Aquí clamó sus escuderos Carlos el enperante:
«¡Sacat al arçebispo desta mortaldade!
Levémosle a su tierra a Flanderes la ciudade.»
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El enperador andava catando por la mortaldade;
vido en la plaça Oliveros o yaze,
el escudo crebantado por medio del braçale;
non vio sano en éll quanto un dinero cabe;
tornado yaze a orient, como lo puso Roldáne.
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El buen enperador, mandó la cabeça alçare
que la linpiasen la cara del polvo e de la sangre.
Como si fuese bivo, començólo de preguntare:
«Digádesme, don Oliveros, cavallero naturale,
¿dó dexastes a Roldán?, digádesme la verdade.
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Quando vos fiz conpanneros diéstesme tal omenaje
por que nunca en vuestra vida non fuésedes partidos
máes.
Dizímelo, don Oliveros, ¿dó lo iré buscare?
Yo demandava por don Roldán a la priesa tan grande.
¡Ya mi sobrino, dónt vos iré buscare?»
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Vío un colpe que fizo don Roldáne:
«Esto fizo con cueyta con grant dolor que aviáe.»
Estonz alçó los ojos, cató cabo adelante,
vido a don Roldán acostado a un pilare,
como se acostó a la ora de finare.
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El rey quando lo vido, oít lo que faze,
arriba alçó las manos, por las barbas tirare,
por las barbas floridas bermeja sallia la sangre;
essa ora el buen rey oít lo que diráde,
diz: «¡Muerto es mio sobrino, el buen de don Roldáne!
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Aquí veo atal cosa que nunca vi tan grande;
yo era pora morir, e vos pora escapare.
Tanto buen amigo vos me soliádes ganare;
Por vuestra amor arriba muchos me solián amare;
pues vos sodes muerto, sobrino, buscar me an todo
male.
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Asaz veo una cosa que sé que es verdade:
que la vuestra alma bien sé que es en buen logare;
mas atal viejo mezquino, ¿agora que faráde?
Oi é perdido esfuerço con que soliá ganare.
¡Ai, mi sobrino, non me queredes fablare!
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Non vos veo colpe nin lançada por que oviésedes male,
por esso non vos creo que muerto sodes, don Roldáne.
Dexdmosvos a çaga donde prisiestes male;
¡las mesnadas e los pares anbos van alláe
con vos, e amigo por amor de a vos guardare!
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Sobrino, ¿por esso non me queredes fablare?
Pues vos sodes muerto, Françia poco vale.
Mio sobrino, ante que finásedes era yo pora morir
máes.
Atal viejo meçquino, ¿qui lo conseyaráde?
Quando fui mançebo de la primera edade,
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quis andar ganar preçio de Francia, de mi tierra
natural;
fuime a Toledo a servir al rey Galafre
que ganase a Durandarte large;
ganéla de moros quando maté a Braymante,
díla a vos, sobrino, con tal omenage
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que con vuestras manos non la diésedes a nadi;
saquéla de moros, vos tornástesla alláe.
¡Dios vos perdone, que non podiestes máes!
Con vuestra rencura el coraçón me quiere crebare.
Sallíme de Françia a tierras estrannas morare
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por conquerir proveza e demandar linaje;
acabé a Galiana, a la muger leale.
Naçiestes, mi sobrino; a diezesiete annos de edade,
fizvos cavallero a un preçio tan grande.
Metím al camino, pasé ata la mare,
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pasé Jerusalem, fasta la fuent Jordane;
corriémos las tierras della e della parte.
Dexemos al rey Karlos fablemos de ale,
digamos del duc Aymón, padre de don Rinalte.
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Vido yazer su fijo entre las mortaldades;
despennós del cavallo, tan grant duelo que faze,
alçóli la cabeça, odredes lo que diráde:
«Fijo, vuestras mannas, ¿qui las podriá contare?
que cuerpo tan caboso omen non vió otro tale.
¡Vos fuérades pora bivir, e yo pora morir máes!
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Mas atal viejo mezquino siempre avrá male.
Por que más me conuerto por que perdoneste a Roldáne.
¡Finastes sobre moros, vuestra alma es en buen
logare!
¿Quí levará los mandados a vuestra madre a las
tierras de Montalbane?»
El duc faziendo su duelo muyt grande,
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veniáli el mandado que yaziá esmortecido el emperante.
Mandó sacar el fijo de entre las mortaldades.