yantar muy grande e muy' rica e muy' bien guisada; e fueron tan bien seruidos e tan abondados de todas las cosas que les fué menester, e de que seerlo deuiesen, que esto non se poderia tan ligera mente contar.


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XCIX.

Pués, otro dia pasadas las Ochavas de la gran vista de Çinquesmas, a cuya honrra el Enperador touo esta grand Corte en la villa de Canbray, commo ya oystes, mandó el Enperador ayuntar toda su Corte de alemanes e de françeses e de lonbardos, e de todas las otras gentes que y eran, e [de muchos omnes honrrados que venieran] de todo su ynperio, e vínose y el conde de Bolona con toda su conpanna, tan bien guisada que mejor non poderia seer; e de la otra parte la duquesa de Bullón, que traxo y a Ydan, su fija, tan bien vestida e tan bien guisada a ella e a toda su conpanna, que maravilla era de veer. E venian con ella muy' gran pieça de caualleros e de muy' buena caualleria, e muy' bien guisados todos; mas los pannos que Ydan traya, e la silla e el freno, esto sería muy' grand cosa de contar, e de quan ricos eran nin de tan grand preçio,


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que venia sobre vn palafren tan aluo commo vna nieue, que avia la crin e la cola açafranada, que [se]mejaua de color de oro, e era tan fermoso que non poderia seer más, e trayanla por la rienda dos Condes, el vno auia nonbre Gudufre, e el ctro, Yugo; e cada vno dellos era omne mucho' onrrador e de grand poder.

Desta guisa fueron fasta la Iglesia, [e] los roydos de las grandes alegrias que le yuan faziendo, era[n] tan mannos, que non se podian oyr vnos a otros: de tronpas, e de annafiles, e de atanbores, e de otros estromentos, e jogares de tantas guisas, que non ha omne que lo pudiese dezir. De la otra parte yuan los caualleros mançebos, los vnos bifordando a escudo e lança, e los otros faziendo justas, e sus trebejos muchos' en manera de torneamientos, e en todas otras maneras que de caualleria pudiesen asacar. Otros, de la gente de pié, yuan esgremiendo, otros en manera de algazariar con las espadas; otros en bando e faziendo vnos juegos, tantos e tan estrannos e de tan deuisas maneras e en tantas guisas, que las gentes estauan commo que en sandeçidos, catándolas.

E quando a la puerta de la Iglesia llegaron, el Enperador fízolos jurar en manos del Obispo de aquella çibdad; e luego, alli entregó al conde de Bolonna el ducado de Bullón por vna pértiga de oro; e pués que fueron jurados, e esto fué fecho', el Enperador tomó por la mano a la donzella, e el Obispo al Conde, e metiéronlos en la Igle-


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sia con gran prosçisión. Muchos' altos omnes fueron y aquel dia, e de otros caballeros, tantos que, muy' graue cosa seria de contar. Allí fueron fechas' grandes ofrendas e muy' ricas, de oro e de plata, e de sortijas en que auia muy' gran virtud, e de otras joyas de muy' gran preçio, a tantas que montauan entre. todo muy' gran aver; e fueron fechas' alimosnas y muy' grandes, en caualleros e en duennas pobres e en toda la otra gente que lo querian tomar, ca lo dauan muy granada mente: de la vna parte los del Conde, e de la otra los de la duquesa de Bullón e de su fija, que non fazian y menos a su poder, que fueron y dados muchos' dones e muy' grandes, de pannos, e de cauallos, e de espadas muy' preçiadas, e de falcones, e de gauilanes e de todas las otras cosas de caza; e de otros dones tantos e tan ricos, que non es ome que les pudiese poner cuento ni preçio, que fizo partir el Conde en quanto la misa se dixo, ca se cuydaua yr luego para Bolonna con su muger. E quando todo esto fué fecho', e la misa dicha', muy' altamente e muy' de vagar cantada, el conde Eustaçio de Bolonna fincó los ynojos antel Enperador, e pedióle merçed que le dexase yr luego para su tierra con su muger, ca todas sus cosas tenia guisadas para yrse luego; mas el Enperador le respuso que esto non era guisado, nin cosa quél deuiese fazer. dexarle partir de sy, él, aquel dia [de su boda; ante tenia por bien que fincase alli aquel dia], e que comiese con él, e que fuesen las bodas en el su

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palaçio, e él que le faría toda la honrra que le fazer pudiese; e otro dia que se fuese, e leuase a su muger en buen ora, o que fyncase y más, sy le pluguiese. E tanto le rogó esto el Enperador, que gelo ouo de otorgar el Conde; pero esto mucho' contra su voluntad.

E luego salieron de la Iglesia, e fuéronse con todas aquellas alegrias e aquellas honrras faziéndoles delante; e el Enperador leuólos consigo a su palaçio, e fizo desçender al conde de Bolonna consigo, [e] a Y[d]an, su muger; e levóla a la Enperatriz, que punnó en le fazer toda la honrra que le fazer pudo, nin podia ser fecha' a ninguna alta duenna. E fué y con ella la Duquesa, su madre, Beatriz, que lloraua muy' fiera mente, en todas maneras: la vna, con plazer que veya a su fija casada, asy commo el angel dixiera, e la otra, de pesar que prendia, menbrándose de commo perdiera a su marido, cuydando en quanto plazer amos ouieran, sy él aquellas bodas viera; mas ya aquello non pudia ya seer por ninguna [guisa], ca porque lo ella sopo perder por su locura, nunca quiso Dios despues que lo cobrase.